martes, noviembre 24, 2009

IV FESTIVAL DE CINE DE MÉRIDA: Redescubriendo Europa

Siempre he creído que el Festival de Cine Inédito de Mérida ha de ser un viaje que aporte algo más que el habitual carrusel de historias y emociones que ofrece la pantalla. Hay algo de obligación moral en ese sentido: uno tiene que ponerse en el lugar del espectador que acuda día tras día al Festival y pensar si al final de ese viaje las distintas películas de la Sección Oficial le habrán proporcionado una visión de conjunto que de alguna forma haya ensanchado su percepción del mundo, enriquecido su conocimiento del mismo. El cine es por supuesto emoción y entretenimiento, pero eso no está reñido con el reto continuo que supone enfrentar nuestra forma de entender la vida con las historias que disfrutaremos en esta edición.

El viaje de este año es Europa, ese inabarcable espacio político, social e histórico que nos rodea y del que formamos parte. No es más que un pequeño atisbo, un pestañeo ante una realidad compleja y diversa que muta ante nuestros ojos con enorme rapidez mientras se sostiene sobre la sólida base de la Historia, de sus valores compartidos, de una diversidad apabullante que sin embargo parece empeñada en encontrar una identidad común donde reconocerse.
Hay una línea invisible que une varias películas del Festival a través del conflicto. En La Cinta Blanca Haneke nos propone que nos sumerjamos en un pequeño pueblo alemán de principios del siglo XX y tratemos de encontrar algunas claves sobre cómo pudo surgir la mentalidad que años más tarde daría lugar a ese monstruo que asoló Europa. Honeymoons sin embargo nos habla de conflictos más recientes: la herida de Kosovo sigue abierta y sus consecuencias afectan a serbios y albaneses convirtiéndoles en ciudadanos de segunda enfrentados entre sí en esa Europa que estamos construyendo. Cinco Minutos de Gloria nos habla desde Irlanda de superar esas heridas, de la dificultad para encontrar el camino del perdón que venza al rencor y la venganza. Y todo desemboca en la imprescindible Los Caminos de la Memoria que nos obligará a revisar nuestro sentido de la justicia, nuestro compromiso moral de no dejarnos llevar por el olvido. Europa se ha forjado en el conflicto: sus orígenes, sus consecuencias, su superación, su memoria… todo es parte de nuestra herencia, de nosotros mismos.
También está la forma en que crecemos, en que nos relacionamos, en lo que creemos. Ahí está La Isla Interior para hablarnos del aislamiento emocional y la locura, del peso de las herencias familiares que condicionan nuestra existencia. O El Erizo, deliciosa película sobre las apariencias, nuestra necesidad de protegernos y la forma en la que debemos aprender a correr riesgos, a abrirnos sin miedo a las ideas o los sentimientos del otro. Por último, Lourdes habla de la religión católica, un pilar básico en la construcción de Europa. Una mirada tan respetuosa como ambigua llena de sutilidad e inteligencia que sin duda está destinada a generar debate y polémica.
Otra cosa que también merece la pena destacar de esta selección de títulos es la variedad de emociones que proporciona. Por la temática que manejan podría pensarse de forma errónea que se trata de un conjunto de obras extremadamente serias, ásperas, pasto abonado de sesudos cinéfilos lejos del alcance del espectador común. Nada más lejos de la realidad: no es drama y afán de conocimiento todo lo que reluce, sino mucho, mucho más. Y todo el mundo, sin excepción, puede disfrutar de estas propuestas.
Les aseguro que en este Festival habrá momentos de la más pura comedia como los que surgen de los peculiares comportamientos de los atribulados protagonistas de La Isla Interior, se desconcertarán ante la clarividencia con la que una niña ve el mundo muy a menudo carente de sentido de los adultos y vibrarán con el renacer de sentimientos largamente olvidados con El Erizo, podrán disfrutar al máximo de la música, el baile y las ganas de vivir tan características de los Balcanes en Honeymoons, sentirán a fondo el carrusel de géneros que proponen los distintos autores de La Noche del Cine Extremeño, serán seducidos por el sutil uso de la ironía y el peculiar sentido del humor que recorre el metraje de la ambivalente Lourdes o pasarán en un suspiro de la risa al dolor siguiendo al atacado personaje de James Nesbitt en Cinco Minutos de Gloria.
Disfruten de este privilegio. Quizás mirando a esta Europa diversa y contradictoria aprendan algo sobre sí mismos. Les aseguro que emociones no les van a faltar a lo largo del viaje.

domingo, noviembre 22, 2009

IV FESTIVAL CINE INEDITO DE MERIDA: Una mirada a Europa y al compromiso de sus autores

No ha sido algo premeditado, pero no cabe duda que hablar de la programación de la IV Edición del Festival de Cine Inédito de Mérida es hablar de Europa. Cuando empecé este año el periplo habitual por los distintos certámenes nacionales en busca de las películas que tenían ante sí el difícil reto de mantener el más que notable nivel de calidad exigible a un festival de nuestras características, no me costó demasiado darme cuenta que, un año más, las propuestas más estimulantes del panorama cinematográfico internacional venían del viejo continente. Uno trata de juntar las piezas de forma coherente, buscando una temática, una línea que haga algo más sencilla la tarea de “vender” el festival al público y a los medios. Y al final resulta que la idea que mejor define esta selección de títulos que tengo el honor y el placer de presentarles este año no es otra cosa que el compromiso con una serie de valores, una mirada entre crítica y esperanzada a la forma en que nos relacionamos con nuestros semejantes o a hechos históricos cuyas consecuencias aun tenemos muy presentes.
Quizás sea La Isla Interior la película que define en gran parte la locura y el aislamiento del que yo quisiera que estas películas les ayudaran a alejarse. Cuando terminen este viaje que empieza en las Islas Canarias puede que aprendan a enfrentarse mejor con esas temibles herencias que nos dejan las familias o una educación basada en ideales considerados como valores absolutos y por lo tantos condenados a pervertirse, tal y como nos muestra Michael Haneke en la imprescindible La Cinta Blanca, una contundente lección de Historia que a nadie dejará indiferente. Puede que sepamos mirar más allá de las apariencias, como les sucede a los protagonistas de El Erizo, para atrevernos a dejar expuesto el corazón y la cabeza a sentimientos e ideas que no sean los propios. A lo mejor reconocemos que cerca nuestro siguen existiendo barreras muy reales que convierten a algunos europeos en ciudadanos de segunda como denuncia Honeymoons. O seremos capaces de cuestionar nuestras propias creencias y las de otros sin necesidad de imponer nada, desde el respeto y la inteligencia como nos reta Lourdes en su peculiar visión de un fenómeno que va mucho más allá de lo religioso para convertirse en una exploración primordial del ser humano. ¿Sabríamos acaso ser lo suficientemente generosos para perdonar las afrentas más dolorosas como buscan los protagonistas de Cinco Minutos de Gloria? ¿Encontraremos la fórmula que nos ayude a sacar del olvido, sin rencores, a tantos que merecen ese reconocimiento, como pide el imprescindible documental Los Caminos de la Memoria que cierra nuestro viaje?

No puedo prometerles respuestas. Este es un Festival que, por encima de todo, plantea preguntas y las respuestas acaso estén más en el interior de cada uno que en las imágenes que inundan la pantalla. Pero eso sí: puedo garantizarles que van a emocionarse, que estas obras les van a ofrecer argumentos más que suficientes para que la noche termine mucho después de los títulos de crédito. Más allá de su incuestionable calidad cinematográfica, esta es una selección de títulos valientes que tienen en común poner el acento en una serie de valores esenciales. Ese es el compromiso del mejor cine europeo que domina por completo la programación de este año y que ha obtenido los mayores reconocimientos en certámenes como Cannes, la Seminci o el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Y todo esto sin dejar de prestar a nuestros jóvenes valores extremeños la atención que sin duda merecen para que sus excelentes propuestas puedan verse en el marco que sin duda merecen. Ellos también tienen mucho que aportar.

Habrá tiempo para recorrer otros caminos. Este año desde Mérida miramos a Europa y Europa nos devuelve la mirada desde la emoción y el interrogante. Espero que disfruten de este privilegiado viaje.

jueves, noviembre 19, 2009

IV FESTIVAL DE CINE INEDITO DE MÉRIDA: Sección Oficial

Esta es la programación de la Sección Oficial del IV Festival de Cine Inédito de Mérida:

Viernes 27 de Noviembre:
LA ISLA INTERIOR de Dunia Ayaso y Félix Sabroso
Gracia, Martín y Coral son tres hermanos con vidas muy diferentes que luchan por salir adelante. Tres náufragos de sí mismos. Aunque saben que se necesitan, siempre acaban dándose la espalda y sin poder ayudarse unos a otros porque, quizá, sus problemas se parecen demasiado. Martín quiere dejar la casa de sus padres para escribir en París. Gracia quiere separar la realidad de la ficción en la que se ha convertido su vida. Coral tan sólo quiere que la quieran. En esta situación de huida y miedo se encuentran los tres hermanos cuando son informados de la inminente muerte de su padre.
Premios: Seminci 2009 Mejor Actor Alberto San Juan.

Sabado 28 de Noviembre:
LA CINTA BLANCA de Michael Haneke
Un pueblo protestante en el norte de Alemania. 1913-1914. Vísperas de la I Guerra Mundial. La historia de los niños y adolescentes del coro del colegio y de la iglesia dirigido por el maestro, y de sus familias, el barón, el encargado, el médico, la comadrona, y los granjeros. Empiezan a pasar cosas extrañas que, poco a poco, toman el carácter de un castigo ritual. ¿Quién está detrás de todo esto?
Premios: Festival Cannes 2009 Palma de Oro Mejor Película; Gran Premio FIPRESCI Mejor Película del año y cuatro nominaciones a los Premios de la Academia Europea: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Fotografía.

Domingo 29 de Noviembre:
EL ERIZO de Mona Achache
El Erizo narra la historia de un encuentro inesperado entre algunos de los habitantes de un inmueble de la calle Eugène Manuel, en París: Paloma Josse, una niña de once años tremendamente inteligente y con un plan secreto; Renée Michel, portera discreta y solitaria que bajo su apariencia de inculta y arisca oculta en realidad una personalidad inteligente y cultivada, y el enigmático señor Kakuro Ozu, un japonés que acaba de mudarse al edificio.
Premios: Seminci 2009 Premio del Público y Mejor Música.

Lunes 30 de Noviembre:
HONEYMOONS de Goran Paskaljevic

Con la esperanza de alcanzar una vida mejor, dos jóvenes parejas planean abandonar sus respectivos países. Melinda y Nik pretenden alcanzar Italia desde Albania para poder vivir libremente una relación prohibida. Vera y Marko, por su parte, quieren marcharse de Serbia en dirección a Austria para mejorar sus vidas ya que Marko, un violonchelista de notable talento, tiene la oportunidad de entrar en la Orquesta Filarmónica de Viena. Pero Europa, esa especie de Tierra Prometida para tantos balcánicos, no les pondrá fácil cumplir sus sueños.
Premios: Seminci 2009 Espiga de Oro Mejor Película.

Martes 1 de Diciembre:
LA NOCHE DEL CINE EXTREMEÑO
Desde su segunda edición, el Festival de Cine Inédito de Mérida ha adquirido un fuerte compromiso con la producción audiovisual extremeña, buscando siempre un espacio donde puedan verse algunos de los trabajos más representativos que los profesionales de nuestra región han llevado a cabo en los últimos tiempos. Para esta IV edición contamos con una sesión en la que podrá verse una interesante selección de cortometrajes que abordan las más variadas temáticas y géneros, algunos de ellos premiados en diversos certámenes. Es nuestro principal objetivo servir de escaparate y promoción de estos trabajos que a veces tienen sumamente difícil llegar al espectador. Espero que disfruten de nuestra propuesta, compuesta por siete cortometrajes: Jesusito de mi Vida, De Sangre, Fuera de Lugar, Plaza Vacante, La Punta del Iceberg, Pánico a una Muerte Ridicula y El Viaje de Cris

Miercoles 2 de Diciembre:
LOURDES de Jessica Hausner
Christine ha pasado la mayor parte de su vida confinada en una silla de ruedas. Para escapar de su aislamiento, emprende un viaje a Lourdes, el legendario lugar de peregrinaje en el corazón de los Pirineos. Mientras se desarrolla el viaje, Christine observa con cierto distanciamiento todo lo que sucede a su alrededor, las esperanzas de los discapacitados peregrinos, las relaciones que se desarrollan entre las voluntarias que les atienden y los jóvenes que las acompañan, la abnegación y la entrega, la inevitable fe en una nueva curación milagrosa
Premios: Festival Cine Europeo Sevilla 2009, Giraldillo de Oro a la Mejor Película

Jueves 3 de Diciembre:
CINCO MINUTOS DE GLORIA de Oliver Hirschgiebel

En 1975, en pleno período de violencia en Belfast, un joven protestante decide junto a unos amigos cumplir una misión de prueba para ingresar en la Ulster Volunteer Force, amedrentando a una familia católica para que abandone un barrio protestante. El plan sale mal y acaba con la muerte del joven primogénito católico. Años después, un programa de televisión intentará “reconciliar” al asesino con el hermano de la víctima para mostrar la evolución positiva de una nueva Irlanda.
Premios: Festival Sundance 2009 Sección World Cinema Mejor Director y Mejor Guión.

Viernes 4 de Diciembre:
LOS CAMINOS DE LA MEMORIA de Jose Luis Peñafuerte

La dictadura de Franco, uno de los regimenes dictatoriales más largos y violentos de la historia del siglo XX, ha sido guardado bajo silencio por España desde la transición y la recuperación de la democracia. Con motivo de la aprobación de la controvertida Ley de Memoria Histórica en diciembre del 2007, por la que el Gobierno español pretende finalmente levantar el velo sobre este período, y de esa manera hacer justicia a los cientos de miles de víctimas del franquismo.
Premios: Seminci 2009 Tiempo de Historia Segundo Premio.

Como podeis observar, es una Sección Oficial compuesta única y exclusivamente por títulos europeos de primer orden. En realidad está pensado para que aquel que siga toda la programación se embarque en un viaje por Europa en el que a través de la emoción, la memoria y la pluralidad de miradas y puntos de vista, acaso consiga un mejor entendimiento de ese enorme espacio político y social que nos rodea y del que formamos parte y por lo tanto, un mejor conocimiento de nosotros mismos. Por supuesto todo ello servido a través de ese maravilloso vehículo para contar historias que es el cine. Que la disfruten.

miércoles, noviembre 18, 2009

IV FESTIVAL DE CINE DE MÉRIDA: Cartel Oficial


Aqui teneis el cartel diseñado un año más por David Pozo para la IV Edición del Festival de Cine Inédito de Mérida que se celebrará del 27 de Noviembre al 5 de Diciembre y cuya programación se dará a conocer mañana jueves a las 11:00 en una rueda de prensa en el Palace. La web oficial estará también disponible a partir de mañana y ahí comenzará una cuenta atrás durante la cual nuestro principal objetivo será difundir cuánta más información mejor para que la edición de este año, dominada por completo por el cine europeo de primer nivel, sea todo un éxito de público.

Tenemos mucho que contar, pero lo haremos poco a poco para no saturaros. De momento, mañana jueves, la programación de la Sección Oficial. Que no es poco. Vais a alucinar con las películas de este año.

viernes, octubre 30, 2009

SEMINCI 2009 Cronica 7: My Queen Karo, Un Lugar donde Quedarse, Luna Caliente, El Ejército del Crimen


MY QUEEN KARO, Aquellos no tan maravillosos años

Sin duda hay algo fascinante en los años 70. Época convulsa como pocas en muchas partes del mundo, durante la primera mitad de la década se vivió una especie de resaca del famoso Verano del Amor hippie y Nixon y el Watergate contribuyeron a darle carpetazo a gran parte de los sueños de libertad y las alternativas a otro tipo de sociedad que tuvieron entonces su apogeo. Muchos pensaron que era factible y hasta obligado organizarse de otra forma compartiendo todo y rebelándose abiertamente contra la sociedad capitalista y uno de los campos donde más se libró esta batalla fue el de la familia tradicional. Las comunas, esa especie de cooperativas del amor libre, resultaban para muchos de lo más atractivas, además de por los motivos más obvios e inmediatos que acuden a la mente, por lo radical de unos planteamientos que afectaban a la esfera más intima: el funcionamiento de la pareja… y la educación de los niños en un ambiente muy alejado de lo tradicional.

Estamos en Ámsterdam en 1974. Raven y Dalia, una pareja belga, llega junto a su hija Karo de 10 años a una casa ocupada donde integran una de estas comunas. La idea es buscar la felicidad de una forma alternativa y al principio la cosa funciona. Pero los problemas no tardan en aparecer. El amor libre tiene esas cosas: Raven, un utópico de esos que siguen sus ideales hasta las últimas consecuencias especialmente cuando le benefician inicia una relación con otra mujer y a Dalia no le queda otra que tragar y compartir si no quiere perder a su pareja. La mirada de la directora nos coloca a la misma altura de los ojos de Karo, que rápidamente se ve dividida entre dos fuerzas que tiran de ella en sentidos opuestos: los ideales de su padre frente al pragmatismo algo más moderado de su madre. No hay vuelta atrás, las cosas no pueden ser como antes y más temprano que tarde, está claro que Karo tendrá que tomar una decisión mientras sus padres se van alejando cada vez más uno del otro, enfrentados en posturas irreconciliables.

My Queen Karo expresa con bastante claridad el inevitable fracaso de un sistema mucho menos libre de lo que aparentaba – Raven proclama defender la libertad, pero es un intolerante con aquellos que no comparten su “pureza de ideales” – pero no tanto desde el punto de vista moralista como desde la imposibilidad de imponer determinadas estructuras por encima de los instintos y las emociones humanas básicas. El proceso de Karo se hace transparente para el espectador, que asiste impotente a su progresiva sensación de pérdida, a su demanda continua de cariño dentro y fuera del núcleo familiar, a sus esfuerzos por asimilar los principios a menudo contradictorios que se le inculcan y adaptarse a una situación que la desborda y le impide ser una niña normal.

Hasta aquí, nada que objetar. El problema es que todo resulta reiterativo y excesivamente previsible. Tanto que es imposible no anticipar todas y cada una de las cosas que suceden en la cinta, como si de una crónica de un fracaso anunciado se tratara y el a todas luces desmesurado metraje de la cinta, más bien escaso de esos conflictos que hagan avanzar la trama – los episodios con la prostituta de abajo, la tía monja que provoca una o incluso los primeros escarceos amorosos de Karo no pasan de lo anecdótico - convierten a My Queen Karo en una película alargada y bastante aburrida en la se puede salvar, como nota curiosa casi antropológica, la lograda ambientación de la época. Asimismo los ocasionales despelotes – los de Deborah François son espectaculares - y refociles amorosos del personal de la comuna ayudan a que uno no se duerma del todo, pero poco bagaje más, la verdad.

UN LUGAR DONDE QUEDARSE, Listillos recorriendo América

La película que fuera de concurso clausura la Sección Oficial – y que nadie sabe muy bien por qué la hemos visto dos días antes de que termine la misma – es una muy divertida comedia sobre una pareja que a punto de ser padres y tras enterarse que no tienen razón alguna para quedarse en el sitio donde viven actualmente, sufren un cierto ataque de pánico y deciden recorrer distintos puntos de los EE.UU y Canadá para visitar antiguos amigos de uno y otro y decidir cual es el mejor sitio donde vivir y criar a su futuro bebé. Se inicia así un improbable itinerario que el inglés Sam Mendes aprovecha para construir una especie de fresco sobre las muy distintas formas de asumir la paternidad, afrontar la educación de los niños y hacer compatible ésta con la a ratos sumamente compleja supervivencia de la propia pareja, a punto de cruzar una línea sobre la que no hay vuelta atrás.

El director de Revolutionary Road parece que necesitaba imperiosamente tras aquella durísima y desencantada visión de cómo atreverse a soñar con un futuro mejor podía destrozar por completo el frágil equilibrio de la vida en pareja compensarse y compensarnos con una película que en cierto sentido es el reverso positivo de aquella. Burt y Verona son una pareja que carece en apariencia de los miedos e inseguridades que todos sufrimos y no les duelen prendas – ni al parecer los recursos económicos – con tal de encontrar ese sitio idealizado donde poner el nido. Muy al contrario, se lo toman con calma y muchísimo sentido del humor. Y hay que reconocerle a los guionistas Dave Eggers y Vendela Vida (que me maten si no es el seudónimo más improbable de la historia, aunque reconozco que desconozco quien se oculta tras él) su capacidad para conseguir no ya la sonrisa cómplice sino abiertas carcajadas a lo largo de los muchos encuentros y desencuentros que tienen con otros padres a cual más estrambóticos con los que viven las situaciones más descacharrantes.

Un Lugar donde Quedarse es una película de listillos. De esos a los que le gusta lucirse, hacer que sus personajes digan algo inteligente, irónico, brillante y divertido en todo momento. Y la verdad es que la cosa funciona, por mucho que resulte imposible tomársela en serio, simplemente porque sus actores tienen una incuestionable vis cómica, los diálogos vuelan de un lado a otro con la precisión y el timing justo riéndose la mayor parte de las veces de cosas que nos resultan muy familiares y sobre todo no se le puede discutir que tiene algunos momentos muy logrados – el gag del carrito en casa de los insufribles seudohippies es francamente memorable – capaces de alegrarle la vida al espíritu más amargado.

Por supuesto, Un Lugar Donde Quedarse no sería los mismo sin el excelente trabajo de dos cómicos de raza, fogueados largamente en algunas de las mejores escuelas del humor estadounidense de los últimos tiempos – Maya Rudolph es una habitual del casting fijo de Saturday Night Live desde hace no sé ya cuantas temporadas, mientras que John Krasinski es una de las razones del éxito de esa maravillosa serie llamada The Office que está entre lo mejor que ha dado la pequeña pantalla en el campo del humor en años – que sostienen con su saber hacer una película que, a poco que se reflexione sobre ella, se caerá en la cuenta que es poco más que una sucesión de sketches divertidos pero con nula progresión dramática que abraza sin complejos la cursilería propia de la comedia romántica, molestas cancioncillas incluidas, cuando es necesario.

LUNA CALIENTE, La caliente niña Ramona

Cuando uno se enfrenta a una película de Vicente Aranda siempre espera encontrar al autor de Amantes o Libertarias y no al de Carmen o Canciones de Amor en Lolita’s Club, obras que en los últimos tiempos son ejemplos claros de esa especie de cine de bragueta al que Aranda se ha entregado por completo con inusitado fervor en los últimos tiempos. Conste en acta que servidor no tiene de entrada problema alguno con el sexo en el cine y me considero tan erotómano como el que más, pero no deja de provocar cierta tristeza que un director que ha dado sobradas muestras en el pasado de conocer bien su oficio parezca no tener mayor interés que poblar la pantalla de suculentas escenas de sexo que más que un medio para conseguir una sensación o contar una historia, son un fin en si mismo. Y para eso, pues que quieren que les diga, servidor prefiere ponerse un porno.

Lo triste es que empieza Luna Caliente y a los veinte minutos de proyección empiezan a sonar las primeras carcajadas. Es normal. Estamos siguiendo en el Burgos del 1974, en medio de toda la tensión por el famoso proceso a varios etarras a Juan, un improbable Eduard Fernández, poeta, funcionario de la UNESCO y ligero izquierdoso de vacaciones en su tierra que al visitar a un viejo colega antifranquista se ve literalmente arrollado por la desbordante sensualidad de su hija de dieciséis añitos y vertiginosas curvas. Como no será la cosa que el propio Aranda obliga a todo un señor actor como Emilio Gutiérrez Caba a soltar una aburrida perorata sobre sus méritos médicos que a nadie interesa porque el director sabe perfectamente que todo el personal heterosexual de la sala no está pendiente de otra cosa que los más que evidentes atributos físicos de Thaïs Blume. Por si a alguien no le ha quedado claro, Aranda nos obsequia con un más que gratuito plano de su pecho, pezón al viento bajo la leve camiseta, que deje claro el tema. A partir de ahí, insinuaciones más o menos veladas, una relación sexual que se parece mucho a una violación con resultados catastróficos y un viaje nocturno que no es sino el comienzo de una tremenda pesadilla por el sistema policial franquista que experimenta el atribulado y eso si, siempre salido cual pico de una mesa Juan.

Es imposible tomarse en serio Luna Caliente. Cuando parece que puede empezar a tomar un camino interesante, Aranda rueda una escena estrambótica tras otra, injustificada salvo para aprovechar los ardores de la niña Ramona para sacar todo el partido que puede del contundente físico de Thaïs Blume – el polvo en el árbol de un jardín en pleno funeral, con un policía interpretado por un inenarrable José Coronado metido a mamporrero es uno de los cúlmenes del surrealismo del cine español de los últimos tiempos, casi a la altura de aquel memorable pase de El Ciclo Dreyer en la Seminci del 2006 – hasta el punto que cuando la madre de Juan, que escucha detrás de la puerta los gemidos procedentes de uno de sus encuentros furtivos y pregunta a voz en grito “Pero, Juan ¿Cómo has podido?” uno se siente tentado a responder por Juan “¿Pero tú la has visto bien?”

El caso es que Luna Caliente podría haber dado para muchas cosas. Hubiera podido ser una lectura interesante sobre los últimos y violentos coletazos represivos del régimen franquista, podría haber contado una posible toma de conciencia política por parte de un personaje que pese a compartir las ideas de izquierda prefirió mantenerse casi por completo al margen de la lucha desde el exilio. Incluso podría haber dado cierto juego como un simple thriller si se hubieran atado bien los distintos hilos argumentales. Pero no: a Aranda solo le interesa el sexo y no hay en el mundo citas literarias suficientes para disimular ese anhelo por más que Aranda se empeñe, hasta tal punto que un actor tan solvente como Eduard Fernández parece totalmente perdido en semejante atolladero. En fin. Hay directores que envejecen mejor y otros que lo hacen peor. Y todo el mundo tiene derecho a filmar películas alimenticias para seguir en la brecha. Pero es una lástima que ofrezcan tan poco cine en su interior, sobre todo tratándose de Aranda.


L’ARMÉE DU CRIME, Guedigian y La Resistance

De la misma forma que el cine español tiene en la Guerra Civil una fuente inagotable – y si, es inagotable, pese a que algunos se empeñen en lo contrario – de historias, lo mismo puede aplicarse a la Francia ocupada por los alemanes en la II Guerra Mundial, ya sea para lavar la conciencia culpable del régimen colaboracionista de Petain, ya sea para mostrar la lucha de la Resistencia contra el invasor y el alto precio que muchos tuvieron que pagar por esa lucha. Guedigian se embarca en un género que en apariencia parece muy alejado de sus historias cercanas, pero a poco que uno se fije con detenimiento, en realidad no lo es tanto: una vez más Guedigian habla de la indignación creciente que desemboca en el levantamiento contra el opresor, una vez más el director se detiene en contar el día a día de los distintos personajes que acabarán, a veces incluso contra sus primeros deseos, integrando las filas de ese ejército clandestino que recurre al terrorismo, una vez más, Guedigian aboga por el entendimiento entre personas de distintas nacionalidades, credos y extracción social como forma de unirse contra un mal mayor. Como ven, el Guedigian de siempre.


Desde la primera escena se nos informa del destino final de todos y cada uno de los protagonistas de la película. Así pues el interés de la propuesta no reside en lo que finalmente ocurrirá, sino en el proceso por el que un grupo de individuos que por muy diversas circunstancias inician la guerra por su cuenta, acaban por engrosar las filas de la Resistencia. En ese sentido Guedigian tampoco es que se distancie demasiado de cierta mirada costumbrista: nos familiarizamos con los diversos personajes a base de conocer su entorno, sus hábitos, sus conflictos, sus deseos… Donde Guedigian sí puede patinar un poco es en el viejo talón de Aquiles de toda película que muestra el terrorismo como forma de lucha justificada porque está muy claro que los nazis son el mal y punto. La película no evita una mirada glorificadora de aquellos mártires y es comprensible que así sea. Pero a uno le cabe preguntarse si pongamos por caso un terrorista islámico no justificaría de la misma forma sus actos. Al fin y al cabo puede que las cosas cambien y algún cineasta venga dentro de cuarenta años a rendirle un sentido homenaje por volar un autobús o una librería llena de gente. Territorio peligroso éste.


Uno de los aspectos positivos L’Armée Du Crime es que consigue ir creciendo en interés y en intensidad según avanza el metraje y el cerco se va cerrando cada vez más sobre los protagonistas hasta ahogarlos por completo. Le sobran algunos maniqueísmos que afean el conjunto - los papeles de la chica judía que se vende por supervivencia o el húngaro que delata a sus compañeros convirtiéndose así en una figura negativa, cuando todo el mundo sabe que bajo tortura no hay heroísmos que valgan y todo el mundo termina cantando tarde o temprano – pero el buen trabajo de los actores, alguna idea inspirada – la historia real del armenio convertido en jefe de grupo que hace suya una causa que para él es la misma que la de su pueblo cuando el genocidio turco o la acertada descripción de la policía colaboracionista haciendo el trabajo sucio – y una acertada BSO del gran Alexandre Desplat convierten El Ejército del Crimen en una seria candidata a trincar algo en el Palmarés de mañana.


Y eso es todo en lo que a la Sección Oficial se refiere. Mis muy personales apuestas para el Palmarés quedan de la siguiente forma:

- GUIÓN: Enrique Urbizu por Castillos de Cartón
- MÚSICA: Por sorprendente, Pau Recha por Petit Indi. Aunque Gabriel Yared por El Erizo, Desplat por El Ejército del Crimen o Elena Karaindrou por Dust of Time son todas excelentes opciones.
- FOTOGRAFÍA: Andreas Sinanos por Dust of Time. La alternativa sería Soderbergh por The Girlfriend Experience o incluso Pere Pueyo por Estigmas.
- MEJOR ACTOR: Jeff Goldblum por Adam Resucitado. Y cualquier otra cosa – componendas a actores españoles incluidos – será una injusticia
- MEJOR ACTRIZ: Josiane Balasko por El Erizo. Aunque Trine Dirholm por Lille Soldat es otra opción que nadie protestaría. Si quieren premiar a un español en el apartado de interpretación Adriana Ugarte en Castillos de Cartón o Candela Peña en La Isla Interior son buenas opciones.
- PREMIO NUEVOS DIRECTORES: Mia Love Hansen por Le Pere des Enfants. Aunque la favorita es Mona Achache por El Erizo.
- ESPIGA DE PLATA: Adam Resucitado de Paul Schrader
- ESPIGA DE ORO: Honeymoons de Goran Paskaljevic – improbable porque ya tiene dos espigas de Oro, pero a mi es la que más me ha gustado –
Aqui la tradicional porra de este año del Colombo, con los votos de los alli reunidos por categorías, para que veais lo que piensa el personal:

Pase lo que pase, la conclusión es clara: puede que ésta haya sido, con sus inevitables patinazos, la mejor selección de títulos que ha tenido la Seminci en los últimos años. Puede que no haya ninguna obra maestra, pero el nivel medio ha sido en general bastante alto.

jueves, octubre 29, 2009

SEMINCI 2009 Cronica 6: Cooking With Stella, Le Pere des Mes Enfants, La Isla Interior

COOKING WITH STELLA: India para occidentales

Hay películas a las que uno se las teme desde lejos. Veamos, les transcribo el argumento de esta película tal como puede leerse en el catálogo: “Una diplomática canadiense y su marido cocinero han sido destinados a Nueva Delhi. Al llegar heredan la servidumbre que trabaja en la que será su nueva residencia, al frente de la cual está Stella, una mujer encantadora y llena de artimañas. Lo último que se imagina Michael es que cuando Stella se ofrece a convertirse en su mentora en las artes de la cocina tradicional india, es que la mujer ha urdido un plan” Cuando uno lee semejante argumento y ve el apellido Mehta en el nombre del director – es el hermano de Deepa Mehta, cineasta india afincada en Canadá y especialista en hacer películas exóticas adaptadas al ojo occidental como Fuego, Tierra y Aguauno no puede sino temerse lo peor, es decir, que la película sea poco más que una colección de tópicos sobre el contraste entre culturas que de lugar a una comedia amable que no moleste demasiado.
Y efectivamente, eso es Cooking with Stella, una película amable y complaciente cuya propuesta se agota con rapidez tras unas escenas iniciales en las que descubrimos que Stella es una lianta con una peculiar visión del catolicismo que dice profesar – inenarrables esas estampas y figuras rodeadas de horteras luces de neón a las que reza – cuyos usos culturales y su forma de funcionar choca primero con la de aquellos a los que sirve y después con los ideales de la joven de pueblo que viene para trabajar como niñera, en principio más honesta que Stella pero que se adapta con rapidez a las posibilidades de progreso económico que le ofrece su posición de privilegio al servicio de unos diplomáticos occidentales.
Cuesta encontrar justificación alguna para la presencia de Cooking With Stella en la Sección Oficial de esta Seminci. Es una película convencional hasta la médula, previsible y tópica cuyo enfoque optimista y amigable, por no decir directamente complaciente, desemboca en una India de postal que solo puede satisfacer a los que gustan de encontrar argumentos sencillos ambientados con los toques de exotismo justos. Si al menos su argumento estuviera algo más trabajado – el guión contiene unos agujeros por los que cabría el Taj-Mahal completo y aun sobraría sitio – podría tener un pase, pero más allá de la sonrisa cómplice que de vez en cuando pueden despertar los tejemanejes y la doble moral de Stella (Seema Biswas, justo es reconocerlo, está muy bien en su papel) la única sensación que despierta esta prescindible y acaramelada película de Dilip Mehta es el apetito.

LE PÈRE DE MES ENFANTS, Tribulaciones de un productor

Mayor interés suscita El Padre de mis Hijos, segundo largometraje de la joven Mia Hansen-Love, actriz que ha trabajado varias veces con Olivier Assayas y que nos cuenta de forma bastante precisa los serios problemas financieros de un productor independiente, amante de su familia y del cine, para salir del embrollo en el que se ha metido al intentar sacar adelante varios proyectos mientras intenta refinanciar las deudas pendientes de sus películas anteriores. Gregoire Canvel, personaje inspirado de forma evidente en el conocido productor de cine francés Humbert Balsam, es todo carisma y encanto pero cuando las deudas se multiplican, Hacienda aprieta las clavijas y los problemas no dejan de aflorar por todas partes por la falta de liquidez, incluso un optimista y amante del buen cine como Canvel, curtido en mil batallas, siente sus fuerzas flaquear hasta verse progresivamente inmerso en un callejón sin salida.
La película de Mia Hansen Love tiene dos partes bien diferenciadas que se complementan bien, aunque hay que reconocer que quizás la primera funciona mejor que la segunda, a la que le sobra alguna trama argumental - ¡ese hijo perdido! - que ni va a ninguna parte ni aporta gran cosa. Tanto Louis-Do de Lencquesaing como Chiara Caselli (y las niñas del matrimonio) otorgan una gran credibilidad a sus personajes, haciendo que la película fluya con enorme naturalidad, sin sobresaltos ni demasiados cambios de ritmo – algo que puede amodorrar al que no entre en la propuesta, pero es un defecto que no deja de ser menor – hasta una resolución en la que por fortuna los artífices de la película no ceden a la tentación de resolverla por el camino más facilón y previsible, lo que hubiera traicionado el espíritu de la misma hasta arruinarla.
Así las cosas, creo que se puede convenir en que, si bien no es una gran película, Le Père des Mes Enfants es una obra estimable que, quizás por el hecho de que desvela para el espectador la cara más amarga de muchos productores de cine que aman verdaderamente su trabajo de difusión y descubrimiento de nuevos creadores hasta el punto de poner muy en riesgo sus beneficios e incluso su vida personal, no ha encontrado aun que yo sepa distribución en España. Será que a algunos no les debe gustar mucho verse reflejados en semejante espejo o, por el contrario, que tienen el convencimiento de que una película de estas características es como la mayor parte de las obras del personaje de Gregoire Canvel: películas notables desde el punto de vista artístico e interesantes pero alejadas casi por completo de todo lo que signifique un éxito comercial. Y en los tiempos que corren, ya se sabe…

LA ISLA ANTERIOR, Locura familiar y madurez creativa.

Decididamente, ésta es una Seminci de tarados. No, no se precipiten. Lo que quiero decir es que en la Sección Oficial de este año, vaya usted a saber por qué oscuras casualidades o inconfesables filias de los programadores, han coincidido toda una serie de películas cuyos protagonistas sufren bloqueos o taras de cierta consideración: desde el taciturno y más bien cortito de entendederas protagonista de Estigmas al guapete que sufría el Síndrome de Asperger en Adam, pasando por el superviviente del Holocausto loco voluntario al que da vida el maravilloso Jeff Goldblum en Adam Resucitado o el especialista de cine que pasa de tímido perdedor a chulazo castigador y mamporrero en Dirty Mind, el caso es que pensábamos que teníamos una colección de tarados bastante surtidita.
Pues por si semejante catálogo no fuera suficiente – y eso que solo he citado los casos más extremos – van Félix Sabroso y Dunia Ayaso y nos añaden en La Isla Interior cuatro especimenes más de una sola tacada. Y sin desperdicio, oigan: un padre de familia esquizofrénico diagnosticado en la fase más avanzada de la enfermedad alrededor del cual se agrupan una hija mayor actriz de televisión que en el instante que deja de tomar su medicación se brota y empieza a confundir ficción y realidad, un hermano de ésta maniático compulsivo obsesionado con una alumna y que se monta unas películas de cuidado con las cosas más sencillas y una hermana menor que aunque en apariencia es la más normalita de la familia, se haya inmersa en una relación personal bastante desequilibrada con un hombre casado y arrastra tras de sí un pasado algo tenebroso que hace que su frágil equilibrio mental esté a punto de romperse. Y a todo esto, Geraldine Chaplin, que en un papel con ciertos parecidos con el que hizo en la maravillosa En La Ciudad sin Límites, ejerce de matriarca familiar ante su débil marido y sus perdidos vástagos, manejando con habilidad el cotarro.
Semejante panorama nos es presentado por los autores de El Grito en el Cielo, Descongélate y Los Años Desnudos con un arranque algo titubeante – la reunión de los tres hermanos en el aeropuerto – en el que uno no sabe muy bien a que carta quedarse. Por un lado resulta evidente que los directores quieren tratar una temática algo más seria de lo que hasta ahora ha sido habitual en su cine. Por otro, tanto los diálogos iniciales como la descripción de los comportamientos de los hermanos inducen más a pensar en la comedia que en el drama. No es hasta que comienza un flashback que nos aclara lo ocurrido durante los últimos tres días anteriores a ese desconcertante arranque que comienza la verdadera película.
Me repito porque voy a decir lo mismo que dije de Marc Recha y su Petit Indi: nunca he sido demasiado fan del cine de Sabroso y Ayaso, que a menudo me ha parecido que no conseguían deshacerse de una sombra almodovariana en argumentos, personajes y situaciones que en el fondo no les hacía ningún bien. Por ello, y vuelvo a repetirme, La Isla Interior ha supuesto una agradable sorpresa. Es un guión bastante trabajado, con unos personajes muy extremos que necesitan de un enorme esfuerzo conjunto por parte de todo el elenco para que la cosa salga adelante, ya que si ya de por sí el tema de la locura no es algo demasiado atractivo de ver en pantalla, si encima se está constantemente pretendiendo saltar de la comedia al drama era francamente fácil despeñarse. Y Sabroso y Ayaso no solo no se despeñan sino que de hecho salen bastante airosos del trance.
Los puntos fuertes de La Isla Interior, metáfora de solo uno de los distintos círculos concéntricos que rodean a los personajes – la peli se desarrolla en una isla canaria, pero más allá de la isla física está la que representa esa familia asfixiante y por supuesto, la isla interior a la que, en sus distintos grados de locura, se retiran los personajes para sobrevivir – están como digo en un guión ambicioso y bastante trabajado que es un regalo para todos los actores que participan en la película, que dan todo lo que pueden para que la película fluya: Alberto San Juan comsigue ser a la vez cómico y trágico en su imposibilidad de lidiar con el mundo exterior y con las relaciones personales; el progresivo deterioro de Cristina Marcos se apoya en un trabajo bastante sutil compuesto de miradas y expresión corporal; Candela Peña transmite a gritos el tormento interior que sufre aunque no de una sola voz; Geraldine Chaplin tiene momentos de extrema dureza y otros de una calidez inusitada y Celso Bugallo está simplemente perfecto como ese padre nudo gordiano del resto de los personajes que cada vez más vive en su propio mundo.
De acuerdo, a la película le falta algo de contención en algún momento y le sobra verbalizar ciertos detalles referidos al pasado que hubieran tenido mucha más fuerza quedándose en el sutil apunte y aunque el trabajo de puesta en escena de los directores resulta algo más estimulante que en anteriores trabajos, se le puede reprochar a La Isla Interior una cierta falta de recursos narrativos visuales para elevar la historia y que se despoje de ese molesto look televisivo que a ratos la acompaña. Pero, pese a todo, hay que reconocerle no poco mérito a los autores al haber sacado adelante un proyecto complejo y exigente que afrontaba no pocos riesgos. Y no lo hace de forma complaciente, sino demostrando una cierta madurez creativa que hace que al menos éste que suscribe esté pendiente de sus próximos trabajos con mucha mayor expectación que aquella con la que esta mañana entre en el Teatro Calderón para ver La Isla Interior.

miércoles, octubre 28, 2009

SEMINCI Cronica 5: Adam, The Girlfriend Experience, Honeymoons

ADAM, Amor Incomunicado

Una película de las características de Adam, comedia romántica tradicional aunque uno de sus protagonistas no lo sea, la convierte en una rara avis dentro de la Sección Oficial a concurso. Si bien es justo reconocer que casi todos los años suele colarse un filme de este tipo, más de uno en el Calderón esta mañana pensó al escuchar la popular sintonía de la Fox que se había metido por error en el cine comercial más cercano. La segunda película dirigida por el director teatral Max Mayer es, como decía, una comedia romántica más o menos de libro: chico al parecer algo retraído conoce a chica que es su nueva vecina, chica se queda pillada con la peculiar sensibilidad que intuye se esconde tras el tímido comportamiento de chico, chico revela que tiene un problemilla en cuanto a sus relaciones sociales, chica decide que venga, que sigamos adelante y a ver qué pasa e inevitable crisis en el horizonte.

El elemento original de la película reside en el extraño comportamiento del chico, que uno en principio asocia a una simple (y a ratos divertida) falta de habilidades sociales y que se nos revela como un Síndrome de Asperger, una forma de autismo que consiste en una tremenda falta de empatía con el otro y con sus sentimientos, incapacidad para expresar los propios y obsesión por datos y cosas que no exijan interacción social. Vamos, que el muchacho tiene un serio problema de inteligencia emocional. Como me comentaba con no poca sorna una buena amiga a la salida del pase, al fin y al cabo es algo que les pasa a todos los hombres, solo que éste lo tiene un poco más acusado que la mayoría. Pese a eso y como Beth arrastra también unos cuantos fracasos amorosos – sin que se expliquen demasiado bien las razones – la chica decide tirar del carro y embarcarse en una relación francamente difícil. Pero la tesis de Mayer es sencilla: ¿acaso no lo son todas?

En un momento determinado del filme, Adam dice a modo de chiste “No soy Forrest Gump ¿sabes?” Y efectivamente, no lo es. De hecho el personaje de Tom Hanks, aunque con sus facultades disminuidas, interactuaba emocionalmente mucho más con su Jenny que esta especie de manejable espárrago hasta tal punto que resulta más que razonable necesario preguntarse las razones por las que, dejando aparte lo guapito que es Hugh Dancy, un personaje como Beth se mete en semejante embolado. Y la verdad, hay motivos para removerse inquieto en la butaca pues en cuanto uno empieza a hacerse esas preguntas toda la estructura sobre la que se asienta la película se tambalea peligrosamente. De acuerdo, puede que Adam sea una versión algo extrema del tema inagotable del amor y la dificultad que siempre supone hacer sitio en nuestra vida al otro aceptando sus defectos en la misma medida que sus virtudes, pero que quieren que les diga: a mi me parece rizar un tanto el rizo y no creo que la comedia romántica sea el mejor género para hablar de ese plus añadido a la dificultad de comunicación que supone el Asperger.

En cualquier caso, la película está bien contada, sin demasiadas estridencias y siguiendo el manual de las comedias románticas al uso. Funciona gracias a su inicial sentido del humor y al correcto trabajo de sus actores: Hugh Dancy se muestra comedido en un papel que en otras manos podía haber dado lugar a todo tipo de excesos y la hermosa Rose Byrne saca adelante un personaje en ocasiones difícil de justificar. No es nada del otro mundo pero preferible a los muchos engendros que nos da últimamente el género.

THE GIRLFRIEND EXPERIENCE, Soderbergh desactiva el morbo.

Había cierta expectación por ver el último trabajo del prolífico Steven Soderbergh que parecía volver de nuevo ese lado más independiente de su filmografía – ya saben, Bubble, Full Frontal o Schizopolis enfrentado a sus más comerciales Ocean’s o Ché - con esta película sobre la prostitución de lujo para la que escogió como protagonista a la estrella del cine porno Sasha Grey. Los que esperaran encontrarse con una película llena de morbo por este hecho se habrán quedado con un palmo de narices: The Girlfriend Experience es una película muy racional y acaso especialmente diseñada para desactivar semejantes expectativas. Muy al contrario, los desnudos presentes en esta película son más bien de tipo emocional, se desarrollan en ambientes fríos que no invitan al más mínimo calentamiento, ni mental ni del otro, y el resultado es un artefacto narrativo no especialmente original pero sí muy bien construido que lleva de la mano al espectador por dos estados de ánimo acaso conectados entre sí: el que refleja la desolación generada por la crisis económica y aquel que se refiere a la desolación emocional de los que no encuentran la forma de salir del circulo vicioso en el que se han metido, condenándose a si mismos al fracaso en el campo de las relaciones personales.

Chelsea es una escort, una acompañante de lujo que ofrece a sus adinerados clientes algo más que simple sexo. Parece tener su vida bajo control, tiene una pareja de lo más comprensiva que acepta su peculiar modo de vida y con la que ha alcanzado cierto tipo de equilibrio. No tiene excesivos motivos para desconfiar de su futuro, ya que su trabajo le permite llevar un alto nivel de vida con cierta comodidad. Sin embargo en un negocio como el suyo siempre hay temor a la competencia, surgen razonables dudas y además como nos pasa a todos, sueña con algo más, algo indefinible que su instinto la obliga a perseguir. Por su parte su pareja Chris, un entrenador físico que trabaja ocasionalmente en gimnasios y no dispone de ingresos fijos, sufre la lógica desazón de no estar a la altura de Chelsea en el terreno económico y tener que lidiar diariamente con su modo de ganarse la vida, un frágil equilibrio que puede romperse en cualquier momento.Soderbergh elige una estructura voluntariamente fragmentada en el tiempo – modelo 21 Gramos para entendernos – que la hace francamente interesante. Huyendo de la estructura lineal, consigue el efecto de hacerla imprevisible y obligar al espectador a concentrarse tanto en las conversaciones como sobre todo en las atmósferas y las sensaciones. Resulta extremadamente curiosa la visión que Soderbergh consigue dar de la crisis económica mundial en el primer tramo del filme: todos los clientes de Chelsea andan preocupados en mayor o en menor medida de los efectos que la misma ha tenido, está teniendo o va a tener sobre sus respectivos negocios, mientras que al situar la acción de su filme pocas semanas antes de las elecciones que colocarán a Obama en la presidencia, Soderbergh consigue transmitirnos a través de los personajes que hablan de los candidatos parte de los temas que dominaron la campaña.
Sin embargo, a Soderbergh le interesa más la deriva personal tanto de Chelsea como de su novio Chris. Atrapados en un mundo de máscaras de las que no pueden despojarse ni por un instante, nos acercamos de forma progresiva a sus inseguridades, sus miedos, su terror al fracaso personal. Soderbergh aparca por completo los moralismos: Chelsea se dedica a la prostitución de lujo pero con la forma no sensacionalista en que está tratada sería lo mismo a estos efectos que fuera una alta ejecutiva de una empresa en crisis. Y lo mismo ocurre con Chris. Los miedos de ambos, sus soledades, son en esencia los nuestros y su trabajo resulta así irrelevante por mucha importancia que pueda tener en algunos casos para sus clientes o para nosotros como simples voyeurs. Entre medio del solo aparente caos narrativo que es la película, emerge nuestra capacidad de reconstruir los hechos fragmentarios que se nos ofrecen. Y el resultado es un retrato bastante desolador y efectivo – siempre que se consiga conectar con los personajes y lo que Soderbergh está tratando de contar, algo que no hay que dar por sentado – sobre unas personas en el fondo bastante desamparadas y perdidas.

HONEYMOONS, Fronteras Insalvables

Goran Paskaljevic se siente en Valladolid como en casa. No es para menos: el realizador serbio tiene ya en su haber dos espigas de Oro, una por La Otra América (1995) y otra por Optimistas (2006). Pues bien, no hay que descartar que consiga el triplete ya que Honeymoons está sin duda entre las propuestas más notables y sobre todo redondas que ha ofrecido hasta el momento la Sección Oficial. Y eso a pesar del lógico reparo que ponen, no sin cierta razón, aquellos que opinan que el director de El Polvorín vuelve en esta película a afrontar ciertos temas que son una constante en su filmografía: la dificultad de entendimiento entre pueblos condenados a convivir que a menudo desemboca en la violencia, las barreras que desde nuestra confortable posición en Europa ponemos a la libre circulación de personas, la necesidad de buscar la felicidad más allá del peso de las tradiciones, el inevitable vitalismo balcánico teñido de humor negro como forma de enfrentarse a la desesperanza…
Si, Paskaljevic habla de lo mismo de siempre. Pero es que su cine se basa en la realidad que observa, cuyas miserias transporta a la pantalla desde la ficción pero recreando unas historias que nos duelen porque somos conscientes que están reflejando esa realidad. Dudo mucho que el realizador pueda soslayar ese compromiso que tiene asumido consigo mismo. Y en Honeymoons el planteamiento es sencillo, pero su mensaje es contundente: las barreras que seguimos levantando alrededor de los países balcánicos que aun no forman parte de la Unión Europea están ayudando a incrementar un antagonismo cuyas consecuencias – aun no se ha secado la sangre vertida por aquellos parajes y aunque así fuera convendría tomar buena nota - pueden seguir siendo funestas. Y Paskaljevic ya no se limita solo a la antigua Yugoslavia: ahora ha fijado su mirada en Albania y en el conflicto de Kosovo, una herida muy abierta.
Dos parejas. Dos sueños. Dos bodas y dos lunas de miel con el común objetivo de salir del país de origen en busca de un futuro mejor. Para una pareja albanesa que vive atrapada bajo el peso de la tradición de su pueblo, la huida hacia Italia es la única opción para superar una vieja desgracia y ser felices. Para una pareja serbia la salida hacia Hungría no es tanto una cuestión de superar prejuicios, sino que es más sencillo: buscan mejorar su nivel de vida. Viene a ser lo mismo, nos dice Paskaljevic, ya que ambas se estrellan primero en la incomprensión de sus familias, en los prejuicios, en la intolerancia de los que no admiten la disensión y por último, contra las fronteras con las que nosotros los europeos – como si ellos no lo fueran – hemos levantado para evitar que vengan a los patios traseros de nuestras casas.
Creo que Honeymoons es una de las mejores películas de Paskaljevic. Lejos de la irregularidad que corría paralela a la brillantez de los episodios de Optimistas, Honeymoons resulta una propuesta mucho más sólida y coherente, estructurada con una precisión tal que ayuda a la contundencia de su mensaje. Al seguir primero a la pareja albanesa de raíces serbias que vive cerca de Kosovo – que sufre el desprecio social de los albaneses “puros” por así decirlo, como queda de manifiesto en la esplendida escena de la boda en Tirana – y mirar después a una pareja serbia que sufre la misma intolerancia pero al revés al volver desde Belgrado al pueblo de ella en Kosovo, Paskaljevic nos está mostrando las dos duras caras de una misma moneda y al mismo tiempo está dando voz a una juventud que no quiere sufrir por más tiempo los embates de la política y solo quieren un mundo normalizado en el que puedan simplemente ser felices. Aun queda mucho camino por recorrer (Kosovo es un conflicto no resuelto que aun sigue enquistado) pero el mismo hecho que esta película, una producción serbio-albanesa en la que colaboraron equipos de ambos países, haya podido llevarse a cabo es de por si un motivo para soñar con algo mejor para esa zona que lo que Honeymoons muestra con tanta desesperanza como notable acierto.

martes, octubre 27, 2009

SEMINCI 2009 Cronica 4: Casanegra, Adam Resucitado, Dirty Mind


CASANEGRA, La huida imposible

Hay que concederle a la Seminci un mérito que no tienen festivales en teoría de más lustre como Cannes, Venecia, Berlín o San Sebastián: salvo error u omisión por mi parte creo que en este 2009 Valladolid es el único certamen europeo de cierto renombre que lleva a concurso en su Sección Oficial una película africana. Ignorado en eso como en tantas otras cosas, me resulta muy grato el gesto por parte de los programadores de no haberse olvidado una vez más de las cinematografías de ese continente. Cuestión distinta son los méritos del filme, pero de entrada ya es algo a favor de la Seminci. Casanegra es una película marroquí que narra las peripecias en un par de días en la vida de dos amigos de la infancia residentes en Casablanca, esa ciudad caótica y vitalista que nada tiene que ver con el clásico que todos conocemos. Karim y Adil intentan, cada uno a su manera, escapar del destino que parece reservado a todos los que, como ellos, no disponen de los medios o la educación para conseguir un lugar decente en la clasista sociedad marroquí de hoy en día: Adil sueña con emigrar a Suecia con su tío y no le preocupa lo más mínimo meterse de lleno en la delincuencia para conseguir el dinero necesario para hacerlo mientras que Karim, siempre bien trajeado y educado, aparentando una posición social más alta de aquella a la que de verdad pertenece, sueña con una chica fuera de su alcance e intenta seguir los pasos de su padre y salir adelante con un trabajo digno, resistiéndose a acompañar a su colega Adil, de muchas menos luces que él, pero intentando igualmente permanecer a su lado para evitar que se meta en problemas serios.

Casanegra no cuenta ninguna historia que no hayamos visto mil veces ni tampoco lo hace de una forma especialmente original. Sobrada de metraje y demasiado reiterativa en ocasiones, quizás lo más interesante de la misma resulte ser esa continua sensación de callejón sin salida al que parecen abocados no solo los personajes sino toda una gran parte de la sociedad marroquí, que no es de extrañar que ante la falta de expectativas que les ofrece su propio país sueñen de forma constante con escapar del mismo para buscar mejor suerte en Europa. Por otro lado también es cierto que la película ofrece una visión bastante poco amable de la sociedad del país magrebí: no hay más que ver el retrato clasista que hace de la misma y la insólita presencia en la película de elementos como las drogas y el sexo, temas por lo general bastante tabú en esas cinematografías.

El director Nour Eddine Lahkmari que por cierto reside en Noruega, lo que sin duda le ayudado no poco tanto a poner en pie el proyecto como a observar con cierto distanciamiento crítico los problemas habituales de su país de origen, mezcla en Casanegra elementos de distintos géneros con acierto desigual consiguiendo solo a ratos mantener el interés del espectador durante su muy irregular metraje, fruto de un guión quizás demasiado poco trabajado y que abusa de ciertos lugares comunes. Con todo, Casanegra no deja de ser una película que se deja ver con agrado y que no me molesta demasiado y en la que acaso la frase que pronuncia uno de sus protagonistas “¿Pero que demonios os pasa a todos en este país?” sea la que mejor resume sus intenciones. Y es que no cabe duda que a la sociedad marroquí le queda aun mucho camino que recorrer para contentar a gran parte de su población, especialmente a sus jóvenes, aquellos que, en teoría, deberían ser los primeros interesados en propiciar dichos cambios y que no ven más allá de sus propios deseos de libertad lejos de sus fronteras.


ADAM RESUCITADO, El Holocausto y la locura del superviviente según Paul Schrader

He aquí una de las películas más desconcertantes y generadoras de sanas discusiones entre partidarios y detractores que vamos a tener en esta Seminci. Paul Schrader, director de Aflicción, El Placer de los Extraños o Posibilidad de Escape además de guionista de algunas de las mejores películas de Martin Scorsese como Taxi Driver, Toro Salvaje o La Ultima Tentación de Cristo adapta en Adam Resucitado la novela homónima de Yoram Kaniuk en la que se narra en dos tiempos, presente y pasado, la vida de Adam Stein, un superviviente del Holocausto internado en un hospital especial situado en medio del desierto junto con otros enfermos mentales asimismo supervivientes de la Shoah. Stein es un hombre provisto de un carisma excepcional, del que pronto averiguaremos que tiene el poder de meterse en la mente de aquellos a quienes toca, que sus dotes de showman provienen de su pasado como mago y artista de variedades en el Berlín de antes de la II Guerra Mundial y que las traumáticas experiencias vividas durante la contienda, campos de concentración mediante, son la causa directa de su estado actual que oscila entre la lucidez propia de un hombre sin duda brillante y alguien que en un momento determinado de su vida no tuvo más opción que abrazar la locura como medio de supervivencia.

Jeff Goldblum, serio candidato a hacerse con el premio al mejor actor en esta Seminci por el que sin duda es el mejor trabajo de su larga carrera, soporta el peso de la película sobre sus hombros ofreciendo una variedad de registros asombrosa. Es imposible no dejarse fascinar por su magnético trabajo, ya sea el hombre que domina a su antojo tanto el escenario como al staff médico y al resto de los pacientes de ese pabellón médico haciendo gala de unos recursos interpretativos asombrosos, ya sea mientras seguimos sus tristes experiencias en el Campo de Concentración comandado por un Willem Dafoe que en lo que a cotas de maldad se refiere está a la altura del siniestro personaje creado por Ralph Fiennes en La Lista de Schindler. Adam Resucitado no es una película fácil: primero porque hurta al espectador la posibilidad de identificarse con cualquiera de los personajes que pululan por sus imágenes ni tan siquiera con el propio Adam, capaz de actos violentos y de una crueldad verbal infinita a sumar a su dudoso estado mental y en segundo lugar porque Schrader hace en esta película un experimento muy extraño, ya que mientras desarrolla en paralelo presente y pasado para contar la historia y explicar el comportamiento de Adam, llena de fuegos artificiales la pantalla en un intento de distraer al espectador de lo que es verdaderamente importante, como si quisiera que los árboles no nos dejara ver el bosque.

Y sin embargo, por debajo de todos esos aparentes fuegos de artificio, Schrader ofrece no solo una original e interesantísima relectura de un tema tan sobado como el Holocausto sino todo un abanico de temas y obsesiones recurrentes en el realizador. Así, la religión entendida como una crisis de fe que desemboca en un necesario ajuste de cuentas con un dios que permite cosas tan terribles, la infinita crueldad capaz de desplegar el ser humano, los recursos para racionalizarla por parte de aquellos que la ejercen, la culpa del superviviente y la locura elegida como refugio de aquel para el que suicidio no puede ser una salida, el improbable proceso de redención… Todo esto y mucho más tiene cabida en una película en apariencia excesiva y desarbolada, pero que en realidad es de lo más sutil e inteligente en su planteamiento. Aunque por momentos pueda parecer forzada o fácil – la trama del niño, recurso de guión de un viejo perro del oficio, se presta a ambas lecturas – Adam Resucitado es una película compleja y brillante que merece la pena descubrir. Y discutir abiertamente sobre ella.


DIRTY MIND, Trastornos de personalidad, indefinición de géneros

Diego es un perdedor de libro. Un tímido irredento de esos que en su vida se comerá una rosca por más que lo intente y que vivirá a la sombra de los que, como su hermano, especialista de cine de profesión, son los que siempre resultan populares y acaban por llevarse a la chica. Claro que un buen día puedes pegarte una hostia de campeonato sustituyendo a tu hermano, dañarte el lóbulo frontal y que tu personalidad cambie por completo de la noche a la mañana, convirtiéndote en Tony T, un arrollador macho alfa, especie de Austin Powers mamporrero – la comparación no es gratuita: Wim Helsen se parece mucho en esta película al personaje creado por Mike Myers, chaquetas horripilantes incluidas – deslenguado y atrevido que, por supuesto, tendrá mucho más éxito social y laboral que su alter ego anterior y causará la admiración de aquellos que le rodean, que le perciben ahora como alguien mucho más feliz. Incluso la doctora que le trata, una especialista que sabe bien que esos cambios radicales de comportamiento no conllevan nada bueno, puede obviar dichos conocimientos y caer rendida a sus encantos de neandertal triunfador.

Siempre he dicho que encontrarse con una comedia en cualquier festival, dado que éstos son siempre tan proclives a la trascendencia y los dramas sesudos, resulta algo de lo más refrescante. Incluso cuando la comedia tiene lugar de forma involuntaria, es decir, cuando la película contiene derivas tan disparatadas que induce al público a descojonarse abiertamente de ella. La flojísima Dirty Mind es uno de estos casos, si bien en su descargo hay que decir que tiene la voluntad de adscribirse a la tragicomedia, así que durante gran parte de su metraje uno se ríe por las razones adecuadas y en los momentos precisos, cosa que por desgracia no sucede en su chanante último tramo, indescriptible de puro inverosímil pero al mismo tiempo irresistiblemente divertido. La película, no nos engañemos, resulta mediocre y previsible a más no poder, sus actores no son nada del otro mundo, el argumento se despeña por completo según avanza el metraje, la remata una fotografía granulosa y feísta insufrible y lo único que puede salvarse de ella es que contiene dos gags espectaculares que están sin duda entre lo más divertido que veremos en esta Seminci: uno digno de los Hermanos Farrelly que tiene como protagonista a un enfermo de Parkinson sobre el que es mejor no dar detalles y otro que atañe a una prostituta que ejerce su trabajo en la postura del perrito ataviada con una camiseta de la selección nacional holandesa de fútbol - Dirty Mind es una producción belga – con un remate final que hará sonreir de forma cómplice aunque por motivos bien distintos, tanto a los aficionados del Barça como a los del Real Madrid. En cualquier caso, y aunque un servidor agradece el buen rato pasado a su costa, no hay que llamarse a engaño: Dirty Mind es mucho más material de Punto de Encuentro (y gracias) que de la Sección Oficial.

lunes, octubre 26, 2009

SEMINCI 2009 Crónica 3: Little Soldier - El Erizo - Estigmas


LITTLE SOLDIER Improbable redención

En las primeras escenas de la nueva película de la realizadora danesa Annette K. Olsen, se bosqueja a la perfección a la protagonista de la misma, Lotte, una soldado profesional de vuelta a su país tras servir en Irak tan traumatizada por lo allí vivido que se halla embarcada en un proceso de autodestrucción a base de alcohol, vive de forma desordenada y ni siquiera ha avisado a la única familia que tiene, su padre, de su regreso. En ningún momento explicará la realizadora cuales son las terribles experiencias por las que ha pasado esta mujer dura, chicazo de papá, para desertar de aquello y volver en ese estado. No hace falta. Podemos imaginarlo. Sin dinero y sin recursos, Lotte no tiene más remedio que aceptar, de mala gana, un trabajo de chófer para su padre, del que pronto descubriremos que anda metido en el negocio de la prostitución. Es uno de esos desalmados que se justifica a si mismo diciendo que “hace un favor” al traer a Europa a las chicas nigerianas sobre las que ejerce de proxeneta porque, a diferencia de otros mucho peores que él, las trata bien. Incluso ha hecho de una de ellas su novia.

Y es precisamente en la relación de progresiva confianza que se establece entre Lotte y la novia de su padre, una chica de compañía muy consciente de su papel en la vida y cuyo único objetivo es hacer el suficiente dinero para garantizarle a su hija allá en Nigeria una educación que la salve del destino que ella ha tenido que correr, donde se encuentra el meollo de una película previsible pero bien contada cuyo punto fuerte, como suele ser habitual en las producciones danesas, se encuentra en la descripción de personajes y la interacción entre ellos que les hace evolucionar en un sentido o en otro en el proceso de mutuo conocimiento. Olsen, que ya ganó aquí un inmerecido Premio del Jurado en el 2004 por la mucho menos interesante En tus Manos, se apoya en un excelente trabajo de sus dos actrices principales, Trine Dirholm (ojo a ésta, que es desde ya una de las favoritas al premio a Mejor Actriz) y Lorna Brown, para dar forma a una historia por momentos ciertamente sórdida por momentos y en la que no se vislumbran demasiadas salidas. Precisamente por eso, y pese a que el guión lo justifique a la vista de esa carga de culpabilidad y necesidad de redención que arrastra Lotte, la resolución de la propuesta no funciona demasiado bien en relación a lo anteriormente narrado, pudiendo dejar en el espectador una cierta sensación de que lo que se le está contando puede estar justificado desde el guión, pero en el fondo no resulta demasiado probable en la vida real.

En cualquier caso, Little Soldier es una película estimable en la que conviene destacar que sus personajes están muy bien trabajados a base de pequeños detalles: tanto en la desastrosa relación de Lotte con ese vecino bienintencionado que trata de acercarse a ella como en la construcción del personaje de Lily, sumamente creíble en sus motivaciones o incluso en esa extraña y a ratos brutal relación filial, Olsen consigue deslizar de forma constante pistas que nos ayudan a comprender sus actos, su necesidad de soltar el enorme dolor y el desgarro interior que arrastran, su condición de personajes a la deriva en un mundo sórdido en el que un buen cliente puede ser aquel que no te pega o que, para satisfacer su necrofilia, es capaz con el consentimiento previo de Lily y mucha pasta de por medio, de drogarla hasta la inconsciencia para después follársela como mejor le apetezca. Ya saben que por Dinamarca las películas no son precisamente la alegría de la huerta.

EL ERIZO, Poesía y humor, inteligencia y tristeza

Un Festival de cine ha de ser, si se hace bien, terreno abonado para el descubrimiento. Es aquí donde deben darse a conocer al mundo autores desconocidos con universos personales e historias interesantes que contar, directores de los que apenas tienes la más mínima referencia y que, de repente, consiguen ese momento mágico de descubrirte una película notable que consiga conmoverte, tocarte la fibra o, simplemente, sorprenderte. No pueden ustedes imaginarse la cantidad de películas infumables a las que uno acude día tras día en las distintas Secciones Oficiales de los festivales esperando encontrar esa sensación familiar de estar ante algo nuevo que merece la pena. Y después, claro está, compartirlo.
Es un hecho tan infrecuente que aun faltando mucho para que termine, estoy convencido que la película sorpresa de esta edición de la Seminci es la opera prima de Mona Achache El Erizo, un filme que adapta la exitosa novela homónima de Muriel Barbery y que es una irresistible mezcla de lirismo, melancolía, cinismo existencial, humor y ternura servido con una inteligencia y un saber hacer impropio de una realizadora novel que da lugar a una película por momentos desconcertante pero poseedora de un encanto muy particular capaz de desarmar al espectador más exigente. Puede que no sea plato para todos los gustos, pero no cabe duda que estamos ante una verdadera exquisitez.
Veamos. El erizo se articula alrededor de dos personajes que conviven en el mismo edificio de vecinos de una calle de París. Uno es Paloma (Garante Le Guillermic) una niña demasiado clarividente para su tierna edad que, habiendo descubierto la trampa que supone al aburguesamiento de las comodidades materiales y la falta de calidez en las relaciones familiares, ha decidido poner fin a su vida no sin antes grabar a todos los miembros de su familia y hacer una película para demostrar su tesis de que la vida es algo tan insustancial y los adultos unos gilipollas incapaces de ver la pecera en la que dan vueltas de forma inútil, que no merece la pena seguir creciendo. Tomen aire que esto acaba de empezar. En la portería del inmueble se esconde Renée Michel –acojonante Josiane Balasko en el que sin duda es el gran papel de su carrera – una mujer discreta, sumamente arisca y solitaria que responde punto por punto al arquetipo de la portera desagradable que todos tenemos en mente pero que, sorpresa, bajo su apariencia de conserje ignorante y vulgar esconde a una mujer autodidacta y cultivada que le da sopa con ondas a todos esos inquilinos que apenas reparan en su existencia. La llegada al inmueble de un tercer personaje, un educado y culto japonés llamado Kakuro Ozu, despertará en la Sra. Michel sentimientos largamente reprimidos y provocará unas cuantas situaciones curiosas que harán reflexionar a todos ellos sobre el sentido de la vida.
Al principio puede que esa niña ciertamente repipi y demasiado cínica para su propio bien que registra todo lo que sucede a su alrededor mientras busca argumentos sobrados para justificar su futuro suicidio haga que algunos espectadores enarquen la ceja ante semejantes cargas de profundidad. No se preocupen y tengan paciencia: en el instante que Mona Achache comienza a asomarnos a la vida del magnífico personaje que interpreta Balasko, uno empieza a intuir que en esta película hay mucho más cinismo y vacío existencial. De hecho, la propuesta está continuamente teñida de una interesante mezcla de ternura y melancolía, sentimientos contrapuestos que en teoría deberían tirar hacia lados opuestos pero que se complementan y que, sumados a un magnífico sentido del humor y a una poesía muy particular, van poco a poco dando forma a una película personal, sugerente y atractiva que guarda en su interior sorpresas que no conviene desvelar y que llevan continuamente de lado a lado a un espectador que, si entra en el juego, a menudo se sentirá desconcertado y fascinado ante una propuesta tan insólita como irresistible. Insisto: no le pierdan la pista al Erizo. Va a dar mucho juego.

ESTIGMAS, Una propuesta tan inusual como fallida

Si yo le cuento a ustedes que en la Sección Oficial de la Seminci hay una película española, opera prima, basada en un cómic italiano, rodada en color pero positivada después en blanco y negro con un estilo bastante a contracorriente de todas (y me refiero a todas) las tendencias actuales del cine español y que está protagonizada por Manuel Martínez, varias veces campeón de España de lanzamiento de peso, es muy probable que piensen, con toda la razón del mundo, que les quiero tomar el pelo. Pero no: eso es Estigmas, primera película del alicantino Adán Aliaga que ha sorprendido – aunque por desgracia no precisamente para bien – a la platea del Teatro Calderón esta mañana.
La cosa es como sigue: Manolo Martínez interpreta a Bruno, un gigantón tipo oso callado, buenazo, algo simple y adicto al alcohol que tras una temporadita en la cárcel trata de ganarse la vida en una taberna de mala muerte, cría gusanos de seda, reside en un cuchitril del que van a desahuciarle por falta de pago y por si todo lo anterior fuera poco, un buen día comienzan a sangrarle las palmas de las manos de manera inexplicable (en plan estigmas, vaya) mientras es víctima de unos extraños sueños. Tras perder trabajo y casa y no encontrar su sitio bajo el ala de la santa madre Iglesia como parecería lógico dado su condición, Bruno acaba formando parte de un circo ambulante donde, por supuesto, ven todas sus posibilidades para sacarle la pasta a la gente explotando esos dichosos estigmas que no dejan de sangrarle.
El problema de Estigmas es que es una película que si bien formalmente puede suscitar algún interés – su director de fotografía se afana en sacarle todo el partido posible a un primoroso blanco y negro, consiguiendo algunos planos francamente logrados – la historia no consigue enganchar en ningún momento al espectador. Al menos a ninguno de los que hemos compartido el pase de prensa esta mañana que yo sepa, vaya. Ni el personaje es lo suficientemente interesante o complejo para provocar la más mínima simpatía con su situación ni ocurre nada especialmente destacable en una peripecia que se desarrolla a un ritmo mortecino que hace la experiencia algo bastante difícil de digerir. En cierto sentido es una lástima, porque algo que si tiene la película de Adán Aliaga es la ambición de encontrar una voz propia, de explorar ciertos códigos narrativos muy distintos a los habituales y ofrecer una experiencia nueva al espectador. Pero Aliaga olvida que antes de todo eso lo más importante es conseguir una historia en la que apoyarse y sin esa base esencial toda su currada estructura se derrumba por más que te pueda caer simpático ese mostrenco buenazo y estigmatizado que interpreta (es un decir) Manolo Martínez. Vamos que si quieren emocionarse con tipos grandes mejor vayan a descubrir esa maravilla de Adrián Bliniez llamada Gigante. Si es que aun está en cartelera, que esa es otra.

domingo, octubre 25, 2009

SEMINCI 2009 Cronica 2: Amreeka, Paco, Castillos de Carton


AMREEKA: Palestinos en la Tierra de las oportunidades

Siempre he pensado que uno puede perfectamente hablar de sí mismo y de su circunstancia y conseguir pese a ello o quizás gracias a ello contar historias universales con las que cualquiera puede identificarse. Cherien Dabis fue la primera integrante de su familia, palestina de origen, que nació en los EE.UU, criándose a caballo entre Ohio y Jordania. Y en Amreeka se ha decidido a contar una historia que sin duda tiene que ser en gran parte la de su propia familia, la de una mujer divorciada y madre de un adolescente que abandona la tensión cotidiana de los territorios ocupados y aprovecha un visado para ir a los EE.UU en busca de una vida mejor para ella y su hijo. Allí se reúne con su hermana, que abandonó Palestina quince años atrás y que disfruta de una posición acomodada gracias al trabajo de médico de su marido. Sin embargo, el momento no puede ser menos oportuno: EE.UU acaba de invadir Irak, ha declarado la guerra a Sadam Hussein y el mensaje del miedo a todo lo que huela a árabe parece haber calado muy adentro en la población, incapaz por lo general de distinguir entre un palestino, un afgano o un iraquí y, en consecuencia, recelosa y desconfiada ante todo lo que desconoce y teme.


Esta es una de esas películas que bien podría adscribirse al género del “cine de los buenos sentimientos”, una obra interesante en su planteamiento pero demasiado complaciente en su desarrollo y su resolución. Apunta ideas valiosas sobre los contrastes entre la mentalidad estadounidense, a veces de un infantilismo atroz, y la palestina, tan asentada en un inquebrantable principio de lealtad a la familia como en ese orgullo que impide reconocer los errores propios o pedir más ayuda de la necesaria pero le falta la emoción y el riesgo que la podrían haber convertido en algo más que una película agradable. El periplo de Mouna, una mujer que pasa de disfrutar en Palestina de un buen trabajo en un banco a servir hamburguesas para salir adelante porque eso es lo único que América tiene para ofrecerle, es previsible de principio a fin: los choques culturales, las tensiones familiares, los problemas con los cambios de comportamiento de su hijo Fadi según éste empieza a empaparse de la cultura de su país de adopción, la lucha contra la incomprensión y los prejuicios, el redescubrimiento de uno mismo… estamos bastante lejos de ese canto al entendimiento lleno de sensibilidad e inteligencia que era, por ejemplo, The Visitor.

Amreeka consigue su objetivo de tocar la fibra al espectador por el camino más directo y aunque sin duda la película no carece de algún que otro momento logrado, buenas interpretaciones – al trabajo de Nisreen Faour hay que sumar la magnética presencia de la siempre fiable Hiam Abbass – y una mezcla de naturalidad y autenticidad sin demasiadas imposturas, tampoco es que se arriesgue lo más mínimo ni explore terrenos verdaderamente peliagudos, quedándose pues en una propuesta amable que se deja ver con grado y cierta complicidad pero que funciona mejor en su primer tramo, en las escenas rodadas en esa Palestina ocupada, vejada y dividida por un vergonzoso muro, que allí donde debería dar lo mejor de sí misma.


PACO, La droga es mala, mu mala

Era inevitable que la buena racha se rompiera en algún momento. Paco, argot que se refiere a la sustancia que se rasca de las ollas donde se cocina la pasta base que da lugar a la cocaina, sustancia que se destina a las clases más pobres porque resulta mucho más barata y por supuesto, mucho más adictiva y destructiva, es la película efectista y brutal con la que nos hemos desayunado hoy domingo. Hubiera sido ideal si me hubiera dado por salir de marcha toda la noche y enganchara la primera película del día tras salir de un alter puestito hasta las cejas de jugosas sustancias, pero como no es el caso, el resultado es que me he hartado a más no poder de una película falsaria, moralista e insufrible en lo visual que trata con poquísimo rigor un tema bastante serio como es el de las diversas adicciones y la forma que tienen distintos personajes de diversas procedencias sociales de enfrentarse a ellas, usando como excusa un inenarrable grupo de ayuda basado en la terapia y el acompañamiento donde se dan cita una decena de personajes cuyas vidas se han visto afectadas por la droga.

Diego Rafecas abusa de una estructura desordenada que no parece perseguir objetivo dramático alguno y se pierde en un montaje acelerado y videoclipero que busca en vano conmocionar al espectador bien a través de sus imágenes impactantes, bien con un uso bastante inadecuado de una música atronadora y desigual que mezcla alegremente los más diversos estilos creando un cóctel de lo más indigesto para el espectador, que a ratos sigue las cuitas del personaje principal, un físico cuántico (!) hijo de una senadora (!!) que se lía con una limpiadora que lo lleva por el mal camino y de forma vertiginosa y sin que se explique demasiado bien se hace adicto al dichoso Paco (¿?) y a ratos sigue a los otros ocho o diez personajes que pululan por la trama, adictos o terapeutas, que van desgranando sus pequeñas miserias.

Hasta alguien tan fiable como Norma Aleandro parece perdida en un caos narrativo brutal que tan pronto adopta los códigos del drama o la denuncia social como de repente y sin venir mucho a cuento se desplaza hacia el thriller o el género de acción, lo que sumado a su caprichosa estructura narrativa, la hace carecer por completo de la más mínima tensión dramática. Y bueno, mejor corramos un tupido velo sobre la forma en que está tratado el tema de la terapia. Baste con decir, con cierto conocimiento de causa, que tiene mucho más de tópico que de realidad, llegando a extremos francamente sonrojantes. En fin, el primer patinazo serio de la Sección Oficial.

CASTILLOS DE CARTÓN Si la cosa funciona…

Salvador García Ruiz, autor de Mensaka, El Otro Barrio y Las Voces de la Noche ha puesto palote a media Seminci y ha dejado perpleja a la otra mitad con una película arriesgadísima en la que, a las primeras de cambio, inunda la pantalla de sexualidad mostrando con toda naturalidad un trío bien subido de tono que es el eje de su propuesta. Alucinados nos hemos quedado mientras asistíamos al despelote (en más de un sentido) protagonizado por Adriana Ugarte, Nilo Mur y Biel Durán que no es sino el arranque de Castillos de Cartón, un guión de Enrique Urbizu que adapta la novela homónima de Almudena Grandes en la que se narra la relación a tres bandas entre Mª José, una estudiante de Bellas Artes atraída por Marcos, un compañero de clase que sufre de impotencia, circunstancia que aprovecha con notable descaro y no poca picaresca un tercer compañero, Jaime, que mete baza y haciéndose un favor a sí mismo (y según él, a sus dos compañeros de cama) suple el problemilla de Marcos finiquitando la tarea para pasmo del respetable y de los propios colegas.

Esta escena, que así descrita parece sacada de cualquier película porno al uso, está narrada con tal inteligencia y naturalidad que uno, más allá del choque inicial, consigue creérsela por completo. A partir de aquí, Salvador Garcia Ruiz se lanza a desarrollar una de esas historias que juegan de forma constante al borde del precipicio en la que los tres implicados se dedican en primer lugar a lidiar con tan compleja situación. Conviene apuntar que estamos a principios de los años 80 y, a pesar de toda la Movida, un trío no debía ser en aquel entonces nada común. En realidad tampoco ahora, aunque nadie se rasgue las vestiduras. El primer tercio del filme describe todo el proceso de fascinación, descubrimiento (además del impotente Marcos, Mª Jose tiene problemas para llegar al orgasmo, con lo que el trío parece el protagonista de un mal chiste) y aceptación de la situación planteada, mientras que el segundo se centra en el surgimiento de los inevitables desequilibrios que, por más que haya buena voluntad, siempre surgen en un triángulo amoroso de ese tipo y el tercero obliga a todos los implicados a afrontar el futuro de su relación. De forma paralela a esto también se describe la trayectoria artística de los tres implicados, todos ellos autores que entienden de forma muy diversa y a veces contrapuesta su trabajo con lo que la película da pie a una situación muy curiosa: mientras los problemas de Marcos y el papel activo que juega Jaime pueden remitir a La Buena Estrella de Ricardo Franco, la búsqueda del equilibrio personal y artístico a tres bandas recuerda a la planteada por Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona pero por suerte Castillos de Cartón tiene su propia personalidad y no se parece nada ni formal ni en sus resultados a las obras antes mencionadas.

La película funciona gracias al talento de Salvador García Ruiz detrás de la cámara y sobre todo por la estupenda química y la absoluta entrega de tres actores en estado de gracia: Nilo Mur tiene el papel menos agradecido pero cumple con su papel de chico retraído y traumatizado mientras que en un registro completamente opuesto, Biel Durán dota a su simpático caradura del necesario desparpajo y carisma para convertirse en el complemento ideal del primero. Pero es una maravillosa Adriana Ugarte quien se convierte en el alma de la película con una interpretación magnífica, una auténtica revelación. Su Mª José, el vértice que mantiene unido contra viento y marea el triángulo sin querer renunciar a ninguno de sus otros dos lados arroya en un papel complejo capaz de mantener en pie una propuesta que por su propia naturaleza quizás para algunos se agote demasiado pronto pero que para el que escribe estas líneas consigue mantener un nivel bastante notable hasta su inevitable resolución, mucho más abierta al parecer en su traslación a la pantalla que en la novela original, pero que no deja demasiado lugar a dudas sobre el destino de sus personajes. La recreación de los años 80, mucho más importante de lo que pudiera parecer a simple vista, el inteligente uso de la música de Pascal Gaigne que acompaña a las imágenes solo cuando es necesario como deben hacer las buenas BSO (ojo asimismo al uso del silencio en el filme) y la creíble evolución y lucha interna desde el guión de los tres protagonistas hacen de Castillos de Cartón una de las películas más estimables vistas hasta el momento en la Sección Oficial, por más que su acogida en el pase de prensa haya sido, a juzgar por el silencio de la sala al finalizar la proyección, bastante fría. La rueda de prensa posterior a la misma, muy interesante, dio buena cuenta de la pasión y el grado de implicación de sus autores con este, insisto, muy arriesgado proyecto que tenía sobre el papel muchos papeles para estrellarse y que, lejos de eso, se ha revelado como una obra bastante notable que dará bastante que hablar cuando llegue a las salas de cine.

sábado, octubre 24, 2009

SEMINCI 2009 Crónica 1: Looking for Eric, Dust of Time, Petit Indi


Me duele la Seminci. Es una lástima que en los últimos años este festival que siempre será muy especial para mi porque fue el primero de importancia al que acudí cuando empecé a ser cronista de cine sea mucho más noticia en sus últimas ediciones por sus múltiples – y evitables – problemas logísticos que por motivos exclusivamente cinematográficos. La externalización de determinados servicios del Festival, es decir, la concesión a algunas empresas privadas de todo lo que tiene que ver con la venta de entradas, gestión de las acreditaciones y demás cuestiones logísticas propias de un certamen de estas características ha redundado en los últimos años en un increíble caos cuyos principales perjudicados son, curiosamente, los acreditados, ya sean invitados o prensa especializada. La organización ha decidido llevar a cabo un intento de racionalizar los recursos que consiste en imitar a San Sebastián en el sistema de adquisición de entradas por parte de los acreditados: cada día uno ha de acudir a un mostrador a pedir las entradas para los pases que no sean exclusivamente de prensa de ese día y de la jornada siguiente, lo que permite saber de antemano cuantas entradas quedan disponibles para vender al público general. Hasta aquí, todo perfecto. Los problemas llegan como consecuencia de la decisión de algún lumbrera de poner tan solo a una persona a atender a los cientos de acreditados en el mismo espacio en el que conviven la sala de prensa, los mostradores de venta de publicaciones, recogida de acreditaciones y demás aspectos logísticos.

¿Resultado? Un caos total, desinformación generalizada (nadie en la organización parecía tener demasiado claro en un primer momento hasta donde llegaba la nueva medida y si afectaba igualmente a los pases de prensa matinales del Calderón) y unas colas kilométricas que bloqueaban la entrada y producían situaciones tan esperpénticas como surrealistas: este cronista se pasó la hora transcurrida entre los dos pases matinales del sábado 24 haciendo cola para adquirir las entradas del domingo 25 y al final tuvo que ser el mismísimo Javier Angulo, director de la Seminci, quien se personara en medio de aquel infierno y obligara a las voluntariosas azafatas a que nos tomaran nota a mano de las entradas que queríamos para que pudiéramos llegar al pase de las 12, con la promesa de que el embrollo se solucionaría en los días siguientes. Por supuesto, imposible acudir a la rueda de prensa de Marc Recha sobre Petit Indi que tenía lugar al mismo tiempo y una generalizada sensación de maltrato del todo punto injustificado por evitable (¿Tanto trabajo costaba poner a cuatro personas a hacer ese trabajo en lugar de a una sola? ¡Es algo que entendería cualquiera con cierta experiencia en acudir a festivales!) entre los acreditados que, la verdad, no dábamos crédito a como un año más la apetecible propuesta cinematográfica de la Seminci quedaba en segundo plano ante tal avalancha de problemas logísticos. En fin. Recemos porque el tema se arregle y hablemos de cine que es de lo que se trata.



LOOKING FOR ERIC “Yo no soy un hombre. Soy Cantona”

Abrió la Sección Oficial fuera de concurso la última película del incombustible Ken Loach, que según parece tiene su origen en una idea del propio Eric Cantona, magnífico y polémico futbolista del Manchester United y todo un ídolo para miles de admiradores que en su momento vivió una experiencia extraña cuando uno de ellos se acercó a él pidiéndole consejo sobre sus problemas personales y laborales como si de un oráculo se tratara. Partiendo de esa anécdota el guionista y colaborador habitual de Loach Paul Laverty construye la historia de Eric Bishop, un cartero de Manchester que pasa por un momento francamente bajo: abandonado por su segunda esposa que le dejó colgado con sus dos hijastros, un par de angelitos que se dedican a todo tipo de trapicheos en su casa sin guardarle el menor respeto, Eric ha de afrontar además una vieja herida del pasado, el reencuentro forzado con su primera mujer a la que abandonó hace años. Tras una peculiar sesión de autoayuda organizada por sus colegas del curro y bajo los efectos del consumo de sustancias nada recomendables, a Eric se le aparece su ídolo, el mismísimo Eric Cantona en persona, que comienza a ayudarle a retomar el control de su vida a base de consejos.

Loach nunca se ha prodigado demasiado en el territorio de la comedia, si bien es cierto que en casi todos sus filmes, por dura que fuera su temática, hay espacio para el humor, sobre todo si proviene de los amigos, ese último resquicio donde uno encuentra apoyo que siempre está presente en su cine. Laverty y Loach construyen una propuesta curiosa que está a medio camino entre Sueños de Seductor, aquel clásico de Herbert Ross guionizado y protagonizado por Woody Allen con un autoparódico y muy divertido Eric Cantona jugando aquí el papel de consejero que tenía Bogart en aquella y una revisión sumamente edulcorada de una de las mejores películas de Loach, My Name is Joe, de la que retoma la idea del hombre que intenta reconstruir su vida y recuperar a la mujer que amó mientras a su alrededor surgen todo tipo de trabas impuestas por la delincuencia que le rodean a él y a los suyos. Es Looking for Eric una obra desconcertante cuyas dos películas opuestas que tratan de convivir en ella no acaban de cuajar del todo, pero proporcionando apuntes interesantes. Por ejemplo, teniendo en cuenta las malas relaciones históricas que siempre ha habido entre fútbol y cine, puede que, sin ser ni mucho menos una historia de fútbol, sea Looking for Eric una de las películas que mejor explique la pasión que despierta este deporte, capaz de disimular las miserias cotidianas con un gol genial que alimente a un aficionado durante semanas.
La película se ve con tanta simpatía y uno se divierte tanto con la peculiar química que crean ambos Eric que uno se siente tentado de perdonarle ciertas debilidades argumentales – la resolución es tan brillante y divertida como en el fondo improbable – y obviar que estamos ante posiblemente una de las obras más blanditas y complacientes que ha hecho el director de propuestas tan difíciles de digerir como Sweet Sixteen o En un Mundo Libre. Pero, que demonios, hasta Loach y Laverty tienen derecho a darles un respiro de vez en cuando a los problemas del mundo y dejar que sus personajes se salgan con la suya en una comedia amable y un puntito irreverente.

DUST OF TIME, Angelopoulos revisa La Historia a través de su historia.

Hace ahora justo seis años, en mi primera Seminci, tuve ocasión de ver aquí Eleni, la primera parte de una trilogía en la que el realizador griego se embarcaba en un proyecto para contar la historia de su país en el siglo XX a través de la historia de su propia familia. De aquella película de metraje desmesurado que vi en un épico pase a las cuatro de la tarde entre cabezadas, recuerdo algunas imágenes impresionantes, fruto del sentido pictórico de la composición de su director y una elegancia en el movimiento de la cámara que producía un efecto hipnótico, mágico, que se te quedaba grabado al corazón y a las entrañas mucho más que el argumento de la misma. Algo parecido sucede con El Polvo del Tiempo, cuyo enrevesado argumento que reconstruye, mezclando realidad y ficción, la historia de los padres del propio realizador, Eleni y Spiros, dos amantes separados por los acontecimientos históricos: mientras él ha de emigrar a los EE.UU al final de la II Guerra Mundial, ella junto a cientos de refugiados políticos ha de huir tras la guerra civil a la Unión Soviética de donde solo podrá regresar muchos años después.
La historia de los padres de A. se mezcla con la suya propia: en el año de la caída del Muro de Berlín, el director intenta poner en pie en los estudios de Cinecittà la historia de sus padres mientras afronta una grave crisis personal motivada por la separación de su esposa y sus problemas en comunicación con su hija adolescente, que le reprochan su falta de atención. Angelopoulos se muestra especialmente críptico con esta historia que no es sino una prolongación más de su personalísimo estilo plagado de elaborados planos secuencia con leves movimientos de cámara y ritmo mortecino que puede crispar los nervios al más pintado pero que para otros resulta fascinante. Servidor se posiciona justo en el medio: entiendo a la perfección que haya gente que no soporte la puesta en escena de Angelopoulos y su enrevesado argumento, que mezcla tiempos, personajes y estilos hasta provocar cierto despiste o al menos ganas de tener un mapa a mano para entender por completo al realizador.
Pero de la misma forma, defiendo que hay que ver toda obra de Angelopoulos por la sencilla razón de que siempre te regala planos mágicos o elaboradas secuencias de masas hábilmente coreografiadas para conseguir un efecto al alcance de muy pocos realizadores. Cualquiera que vea esta película no podrá evitar conmoverse con la escena del reencuentro en el tranvía entre Eleni (una inspirada Irene Jacob) y Spiros en Moscú el mismo día de la muerte de Stalin, el precioso plano de una interminable escalera que suben pacientemente bajo las inclemencias de la nieve cientos de refugiados, que transmite la desolación de los gulag mejor que cualquier otro plano que este cronista haya visto en su vida; nuevos pasajes en la niebla en varios cruces de fronteras – el desarraigo y el viaje están siempre presentes en la obra de Angelopoulos – o la escena final que protagoniza Jacob (magnífico Bruno Ganz, a ratos conmovedor en su desgarro emocional) tercer vértice de un triángulo amoroso que se convierte en el motor argumental de la historia. En todas ellas y en muchas otras hay destellos de genio que a mi al menos me compensan los tiempos muertos, el ritmo pausado, que no funcione la parte de la trama que atañe al realizador y sus problemas personales o ciertas veleidades ñoñas en su resolución. La belleza formal está a veces por encima de esas consideraciones.

PETIT INDI, La inocencia perdida según Marc Recha

La verdad por delante, nunca he sido un gran fan del cine de Recha. Aunque reconozco que es un autor personal y con estilo, su cine críptico y simbólico nunca ha conseguido atraparme demasiado y solo Pau y su Hermano me parecía hasta el momento una obra con cierto interés. Por eso reconozco que Petit Indi, de lejos la obra más accesible de toda su filmografía, ha supuesto una agradable sorpresa. Cuenta la historia de Arnau, un joven frágil e introvertido que vive en un barrio de la periferia barcelonesa en pleno proceso de reconversión. La vida no resulta fácil para Arnau: su madre está en la cárcel, su hermano hace tiempo que va y viene a su aire sin comprometerse, su tía a duras penas puede mantener la casa y su otro tío vive pendiente de las carreras de galgos. Así las cosas, el único refugio que le queda a Arnau son los pájaros que cría y su posesión más preciada, un jilguero de concurso que no es tanto una esperanza de una vida mejor como su consuelo y el depositario de su cariño incondicional, ese que no puede dar ni recibir de su madre presa a la que quiere pero no puede ayudar.
Recha se afana en construir una fábula sobre la pérdida de la inocencia en la que todos cumplen el papel asignado a la perfección y que no resulta tremendista al estilo de por ejemplo unos hermanos Dardenne aunque tiene mimbres sobrados para ello. Las jaulas de todo tipo que aparecen en la película, ya sean las de los pájaros, la cárcel de su madre, el refugio en el que cura a un zorro que encuentra herido en el río o incluso la casa en la que vive determinarán el paso de Arnau a la vida adulta, a la asunción de responsabilidades y a la toma de decisiones que todos tenemos que afrontar en ese momento delicado de la vida que es la adolescencia. Destacar el protagonismo absoluto del joven Marc Soto, que sostiene con enorme entereza la película sobre su mirada entre inocente y desolada al mundo que le rodea, una decisión arriesgada de la que el realizador sale bien parado gracias en parte al buen trabajo del resto del elenco que le arropa (en especial Eulalia Ramón y Sergi López) y a una puesta en escena naturalista y despojada que se centra en contar la historia de forma simple y sin molestos simbolismos o lecturas morales.
Particularmente, me interesó la descripción de dos mundos que se relacionan en el filme, las competiciones de jilgueros y las carreras de galgos, con elementos similares pero consecuencias opuestas y me sorprendió para bien la estupenda banda sonora de corte jazzístico de Pau Recha, hermano del realizador, que brilla de forma especial en unos hermosos títulos de créditos que son casi un homenaje al maestro Saul Bass y que de lo mejorcito que este cronista ha podido ver en este campo en un cine español que a menudo descuida este aspecto. Lo dicho, para cualquiera que haya tenido malas experiencias anteriores con el cine de Marc Recha, ésta es una excelente oportunidad para reconciliarse con él.

lunes, octubre 19, 2009

LA CRUDA REALIDAD, Nada nuevo en la guerra de siempre

Reconozco que las comedias románticas no son ni de lejos mi género favorito. Por más que, como imagino que les pasa a todos, haya alguna que otra película muy cercana a mi corazón, un género que tiene casi siempre por protagonistas a jóvenes guapos y atractivos que siguen el eterno esquema de una historia de amor en la que chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica o viceversa me produce una pereza monumental. La ínfima calidad general de los títulos de los últimos años que, con alguna que otra excepción, se limitan por lo general a reproducir una y otra vez una serie de manoseados tópicos hasta el hartazgo tampoco es que hayan ayudado mucho a cambiar mi percepción del mismo. Sobre todo porque uno tiene ya a sus espaldas el bagaje cinéfilo y personal suficiente como para mirar con cierto distanciamiento irónico cuando no directamente cínico esos azucarados mensajes – ya saben, el amor triunfa pese a todo – tal y como anda el patio últimamente.
El aparente gancho de La Cruda Realidad consiste en enfrentar dos estereotipos opuestos: por un lado, una joven y brillante productora, obsesionada por el control y por encontrar ese hombre ideal que solo existe en la imaginación de quien precisamente ha consumido demasiadas comedias románticas y por otro un espécimen masculino brutalmente sincero que suelta por televisión unas cuantas verdades sobre cómo son y qué piensan en realidad los hombres. Por supuesto, el choque entre ambos, como buenos representantes extremos de dos tópicos opuestos que son, producirá las chispas necesarias para encender la vieja guerra de toda la vida que enfrente corazón y sexo como si fueran elementos excluyentes. El giro originalísimo de la trama consiste en convertir al tipo en una especie de Cyrano que la ayude con sus consejos, pobrecita ella, a disimular su naturaleza femenina real (?) para seducir al hombre de sus sueños y por supuesto, que ambos se descubran a sí mismos en el proceso.
Robert Luketic, lumbrera a quien debemos joyas como Una Rubia Muy Legal, El Chico de Tu Vida o La Madre del Novio - obsérvese que los antecedentes son para salir huyendo - desaprovecha una buena ocasión servida en bandeja para hacer una comedia negra y adulta sobre las relaciones entre hombres y mujeres. El personaje interpretado por Gerard Butler daba el suficiente juego para con su incorrección salvaje ganarse la complicidad del público masculino y proporcionar unos cuantos temas interesantes a los que sacarle jugo. Es en el comienzo del filme, en la presentación de Mike y su ideario, donde se encuentran algunos de los momentos más salvables de la propuesta. Pero la película sigue, sin entenderse demasiado bien por qué, al mucho más insulso e inconsistente personaje interpretado por Katherine Heigl, perdida en un guión (ojo: escrito por tres mujeres) que la coloca en situaciones bastante cuestionables, como ese tan ultrapublicitado como lamentable remake de la maravillosa escena del orgasmo simulado de Cuando Harry Encontró a Sally que, bragas vibratorias mediante, produce no poca vergüenza ajena.
Por lo demás, la película transcurre así sin sobresaltos hacia el esperado desenlace. Por supuesto ni Luketic ni sus guionistas tienen el olfato para los diálogos de un Judd Apatow ni la mirada corrosiva de los hermanos Farrelly para que la película coja algo de vuelo. Muy al contrario, la propuesta se desinfla con enorme rapidez en la medida que transita por los cómodos cauces habituales del género, lo que decepcionará aun más a quienes llevados por ese arranque prometedor esperaran de esta película algo más que una comedia romántica al uso.
Un pensamiento final: el mismo fin de semana en el que se estrenan la recomendable Yo, También, que proporciona una variable interesante del género al hacer de uno de sus protagonistas un chico aquejado de síndrome de Down o la coral New York, I Love You compuesta por once cortos de conocidos directores y repartos con el amor y la gran manzana como temas recurrentes, es La Cruda Realidad la película que aterriza en Mérida. Esa y no otra es la cruda realidad sobre la que habría que reflexionar un poco.

sábado, octubre 10, 2009

ÁGORA: Pasión, Saber y Fanatismo

Soy de los que creen firmemente en la pasión, ya sea en el cine o en la vida, como motor fundamental de nuestros actos. También creo que a menudo sentimos miedo de esos lugares a los que nuestra pasión puede llevarnos y tratamos de ponerle límites conteniéndola con la razón, siguiendo las normas sociales o contemporizando con ella. Ágora es una película compleja y ambiciosa que nace de una pasión muy concreta: la que siente Alejandro Amenábar por la astronomía. Me resulta admirable a la vez que fascinante el proceso por el que alguien puede llegar, partiendo de esa pasión, a poner en pie una superproducción destinada a meter de cabeza al espectador en la Alejandría del siglo IV d.C. y enhebrar alrededor de la figura casi desconocida de Hipatia un discurso más que coherente sobre los peligros, tan actuales hoy como entonces, del fanatismo y la intolerancia que surgen del fundamentalismo religioso.
Amenábar nos embarca así en una empresa monumental y rodeada de peligros: para contar la historia que le interesa necesita reconstruir con una fisicidad alejada de las imposturas de lo digital esa ciudad crisol de culturas, sectarismos y odios, sumergir al espectador en ella hasta que éste pueda sentir ese mundo lejano como propio. Lo consigue con una pasmosa facilidad no solo gracias al presupuesto que maneja, sino en su habilidad narrativa para mostrarlo en todo su esplendor. Amenábar sitúa en su centro a Hipatia, una mujer cuya única y desbordante pasión es el ansia de conocimiento, la preservación del saber, el encontrar respuestas a las más altas preguntas. Su educación le obliga a cuestionarse de forma continua sus creencias, algo que la convierte en alguien muy peligroso para un mundo que se hace progresivamente más dogmático.
Pero es lo que rodea a Hipatia – magnífica Rachel Weisz, ojos y alma de la película - lo que verdaderamente importa. La terrible descripción de la absurda necesidad del ser humano de imponer su fe a punta de espada, el rampante cristianismo que con tanta facilidad pasa de ser víctima a verdugo, la resistencia igualmente amparada en la violencia de paganos y judíos que prende la llama, rompe el frágil (¿imposible?) equilibrio y genera ciegas turbas capaces de arrasar en un instante siglos de sabiduría y derramar ríos de sangre, la superposición del poder terrenal con el espiritual buscado por esa incipiente Iglesia que desafía abiertamente al poder político, la locura en fin de un puñado de hormigas – los continuos planos cenitales de Amenábar no dejan lugar a duda sobre ese concepto vital – empeñadas en devorarse unas a otras.
Junto a todo eso conviven en Ágora reminiscencias del Cosmos de Carl Sagan en su didáctica investigación del heliocentrismo, la lucha interior de un liberto dividido entre un amor imposible – con algún momento, como aquel en el que roza levemente el pie de su ama, de genuina emoción - y la necesidad de defender irracionalmente la fe que le ha dado la libertad, el desafío que supone la misma libertad de Hipatia a un mundo que pretende condenarla al ostracismo… Amenábar es ambicioso: quiere hablar de lo grande y lo pequeño, mezcla espectáculo y reflexión, apunta muy alto en los muchos temas que toca y, temeroso de ir demasiado lejos, deja que la razón se imponga a la pasión acabando por ofrecer una aparente sensación de frialdad que puede que a algunos le impida emocionarse demasiado con ella. Les aseguro que no es mi caso en absoluto.

Sería una injusticia y una verdadera lástima que una película tan recomendable se juzgara en función de detalles a la postre tan irrelevantes como el dinero que ha costado o ciertos prescindibles coqueteos con el maniqueísmo (¡esos parabolanos vestidos como talibanes!) cuando hay en ella tanto sobre lo que reflexionar. Amenábar consigue una obra compleja cuyo notable mérito, ojalá me equivoque, mucho me temo que no será reconocido ni gozará del favor de la mayor parte del público, al que cada vez parece gustarle menos que le hagan reflexionar desde la pantalla. Sobre todo si lo que se muestra puede causar tanto desasosiego al comprobar que, por desgracia, la humanidad sigue sin haber evolucionado demasiado en los últimos dos mil años.

domingo, septiembre 27, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 PALMARES: Distinto Jurado, Mismo Agravio

El año pasado un Jurado presidido por Jonathan Demme consiguió el dudoso honor de soliviantar los ánimos del personal al ignorar olímpicamente la que habían sido las dos grandes películas de la Sección Oficial, Camino de Javier Fesser y sobretodo esa obra maestra llamada Still Walking de Hirokazu Kore-Eda, obras mayores a las que no solo no concedieron la Concha de Oro sino que en un extraño acto de afirmación a contracorriente o simple inconsciencia sacaron injustificadamente del Palmarés negándoles incluso algún premio menor en favor de películas mucho menos notables.
Lo de el Jurado de este año presidido por Laurent Cantet no llega a tales extremos, pero sí tiene cierta sensación de deja vu. Desde el momento en el que se proyectó, la película de Juan José Campanella El Secreto de Sus Ojos era la favorita para la mayor parte de los acreditados que hemos estado siguiendo – y en más ocasiones de lo debido sufriendo – una Sección Oficial algo desangelada en la que han sobrado multitud de títulos inanes, plúmbeos, autistas, ridículos o todo ello a la vez, revelándose como una obra notable, que equilibraba a la perfección el thriller judicial con la comedia romántica plena de sentido del humor y el cine de denuncia política, una película repleta de emoción, verdad e inteligencia que, visto lo visto, se elevaba muy por encima del resto de obras a concurso. Pues al parecer tanto favoritismo y tanta unanimidad de crítica y público sumadas a que El Secreto de Sus Ojos tiene al parecer su carrera comercial asegurada (?) y no es “una película de festival” (??) han obrado en el Jurado el incomprensible fenómeno de repetir la historia y, dejándola de forma tan injustificada como dolosa fuera de todo reconocimiento, deslucir un palmarés que más allá de este incomprensible agravio resulta bastante defendible.

CONCHA DE ORO y MEJOR FOTOGRAFÍA: City of Life and Death de Lu Chuan (China)
Pocos discutirán que posiblemente la segunda mejor película vista en la Sección Oficial ha sido esta poderosa recreación de la llamada violación de Nanking que narra de forma tan cruda como pormenorizada los desmanes cometidos por el ejército imperial japonés en 1937 cuando tras la toma de la entonces capital perpetraron la matanza de más de 300.000 civiles además de convertir a miles de mujeres en esclavas sexuales. La película, y no soy nada original diciendo esto, es algo así como una mezcla de dos esplendidas obras de Steven Spielberg: mientras su vibrante primera hora recuerda no poco a las secuencias bélicas de Salvad al Soldado Ryan, la descripción de la represión y las vejaciones posteriores sumadas a esa esplendida fotografía en blanco y negro – incuestionable este segundo galardón – remiten a La Lista de Schindler. Hay modelos muchos peores en los que fijarse.Los reparos que se pueden poner a este filme son cierta reiteración de atrocidades que juega en contra de lo que denuncia y acaso el caer en un inevitable maniqueísmo pese a que los hechos que narra son incuestionables y a adoptar el punto de vista de un horrorizado soldado japonés que, curiosamente, le ha acarreado a su director no pocos problemas con la censura en su propio país. Si este premio sirve para que la película llegue a nuestras pantallas y para arrojar luz sobre un hecho poco conocido en occidente, bienvenido sea.

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: Le Refuge de François Ozon (Francia)
Una nutrida representación francesa en la Sección Oficial – si bien ante los horrendos filmes de Dumont y Honoré Le Refuge era lo único más o menos decente - y contar con Laurent Cantet como presidente del Jurado eran dos factores de peso para que le cayera algo al cine del país vecino. El principal problema es que creo que el Premio Especial del Jurado ha de ser algo más que una especie de Concha de Plata que premie a la segunda película que más haya gustado: para mi ha de reconocer a una obra brillante, innovadora o que al menos aporte algo diferente al resto. Y Le Refuge no es ni lo uno ni lo otro. Es poco más que una vuelta de tuerca a viejos temas recurrentes del cine de Ozon – hay en ella elementos reconocibles ya presentes en Bajo la Arena o de El Tiempo que nos Queda – que aun conformando una película correcta quizás no merecía tanto reconocimiento. El sentido del riesgo de alguna de las películas españolas como La Mujer sin Piano o Los Condenados se ajustaba mejor a esta categoría.

MEJOR DIRECCIÓN: Javier Rebollo por La Mujer sin Piano (España)
Rebollo es un autor personal, con un estilo propio que puede crispar los nervios a más de uno pero que, como ya escribí en su momento, consigue con La Mujer Sin Piano ser algo más accesible que algunos de sus coetáneos de la “línea dura” del cine español, los Jaime Rosales, Marc Recha y Albert Serra de turno y, con esta película algo inclasificable, quizás tender puentes entre esa tendencia y el resto, haciendola algo más accesible. La Mujer sin Piano, con sus planos fijos, su aire a lo Kaurismaki, su curioso viaje a ninguna parte por ese Madrid nocturno y fantasmal y sus personajes entre entrañables y zumbados tiene cierto encanto. Hombre, puestos a ser sinceros, los esplendidos trabajos de dirección tanto de Campanella como de Lu Chuan son más merecedoras de un reconocimiento tan específico como éste pero a falta del Premio especial del Jurado por las razones arriba mencionadas, podemos aceptar Mejor Dirección sin rasgarnos las vestiduras.

MEJOR ACTOR Y MEJOR ACTRIZ: Pablo Pineda y Lola Dueñas por Yo, También (España)
Hace algunos años ya hubo en Donosti un antecedente de un premio doble de interpretación a la misma película. Fue con Te Doy mis Ojos, aquella maravillosa y necesaria visión de Iciar Bollain sobre el tema de los malos tratos en la que parecía injusto premiar el estremecedor trabajo de Laia Marull sin reconocer al mismo tiempo al maltratador que componía Luis Tosar. De la misma forma, habría dejado cierto regusto amargo que Pineda o Dueñas hubieran ganado en solitario. Tengo algunos reparos con Yo, También, película que exhibe un esplendido rigor en su primera hora para acabar desembocando en una resolución complaciente que la convierte en la película bienintencionada y abanderada del buen rollito que todos temíamos, pero al mismo tiempo es de justicia reconocer que si la película consigue mantenerse firme en su precario equilibrio tocando un tema tan delicado y llega al corazón del espectador lo hace gracias sobre todo al compromiso con sus papeles y la estupenda química que se desata entre sus protagonistas, que por momentos consigue convencerte del milagro de que una historia en apariencia imposible funcione. Se sostiene en gran medida gracias a ellos. Si, se puede argumentar que Pablo Pineda, pese a su estupendo trabajo, se interpreta básicamente a sí mismo o que obviar el magnífico trabajo de Julianne Moore en Chloe es algo denunciable, pero que quieren que les diga, tampoco es que estos premios me chirríen demasiado.

MEJOR GUIÓN: Blessed
Sin ser demasiado original, ya que estamos bastante familiarizados y yo diría que hasta un puntito saturados de la estructura tipo Vidas Cruzadas, esta vez con un toquecito de Rashomon en su relectura de la misma y cruda jornada primero a través de las vivencias de los hijos y después a través de las madres de los mismos que describe una sociedad llena de incomunicación, soledad y dolor, Blessed es una película correcta que, en general ha gustado bastante y este premio menor es una forma de reconocerlo. Claro que si pensamos que pese a su férrea estructura, la película transmite algunos mensajes de lo más cuestionables y, una vez más, recordamos que El Secreto de Sus Ojos se ha quedado fuera del palmarés – esta era una categoría especialmente propicia para ella – pues no hay más remedio que ponerle ciertos reparos.

PREMIO FIPRESCI: Los Condenados de Isaki Lacuesta (España)
Este es un premio lógico porque el choque entre la interesante temática que plantea es y su narrativa árida y un punto arriesgada es algo que puede llamar la atención de la crítica especializada. De las pelis ‘raritas’ del festival, Los Condenados quizás fuera la que tuvo mayor capacidad de generar ese interminable debate entre lo que se cuenta, el fondo, y el cómo se cuenta, la forma, algo esencial en esta obra hasta el punto de ahogar un tanto lo que se plantea. Hay una línea continuista en este sentido, pese a que el Jurado sea lógicamente distinto: el año pasado fue Tiro en la Cabeza, la muy discutible y solo a ratos interesante visión del terrorismo de Jaime Rosales, quien se alzó con el premio de la crítica internacional. Por mi parte, que sigan premiando estas propuestas. Mientras al final el premio de la crítica internacional a la Mejor Película del Año recaiga sobre obras tan indiscutibles como La Cinta Blanca de Michael Haneke, no hay problema.
Y eso es todo, a falta del jugoso anecdotario y algunas grandes películas de Zabaltegui que no he tenido tiempo de comentar y que confieso que no sé cuando tendré tiempo de subir a CineMérida. Me despido de Donosti con la siempre inevitable sensación de tristeza pero bueno, la Seminci no está tan lejos para tomar el relevo. Ahí estaremos.

sábado, septiembre 26, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 JORNADA 7: La Mujer sin Piano, 10 to 11, Los Condenados, Vine de Busan

LA MUJER SIN PIANO Jo, que noche.

Javier Rebollo es uno de esos directores surgidos en los últimos tiempos que hacen las delicias de la redacción de Cahiers du cinema y plantean un cine a menudo calificado con adjetivos rimbombantes de esos que tanto nos gusta usar a los plumillas como riguroso, personal, insobornable, comprometido con su visión, etc. Para el común de los espectadores suelen ser cineastas muy minoritarios cuyas obras resultan en la mayoría de los casos poco accesibles o directamente incomprensibles, de esos hinchan la vena a parte de este país y que, sin embargo, como los responsables de Fuga de Cerebros o Mentiras y Gordas, son igualmente esenciales, gusten más o menos, para la buena salud general de nuestro cine.

Viene esto a cuento porque servidor fue de los que se aburrió soberanamente con Lo Que sé de Lola, la anterior película de Rebollo, y eso que tenía en su reparto a Lola Dueñas, una mujer que siempre consigue interesarme mucho cuando aparece en pantalla. Así que La Mujer sin Piano, segunda película del realizador y segunda obra española a concurso en la Sección Oficial, me imponía cuanto menos cierto respeto. Con una puesta en escena en la que predominan los planos fijos, los silencios, el off visual y sonoro, la sobriedad y, en fin, el minimalismo expresivo, Rebollo nos cuenta el retrato de una ama de casa hastiada de su vida insulsa e incluso aun más de su marido que, una noche de insomnio, se lía la peluca a la cabeza, se calza unos tacones, trinca una maleta y decide abandonar de una vez, romper con todo y tomar el primer autobús a cualquier destino lejos de su monótona existencia. Pero no todo será tan fácil.
Una sobria y muy contenida Carmen Machi, espléndidamente alejada de sus registros televisivos pero a la vez capaz de ofrecer una comicidad basada en prácticamente lo opuesto a lo que le conocíamos hasta ahora, se embarca así tras protagonizar una somera descripción de su aburrida existencia en un viaje nocturno por un Madrid despoblado, inhóspito y fantasmal en el que se diría que todo el universo parece conspirar contra ella y su deseo de partir. Resulta sumamente divertido – o al menos a mi me lo parece, que en esto, como en todo, el gusto va por barrios – asistir a la repetición de situaciones en las que esa ama de casa decidida se encuentra multitud de estúpidas trabas para las cosas más simples, ya sea comprar un billete, hacerse con un bocadillo, echar un cigarrito o usar un ascensor. Parece como si todas las señales le gritarán que lo que está a punto de hacer no es lo correcto, lo normal, lo que se espera de ella.

En su peregrinar, que a mi me recuerda bastante al viaje a ninguna parte del protagonista de la peli de Scorsese con la que me he tomado la libertad de titular esta crónica, aunque ambas películas formal y temáticamente se parecen como un huevo a una castaña, Rosa encuentra un cómplice, un surrealista y divertido inmigrante polaco con mentalidad de Mc Gyver y una facilidad desconcertante tanto para recordar las cosas más absurdas como para soltar las más delirantes perlas de sabiduría con el que, en las horas que comparten, consigue conectar de un modo sumamente peculiar. La relación entre marciana y tierna que describe Rebollo, siempre en difícil equilibrio, puede llegar a crispar los nervios de cualquiera – los tiempos muertos y los planos alargados marca de estilo abundan en el metraje – pero hay un cierto toque Kaurismaki que en su simplicidad que puede conseguir el milagro de hacer que esos ataques de autoría se pasen por alto. Lo cierto es que, cuanto más pienso en ella, más me surgen sus aciertos que sus defectos, así que debe ser, pese a todo, una buena señal.

10 to 11 El coleccionista y la memoria.

El año pasado una película turca, La Caja de Pandora, se alzó con la Concha de Oro otorgada por el Jurado que presidía Jonathan Demme, para perplejidad de todos los que vimos como esa obra maestra llamada Still Walking y la esplendida Camino se iban de vacío en el Palmarés. Tal y como está el panorama, no sería de extrañar que el Jurado de este año – que puede premiar casi cualquier cosa, dado que hasta el momento no hemos visto en la Sección Oficial esa gran película que genere un consenso semejante al del pasado año – pueda repetir la jugada con esta más que correcta aunque algo redundante película de la realizadora Pelin Esmer que narra la vida de uno de los personajes más peculiares vistos en Donosti: un coleccionista que ha dedicado la mayor parte de su vida a acumular cientos de objetos en su piso en una suerte de síndrome de Diógenes más o menos atenuado que ve como se pone en peligro la gran obra de su vida cuando sus vecinos deciden reconstruir el edificio con la excusa del temor a los terremotos y para revalorizar sus posesiones. Sin sitio donde ir ni donde llevar sus colecciones, Mithat no tiene más remedio que buscar la complicidad de Ali, el simple portero de su edificio, para resistir todo lo que pueda.
10 to 11 es una película de éstas que obliga a replantearse la relación que los seres humanos mantenemos con las cosas. Todos acumulamos cosas inútiles por las más diversas razones, aunque no lleguemos al extremo de Mithat y todos nos aferramos a ellas y a la extraña seguridad que nos proporcionan esos objetos y ese orden en nuestras vidas. Sin ir más lejos, les confieso que durante la proyección de la película un servidor estuvo reflexionando sobre la inmensa cantidad de catálogos y pressbooks inútiles que uno acumula durante los festivales. La historia está bien contada y el desarrollo de la relación de ese viejo maniático con el portero que de forma progresiva ve en ella una oportunidad para mejorar su propia vida es interesante. El unico lastre de la película es, como por otro lado suele pasar demasiado a menudo en el cine turco, son los planos innecesariamente alargados (¿cuándo se darán cuenta los realizadores turcos que el estilo de Nuri Bilge Ceylan no es tan fácil de imitar?), la reiteración de determinadas situaciones e ideas que en lugar de apuntalar las columnas de la película las debilitan y como consecuencia de todo ello, un ritmo cadencioso en exceso y un metraje desmesurado.

El caso es que hay algunas ideas interesantes: el gag repetido de la dinamo manual, la inteligente forma en la que se nos apuntas datos esenciales sobre el pasado de Mithat a través de viejas grabaciones, ese tomo 11 de la enciclopedia que se convierte en un símbolo de la relación entre Mithat y Alí, cierto sentido del humor… Pero a partir del momento en el que uno puede anticipar todo lo que va a suceder hasta el final, la segunda hora de película solo sirve para confirmar sin sobresalto alguno lo que ya se apuntaba, con lo que el interés va dejando paso progresivamente a cierto aburrimiento que ni el trabajo de puesta en escena ni la naturalidad de los actores pueden conseguir que levante el vuelo. 10 to 11 es pues una película correcta y en cierto sentido irreprochable, pero ni emociona ni deja demasiada huella en el espectador más allá de, quizás, cuestionarse uno mismo en función de nuestra propia relación con los objetos que poseemos.

LOS CONDENADOS, La forma y el fondo.

La última película española a concurso, la primera obra de ficción de Isaki Lacuesta, realizador de Cravan Vs Cravan y La Leyenda del Tiempo, es una de esas películas que consiguen cabreardme pero no porque estén ni mucho menos exentas de elementos interesantes. En relación directa con lo que apuntaba más arriba sobre La Mujer sin Piano de Javier Rebollo, ésta es otra de esas películas que, como pasaba el año pasado con Tiro en la Cabeza de Jaime Rosales, plantea un tema interesantísimo pero lo hace de una forma tan árida, tan radical y tan a contracorriente del relato convencional que bien pareciera que su realizador se está dedicando a hacer una selección previa entre los espectadores antes de entrar en materia, quedándose solo con aquellos que sean capaces de aguantar un buen rato con poco más que unos leves apuntes de información sobre los personajes y las relaciones entre ellos, que uno intuye intensas y con pasado doloroso de por medio, pero ha de intuirlo porque no es que se ofrezcan demasiadas explicaciones al respecto, y un desarrollo moroso y rebuscado que obliga a tirar de una santa paciencia de la que a estas alturas de Sección Oficial algunos ya andamos un tanto escasos para seguir enganchados a su propuesta.

Estamos en un país latinoamericano indeterminado, en medio de la jungla, con un equipo de voluntarios que trabajan excavando para recuperar los cuerpos de unos guerrilleros asesinados por los militares en una insurrección frustrada hace décadas. Dos supervivientes de aquella masacre colaboran para encontrar los restos de un tercer compañero, convertido en mártir de la causa, mientras la culpa de aquellos que consiguieron escapar de la represión huyendo a Europa choca frontalmente con el reproche de los que quedaron atrás y pagaron un alto precio por ello. Los secretos, las mentiras, los ideales perdidos, las revoluciones frustradas, el mundo que sigue igual o peor que antes, las explicaciones a las nuevas generaciones y los ajustes de cuentas pendientes antes de que sea demasiado tarde son elementos que en uno u otro momento aparecen por la película de Isaki Lacuesta.

¿A que parece interesante? Pues la cosa no funciona por el empeño de su realizador en convertir lo que podría haber sido una estupenda reflexión sobre todos los temas apuntados en un ejercicio de estilo que busca tan a fondo marcar las distancias y la frialdad de las relaciones entre los personajes que es el espectador el que acaba por distanciarse de ellos, haciendo una tarea casi imposible encontrar esa necesaria identificación que permita interesarse por sus problemas, emocionarse con ellos. Para cuando Isaki Lacuesta nos regala el que probablemente sea el plano más memorable del festival, un plano fijo sobre el rostro de la actriz Barbara Lennie que lo sostiene de forma impresionante mientras suelta unas cuantas y necesarias verdades sobre la cantidad de mierda que la generación anterior ha dejado caer sobre sus cabezas como un peso muerto del que parece imposible deshacerse, es posible que haga ya tiempo que el espectador se haya desconectado de la película, acaso en defensa propia. Y es una verdadera lástima, porque hay verdad, dolor, talento e inteligencia en la película de Lacuesta y habla de un tema importante, lo que le queda a aquella generación que protagonizó las revoluciones del siglo pasado yendo de derrota en derrota y la herencia que dejan en unos hijos que a menudo ni comprenden ni aceptan semejante legado. Podría haber sido una gran película. Pero, por desgracia en la opinión del que escribe, acaba por importar más la forma que el fondo.

VENGO DE BUSAN Pues para esto, mejor no hubieras venido

Les voy a contar un secreto a voces: en muchas ocasiones las películas de la Sección Oficial que uno ha de ver por obligación por ese corolario para críticos de la Ley de Murphy que dice que si hay una sola película a concurso que no has visto, será precisamente esa la que gane la Concha de Oro y a ti se te quedará una cara de gilipollas que no veas – créanme, ya lo he vivido y no es nada agradable – provocan una sensación de hastío tal que uno por momentos siente ganas de hacer como Homer Simpson y gritar un sonoro “¡Me aburro!” en mitad del silencio sepulcral de una sala en la que les juego lo que quieran, la inmensa mayoría de los allí reunidos estaba echando pestes del tremendo ladrillo que nos estaban endosando.
Parecía además una broma cruel del destino – o una coña final de los programadores – que la última película de la Sección Oficial, la coreana Vengo de Busan, la última esperanza que nos quedaba para salvar una selección indigna de un Festival A como éste, fuera probablemente la peor de todas las que optan a la Concha de Oro. Para cortarse las venas. La película de Jeon Soo-il cuenta la historia de In-Hwa, una chica de 18 años que en las primeras escenas tiene un bebé e inmediatamente lo da en adopción para volver a su vida cotidiana lo antes posible. El problema es que su vida cotidiana está llena de soledad, aburrimiento, hastío vital, desorientación y alineamiento. A su alrededor, la violencia verbal y física constante con la que convive – hay un hermoso plano fijo en un karaoke en el que mientras ella canta en una habitación vemos a un grupo de estudiantes humillar a golpes a su mejor amiga, sin que se llegue a explicar por qué – la aíslan emocionalmente hasta límites inhumanos difíciles de comprender, como esa escena en la que un borracho cae al río y se hunde ante su total indiferencia, con lo que acaba por no quedarle otra que intentar recuperar su bebé, a ver si así consigue encontrarle algo de sentido a su vida. Yo entre tanto por más que lo intenté no conseguí encontrarle el sentido a la presencia de tan anodino y plumbeo filme en la Sección Oficial. Eso sí: el plano en el que la chica empieza a golpearse la cabeza de forma desesperada en el autobús para ver si siente algo o si despierta bien podría ser la metáfora perfecta de lo que hemos vivido los acreditados en esta Sección Oficial.

Mañana conoceremos el Palmarés. Para mi la única película irreprochable y redonda del Festival es El Secreto de sus Ojos de Campanella, pero es una apuesta tan segura y tan fácil que intuyo que el Jurado no lo reconocerá con la Concha de Oro, aunque en esta ocasión, a diferencia del escándalo que supuso el año pasado la ausencia de Still Walking, tiene un pase: el jurado puede votar prácticamente cualquier cosa. En las interpretaciones, Jens Albinus debería ganar el Mejor Actor por su papel de pedófilo en lucha consigo mismo en This is Love, aunque le perjudica que la película no funcione y la tentación de darselo a Robert Duvall por Get Low o incluso a Darín. En actrices la cosa está aun más complicada: mi favorita es sin duda Julianne Moore por Chloe pero tanto Frances O’Connor por Blessed, Isabelle Carriere por El Refugio o incluso Carmen Machi por La Mujer Sin Piano serían una buena opción, la dirección debería ser bien para Campanella, bien para el chino Lu Chuan por City of Life or Death, que en buena lógica también debería trincar el de fotografía. Y bueno, el Premio Especial del Jurado puede ser para cualquiera, dependiendo si lo consideran una Concha de Plata o un premio artístico, y si es este último caso, puede que Los Condenados o La Mujer Sin Piano tengan opciones. En cualquier caso, lo que está bien claro es que ésta es una edición que no pasará ni mucho menos a la historia, salvo quizás por ser sorprendentemente floja. Y mucho menos si se compara con el altísimo nivel que ha dado Zabaltegui y sus Perlas de Otros Festivales, muchas de las cuales no he tenido tiempo de reseñar en estas dos ultimas jornadas (la espectacular Venganza de Johnnie To, la impresionante Cinco Minutos de Gloria de Oliver Hirschbiegel, El Imaginario del Dr. Parnassus que nos ha devuelto al mejor Terry William, la emocionante London River,…) y a las que deberían estar muy atentos cuando se estrenen en próximas fechas.

jueves, septiembre 24, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 JORNADA 6: Yo Tambien, Blessed, Un Profeta, The Shock Doctrine

YO, TAMBIÉN Pagafantas con Síndrome de Down.

Las expectativas son una cosa curiosa en los festivales. La primera película española a concurso en la Sección Oficial, por ejemplo, hacía temer lo peor. Al fin y al cabo se trataba de una apuesta cuanto menos arriesgada: la historia de amor – o casi – entre un joven con síndrome de Down y una treintañera de buen ver que arrastra no pocos problemas personales de la que se enamora perdidamente. O sea, no ya una temible historia de superación personal sino un más difícil todavía que indaga en el territorio sentimental y sexual de unos discapacitados cuya realidad cotidiana no difiere demasiado de la nuestra ya que son personas con las mismas necesidades y deseos que nosotros pero a los que no nos esforzamos en comprender demasiado bien. Para echarse a temblar.

Sin embargo, la película de Álvaro Pastor y Antonio Naharro tiene unas cuantas cosas a su favor. Para empezar la presencia de dos actores, Pablo Pineda y la siempre fiable Lola Dueñas, comprometidos con sus delicados papeles hasta tal punto que consiguen insuflar naturalidad y credibilidad allí donde es más necesaria, en la descripción del proceso de fascinación mutua que da paso a otro tipo de sentimientos. Su factura visual, apoyada en una fotografía granulosa digital que busca la inmediatez, la cercanía y cierto tono cuasi documental también pone su granito de arena. Pero lo más importante, y hacen bien los directores en otorgarle un lugar de honor en los agradecimientos, la palpable influencia de Fernando Castets en el entramado argumental y los diálogos chispeantes que recorren su metraje: hay un puntito del cine de Campanella, del que Castets es colaborador habitual, en esta película. Para lo bueno y, ay, también para lo malo.
La propuesta podría parecer descabellada desde un primer momento. Y la verdad es que no deja de ser una especie de variante aun más difícil de ese pagafantas que tan bien ha retratado este año Borja Cobeaga: al pobre chaval no le queda otra que enamorarse perdidamente del personaje de Lola Dueñas, que tampoco puede ver en él en ningún momento a una posible pareja, por muy a gusto que se encuentre con él. O precisamente por eso. La descripción de ese proceso repletito de trampas que los directores sortean con habilidad funciona bastante bien e incluso podría decirse que está tratado sin frivolizar demasiado, con cierto rigor. Pero claro, mantener eso resulta una tarea bien complicada en una película que maneja unos temas tan delicados y susceptibles de caer en el sentimentalismo más ramplón. Y por momentos, cae: tanto la facilona y previsible historia de la pareja de chavales con el síndrome enamorados como la parte de la trama que trata de justificar (¿por qué? ¿para qué?) el comportamiento del personaje de Lola Dueñas perjudican ese delicado equilibrio hasta cargárselo.
Con todo, lo malo es que una vez que se adentra en un determinado camino, ya lo recorre hasta el final. Y eso hace que lleguemos a una innecesaria resolución complaciente que se carga el rigor que había exhibido hasta entonces y convierte a Yo, También en la película amable abanderada del buen rollo que todos nos temíamos. Sería injusto, no obstante, tanto no reconocer que es una película con buenas interpretaciones, momentos muy logrados – la escena del ascensor es impagable, pero también su tratamiento de la desesperación de Daniel ante ciertas circunstancias – y diálogos chispeantes que provocarán algunas risas y cierta complicidad en el espectador no demasiado exigente.

BLESSED, Madres e hijos, incomunicación y vidas cruzadas.

Si Yo, También es de lejos la propuesta más buenrollista de lo que llevamos de Sección Oficial, podría decirse que la australiana Blessed es su reverso tenebroso. Da un mal rollo considerable. Le sigue la pista a siete chavales de lo más perdidos que huyen o han sido abandonados por un entorno familiar hostil o inexistente con la inevitable estructura de vidas cruzadas con el toque moderno Iñarritu-Arriaga-Haggis (táchese según gustos) que ustedes pueden imaginar. El toque de originalidad lo pone el hecho de especiar la archiconocida fórmula con un toque de Rashomon, o sea, primero vemos la jornada desde el punto de vista de los distintos chavales – cuya falta de mínimas entendederas en algunos casos resulta francamente notable – e inmediatamente después de concluida tan divertida jornada poblada de robos, accidentes, rabietas, rebeldías mal entendidas y algún que otro estentóreo cabreo, asistimos al mismo día pero desde el punto de vista de los progenitores, perdón, las progenitoras de semejantes angelitos. Y con el comportamiento de éstas, igualmente deleznable y estúpido en la mayoría de los casos, entiendes que los vástagos quisieran alejarse de semejantes madres.
Blessed es una película bien estructurada que cuenta además con algunas buenas interpretaciones – Frances O`Connor por ejemplo está francamente esplendida en su papel – y que pese a deprimente panorama de incomunicación y esquizofrenia de la sociedad moderna que describe, puede llegar a enganchar al espectador con ese conflicto generacional en el que, sin embargo, a poco que se rasque, uno cae en la cuenta que no profundiza en exceso y sí está repleto de escenas gratuitas: la del chaval frente a la cámara de video, sin ir más lejos, resulta de lo más innecesaria. Por supuesto, inevitable topicazo, los varones adultos de la película ni están ni se les espera y para uno que está presente resulta ser un completo gilipollas. Pero curiosamente lo que más cabrea es algo que no sé si es o no intencionado. Si lo es, me parece terrible, pero si no lo es aun me parece peor: fíjense que de todas las historias, la madre que sufre mayor castigo en el filme es precisamente aquella cuyo comportamiento es el más “reprobable” desde el punto de vista de lo que la sociedad considera normal. Dicho de otro modo, una de las lecturas finales de la película resulta de lo más moralista y reaccionario que puedan imaginar, cuando es precisamente una mujer su directora y responsable última. Manda huevos que diría el otro. Insisto: no es una mala película – de hecho es de lo más salvable en la Sección oficial de este año - pero hay en ella demasiadas cosas discutibles.

UN PROFETA, Audiard demuestra de nuevo por qué es un maestro.

La última película de Jacques Audiard (Un Héroe Muy Discreto, De Latir mi Corazón se ha Parado) Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, ha pasado por Zabaltegui, como ya lo hizo la cuchilla de Haneke hace unos días, dejando a su paso la sensación de contemplar una lección de cine con mayúsculas. Su película son palabras mayores: la historia de un chaval de origen magrebí al que le caen seis años en el trullo, entra en él sin saber leer ni escribir y sin repajolera idea de lo que es la vida carcelaria, que se ve obligado a cargarse a un tipo bajo amenaza de muerte y consigue, con no poco esfuerzo e inteligencia no ya sobrevivir sino medrar en la peculiar estructura social de casi imposible equilibrio que se forma tras los muros de la prisión hasta convertirse en todo un elemento es simplemente impresionante.
Películas carcelarias hemos visto muchas, incluso me atrevería a decir que algunas de las situaciones que se describen en esta obra de Audiard no son precisamente originales, pero el dominio de la puesta en escena de su realizador, la forma en la que mueve la cámara, el modo en que exprime a sus actores para que todo transmita la continua sensación de verdad, de peligro, de dureza… Todo en El Profeta contribuye a construir una película grande de verdad cuyo metraje superior a las dos horas y media se pasa en un suspiro mientras sigues en todo momento con una mezcla de fascinación y repulsión, el impecablemente contado proceso de transformación progresiva de Malik El Djebena, un sensacional Tahar Rahim. No se la pierdan cuando llegue a las carteleras: la película elegida por Francia para los Oscars es una de las grandes obras de la temporada.

THE SHOCK DOCTRINE, El contundente alegato de Winterbottom

Dice Michael Winterbottom, de nuevo este año en Donosti para presentar este documental co-dirigido con Mat Whitecross, que le importa un pimiento el formato en el que se vea o la forma en que se comercialice – inicialmente es una producción para la televisión que ya se ha pasado así por el Reino Unido – con tal de que lo vea cuanta más gente mejor. Normal. Es dinamita de primer orden, una salvaje patada a la entrepierna de nuestras adormecidas conciencias a ver si despertamos de una puñetera vez y abrimos los ojos a una realidad tremenda que de forma sibilina pero evidente ha ido tomando forma en las estructuras económicas y de poder del mundo occidental hasta llegar incluso a ser considerada por muchos la última responsable de esta inacabable crisis cuyos efectos todos padecemos.

En pocas palabras, The Shock Doctrine es una adaptación en imágenes del recomendable libro homónimo de Naomi Klein en el que ésta demuestra con hechos fehacientes y estadísticas en mano como las radicales teorías ultraliberales del premio Nóbel de economía Milton Friedman y sus colegas de la Universidad de Chicago se han venido imponiendo en los últimos años, convirtiendo el capitalismo salvaje en una norma en las economías occidentales con los resultados que todos conocemos, pero cuyo campo de pruebas anterior no ha sido otro que regimenes tan dudosos como las dictaduras de Chile y Argentina, la Rusia que otorgó poderes absolutos a Boris Yeltsin o esa Gran Bretaña de los años de hierro en los que Margaret Thatcher gobernó prácticamente de espaldas al pueblo.

Es largo de explicar pero resumido es sencillo: The Shock Doctrine habla con brillantez del miedo y como el poder lo utiliza para llevar a cabo políticas ultraliberales que profundizan las desigualdades, desprotegen hasta límites inauditos las coberturas sociales en campos tan necesarios como la educación y la sanidad y consiguen, guerras y represión salvaje mediante si es preciso, los objetivos que persiguen. El documental es contundente y Winterbottom juega con fuego haciendo peligrosos paralelismos entre las técnicas utilizadas por la CIA para sonsacar bajo tortura información a los detenidos y la forma en que estas recetas tienen su paralelismo a un nivel superior, el de la política de estado cuando este es lo suficientemente fuerte para imponerlo a través de su autoridad. No dejan títere con cabeza Winterbottom y Whitecross y es bueno que así sea: maneja con fluidez una catarata de datos y estadísticas que llevan a conclusiones objetivas difícilmente cuestionables, por más que su inicio coquetee peligrosamente con el a veces demagogo “estilo Moore” con el que ideológicamente guarda, como no podía ser de otra forma, numerosos puntos en común. Aunque viendo cualquier telediario es fácil o incluso racional caer en el pesimismo, Klein y los directores ofrecen alguna luz para la esperanza, la principal que los terribles hechos que aquí se narran no están más en tinieblas sino que ya se han dado a conocer. Por algo se empieza.

miércoles, septiembre 23, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 JORNADA 5: Get Low, Hadewijch, Mother

GET LOW, Duvall no salva una historia de pocos vuelos.

Había cierta expectación por ver la película que ha permitido una vez más que Robert Duvall, ya Premio Donosti, se pasee a sus anchas por una ciudad en la que, según sus propias palabras, se siente como en casa. Get Low se articula alrededor de un personaje real en principio fascinante, un ermitaño con bien ganada fama de salvaje y huraño que organizó allá por los años 30 su propio funeral con el pretexto de querer escuchar las muchas leyendas que sobre su persona se han ido acumulando en los últimos años, para lo cual acude a un empresario de pompas fúnebres sin demasiados escrúpulos – estupendo Bill Murray – y a algún que otro fantasma de su pasado que le ayudará a sacar a la luz algunos esqueletos que aun guarda en el armario. Para dar aliciente a la cosa, el futuro finado decide sortear sus ricas tierras entre los asistentes al evento, lo que hace que se desate cierta lógica locura y la cosa pase de la extravagancia de un anciano a un más que jugoso negocio.
El punto de partida, sin ser demasiado original, no carece de interés y la propuesta funciona al principio gracias a las composiciones de Duvall y Murray, que dan lugar a unos cuantos momentos divertidos por la brusquedad de uno y la indisimulada avaricia y acentuado cinismo del otro. Pero por desgracia la peli se desinfla en cuanto empieza a entrar en materia y se enreda alrededor de esos secretos inconfesables que luego resultarán no ser gran cosa que atenazan al ermitaño y este pasa de ser una bestia amenazadora a un entrañable osito de peluche sin que esa transición esté del todo bien explicada. Se deja ver con agrado y no molesta, pero una vez más (y ya van demasiadas en esta, digámoslo de una vez, demasiado desangelada Sección oficial que tan pocas alegrías nos está ofreciendo) uno se pregunta qué méritos tiene una película de tan poco fuste, poco más que un telefilme de sobremesa con buenos actores en su reparto y nulo sentido del riesgo, para estar en San Sebastián.

HADEWIJCH, La fe puede ser peligrosa, pero los directores con ínfulas no veas.

Claro que, puestos a comparar, prefiero una película aseada de corte clásico y consciente de sus limitaciones como Get Low al espanto pretencioso que nos ha servido el francés Bruno Dumont con Hadewijch, insufrible reflexión sobre la fe ciega y el fervor de una niña rica aspirante a novicia completamente perdida en su amor por Dios que tras encontrarse con dos musulmanes acaba, no se sabe muy bien por qué, transitando del fundamentalismo de su fe cristiana al integrismo musulmán caldo de cultivo de odios contra el mundo occidental que tiene las consecuencias que todos conocemos. Vale, está claro que Dumont nos está mandando un serio aviso sobre los peligros de una exacerbación de la fe tan desmedida que no importa demasiado si se practica desde la óptica cristiana o desde el lado musulmán – al fin y al cabo ambas religiones organizadas ponen a Dios como excusa para sus desmanes – pero cuando uno aborda temas tan delicados como éste conviene hacerlo desde un tratamiento muy riguroso si no se quiere caer en el más espantoso de los ridículos. Y desde luego no es la mejor de las ideas articular esta historia alrededor de un personaje tan abofeteable y tan irritante en su supina estupidez como esta improbable hija de diplomático y supuesta estudiante de teología incapaz de sostener una conversación seria sobre Dios, su educación católica o las enseñanzas del Islam y ser poco más que una tabla rasa a merced de cualquiera con cierta autoridad.

Si a eso le sumamos que al director de L’Humanité o Flanders ha debido tomar para inspirarse antes de rodar esta película una sobredosis de Bresson y Dreyer y no tiene el más mínimo reparo a la hora de fusilar alegremente a uno y a otro en su alucinante tramo final – puestos a hacer homenajes, más vale hacerlos con el descaro y el sentido del cachondeo del que hace gala Tarantino en sus Bastardos y no ponerse trascendente – el resultado es que una película que bien llevada podría haber llevado a sesudas conversaciones sobre la naturaleza de Dios, la necesidad de la fe y demás zarandajas, solo dan ganas de olvidarse de ella lo más rápido posible. Y es que, como queda meridianamente claro incluso sin la necesidad de pasar por el trance de ver la película, hay que rezar menos y follar más.

MOTHER no hay más que una y además ésta es detective

Como la Sección oficial sigue sin levantar cabeza más allá de Campanella, uno sigue eso si buscando refugio en Zabaltegui y sus Perlas de Otros Festivales, que bien mirado es una forma ideal de disimular las lagunas. Allí se presentaba ayer la coreana Mother de Bong Joon Ho, miembro este año del jurado de la Sección Oficial. El autor de Memories of Murder, ha construido una estupenda película que coge al vuelo una idea presente en aquella magnífica película consistente en cargarle el muerto, nunca mejor dicho, de un asesinato al primer retrasado mental que pasaba por allí y que estuviera dispuesto a firmar una confesión sobre el particular. El problema es que en este caso la madre de ese chaval de más bien poquitas luces decide ante la pasividad de la policía y de su propio abogado, tomar cartas en el asunto e investigar por su cuenta hasta que consiga dar con el auténtico asesino que libere a su hijito del alma de la cárcel.
Mother es pues una película que indaga sobre el amor incondicional de una madre y las cosas a veces terribles que esta señora está dispuesta a hacer por su niño del alma. Toma así varios elementos muy reconocibles de anteriores películas del director, lo que es una ventaja pues el tipo se mueve como pez en el agua en este registro y a la vez un defecto, pues no deja de sonar a algo ya conocido: cualquiera que haya visto The Host o la antedicha Memories of Murder está en terreno familiar, pues reconocerá la debilidad que siente el director por los desvalidos, la denuncia de la incompetencia policial, el valor de una obsesión a la hora de resolver un crimen por complicado que parezca el rompecabezas o por estúpidas que sean las pistas que uno persiga y, sobre todo, el negro sentido del humor que sirve para aligerar el tono del filme.

De hecho, el realizador abre la película con un curioso baile de la protagonista en las montañas y desaprovecha en su tramo final una oportunidad ideal para conseguir una perfecta estructura circular. Y es que una de las cosas que siempre le pasa a este talentoso director es que se gusta demasiado a si mismo y riza el rizo más de lo debido sin necesidad. En cualquier caso, Mother es una muy recomendable película que cuenta a su favor con un trabajo excepcional a cargo de la veterana actriz Kim Hye Ya y una trama de suspense atractiva y muy bien desarrollada que sirve para que Bong Joon Ho ponga el acento en lo que más le interesa, que no es otra cosa que la forma de funcionar de esa auténtica madre coraje a la que le importa más bien poco su bienestar o el de los demás con tal de que su retoño, por muy gilipollas que éste sea, esté a salvo. Como debe ser.

martes, septiembre 22, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 JORNADA 4: La Cinta Blanca, City of Life and Death, Making Plans for Lena, Nadie Sabe Nada de Gatos Persas

El horror en blanco y negro.

Los azares de la programación han querido que casi de forma consecutiva dos películas pertenecientes a dos secciones distintas del Festival nos hayan servido dos surtidas raciones del horror que es capaz de provocar la especie humana. Y las dos en un majestuoso blanco y negro, cosa entendible en una pero no en otra, ya que contiene abundantes zonas grises. Empecemos con Haneke, cuya La Cinta Blanca no solo fue la ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes sino que también ha conseguido el premio Fipresci de la Crítica internacional a la mejor película del año. Ahí es nada.

Estamos en 1913, en un pueblecito de Alemania. Sus habitantes viven a la sombra del poder del barón, propietario de las tierras que trabajan y empleador directo del maestro, el médico y su comadrona, el administrador e incluso el pastor protestante que dirige con mano firme la vida espiritual de su rebaño. Pero algo sucede en ese apacible pueblo: empiezan a tener lugar una serie de extraños accidentes que alteran la vida de sus habitantes. Pueden parecer bromas, pero no lo son en absoluto: algunas tienen consecuencias mortales. Poco a poco, de la mano de la afilada cuchilla de la cámara de Haneke, penetramos en lo más profundo de los hogares de ese pueblo, seguimos en especial a los niños y adolescentes que, en una idea harto inquietante, parecen empezar a rebelarse ante el estricto – e hipócrita a más no poder – sistema en el que son educados, donde la autoridad ejercida de forma brutal está a la orden del día. No hay estridencias, pero si una tensión soterrada, una ira acumulada a punto de desbordarse, una actitud que genera un caldo de cultivo de odios, brutalidad, ignorancia y apatía que en realidad está incubando el huevo de la serpiente. Y es que esos encantadores infantes, con su aire angelical, sus secretos e interiorizando de forma brutal una educación cuyo eje es el autoritarismo que impone un principio o un ideal como algo absoluto, son los que apenas veinte años después integrarán alegremente los cuadros del Tercer Reich cuando Hitler llegue al poder.

Una vez que uno cae en la cuenta de esa conclusión esencial, ya no hay vuelta atrás. Puede que Haneke no esté hablando abiertamente del nazismo, ya que como suele ser costumbre en él, su cine plantea muchas más preguntas que respuestas, pero cuesta mucho no tratar de analizar muchas de las situaciones planteadas por Haneke a la luz del horror que asolará Europa en el futuro. Hay tanto que alabar de una película tan inteligente y a la vez tan deliciosamente perversa que es obligado dejar su análisis para mejor ocasión, pero no quiero dejar pasar la ocasión de destacar algo que me parece esencial: la puesta en escena y los planos de esta película son tan perfectos en su estética, de una belleza tan sobrecogedora, que el contraste con lo que se cuenta ofrece un resultado magnético, fascinante. No en vano es una de las grandes películas del año.

CITY OF LIFE AND DEATH, Tan brillante como maniquea.

Frente a la amplia zona de grises de la película de Haneke, la visión del horror que ofrece la producción china dirigida por Lu Chuan puede resultar en comparación mucho más burda, si bien hay que reconocer que los hechos históricos que recoge – la matanza en 1937 de más de 300.000 chinos en la ciudad de Nanking a manos de las invasoras tropas japonesas – no dejan demasiado espacio para interpretaciones subjetivas. La cosa empieza bien: durante los primeros 40 minutos asistimos a un filme bélico de gran presupuesto, espléndida factura visual y muy entretenida, con una esplendida fotografía en blanco y negro que sabe como atrapar la atención del espectador mientras desarrolla la toma de la ciudad.
De inmediato comienzan las matanzas y Lu Chuan no nos ahorra el más mínimo detalle: la brutalidad con la que se comportan los nipones, su cosificación de seres humanos para exterminarlos sin el menos asomo de culpa, la terrible forma en la que esclavizaba sexualmente a las mujeres chinas para mantener la moral de los soldados… el rosario de atrocidades es de tal calibre que por un lado llega un punto en el que uno casi se inmuniza en defensa propia (y venga a morir chinos, como decía el gran Gila) vaciando de sentido tal desfile de los horrores; por otro, pese a que los hechos históricos hablan por sí solos, no basta con adoptar el punto de vista de un soldado japonés algo más sensible para evitar la molesta sensación de que estamos ante un panfleto que deja en evidencia su condición de superproducción china con todos los parabienes de los responsables. Y es una lástima, porque es una cinta irreprochable desde el punto de vista técnico – por momentos, incluso brillante en el encaje de muchos de los elementos que componen la calidad de un filme, como la música, el montaje o las interpretaciones – y que afronta sin tapujos una vez más los niveles de horror que puede llegar a alcanzar el ser humano en determinadas circunstancias.

MAKING PLANS FOR LENA, Histerismo sin fin.

El año pasado, Christophe Honoré tuvo el dudoso honor de ser uno de los autores que más nos aburrió con La Belle Personne, una infumable adaptación de la trama de un clásico de la literatura francesa a los institutos actuales que no funcionaba nada bien y que provocó sonoros bostezos por toda la platea. Al mismo tiempo, Oliver Assayas presentó en otra sección Las Horas del Verano, una interesante película sobre el eterno tema familiar que giraba en torno a los problemas de tres hermanos y una incómoda herencia. Será casualidad, pero viendo Making Plans For Lena, uno podría pensar que Honoré se dijo a si mismo “eso también lo hago yo” y el resultado es esta película tan tediosa como lamentable que gira en torno a los problemas generados por una mujer que abandona su trabajo y su marido y cuyo irritante comportamiento histérico crispa los nervios del espectador desde el primer minuto hasta el punto, fíjense bien, que hace que uno llegue a odiar bastante a la siempre apetecible Chiara Mastroianni, que carga con el marrón de insuflar vida a tan detestable y caprichoso ser.

Dice Honoré que le gustaría que el espectador acabase, pese a todo, poniéndose un poco del lado de Lena y comprendiéndola. Va dado. Lo que uno no acaba de entender es por qué ese ex-esposo evidente alter ego del director – astutamente interpretado por un Jean Marc Barr que lo convierte en un dechado de virtudes – no la ha mandado a la mierda mucho antes. Y tampoco tienes ganas de entender ni a los relamidos padres ni a la hermana en crisis que han de adaptarse a la nueva situación e intentar hacerla feliz, cuando lo más sensato sería mandarla una temporadita a algún sanatorio de reposo. En fin, la peli es una de esas de las que sales pensando que es demasiado francesa para su propio bien y que se merecía aun menos que La Belle Personne el año pasado estar en la Sección oficial de un Festival clase A como éste.

NADIE SABE NADA DE GATOS PERSAS, Escena musical iraní

Fuera de la Sección Oficial, el doblemente premiado con la Concha de Oro a la Mejor Película Bahman Ghobadi ha presentado una película insólita sobre la música que se hace clandestinamente en Irán y lo putas que las pasan los músicos que se buscan la vida para hacer sus proyectos bajo la sombra amenazante de un régimen autoritario que no se corta un pelo a la hora de repartir latigazos o poner a la sombra a cualquiera por el simple hecho de interpretar o escuchar música prohibida. Con una levísima trama argumental sobre dos músicos que quieren dar un último concierto antes de huir del país que no es otra cosa que la excusa para, un poco al estilo de lo que hizo Fatih Akin con su Crossing the Bridge y los sonidos de Estambul, dar al espectador una surtida muestra de lo que por allí se cuece.
El resultado es una película a la que de vez en cuando se le va la mano videoclipera pero que es insólita en el sentido de que no se parece a nada que se haya podido ver anteriormente en la cinematografía iraní. Por sus imágenes desfilan desde apasionados de la música kurda tradicional hasta gente que sueña con ver a Sigur Ros, metaleros enganchados al rock duro y prodigiosos raperos que no se cortan un pelo en sus incendiarias rimas. Todos ellos expresando el mismo deseo: libertad para escuchar y sobre todo hacer la música que les gusta, libertad que por desgracia parece que hoy en día solo puede conseguirse más allá de las fronteras de su propio país, presa de un régimen insufrible que mata la creatividad y oprime el alma de estos artistas. Y la de todo aquel que asiste impotente desde la butaca a tan necesaria denuncia.

lunes, septiembre 21, 2009

SAN SEBASTIAN 2009 JORNADA 3: El Secreto de sus Ojos, This Is Love, Taking Woodstock

EL SECRETO DE SUS OJOS, Las huellas del pasado y el presente

Les confieso que siento una debilidad muy particular por el cine de Juan José Campanella. Aunque es cierto que a menudo le puede una cierta sensiblería, sus historias siempre suelen emocionarme y divertirme a partes iguales. Tiene olfato para los diálogos, sentido del ritmo y su cine desprende una enorme coherencia, asentándose siempre en los mismos principios vitales: la lealtad a uno mismo y a los amigos, la importancia de reconocer al otro, la necesidad de expresar lo que se siente, la búsqueda de una felicidad que no comprometa lo esencial de uno… Es un cine personal e insobornable y aunque no siempre sea acertado, al menos nadie podrá acusarle de no ser fiel a si mismo.

El Secreto de sus Ojos supone en opinión del que escribe estas líneas un enorme paso adelante en la filmografía de Campanella, que parece haber encontrado con esta más que notable película la formula ideal para, sin abandonar ese inquebrantable compromiso consigo mismo, probar a mezclar elementos nuevos procedentes de más géneros y arriesgarse a explorar las posibilidades que éstos ofrecen. Juega Campanella con el pasado y el presente para contarnos la historia de una obsesión, la de Benjamín Exposito (Ricardo Darín, a un nivel mucho mayor que en la película de Trueba) un funcionario de juzgados jubilado que ha guardado en la memoria como una herida abierta un crimen no resuelto 25 años atrás, que ahora pretende convertir en su primera novela. La historia de la brutal violación y asesinato de una joven en los albores de la dictadura, la búsqueda de la justicia que implica más allá del deber a todos los que tuvieron relación con el caso se entrelaza con la memoria sentimental de Expósito, que recurriendo de nuevo a la mujer que dejó atrás en aquel tiempo para que le ayude a desenterrar el pasado, busca una forma no ya de ajustar cuentas con los responsables de aquello, sino consigo mismo y con los errores cometidos en una vida que, como se recuerda varias veces a lo largo del filme, no es otra sino la misma.

Campanella mezcla de forma desprejuiciada y con excelentes resultados el cine negro con la comedia romántica que siempre ha dominado; alterna la denuncia política de unos años oscuros, anticipo de los terribles que estaban por venir, con el gag cómico puro y duro; trabaja con exquisitez unos personajes maravillosamente perfilados a los que acompañas de buen grado durante toda la historia emocionándote con ellos, celebrando sus pequeñas victorias, lamentando sus varias derrotas, sufriendo la tensión de la búsqueda que parece no llevar a ninguna parte – éste es un filme que remite por momentos a aquella maravillosa Memories of Murder de Bong Joon-Ho, que fue premiada aquí hace ya unos años – y consigue transmitirte todo el pesado ambiente de una derrota siempre presente pero de la que quizás aun hay tiempo de escapar en el presente.

Sería injusto decir que El Secreto de Sus Ojos es una película solo de personajes – el trabajo de Campanella detrás de la cámara depara algunos momentos tan espectaculares como sorprendentes, véase toda la secuencia que tiene lugar en el estadio de fútbol, planos secuencia espectaculares incluidos – pero no cabe duda que gran parte del éxito de la propuesta radica tanto en eso tan intangible y a la vez tan esencial que es la química en pantalla, algo que la magnífica pareja Darín-Villamil (recuerden El Mismo Amor, La Misma Lluvia) siguen teniendo de sobra, como en la fabulosa vis cómica de un genial Pablo Rago a cargo ese impagable, brillante y leal borracho subordinado digno de formar parte del selecto panteón de los mejores dipsómanos que el cine ha inmortalizado: su Morales es un auténtico robaescenas, un boludo entrañable que se hace querer por el espectador en todo momento y que tiene a su cargo algunas de las frases más antológicas en un guión repleto de buenos diálogos.

Ni siquiera cuando Campanella bordea la sensiblería – sabe reírse abiertamente de ella, siendo plenamente consciente de cuando y cómo la utiliza – o se empeña en atar todos los cabos sueltos en un tramo final algo más previsible y manipulador de lo que debería, baja demasiado el nivel de una película notable que ha dejado muy buen sabor de boca y que, visto lo visto hasta ahora aunque aun queda mucho por delante, parece bien colocada para encontrar su hueco en el palmarés final.

THIS IS LOVE, Un pedófilo, una borracha y un sinsentido.

Mattias Glasner articula su propuesta para la Sección Oficial en un registro similar al de Campanella: dos historias entrelazadas en el presente y en el pasado que atañen a dos personajes vinculados a las mismas y entre sí que se van desarrollando pacientemente ante los ojos del espectador. Por un lado tenemos a un pedófilo que, cual zorro que cuida a las gallinas del corral, se dedica a la muy noble tarea de salvar de las redes de la prostitución infantil asiática a adorables lolitas a las que busca familias de adopción. Por otro, una veterana detective – Corinna Harfouch, que recuerda no poco a la Helen Mirren de la excelente serie Principal Sospechoso de la BBC – cuya vida personal es un auténtico desastre desde que su marido la abandonó sin dejar el menos rastro ni dar la más mínima explicación veinte años atrás, sumiéndola en un alcoholismo militante que compagina como buenamente puede con su trabajo policial. Ambos personajes ven sus destinos unidos por la desaparición de Jenjira, una niña de 11 años que estaba a cargo del pedófilo y a la que perseguía una mafia chunga empeñada en cobrar la pasta del precio de su liberación de su esclavitud sexual.

El tema resulta interesante e, inicialmente, está bien tratado por el realizador y guionista, que se apoya en un trabajo más que competente de los actores para enganchar la atención del espectador y desarrollar lo que es el verdadero eje de la trama: la lucha interior que el pedófilo tiene consigo mismo para no dejarse arrastrar por su natural inclinación sexual hacia esa niña que intenta de forma constante agradecer a su salvador de la mejor forma que conoce, planteando un problema de difícil, casi imposible resolución. El problema es que esa historia se desarrolla en paralelo con la de la desastrosa vida personal de la detective, una trama mucho más convencional y mucho menos interesante que nunca acaba de casar bien con la otra, de tal forma que desequilibra fatalmente la narración, que gana cuando se centra en la niña y su custodio casi en la misma medida que pierde cuando pone su atención en las cuitas de la investigadora.

En cualquier caso, el problema principal de This Is Love no es ese. El problema es que llega un momento en el que uno de los personajes de esta historia, casi al final de la película, empieza a hacer cosas incomprensibles que, la verdad, van en sentido opuesto a lo expresado hasta entonces, sumiendo a este cronista y mucho me temo que a la mayor parte del público en la más absoluta perplejidad, cuando no en el pleno desatino. Glasner se carga así casi al final de la película de manera arbitraria y de un plumazo gran parte de lo que ha estado construyendo hasta ese momento con lo cual la película pasa de ser un correcto ejercicio a una insensatez olvidable. O eso, o a mí se me ha pasado algo muy importante por alto, lo que también puede ser…

TAKING WOODSTOCK, Crónica de lo irrepetible.

Perlas de Otros Festivales sigue deparando lo mejor de este San Sebastián pasado por agua. Ang Lee, que siempre es un valor seguro, prosigue tras el paréntesis de su esplendida Deseo, Peligro su exploración de la cultura y la historia estadounidense fijando esta vez su atención en los hechos que llevaron a la celebración en un pueblo de los Catskills del mítico concierto que durante tres días congregó a más de un millón de personas en Woodstock. La inteligente y elegante forma del guionista James Schamus de contar esa historia es centrarse en una familia que regenta un destartalado motel local que acabará por convertirse por una serie de azares en el centro neurálgico desde donde se orquestó una experiencia inolvidable que dio la vuelta al mundo y que marcó para siempre la vida no solo de los miles de personas que llevaron hasta sus últimas consecuencias aquel prolongado verano del amor y la buena voluntad hippie, sino de todos los que se contagiaron de aquel espíritu, fruto de una época sin duda irrepetible, perteneciente a un mundo que ya no existe.

Sin embargo, no hay en Taking Woodstock ni el más mínimo rastro de complacencia ni tan siquiera un lamento nostálgico por aquello. Muy al contrario, Lee se afana en alejarse todo lo que puede del concierto en sí, que no es sino el telón de fondo que permite a su realizador centrarse en recuperar de forma casi magistral las esencias de aquel fin de semana memorable: ya sea escenificando (y sacando buen partido) del inevitable choque entre las apacibles vidas de los granjeros con la irresistible ola de modernidad y el cambio de mentalidad que supone la avalancha de visitantes o ya sea abordando las contradicciones y miserias habituales de los tres integrantes de la familia protagonista, la iracunda dueña del motel y su dócil marido, una pareja de rusos judíos emigrados a los EE.UU y el hijo gay temeroso de mostrar a las claras sus inclinaciones, Lee y Schamus no hacen otra cosa que retratar una época y un ambiente de forma desprejuiciada y, sobre todo, irresistiblemente divertida.

No hay más que ver los trabajos de una tan magnífica como acostumbra Imelda Staunton o el de un inenarrable Liev Schreiber al que hay que frotarse los ojos para creérselo en su tremebundo papel de travesti ex-marine encargado de la seguridad para hacerse una idea del tono que Lee busca: retratar la enorme importancia de aquel evento desde la perspectiva de la pequeña historia de una familia algo disfuncional y con problemas para comunicarse. Por eso, Lee ni siquiera se molesta, en una muy inteligente decisión, en mostrar una sola imagen del mítico concierto: sabe que éste ya está más que instalado en el inconsciente colectivo y su acercamiento al mismo, viaje de ácido de por medio, no deja de ser algo accesorio a un relato al que, como ya pasara con el corrosivo retrato de la sociedad estadounidense de los 70 que suponía su magistral La Tormenta de Hielo, le basta con centrarse en la evolución de sus personajes y sus relaciones entre sí para conseguir plenamente su objetivo. Película simpática donde las haya, con un más que saludable sentido del humor y un tono entre naif y despreocupado que casa de maravilla con lo que debió ser aquella época, Taking Woodstock es una obra más que agradable que demuestra una vez más que el tímido Ang Lee, presente en San Sebastián, sigue siendo uno de los valores más seguros del cine de hoy en día.

domingo, septiembre 20, 2009

SAN SEBASTIAN 2009, JORNADA 2: Le Refuge, The White Meadows, Precious

LE REFUGE, Confusión sentimental y repetición de jugadas

Desayunarse en la segunda jornada del Festival con una pareja de drogadictos dedicados a sus labores buscándose venas y metiéndose de todo no es demasiado glamoroso, pero es el plato que nos deparaba inicialmente Le Refuge, la película con la que el realizador francés François Ozon abría la Sección Oficial en la segunda jornada. Afortunadamente, uno de ellos palma de sobredosis a los cinco minutos, empieza la verdadera película y el personal puede así volver a poner los ojos en la pantalla y suspirar aliviados. El amigo Ozon es fan de las relaciones tortuosas, los triángulos amorosos extraños y las inclinaciones sexuales algo confusas, algo que ha demostrado sobradamente a lo largo de toda su filmografía. Le Refuge no es ni mucho menos la excepción, sino la confirmación de que o bien su autor aun no está demasiado satisfecho con sus anteriores exploraciones o bien lo considera un tema tan inagotable que no puede evitar volver sobre él una y otra vez.

Veamos: el finado es el hijo mayo de una familia adinerada, que además ha dejado embarazada a la perdida de su novia, que decide empezar a tratarse con metadona y tener al bebé. El hermano menor de aquel, homosexual comprensivo y sensible él, decide apoyar a la cuñada durante unos apacibles días de verano en un chalecito cerca de la playa donde la embarazada, unos cuantos meses después y ya en avanzado estado, ha decidido retirarse del mundanal ruido. Como si de una peli de Rohmer se tratara, las idas y venidas del cuñado inducen a cierta confusión sentimental en la futura mamá, que pasa de ser una borde de cuidado a enternecerse más de lo debido con el buen mozo mientras planea su un tanto incierto futuro. Como ya he dicho, Le Refuge revisa ideas que Ozon ya utilizó en filmes como Bajo la Arena, Swimming Pool o El Tiempo que nos Queda y tampoco es que aporte demasiada novedad a lo allí expuesto. Merece la pena destacarse que la película fluye con suavidad y se deja ver con cierto agrado. El trabajo de una estupenda Isabelle Carré y la naturalidad con la que aborda un tema algo tabú como es la vida sexual de las embarazadas son asimismo dos puntos a favor de una historia correcta y en el fondo bastante intrascendente y olvidable que, puestos a ser sinceros, no está ni de lejos entre lo más interesante que Ozon nos ha ofrecido en su filmografía. Convendría pues que alguien le dijera que no estaría de más cambiar un poco el tercio y explorar prados más verdes, a ver si así deja atrás ciertas servidumbres que amenazan con hacer de su carrera un cierto cliché.

THE WHITE MEADOWS, La fábula del recogelágrimas

El cine sirve a menudo para viajar por países lejanos y descubrir que en el mundo hay trabajos la mar de raros. The White Meadows, la película del realizador iraní Mohammad Rasoulof nos cuenta que en una serie de islotes salados del Mar Muerto hay un tipo que se dedica a recoger lágrimas y acumularlas en un recipiente, abundando en la creencia popular de que con ellas se pueden desde fabricar perlas a garantizar el viaje al paraíso de los muertos, transmitir deseos a seres mágicos que puedan devolver la dulzura al agua salada, curar heridas o endosar guapas esposas vírgenes a dioses marinos. Rahmat hace su trabajo con intachable profesionalidad y aire solemne, pero cierta actitud de descreimiento sobre todo lo que ocurre ante sus ojos mientras viaja con su barco de isla en isla nos hace sospechar que no comparte demasiado las supersticiones del personal, a veces un tanto salvajes, que sin embargo son la llave de su sustento. Obligado a cargar con un inesperado compañero de viaje, Rahmat prosigue su misión mientras nosotros paseamos nuestra mirada entre incrédula y fascinada por unos paisajes hermosos y unas actitudes incomprensibles incluso para la mentalidad occidental más abierta.

La tercera película del realizador de La Isla de Hierro es, como decirlo, una de esas películas cargadas de simbolismo que dudo mucho que importe un pimiento a la amplia mayoría de iraníes que consuman cine nacional. Muy al contrario, su estudiado preciosismo y sus continuas metáforas parecen pensadas para contentar al occidental que se acerca a estas cinematografías buscando exotismo. Y le sirve unas cuantas raciones. Tantas que acaban por hacerse indigestas, aunque no hay duda que en la película hay algunas historias francamente curiosas – la del tipo que se encarga de bajar a un pozo con decenas de tarros de cristal donde los habitantes del pueblo han soltado y cerrado previamente sus deseos y secretos para entregarlas a un hada y que ésta endulce un agua demasiado salada es, cuanto menos, desconcertante – a muchos puede que embelesados por tanto símbolo acabe por escapárseles el sentido último de la denuncia de la película, que no es otro que la forma en la que el poder se aprovecha de la ignorancia y la superstición para perpetuarse en el mismo desde tiempos inmemoriales. Rasoulof, que por cierto se presentó en el Kursal con su actor principal luciendo ambos con orgullo dos enormes bufandas verdes, tiene todo el derecho a buscar la complicidad del espectador como mejor le parezca. Pero acaso un poquito más de contención y un poco más de historia le hubieran ayudado a crear una obra más redonda. Porque eso sí, salada la peli es un rato (en más de un sentido) pero ya se sabe que la sal en exceso causa no pocas complicaciones a quien la consume.

PRECIOUS, Tremenda visión de La Otra América.

Si tenemos que juzgar por lo que vimos anoche en esta impresionante película multipremiada en Sundance, Obama y sus colaboradores tienen por delante una tarea mucho más ardua por hacer con la educación en Estados Unidos que con esa Sanidad que pretenden universalizar con tanto ahínco. Precious Jones es una enorme estudiante de instituto que está embarazada de su padre violador por segunda vez, a la que su madre maltrata física y sicológicamente hasta límites inauditos y cuya existencia es, en el mejor de los casos, anodina para todos, ella incluida. Sin otro refugio que delirantes sueños con los que evadirse de una realidad atroz y las ingentes cantidades de comida grasa que pone en su boca, Precious encuentra una estrecha rendija por la que encauzar su vida en una escuela alternativa para chicas con problemas de aprendizaje a la que la mandan de manera casi milagrosa. Porque, no se lo pierdan, a sus 16 años y tras semejante rosario de movidas, al espectador se le informa bien avanzada la película que aun habiendo pasado por la escuela, Precious no sabe leer ni escribir. Toma ya.

Lee Daniela, el talentoso director de esta notable película, dijo en su presentación al público que le seguía sorprendiendo el éxito y la comprensión que encontraba su película en todas partes cuando él la había hecho con la única idea de que llegara a su público natural, que no es otro que los negros que viven en su natal Harlem. También afirmó, y no se le movió una ceja al decirlo, que el equipo se había reído mucho haciendo la película y que a pesar del tremendo viaje al lado oscuro que describe, quería que su público se riera también con la película. Y es verdad que Precious, dramón terrible donde los haya que describe una realidad tan insoportable como en apariencia insuperable tiene muchos momentos en los que el espectador, acaso en defensa propia, no puede hacer otra cosa que reírse de lo que está viendo, por mucho que haya una vocecilla en el interior que le advierta que aquello no tiene ni puta gracia y que de un momento a otro lo más normal es que a uno se le acabe congelando la sonrisa.

La película va mucho más allá de lo que obras del género “la educación es la única salida” tipo Mentes Peligrosas o Diarios de la Calle han alcanzado previamente. De hecho, partiendo de una estructura similar, lo verdaderamente valioso de la película no es ese mensaje sino la contundencia con la que se denuncia una situación, la de esos ignorantes empeñados e incluso orgullosos de serlo que no aspiran a nada más que a vivir de la beneficiencia sin pegar un palo al agua, que mucho me temo que debe ser bastante más común de lo que nos gustaría pensar. La película gana enteros en la medida en la que sus personajes – destaca la debutante Gabourey Sidibe, pero la que tiene a su cargo el rol más brutal, el de esa madre castradora, verdugo y acaso victima, es la cantante Mo’nique, premiada en Sundance – se enfrentan en algunas escenas de alto voltaje que cuesta contemplar en pantalla, ya sea por su dureza física o su brutalidad verbal – la escena delante de la asistenta social casi al final del filme es simplemente sobrecogedora – y además Lee Daniels tiene la inteligencia de utilizar un buen puñado de recursos visuales que suavicen un poco semejante tralla al espectador, consiguiendo que éste se implique en un viaje que por momentos puede hacerse insoportable.

Cierto es que quizás se alargue un poco y que resulta demasiado complaciente en su resolución, especialmente si se compara con lo terrible de todo lo expuesto hasta entonces, pero no cabe duda que Daniela ha dado con la fórmula eficaz de cara al público: en el momento en el que escribo estas líneas, Precious supera a los Bastardos de Tarantino en el Premio del Público con un increíble 9,11 de valoración media que se me antoja bastante difícil de superar en lo que queda de certamen. Además, tenían que haber visto anoche como, ante un público entregado que les aplaudía a rabiar, director y actriz se fundieron emocionados en un interminable abrazo que, la verdad, ponía los pelos de punta. No se la pierdan cuando llegue a las pantallas, les aseguro que es toda una experiencia.