La Filmoteca de Extremadura proyecta hoy jueves en el Centro Cultural Alcazaba a partir de las 20:30 horas la película italiana Mi Hermano es Hijo Único, dirigida por Daniele Luchetti y protagonizada por los jóvenes actores Elio Germano, Riccardo Scamarcio y Diane Fleri.
Italia, 1961. El país sufre la agonía de una revolución social y económica. Aunque esta revolución parece no afectar a Accio, un adolescente tan rebelde como problemático que vive a espaldas de todo. Solo por irritar a sus padres se une a un partido neofascista a la vez que intenta impresionar a Francesca, la novia de su hermano mayor Manrico, principal líder local de la escena política de izquierdas.
Las acciones fascistas de Accio avergüenzan a Manrico y sus padres fracasan al intentar terciar entre ambos hermanos, quienes dejan de hablarse. La única comunicación entre ellos es a través de Francesca de quien Accio se ha enamorado perdidamente. Las diferencias y conflictos entre ambos hermanos serán un reflejo de un país dividido entre dos formas de entender la vida y la política. Aunque al final resulte que no sean tan diferentes como parecía…
La sombra del enorme éxito que cosechó hace unos años La Mejor Juventud es alargada: que los guionistas de aquella estupenda serie de televisión convertida en película de culto por obra y gracia de Marco Tulio Giordana sean los mismos de esta película de Luchetti solo viene a confirmar los numerosos puntos de contacto entre aquella y esta propuesta. De nuevo se echa un vistazo a la reciente historia de Italia usando para ello como excusa la relación personal entre dos hermanos de creencias políticas muy diferentes interesados en la misma chica y cuya evolución a lo largo de los años se convierte en el motor de un filme con ciertos aires televisivos y cierta vocación de revisión histórica.
Lo cierto es que Mi Hermano Es Hijo Único es una película interesante y bien interpretada que se deja ver con cierto agrado: ni se mete demasiado en asuntos escabrosos ni carga en exceso las tintas sobre su trama política, consciente que aquello no es sino el marco donde desarrollar su historia. Elio Germano hace un trabajo estupendo como el joven adolescente rebelde que encuentra en los ideales fascistas el vehículo ideal para dar rienda suelta a toda su frustración y rabia para luego evolucionar lentamente como personaje. Cumple bien con su cometido: sabe perfectamente lo que quiere contar y la forma más directa de hacerlo, siendo una película simpática a la vez que simple.
Mi Hermano es Hijo único obtuvo el Giraldillo de Plata en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, así como cinco premios Donatello – equivalentes a nuestros Goya - en el 2007: Mejor Actor (Elio Germano) Mejor Actriz Secundaria (Angela Finocchiaro, madre de los hermanos) Mejor Guión, Mejor Montaje y Mejor Sonido.
Las proyecciones de la Filmoteca de Extremadura en el Centro Cultural Alcazaba de Mérida se reanudan este mes de mayo hoy jueves 8 a partir de las 20:30 horas con la proyección de la película de Carlos Saura Goya en Burdeos, una obra que merece la pena recuperar en el marco de las celebraciones por el siglo que acaba de cumplirse de los levantamientos del 2 de Mayo en Madrid.
A los 82 años, exiliado en Burdeos junto a Leocadia Zorrilla de Weiss, la última de sus amantes, Francisco de Goya, reconstruye para su hija Rosario, los acontecimientos que marcaron su vida, una vida ajetreada en la que se suceden convulsiones políticas, pasiones de todo tipo y el éxtasis de la fama. Recordará al Goya joven y ambicioso que lucha por subir los resbaladizos peldaños de la corte de Carlos IV, donde vivirá el reconocimiento y la fortuna, las intrigas de palacio y el juego de la seducción y la mentira. También rememorará a su único amor, la Duquesa de Alba, una mujer que redibujó su vida y la historia de su tiempo, y cuya existencia quedará truncada por el veneno de las conspiraciones.
La película está protagonizada por un espléndido Paco Rabal en uno de sus últimos grandes papeles para el cine. Aquí encarna a Goya en su madurez, un genio aislado progresivamente del mundo debido a su sordera y al exilio que sin embargo conservó hasta su muerte una lúcida visión de España que plasmó en obras de enorme importancia, reconocidas hoy de forma universal. Este complejo papel le valió el Goya al Mejor Actor en el año 2000. Junto a él destaca un José Coronado que interpreta al artista en su juventud y una Maribel Verdú que da vida a la Duquesa de Alba, una figura clave en la vida del artista aragonés y a la que la película otorga la importancia que merece.
Goya en Burdeos cuenta además con el enorme atractivo de disfrutar de un maravilloso a la vez que fascinante trabajo del director de fotografía Vittorio Storaro, que consiguió asimismo un muy merecido Goya en esta categoría por su impresionante uso de la luz y su recreación de algunas de las escenas más relevantes de aquella época convulsa inmortalizadas por el genial artista aragonés. Otros galardones obtenidos por la película son los Goya a la Mejor Dirección Artística, Mejor Vestuario, Maquillaje y Peluquería, además del reconocimiento internacional que recibió en el Festival de Cine de Montreal 1999 donde obtuvo los Premios del Jurado y del Público.
La programación de este mes en el Centro Cultural Alcazaba se completa con los pases de la película que servirá de homenaje a Margarita Xirgu Alma Torturada (una obra muda de 1916) el jueves día 15 de Mayo y dos filmes que completan los pases de cine europeo relacionados con la Escuela Oficial de Idiomas, la italiana Mi Hermano es Hijo Único de Daniele Luchetti – ganadora del Segundo Premio, el Giraldillo de Plata, en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla – el jueves 22 de mayo y la producción portuguesa-brasileña Tudo Isto é Fado el jueves 29. Más información, como de costumbre, en la web oficial de la Filmoteca de Extremadura:
Soy uno de los muchos espectadores que se vio gratamente sorprendido hace unos años cuando José Corbacho y Juan Cruz presentaron Tapas. Aquella película fresca, inteligente y a ratos sutil en el tratamiento de alguno de los muchos pedazos de vida cotidiana de barrio a flor de piel que retrataba encubría gracias a su fina mirada las debilidades de una realización demasiado deudora del medio televisivo y conseguía que uno mirara con no poca simpatía el atrevimiento y el desparpajo de unos directores que conseguían mezclar con acierto las situaciones capaces de provocar la sonrisa con los temas bastante más serios que tocaba.
Cobardes, su segunda película, reunía a su alrededor unas altas expectativas no ya por el buen recuerdo de Tapas sino también por la importancia del tema que aborda en ella, el acoso escolar. Sin embargo, ya sea por la seriedad del asunto, ya sea por una inequívoca intención de dejar clara las tesis de los autores al respecto, Cobardes ha perdido por el camino la sutileza que hacía que las pequeñas historias de Tapas crecieran en el interior del espectador, cambiando la mirada neutra por la imposición de un discurso mucho más concienciado que persigue tanto analizar de forma exhaustiva las causas del problema como denunciar determinadas conductas que exceden el ámbito escolar y alcanzan el conjunto de la sociedad.
El planteamiento de Corbacho y Cruz gira en torno a dos chavales, acosador y acosado, que provienen de dos clases sociales en el fondo no demasiado alejadas entre sí: uno es hijo de un concejal y una ama de casa y el otro de un instalador de alarmas y una presentadora de televisión. Más allá de los problemas habituales de comunicación que sufren todas las familias, ninguna de ellas presenta un cuadro sociológico que pueda explicar por sí misma la aparición del problema. Eso le permite a los directores huir de las respuestas fáciles pero también caer en el error de jugar con las posibilidades de la inversión de roles de cara al exterior hasta tal punto que los responsables del centro tienen problemas para identificar a acosador y acosado – algo a todas luces excesivo: la ausencia de importancia de la figura del educador es una de las debilidades más manifiestas del filme – mientras el conflicto entre ambos no deja de crecer.
Cobardes acierta tanto en el retrato cotidiano de la dinámica de los chavales dentro del centro educativo y en su dependencia de las nuevas tecnologías como en la que sin duda es la idea más interesante de toda la película: el miedo, como la mayor parte de las cosas, se transmite de padres a hijos y detrás de cada uno de nosotros bien puede haber un potencial acosador que nos jode la vida o un temor recurrente que nos obliga a convivir de forma habitual con el miedo y plegarse a él de vez en cuando, convirtiéndonos en cobardes. Los hijos se limitan a seguir los roles que aprenden de sus padres y, de forma inconsciente, transmitimos una serie de comportamientos y un sistema de valores que pueden ser algo discutibles.
Con todo, siendo ésta una idea brillante, Corbacho y Cruz desaprovechan su potencial dejándola en simple apunte y no explorando sus posibilidades, prefiriendo centrar su atención en la segunda mitad del filme en una resolución al conflicto que deja muchísimo que desear por muy variados motivos, el mayor de los cuales afecta a la credibilidad: por mucho que uno pueda inspirarse en hechos reales, los directores olvidan que no basta con que la ficción se parezca a la realidad, sino que ha de resultar creíble para que el espectador pueda creer en ella y por desgracia, Cobardes pone a prueba demasiadas veces la paciencia del espectador: la estrambótica (y clave) figura del pizzero, algunas elaboradas estrategias impropias de chavales de trece años, esas madres incapaces de reaccionar a fondo cuando comprenden a lo que se enfrentan, la muy discutible resolución...
Créanme si les digo que tengo nada contra las películas discursivas y que, en principio, ese enfoque no tenía por qué resultar erróneo a la hora de afrontar la problemática del acoso escolar. No estamos ante un documental sino una película de ficción que parte de una realidad contrastable y de un fenómeno preocupante para aportar su necesario granito de arena para solucionarlo y, desde ahí, resulta encomiable la voluntad de los autores de llevar su mensaje a cuanto más público mejor.
Sin embargo creo que el tono elegido y sobre todo su muy peliculera resolución juega en contra de estos objetivos: es el crucial instante en el que el espectador puede plantearse de una forma razonable la temida frase “Esto no me lo creo” cuando el frágil andamiaje que sostiene la película corre el riesgo de venirse abajo con estrépito y ni siquiera la cuidada recreación del ambiente escolar – todos los chavales desbordan naturalidad – o el impecable trabajo del cuarteto de padres formado por Antonio Molero, Elvira Mínguez, Lluis Homar y Paz Padilla pueden salvar los muebles de una película sin duda loable en sus intenciones pero tan fallida en algunos aspectos que lleva a preguntarse cómo es posible que los mismos autores que demostraron saber contar una historia desde la sutileza hayan pintado un tema tan delicado con este denunciable exceso de brocha gorda.
Eso sí, el tema compuesto por La Excepción para la película es esplendido:
Algo se mueve en el cine español. Yo no creo en las casualidades. No puede ser una casualidad que El Orfanato se haya convertido en la película salvavidas del año pasado del cine español gracias a sus impresionantes resultados de taquilla, que la magnífica [REC] muy probablemente fuera la mejor película de la cosecha española del 2007 y que ahora 3 Días, estimulante y arriesgadísimo debut del muy prometedor realizador cordobés Francisco Javier González, se estrene en los cines con el espaldarazo de haber logrado el premio a la Mejor Película en el reciente Festival de cine español de Málaga. Todas son películas de género puro y duro y alguna, como el caso de la que hoy nos ocupa, una mezcla peculiar de géneros que ha dado lugar a una de las propuestas más bizarras y valientes surgidas en el panorama audiovisual patrio.
Y es que hay que echarle un par de bemoles para plantear de entrada algo tan inabarcable como el fin del mundo tal y como lo conocemos – literalmente: un meteorito inmenso se dispone a colisionar con la Tierra y arrasar cuanto existe en ella – y olvidarse casi por completo de ello hasta el extremo de dejarlo reducido a poco menos que un decorado argumental de fondo para contar una historia que va por derroteros muy distintos de los que cabría esperar como es fijar la mirada en el enconado enfrentamiento entre un protagonista forzado a defender a sus sobrinos del acoso de un psicópata empeñado en dedicar las últimas horas de su existencia a vengarse del hombre que le metió en prisión a través de su prole. Es decir, es una visión del Apocalipsis desde una perspectiva casi minimalista.
Parece sencillo, pero no lo es: atreverse a ignorar las posibilidades argumentales que ofrecía algo tan sugerente como el fin del mundo y centrar la mirada en ese thriller áspero y brutal, dejar a un lado alegremente el componente de ciencia-ficción para sumergirse de lleno en una especie de odisea con reminiscencias vagamente Peckinpah sin abandonar por ello ese peculiar costumbrismo que delata la procedencia del autor demuestra varias cosas. Para empezar que estamos ante un director con las ideas muy claras sobre lo que quiere conseguir, poseedor tanto de una mirada personal como de una evidente vocación de sorprender, dotado de un enorme talento narrativo y lo que en mi opinión lo hace aun más valioso, volcado por completo en conseguir que su película transpire por todos lados eso tan difícil de definir y a la vez tan imprescindible en una película de estas características como una atmósfera, un estilo propio capaz de atrapar hasta tal punto al espectador que éste se deje llevar por la historia olvidando sus planteamientos iniciales y hasta alguna que otra debilidad de guión. Y lo consigue, vaya que si lo consigue.
Apoyándose en un esplendido trabajo de fotografía de Miguel Ángel Mora que proporciona a la imagen ese aire quemado que refuerza ese ambiente árido, seco, que preside el tono negrísimo y desesperanzado de la historia y con una elaborada planificación que desemboca en una puesta en escena de inusitada fuerza, 3 Días consigue su objetivo de arrebatar al espectador y embarcarlo en un viaje alrededor de las pulsiones más primarias del ser humano, un inevitable choque entre aquel que hace de la venganza irracional y violenta su única fuente de motivación – uninquietante, magnífico Eduard Fernández capaz de inspirar miedo con solo la mirada -y el que, acuciado por el peligro y el instinto de defender a los suyos, se verá obligado a asumir el papel de atribulado protector – Victor Clavijo, casi siempre airoso en un personaje de lo más intenso –
Ambientar la historia no en el presente sino en un pasado reciente indeterminado – aunque no se afirma en ningún momento puede deducirse de elementos como los vehículos, los primitivos videojuegos, los televisores en blanco y negro, la ausencia de móviles, los noticiarios construidos con imágenes de archivo – resulta un detalle nada insignificante que habla de la seriedad de la propuesta y además me gusta mucho la facilidad con la que González dota a su tenebroso cuento de una rara poética: en algún que otro momento particularmente inspirado – Lucio subiéndose el coche para contemplar el cielo que caerá sobre sus cabezas, la madre que se sienta en el porche de la casucha de campo escopeta en mano esperando a aquel que sabe que está por venir, esa ominosa segunda visita al pueblo ya abandonado con el recurso del juego de adivinanzas, el hermosísimo travelling lateral que cierra la película – se deja sentir lahabilidad del director para crear imágenes y secuencias tan bellas como en el fondo perturbadoras.
Tan notable es la valentía algo suicida del realizador que uno hasta perdona las evidentes debilidades de un guión al que no le hubiera venido mal pulir ciertos detalles que a algunos pueden incluso sacarles de tan hipnótica propuesta – estoy pensando en lo que ocurre con la madre y en la inexplicable decisión de Alejandro de no informar al menos a los dos hermanos mayores sobre lo que puede suceder para que éstos al menos puedan comprender su comportamiento – y celebrar que en España haya gente con el arrojo suficiente no solo para idear una marcianada semejante sino productores capaces de contagiarse el sentido del riesgo de realizadores como Francisco Javier González y financiarle el poner en pie sus propuestas. Pongámosles nombres, porque la ocasión lo merece: Antonio Pérez y, en la sombra, un tal Antonio Banderas.
Observese el contraste entre la secuencia que abre la película - los primeros rastros del asteroide destruyendo un satélite, una escena que bien podría formar parte de Armageddon - y una posterior en la que se aprecia la enorme tensión generada entre los dos personajes principales.
Hoy Jueves 24 de Abril la Filmoteca de Extremadura programa en el Centro Cultural Alcazaba a partir de las 20:30 la película This is England, dirigida por Shane Meadows.
Julio de 1983. Es el último día del trimestre y eso significa que hoy no hay que llevar uniforme. En un anodino pueblo de la costa inglesa, Shaun, que tiene 12 años, sale de casa camino del colegio vestido con unos pantalones campana que su padre le regaló. En el camino, le echan de la tienda de la esquina por insolente, mientras todos se meten con él por su gusto indumentario y él no se corta a la hora de contestar. De regreso a casa, se encuentra con Woody y su banda de skins. Pese a su aspecto chocante, son unos skins amables y abiertos. Es cierto que una excursión cívica en su compañía significa comportamientos algo extraños como destrozar las nuevas viviendas protegidas todavía no ocupadas. Pero son acogedores y divertidos. Los skins ofrecen a Shaun dos cosas que le faltan y que echa de menos: amistad y una figura paterna. El padre de Shaun ha muerto en combate en la guerra de Las Malvinas.
This Is England está ambientada en la Inglaterra de principios de los ochenta; el mundo de Duran Duran, del aeróbic, de Los Cazafantasmas, de Margaret Thatcher, de la crisis de las Malvinas, de disturbios raciales, y de cabezas rapadas. A partir de muchas experiencias de la época en la que le tocó crecer, Shane Meadows crea un retrato de un momento de nuestra historia cultural al que a menudo no se presta la debida atención. Con el mundo de los skins como telón de fondo, dentro de un anodino pueblo costero asistimos, a través de los ojos de un niño de doce años al paso a la madurez, personal y cultural.
La idea para This Is England le vino a Shane mientras trabajaba en su película anterior, Dead Man's Shoes, una historia sobre el precio de ser víctima, sobre el abuso del poder y sobre la venganza en la Inglaterra rural. Con aquel proyecto, el director se puso a reflexionar sobre la naturaleza del acoso y de la violencia física. Hubo, concretamente, un incidente en su propia vida, cuando él tenía 12 años y se había hecho skinhead, que le ha servido como referente. Él mismo explica: "Yo pensaba que lo más emocionante en la vida era ese tipo de masculinidad dura en los hombres. De la misma manera en que los niños de ahora quieren ser Beckham, yo adoraba a Jimmy Boyle, un conocido skin de la época. Yo quería ver a hombres peleando, y recuerdo que una vez casi provoqué un acto de violencia, y eso se convirtió en algo con lo que me empezó a resultar difícil vivir." Irónicamente fue esta experiencia, junto con el ejemplo de una figura como Jimmy Boyle, un criminal que luego se convirtió en un artista, lo que, a la larga, terminó siendo muy positivo para Shane.
A diferencia de semanas anteriores, no he visto aun This Is England por lo que no puedo opinar sobre ella. Pero si puedo daros tres motivos por los que acudir al Centro Cultural Alcazaba para verla: 1) La película fue galardonada con dos Bafta (equivalentes a nuestros Goya) a la Mejor Película Británica y Mejor Guión Original del año pasado, además de cosechar diversos galardones en Festivales como el Premio de la Juventud en Gijón o el Premio Especial del Jurado en Roma 2) La anterior película de Shane Meadows, Dead Man’s Shoes, era un film estupendo y original que tuve ocasión de ver hace dos años en Sevilla y que aunque no logró distribución en España, me descubrió a un cineasta personal al que creo que merece la pena seguir la pista 3) La BSO de la película, compuesta en gran parte por hits de los años 80 es una maravilla: clásicos como Come On Eileen, Tainted Love o Louie Louie se mezclan con la partitura original de Ludovico Enaudi creando un fondo musical de antología.
Recuerdo haber leído una frase de Gavin Hood, director sudafricano de la estadounidense Expediente Anwar, que me llamó poderosamente la atención. Contaba como, siendo él un adolescente en la Sudáfrica del Apartheid, EE.UU., su Constitución y los valores que consagra siempre fueron una inspiración para lo que él y muchos como él deseaban para su propio país. Concluía diciendo que cuando supo por primera vez de la historia que inspira el argumento de Expediente Anwar sintió que necesitaba hacer esta película para explicar como hoy en día dichos valores están más en peligro que nunca por aquellos que, esgrimiendo el argumento de la guerra contra el terrorismo, se dedican de forma sistemática a conculcar los derechos más elementales de personas que consideran sospechosas o simplemente potenciales fuentes de información.
No hablamos ya de esa vergüenza moral que supone Guantánamo, sino a la política de «rendición extraordinaria» - el título original del filme es, de hecho, Rendition - una política aprobada bajo la Administración Clinton que de facto permite secuestrar a ciudadanos considerados como una amenaza para la seguridad nacional para transportarlos e interrogarlos en prisiones secretas de otros países, donde claro está, los interrogadores tienen “mano libre” en cuanto a los procedimientos necesarios para conseguir la información que precisan, incluyendo la tortura. La película de Gavin Hood pretende ahondar en esa espinosa realidad a través del caso de un ciudadano egipcio, residente en los USA y felizmente casado con una norteamericana, al que por una serie de circunstancias le cae encima el marrón de ser sospechoso de mantener contactos con los responsables de un atentado con bomba en un país norteafricano. Detenido en pleno Washington, es llevado a dicho país para ser interrogado siendo desposeído no ya de la más mínima garantía legal sino de los más elementales derechos.
A partir de esta premisa, Hood y su guionista Kelley Sane elaboran un complejo argumento que trata de ahondar en esta incómoda realidad denunciada por diversos medios de comunicación europeos, tratando de ofrecer espacio a las distintas partes en conflicto pero sin esconder ni por un instante el desprecio que le merecen dichas prácticas, injustificables desde todo punto de vista por más que los últimos responsables de las mismas se escuden una y otra vez en los despreciables argumentos de siempre. Así, la película contrapone la idealista – y un tanto ingenua, la verdad - visión de la realidad de personajes como el joven asesor de un Senador (Peter Sarsgaard) o el inexperto analista de la CIA (Jake Gylenhaal) destinado en África enfrentado a “su primera tortura” (sic) frente al pragmatismo carente de escrúpulos de un alto cargo de la CIA (Meryl Streep, esplendida en un personaje que en muchos aspectos es el reverso del que interpretó para Robert Redford en Leones por Corderos) o la fría eficacia de un Jefe de Policía árabe acostumbrado a mancharse las manos para conseguir información.
Sin embargo, esta contraposición entre personajes juega en mi opinión un tanto en contra de los intereses de la película, pues simplifica una cuestión extremadamente compleja y por más que uno pueda tener sus ideas claras al respecto y que no se pierda de vista su condición de película denuncia, Expediente Anwar se mueve demasiado a menudo cerca del clásico esquema de buenos y malos. Ni siquiera la trama que envuelve a la hija del Jefe de Policía - cuya relevancia para la película solo adquiere dimensión real en el tramo final del filme gracias a un giro de guión algo tramposo, sin que se explique hasta entonces su inclusión en la película – o las penalidades de esa desconsolada esposa embarazada predicando en el desierto de los pasillos de Washington en busca de una explicación sobre el destino de su esposo, consiguen otorgar a la película la profundidad que sería deseable.
Sin embargo, sería bastante injusto juzgar a un filme de las características de Expediente Anwar solo en función de lo anteriormente dicho. Muy al contrario, la película contiene una exposición eficaz de lo que denuncia, apoyándose tanto en la ajustada interpretación por parte de un notable reparto como en una puesta en escena desprovista de efectismos que transmite de forma precisa la sensación de terror que produce esa arbitrariedad inconcebible.
Si, se puede argüir que la película ofrece, a diferencia de otros filmes mucho más contundentes sobre estos asuntos, una salida de tranquilizar conciencias y que pone a salvo el verdadero espíritu norteamericano, ese esfuerzo individual capaz de sobreponerse a las flaquezas y debilidades del sistema y de mantener a salvo los valores que lo inspiraron, pero aun siendo más que consciente de ello, prefiero apreciar en lo que vale esa denuncia de una realidad inquietante que aun quedándose en la superficie de la misma, no deja de ser un saludable ejercicio y un buen síntoma del inconformismo de Hollywood frente a los desmanes de la Administración Bush en tantos terrenos.
Agnes Jaoui ya llevaba una más que interesante carrera como actriz y guionista cuando en el año 2000 decidió por fin dar el paso para convertirse en directora. De su pluma – aunque casi siempre en colaboración con su pareja sentimental y cómplice Jean Pierre Bacri – ya habían salido guiones tan interesantes como Smoking/No Smoking, On Connaît la Chanson o la esplendida y poco conocida Como en las Mejores Familias, en la que ya se adivinaban los rasgos propios de su cine. Se puede decir que la autora de la posterior Como una Imagen sabía perfectamente el tipo de historia que quería contar en su primera película.
Para Todos los Gustos narra varias historias cruzadas: un empresario conoce a una actriz, que es amiga de una camarera, que, a su vez, conoce a un guardia de seguridad, que trabaja con un chofer, al servicio de una decoradora, mujer de un empresario, que a su vez querría trabar amistad con artistas que... En fin.
Es la historia de los gustos de unos y de los colores de otros. Es la historia de personajes y entornos que, según nos cuentan Jaoui y Bacri, nunca tendrían que haberse conocido al resultar imposible alterar los marcos de referencia y las barreras culturales sin que se planteen un buen puñado de problemas.
Para Todos los Gustos – que en realidad debería haberse llamado El Gusto de los Otros – es una película sobre los prejuicios, sobre la dificultad para comunicarse con las personas de tu alrededor cuando uno es poco proclive a escuchar y tiende a restarle importancia a las opiniones de los demás, ya sea porque proviene de un medio social o cultural muy distinto al tuyo, ya sea porque uno cree demasiado a menudo llevar la razón.
También es una película sobre la ambigüedad, sobre la forma en la que un sentimiento inicial de rechazo puede tornarse en algo bien distinto según se va entendiendo más al otro, sobre como nuestras concepciones del arte y la cultura pueden convertirse en un instrumento de intolerancia, sobre el papel que la sociedad espera que juguemos en ella y la difícil conciliación de aquel con nuestros propios deseos... Una película, en fin, sobre la vida y la forma en que nos relacionamos con los otros en la que uno puede verse (o no) identificado pero que desde luego tiene la virtud de ofrecer no pocos motivos parareflexionar a la salida sobre lo visto.
Si a ello le sumamos que la película, lejos de ser un sesudo ensayo, está servida con el formato de una comedia inteligente que sabe como reírse de uno mismo - con notables influencias de Woody Allen tanto en los personajes como en la construcción de diálogos – que tiene a un reparto en estado de gracia (en especial no hay que perderse el magnífico personaje que construye Jean Pierre Bacri y la peculiar relación que establece con el de Anne Alvaro) y que cuenta con el respaldo de varias distinciones internacionales como la nominación al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en el 2001, cuatro premios Cesar (el equivalente francés a nuestros Goya) entre ellos Mejor Película y el premio del Cine Europeo al Mejor Guión del 2001, creo que hay argumentos más que suficientes para acercarse al Centro Cultural Alcazaba este jueves 17 de Abril a las 20:30 horas y, por el módico precio de un eurito de nada, disfrutar de una excelente película.
El estreno en España de La Banda Nos Visita me permite recuperar el comentario que ya hice a propósito de ella en su paso por la Seminci 2007. Creo que es justo dedicarle una entrada propia tanto por la calidad del filme como por el hecho de que ésta fue una película pretendida hasta el último instante para el II Festival de Cine Inédito de Mérida. Al final, tras muchísimas llamadas y tiras y aflojas, la distribuidora no cedió y nos impidió disfrutar de un filme que a buen seguro hubiera equilibrado una programación acusada, no sin cierta parte de razón, de un excesivo gusto por el drama y de poco espacio para la comedia. Me gustaría que mucha gente viera este filme para entender mejor los motivos por los que hubiera sido perfecta para el Festival pero, como era de esperar, no ha llegado a ninguna pantalla extremeña. Esperemos que la Filmoteca o Multicines Cáceres - la única sala de toda Extremadura donde una película de estas características podría llegar a verse, como ha sucedido con Irina Palm, Cuatro Meses, Tres Semanas y Dos Días, XXY, Caramel o Lo Mejor de Mí - la recuperen en algún momento, porque sin duda que merece mucho la pena. Por mi parte, aquí dejo corregido el comentario que en su momento escribí sobre ella:
Descubrir que Aki Kaurismaki tiene sus fans incluso en Israel no deja de ser una grata sorpresa. La ópera prima del joven y desconocido Eran Kolirin tiene un sencillo punto de partida que a buen seguro no hubiera desagradado en absoluto al autor de Un Hombre sin Pasado. Una pequeña banda de música de la policía egipcia es invitada a inaugurar un centro árabe en Israel. Tras comprobar que nadie pasa a recogerlos en el aeropuerto e ignorar lo que hubiera sido más sensato, como contactar con la embajada de su país, sus ocho miembros se aventuran en un autobús que les deja literalmente en medio de ninguna parte, aislados, muy alejados de su lugar de destino y sin posibilidad alguna de reemprender viaje hasta el día siguiente. Ante tal tesitura, piden ayuda a los israelíes locales – que alucinan no poco ante los músicos uniformados de gala en mitad de aquel sitio dejado de la mano de Dios, pero que se muestran sumamente amistosos – y buscan acomodo como pueden mientras dejan que la música, el amor, las emociones y el sentido del humor tiendan puentes entre las enormes diferencias culturales de unos y otros.
La Banda Nos Visita es una de esas películas bienintencionadas que bien podría inscribirse en esa tendencia, a estas alturas ya casi un género en sí mismo, de acercar las posturas de adversarios aparentemente irreconciliables apelando a sentimientos humanos universales capaces de atravesar cualquier barrera - Mi Enemigo Intimo o Feliz Navidad son dos ejemplos recientes, y Mediterráneo también valdría como ejemplo – pero tratándose del conflicto árabe-israelí a priori no dejaba de ser una apuesta arriesgada en varios sentidos: si se llevan las cosas demasiado lejos podía quedar un producto que insultara la inteligencia del espectador o, lo que es peor, que se viera como una burla a un tema sumamente serio. Por otro lado, también existía la trampa de caer en una simple apología de los buenos deseos que convirtiera la película en un empalagoso a la vez que ingenuo alegato. En fin, que la peli tenía más minas escondidas en su camino que las que hay en las fronteras que separan ambos pueblos en Israel.
Sin embargo hete aquí que haciendo gala de una gran inteligencia y de un excepcional a la vez que desconcertante sentido del humor que bebe mucho del absurdo generado por la propia situación (como sucede a menudo en los filmes de Kaurismaki) resulta que Eran Kolirin sortea con habilidad todas y cada una de esas trampas, construyendo una película modesta en sus planteamientos, pero sumamente eficaz en la consecución de sus objetivos, una de esas obras pequeñas solo en presupuesto que se abren paso con facilidad hacia el espectador y que se disfrutan con una sonrisa de complicidad permanente en los labios. A Kolirin le basta un puñado de detalles para establecer las claves de sus personajes, ya sea el severo pero sensible director de la orquesta, el guaperas empeñado en sacar el máximo partido del viaje, el segundón que sueña con dirigir un día la orquesta por el lado de la banda egipcia, la mujer madura determinada y en el fondo enormemente necesitada de cariño que les acoge, el joven inexperto en su trato con las mujeres o el buen tipo dominado por su mujer e infeliz en su matrimonio que se presta a ayudar a algunos de los miembros de la banda por el lado israelí.
La película tiene sus mejores bazas no tanto en el consabido encuentro entre dos culturas y la previsible superación de sus diferencias en pro de la simple consigna de ayudar al prójimo, sino en la eficacia con la que están construidos tanto los personajes como las escenas que protagonizan, ya sean cómicas o no. Jugando de maravilla con el plano fijo y la introducción sorpresiva del absurdo en las situaciones más cotidianas, Kolirin consigue crear una atmósfera apacible, un oasis de calma en medio de un conflicto que uno sabe existente pero que podría hallarse a miles de kilómetros de ese remanso de paz perdido en el desierto en el que no falta la soledad ni el aburrimiento.
Todo está rodado con una suave puesta en escena que invita al juego de conocimientos que propone la película y el espectador se deja arrastrar con facilidad al mismo: tan hermoso es el proceso de seducción de la dueña del restaurante hacia ese director de orquesta responsable que tiene motivos más que comprensibles para no responder a sus invitaciones como divertida la forma en la que el seductor de la banda instruye a un inepto en asuntos de mujeres en la mejor forma de abrirse paso hacia su cama – lo que da lugar a una escena antológica e hilarante en una especie de pista de patinaje en la que se hace una relectura en clave de humor mudo digno de Chaplin o Keaton del sempiterno Cyrano de Bergerac – sin que en ningún momento haya el más mínimo atisbo de establecer juicios morales o aleccionarnos sobre los buenos sentimientos y es que su autor, con buen criterio, da por sentado que el espectador tiene más que asumidos ciertos valores universales y no carga las tintas sobre los mismos.
Algunos pensarán que La Banda Nos Visita es poco más que una película simpática que se deja ver con agrado y que transcurre por caminos previsibles. Puede que sea cierto pero este cronista es de los que defiende que esa aparente sencillez tiene tras de sí un trabajo riguroso que no debe menospreciarse: les aseguro que todas las emociones que provoca, que son muchas y de muy distinto signo, son absolutamente genuinas. Su discurso sobre un entendimiento mínimo entre ambas culturas desde el que construir un mejor futuro, lejos de ser ingenuo, está perfecta y coherentemente construido, siempre desde la humanidad y la enorme ternura que desprende.
Aunque nadie parezca haberse enterado por la casi nula publicidad (no basta con hacer los estupendos folletos de la Filmoteca si nadie se dedica a repartirlos por la ciudad, un detalle en el que los responsables de los mismos no parecen haber caido) hoy martes 8 de abril comienza un Festival de Cine en Mérida... No, tranquilos, no es que hayamos adelantado las fechas de nuestro Festival de Cine Inédito – en cuya tercera edición, aunque no os lo creáis, ya estamos trabajando y que se celebrará del 13 al 20 de Diciembre – sino que nuestros amigos de Almendralejo realizan en estas fechas la II Edición de su Festival de Cine Posible y gracias a la colaboración de la Filmoteca de Extremadura todos los aficionados vamos a poder disfrutar durante cuatro días consecutivos de la totalidad del mismo.
¿Qué es el Festival de Cine Posible? Pues la temática del festival se basa en el conocido potencial del cine como una herramienta más para concienciar y sensibilizar sobre los problemas de desigualdad e injusticia social. Nace pues con un eminente carácter social y una amplia temática, aunque preferentemente encaminada a la cooperación al desarrollo.
Las películas, documentales y cortometrajes seleccionados – ninguna obra tiene una duración superior a los 30 minutos y la media suele estar por los diez más o menos - serán los que aporten un mayor conocimiento, comprensión y compromiso social con el pacto internacional para la pobreza, suscrito en septiembre de 2000 por 189 países en la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas y denominado "Los 8 Objetivos del Milenio"
Los cortos y documentales seleccionados este año podrán verse desde hoy Martes hasta el próximo Viernes en Mérida, en el Centro Cultural Alcazaba, a partir de las 20:30 horas.
Y si queréis ampliar información tanto sobre el festival como las temáticas que aborda, os podéis dirigir a la web oficial del festival, donde tenéis muchísima información:
Como todo festival compuesto de una pluralidad de cortos y documentales, es de esperar que exista una gran variedad tanto de temáticas como, claro está, de calidades y resultados en los títulos de la Sección Oficial, pero estoy muy convencido de que en cada una de las cuatro proyecciones de esta semana encontraremos cosas que merezcan la pena o que, al menos, den para reflexionar y charlar sobre lo visto a la salida del cine. Es una buena oportunidad para descubrir propuestas que probablemente sean imposibles de visionar de otra forma, así que yo os recomiendo que no la dejéis escapar.
De lo que vaya viendo cada día iré dando cumplida cuenta en CineMérida
No sé muy bien a que iluminado director de casting se le ocurriría eso de poner juntos en una comedia romántica a dos personajes tan opuestos como Steve Carrell y Juliette Binoche- de hecho, la química entre ambos es bastante inexistente: la Binoche parece a ratos algo perdida en un género que desde luego no es el suyo, aunque se le reconoce el esfuerzo - pero de puro disparatada, la cosa hasta tiene su puntillo y todo.
Como la Vida Misma narra en pocas palabras la odisea de un viudo y atribulado padre de tres efervescentes hijas que por una de esas extrañas jugarretas del destino encuentra en un a librería a su alma gemela durante una de esas insufribles reuniones familiares periódicas para descubrir con horror que la susodicha no es otra que la nueva novia que su hermano trae para presentar a la familia. Con tan simple y jugoso punto de partida, el enredo está servido. Solo falta que un equipo competente de guionistas y un reparto acertado lo lleve a buen puerto. Y, en líneas generales, eso es exactamente lo que sucede.Cada vez me convence más este Carrell: no solo me parece un comediante de lo más dotado - quien no haya disfrutado de vez en cuando de su inenarrable jefe Michael en la serie The Office no sabe lo que se está perdiendo - sino que aquí vuelve a exhibir un registro parecido al de su deprimido suicida de Pequeña Miss Sunshine, esa especie de actitud vital entre resignada y comprensiva con los zarandeos que te pega la vida que clava como nadie Bill Murray (Academia Rushmore, Lost in Translation) pero que es una disciplina en la que Carrell demuestra ser asimismo un alumno aventajado. La peli, pese a su previsibilidad y su mensaje por momentos facilón, se aguanta bien gracias principalmente al talento de Carrell y a la empatía que genera en el espectador, que a buen seguro en más de una ocasión se ha visto atrapado en esas terroríficas e inevitables reuniones familiares que pueden convertirse en lo más parecido a un agujero negro de humillación y malrollismo.
El irónico aunque en el fondo bastante amable retrato de la sagrada institución familiar, ese auténtico vía crucis de parientes, se convierte así - como por otro lado ya pasaba en la en mi opinión algo más ácida y lograda Retrato de April, la anterior peli casi desconocida de su director Peter Hedges - en uno de los puntos de interés de una comedia sencilla y resultona que se deja ver con bastante agrado aunque a los cínicos como yo les pueda sobrar algo de azúcar y echen de menos un puntito más de mala leche.Ah, y además se deja ver un ratito esa impresionante moza llamada Emily Blunt. Su casi cameo de esta peli no llega a los niveles de alto voltaje de su magnífica escena con Tom Hanks en La Guerra de Charlie Wilson, pero tampoco está nada mal, la verdad. Siempre es de agradecer.
Hoy en la oficina han flipado un poco conmigo. “Ni que se te hubiera muerto un familiar o alguien cercano” decían. En el fondo, así es. He sentido una profunda tristeza al caer en la cuenta que nunca más tendremos el placer de disfrutar de una película con guión de Rafael Azcona – bueno, aun nos queda el próximo Cuerda, Los Girasoles Ciegos, adaptación de la estupenda novela homónima de Alberto Méndez que se estrenará en unos meses – y ni siquiera esa última humorada de buen ateo de palmarla el día después del Domingo de Resurrección ha conseguido levantarme el ánimo. Es demasiada pérdida.
A Azcona, tan humilde y huidizo que durante mucho tiempo incluso hubo quien jugó con su natural aversión a la exposición pública y a la prensa proclamando que ni tan siquiera existía – Berlanga decía que le venía muy bien, pues así podía atribuirse en solitario los méritos de las películas que hicieron juntos – probablemente no le hubiera gustado el reconocimiento unánime y el tributo que desde tantos medios se le han rendido. Hubiera movido un poco la cabeza y habría dicho “Que exageración” o algo semejante.
Les confieso una cosilla: desde que empecé hace unos años a moverme por diversos Festivales y a conocer un poquito el mundillo del cine de este país, siempre tuve la secreta ambición de que en una de éstas pudiera toparme con mi admirado Azcona. Siempre que he escuchado entrevistas suyas o le he visto por televisión me parecía alguien afable, accesible, uno de esos con los que quizás no hubiera costado demasiado trabajo entablar una conversación sobre cualquier cosa, no necesariamente sobre el cine o su obra. Ya no será posible.
Es un lugar común afirmar que con la muerte de Azcona desaparece el mejor guionista que ha tenido nunca el cine español, aquel que consiguió con obras tan bien escritas como El Pisito, Plácido o El Verdugo retratar de manera increíblemente precisa esa sociedad española de la posguerra, tan dada a encontrar una sonrisa en medio de las cosas más terribles. La palabra que mejor le ha definido, creo, es humanidad: Azcona siempre encontraba una forma de conseguir que el espectador pudiera identificarse con la parte humana de sus personajes, aun de aquellos que se comportaban de una forma mezquina o poco edificante, porque sabía que en el fondo, todos los seres humanos tenemos esa extraña y desconcertante habilidad para pasar de un lado a otro del espejo con desarmante facilidad.
Hoy en día, yo no estaría escribiendo estas líneas si no fuera por Azcona. No exagero ni una palabra: Plácido probablemente sea la película de cine español que más veces he visto a lo largo de mi vida y una de las que sin duda me enseñaron desde bien pequeño a aprender que el cine servía para contar muchas más cosas que historias de vaqueros, soldados y romanos. Me enseñó además, mucho antes que yo tuviera la más mínima idea de quien era Billy Wilder, a apreciar el absurdo cotidiano, a descubrir que las películas podían tener un lenguaje oculto que contaba más que una simple historia y a realizar una crítica demoledora de una situación sin dejar por ello en ningún momento de intentar arrancarte una sonrisa cómplice o hacer que amaras a sus criaturas, no importa lo patéticos que pudieran llegar a ser sus comportamientos en pantalla, ya que su acercamiento, siempre humano, siempre realista en el mejor sentido que podía ofrecer un agudísimo observador de las contradicciones y las paradojas de lo cotidiano te obligaba una y otra vez a comprender a esos personajes.
Azcona está asimismo detrás de obras imprescindibles en mi cinefilia como La Escopeta Nacional (“¡¡Lo que yo he unido en la tierra no lo deshace ni Dios en el cielo!!” aquella sentencia del cura franquista Agustín González, es una de mis frases favoritas de todos los tiempos), La Gran Comilona, la extravagante Tamaño Natural - ¡yo también quería una muñeca! – la rompedora Un Hombre llamado Flor de Otoño, la divertidísima La Vaquilla, sus colaboraciones con Trueba en El Año de las Luces,Belle Epoque y La Niña de Tus Ojos, sus impecables adaptaciones de El Bosque Animado – una de esas raras ocasiones en que una película puede ser un placer aun mucho mejor que un gran libro – y La Lengua de las Mariposas... tantas y tantas estupendas películas...
No llegué nunca a conocer a Azcona. Por lo tanto, creo que es de justicia dejar que la gente que sí le conoció y que sabe mucho más de la persona que yo escriba sobre él. De entre los muchos artículos que le han dedicado hoy los periódicos me quedo con estos:
En cualquier caso, más allá de que el mejor homenaje es y será disfrutar una y otra vez con sus películas – o leer alguna de sus novelas, asignatura que por cierto tengo pendiente – creo que lo mejor es dejar al propio Azcona expresarse como a él sin duda le hubiera gustado, con una charla con un viejo amigo como Luis Alegre. Una charla cualquiera de café filmada es lo que parece esta esplendida entrevista que le hizo hace ahora poco más de un año.
"Ya está” dicen que fue lo último que dijo. Pues sí, maestro. Ya está. Muchas gracias por todo. De verdad.
Hay un mérito indiscutible que reconocerle a esta interesante película que la Filmoteca de Extremadura proyecta en Mérida en el Centro Cultural Alcazaba el martes día 25 a partir de las 20:30 horas: es muy infrecuente encontrar una película capaz de aunar con cierto éxito la animación y la denuncia política. En realidad no podía haber sido de otra forma. Persépolis no es sino la fiel adaptación de un muy recomendable cómic homónimo que narra la autobiografía de su autora, Marjane Satrapi, que utilizó su propia historia para repasar 16 años de su vida desde los 8 a los 24 años, un periodo que corre paralelo al doloroso proceso por el que su país, Irán, atravesó desde la caída del régimen del Sha y la instauración de la República Islámica, pasando por la guerra Irán-Irak o la brutal represión que desde todas las instancias del poder se ha llevado a cabo sobre el pueblo iraní, incidiendo especialmente en todo lo que se refiere al marrón de nacer mujer en dicho país, razón principal por la que está incluida en este ciclo.
Persépolis se mantiene fiel tanto al blanco y negro como al trazo simple y hasta un tanto naif del cómic original, configurando una obra que pretende algo sumamente difícil de lograr como es mezclar la contundente denuncia politico-social a la vez que acerca en cierta forma a la sociedad occidental una visión de la realidad iraní alejada de los tópicos con los que suele asociarse por defecto el tener esa nacionalidad. Satrapi utiliza para ello armas como sus propios recuerdos, la nostalgia, el sentido del humor y la autocrítica, sin que por ello se resienta un ápice ni la fuerza de su mensaje ni la capacidad de entretener de su película.