domingo, enero 08, 2017

LO MEJOR DEL CINE ESPAÑOL 2016



Vaya por delante que al sentarme a escribir sobre mi cine español del 2016 vuelve a invadirme una vez más esa inevitable sensación de cuadro incompleto que tiene que ver con la seguridad de haberme perdido títulos imprescindibles en muchas listas de Lo Mejor del 2016 que he visto y que encima se me han escapado en Festivales o (lo que aún tiene más delito) por no haber podido ver los links que las distribuidoras me cedieron en su momento… pero aun así creo que he visto la suficiente producción española del 2016 como para poder afirmar esa tendencia en la que cuesta mucho encontrar algo parecido a una ‘clase media’ en un cine español cada vez más profundamente dividido entre esas películas de amplio presupuesto que cuentan con el apoyo de alguna gran cadena televisiva detrás y ese cine mucho más pequeño en presupuesto pero grande en resultados que tiene serias dificultades para encontrar un público estable más allá de las trincheras de los cineclubs, las filmotecas, los festivales y algunos distribuidores suicidas dignos de todo mi respeto que se buscan la vida para darles necesarias ventanas a un cine a veces arriesgadísimo. Repasando mi propio listado, yo mismo oscilo entre ambos grupos, dando cabida en mi top-10 a representantes de uno y otro grupo y me doy cuenta que donde tengo más lagunas son en títulos perdidos en tierra de nadie entre ambos, esas películas que quizás una vez fueron la tendencia más habitual del cine español y que ahora navegan en un mar de indiferencia, ni reconocidos por la crítica y festivales, ni con un recorrido comercial mínimo para resultar rentables para sus productores.

La cuota de cine español se ha elevado en el 2016 al 18,1%, subiendo un 6,5% respecto al 2015, lo que objetivamente es un buen dato, pero por otra parte conviene recordar que 26 de los 109 millones de euros recaudados por el cine español del 2016 pertenecen a una sola película, Un Monstruo Viene a Verme de Juan Antonio Bayona y una gran parte de los títulos que voy a enumerar a continuación han tenido una distribución comercial muy limitada, en algunos casos casi nula. Las nominaciones a los Goya (y por cierto, también las nominaciones a los Premios Feroz de los periodistas cinematográficos) tampoco ayudan, pues lejos de rescatar esos títulos se centran por lo general en el grupo de las películas que han contado con un fuerte apoyo publicitario televisivo detrás que han hecho que al menos “les sonase” al espectador. 

Por lo demás, lamentar y condenar enérgicamente la enésima campaña interesada de desprestigio realizada desde algunos medios al cine español, personalizada en algunos directores que han estrenado este año (Almodóvar, Trueba) y que contribuyen a propagar no solo los cansinos infundios que rodean al cine español, sino ese fenómeno extraño y un tanto paradójico por el cual en el país en el que las series nacionales resultan imbatibles en el prime time televisivo, las cuotas de pantalla de cine español están aún muy lejos de las que en teoría deberían corresponderles. 

Para este listado se han considerado, además de las citadas, películas como Esa Sensación, Un Monstruo Viene a Verme, La Memoria del Agua, Omega, 1898 Los Últimos de Filipinas, La Puerta Abierta, Que Dios Nos Perdone o La Madre que también me han interesado en este 2016 

Dicho lo cual, allá van mis diez imprescindibles del 2016 del cine español:


10. POZOAMARGO de Enrique Rivero. Porque resulta un ejercicio fascinante observar la evolución de ese personaje interpretado con desarmante naturalidad por Jesús Gallego, que lo abandona todo llevado por la culpa y busca en vano reinventarse en una peripecia personal que por momentos resulta tan hipnótica como desconcertante. Por la primera aparición en la película de Natalia de Molina y por ese travelling circular de larguísimo recorrido que se marca después su director para acabar en uno de los encuentros sexuales más inolvidables del cine español reciente, una escena que se queda fijada al espectador. 


09. JULIETA de Pedro Almodóvar. Creo que no se ha valorado lo suficiente el esfuerzo del manchego por ir un paso más allá en su cine y despojar su habitual esquema del melodrama de cualquier exceso sentimental o escape humorístico para quedarse en el drama más íntimo, más seco y por lo tanto, más doloroso que ha creado en este siglo. Me interesa mucho la contención y la narrativa de una película que explora rincones muy oscuros del dolor, la soledad y la pérdida. Su final es además toda una declaración de intenciones: no necesita contar nada más, deja esa posible continuación en abierto al espectador porque no es aquello que a Almodóvar le interesaba contar. Esa renuncia me parece sumamente inteligente y una decisión de puro riesgo a valorar como merece. Como siempre, muy intrigado por saber cuál será su siguiente proyecto.


08. TODO SALDRÁ BIEN de Jesús Ponce. Hay películas que tienen que existir porque son necesarias. La de Jesús lo es por muchos motivos, aunque ni siquiera él fuera consciente del todo de dónde se estaba embarcando. Y a nosotros con él. Unas impecables Mercedes Hoyos e Isabel Ampudia generan a su alrededor un mundo que nosotros reconocemos dolorosamente como propio porque sabemos que hablan de nosotros y de nuestro inevitable futuro, aunque queramos esquivarlo. Dos actrices maravillosas, un espacio, un pudor infinito para hablar del dolor, del rencor y por qué no, también de las risas del pasado y el presente. Aunque se quiera apartar la mirada a veces, para el que escribe estas líneas una de las películas más importantes de la cosecha de este año.


07. LA PRÓXIMA PIEL de Isaki Lacuesta e Isabel Ocampo. La Propera Pell ha pasado injustamente desapercibida pese a ser uno de los ejercicios más arriesgados y fascinantes del año, un ensayo sobre la culpa, la identidad, la redención y el deseo de pertenecer que desde su mismo arranque agarra al espectador por el cuello y no le suelta ni un instante. Alex Monner está impresionante como ese adolescente que se incrusta en la vida de una familia como el niño que desapareció y ahora regresa, obligando a todo y a todos, empezando por él mismo, a reubicarse en la nueva situación. Una película con un reparto impecable, con un guión de hierro, perfectamente ensamblado y un enorme pulso narrativo. Notable.


06. MARIA (Y LOS DEMAS) de Nely Reguera. Pocas películas recientes han sabido captar tan bien la confusión actual del treintañero medio español como esta afilada tragicomedia de la debutante Nely Reguera, quien nos embarca junto a ese personajazo que es María por un amargo a la par que irónico recorrido por una etapa de confusión supina que resulta a ratos dolorosa y a ratos increíblemente divertida mientras atraviesa todo tipo de cuitas familiares, personales y laborales. Bárbara Lennie, la actriz todoterreno del cine español, da una lección magistral con un papel que deposita sobre sus hombros toda la credibilidad de un filme repleto de momentos maravillosos (¡ese monólogo final en la librería, mezcla de patetismo, derrota e ingenio!) que hacen de María (Y los demás) una película imprescindible en el cine español del 2016.


05. BERSERKER de Pablo Hernando. Una de las propuestas más singulares del año, un cruce personalísimo entre géneros que se mueve entre el thriller, la comedia costumbrista y el proceso de creación para dar como resultado una película inclasificable cuyo gusto por desconcertar al espectador raya en lo suicida. Y sin embargo el resultado es una película hipnótica, fascinante, con un improbable investigador al que el punto de partida de una historia para su nuevo libro le lleva – nos lleva – por caminos inesperados. Berserker es una de esas películas que uno elegiría para mostrar que existe un cine español diferente a todo y a todos. Toda una sorpresa.


04. EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS de Alberto Rodríguez. Tras el éxito de La Isla Mínima, Alberto Rodríguez podría haber hecho lo que le diera la gana. Y sin embargo eligió contar – de forma brillante - la historia de Francisco Paesa, uno de los personajes más esquivos e inquietantes de nuestra historia reciente y por extensión de aquella alucinante fuga de Luis Roldán, los fondos reservados, los millones desaparecidos y la inverosímil captura en Laos que tantos cadáveres políticos dejó a su paso. Más allá del impecable trabajo de Eduard Fernández en la piel de Paesa, bien secundado por un reparto ajustado y del alucinante ritmo narrativo de una película modélica en su diseño de producción, está muy pero que muy bien que el cine español empiece a sacar buen provecho de su riquísima historia reciente y no tenga miedo a mirar a la misma de frente, con nombres y apellidos. Que cunda el ejemplo y alguien recoja el testigo: películas potenciales como ésta las hay a millares en este país nuestro.


03. TARDE PARA LA IRA de Raúl Arévalo. Ésta es una película de alguien que sabe muy bien lo que quiere contar y la mejor forma de hacerlo. Una película que sabe a carajillo, a barra de bar, a partida de mus, a sueños con una vida mejor, a violencia cotidiana y venganza incontrolable, a ley de la calle y al sudor del calor y el sexo. Arévalo firma en su debut una película impresionante, de esas que te mantienen tenso en la butaca en todo momento, inquieto ante la explosión que sabes que acabará por llegar. Antonio de la Torre y Luis Callejo construyen una pareja de química brutal, Ruth Diaz hace de vértice de un triángulo del que no es del todo consciente y a Manolo Solo le basta una sola y estremecedora escena para construir un personaje inolvidable. Desgarrada e implacable, Tarde Para la Ira va creciendo en la mente del espectador hasta hacerse tan desasosegante como rotunda. El Goya más importante debería ser suyo.


02. LA ACADEMIA DE LAS MUSAS de José Luis Guerin. Llegó en la primera semana del 2016 y tal y como predije, me ha costado mucho encontrar otra película que estuviera a su altura. Quizá ni siquiera exista. El experimento narrativo de Guerin difuminando las líneas entre el documental y la ficción está tan repleto de hallazgos y emoción sincera que resulta tarea imposible resumirlo en unas líneas. Baste decir que su reflexión sobre la belleza, la poesía, el poder de la palabra, el amor, las musas y lo que inspiran engrandecen los límites del cine español de este año hasta llevarlo a cotas muy altas. Sus ‘personajes’ resultan inolvidables por su afán por llevar la razón, por su íntimo deseo de seducir (o destruir) antes que convencer al contrario, por su discurso del amor como expresión (y excusa) última de la necesidad mutua y por ese lenguaje corporal y de la mirada que a veces, sutilmente, traiciona a las palabras. Una película que traspasa la pantalla y golpea al espectador con su belleza. Gran e inolvidable cine.


01. LA RECONQUISTA de Jonás Trueba. Para mí el cine es ante todo emoción y si de emoción he de hablar, mi película española del 2016 es La Reconquista, la película que más ha tocado mi corazón y más me ha hecho sentir en este año. La historia de Olmo y Manuela no me es ajena: cualquier película sobre una pareja que se reencuentra años después y empieza a hablar para recuperar el tiempo perdido (o lamentarse por él) que acaba por convertirse en una película sobre la conciencia de uno mismo y del otro no puede nunca serme ajena. Pero La Reconquista es más que eso: es la enésima vuelta de tuerca – inteligentísima y repleta de sensibilidad, todo hay que decirlo – a un tema eterno en el que además Jonás invierte los términos, los tiempos y hasta los comportamientos de sus personajes (infantiles cuando son adultos, adultos cuando son adolescentes) para hablarnos de lo que es verdaderamente importante, de lo que permanece, de lo que nos hace ser nosotros mismos, los pequeños grandes gestos sobre lo que construimos nuestra forma de entender el amor y la vida. Por el camino dejamos muchas cosas y rara vez tenemos la oportunidad de recuperarlas. O engañarnos, hacernos la ilusión que aún podemos recuperarlas. De todo eso y de mucho más habla, y muy bien, La Reconquista. Porque en esto del amor nunca dejamos de ser principiantes y el amor no acaba, como muy bien canta Rafael Berrio en el tema central la película...

sábado, junio 25, 2016

EL CINE DEL FIN DEL MUNDO por Jesús Ponce

Nota bene: Esta entrada fue escrita por Jesús Ponce en su blog Páginas Pérdidas en Marzo del 2014. Está dedicado a Eduardo Trías y a un servidor. Cuando Jesús decidió, por motivos personales, borrar su blog, le pedí permiso para reproducirlo en CineMérida. Su respuesta fue tan sencilla como generosa "No tienes que pedirme permiso. Es tuyo."  

 EL CINE DEL FIN DEL MUNDO



Hace unos días ha sido noticia el descubrimiento del llamado "cine del fin del mundo" por un fotógrafo que atiende al nombre de Kaupo Kikkas.


En una de las partes más inaccesibles del sur de Sinaí, según nos cuenta la prensa, un excéntrico francés se preguntó por qué no había cines en el desierto. 


Pero esta no es la historia de ese hombre.



Ese suicida que con esa idea de soñador, romántico y mecenas del arte emprendió una aventura que nunca empezó. Buscó dinero y compró asientos de un viejo cine, proyectores de salas cerradas, un enorme tractor que elevaría la pantalla y un generador eléctrico que trasladó al lugar dispuesto a crear su propio templo del arte como si de un nuevo Fitzcarraldo se tratara.

Llegó el día de la inauguración. No existen datos sobre si fue mucha o poca gente, ni de cómo llegaron hasta allí los que llegaron. El tractor elevó una gran vela que haría de pantalla pero el generador no arrancó.


El iluso francés no había contado con que el gobierno de ese país no es muy amigo de los cambios ni de la cultura y todo su sistema de proyección había sido saboteado por sus propios colaboradores.



Hasta aquí la historia del hombre, pero no olvidemos al verdadero protagonista, el que desencadena que este suceso esté en la prensa y no es ni el inversor gabacho ni el fotógrafo que ha dado el golpe de su vida
 
Me refiero al malo de la película. El gobierno.

Nadie en los medios ha reparado en la importancia del malo en esta historia porque nos resulta lejano.

Vivimos en un país en el que resultan impensables unos villanos al mando de un estado totalitario que sabotee la cultura, que elimine la inversión interna, que desanime a los inversores extranjeros y que sea capaz de llevar algo tan bello como el cine a parajes desolados.
 

Que se atreva a imponer el pensamiento único y que se burle de las identidades de semejante manera.

Que no sólo prohíbe sino que arruina al que lo intenta.

Que le mete topos en su propia casa para que le boicoteen los cables.

Que una vez aislado y destruído, deje que lo que pudo ser y no fue se seque al sol


Un gobierno que jamás retomaría una obra de ese tipo y prefiera que se pudra aunque salga a la luz el escándalo a nivel internacional. 


Un gobierno al que los pillas en falta y no sólo no pide perdón sino que no se pronuncia.

Bueno, ahora que la ironía ya está sembrada, dicha y entendida para qué seguir con ella.

Porque hay algo con lo que estos gobiernos no cuentan: la cultura y el pensamiento no se pueden frenar.


Este cine del fin del mundo que estaba intencionadamente evitado en las rutas turísticas del desierto es ahora lugar de visita de moda y además reflejo de la miseria de su gobierno. Su imagen en Google Maps ha sido la más visitada esta semana.


Si miramos nuestro país, el palmarés de los festivales recientes o las películas a concurso de los próximos es otro cine en un desierto.


Me explico: no es que no haya películas, hay más que nunca, pero los que sabemos de qué va esto del cine y la cultura somos conscientes de que esas películas en las que participan amigos o conocidos se han hecho en su mayoría en régimen de capitalización, en financiación ruinosa o directamente como algo hecho entre amigos  y sin cobrar gracias a un inversor suicida (generalmente el director) que lleva un año malviviendo para financiar su disparate o, lo que es lo mismo, su propio cine en el desierto.


Sabemos que esos que se llevan una estatuilla no han cobrado y no viven de esa película.



Sabemos que la mayoría de esas películas no van a proyectarse o si lo hacen lo harán en lugares tan minoritarios como el sur del Sinaí o los circuítos especializados.


Pero al igual que este cine del desierto ha salido a la luz y ahora es objeto de debate y evidencia de la corruptela dictatorial que puebla el gobierno egipcio, dentro de unos años comenzarán las retrospectivas y el descubrimiento de ese montón de películas españolas que se están haciendo y que no se ven. Que precisamente por sus limitaciones económicas por parte del estado están llenas de lenguas envenenadas que dicen lo que antes no se podía contar.


Imagino a generaciones venideras o al público actual que no ha tenido acceso a algunas maravillas que se han rodado este año poniendo la misma cara de fascinación que Kauppo Kikkas, ese fotógrafo cuando superó aquel monte y se encontró con ese espectáculo en forma de cine abandonado.


También imagino a varios gobernantes iracundos buscando a los responsables de que ese cine no se destruyera.


Pero disfruto mucho más imaginando hoy mismo a un francés al que llamaron loco riendo el último.


Jesús Ponce.

A David Garrido Bazán y Eduardo Trías por seguir llevando cine al desierto a pesar de los egipcios.

LA MONTAÑA QUE SUPERÓ EL FOTÓGRAFO