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lunes, enero 19, 2015

LA TEORIA DEL TODO En el Alambre del Biopic

Reconozco que de entrada me producía no poca perplejidad ver el nombre del polifacético e interesante James Marsh, autor de dos documentales tan originales como son Man On Wire y Proyecto Nim, vinculado a una película que aparenta ser uno más de esos biopic que abundan en la temporada de premios, productos de esa cansina receta formularia que tuvo su máxima expresión en la oscarizada Una Mente Maravillosa (A Beautiful Mind, Ron Howard, 2001) a la que alguno, con tanta mala leche como perezosa actitud, ha tenido la tentación de sumar Mi Pie Izquierdo (My Left Foot, Jim Sheridan, 1989) para dar con la ecuación simplista que resumiría de modo de tuit este recorrido por la vida del genio científico Stephen Hawking. No negaré que algo de ambas películas puede rastrearse en el filme de Marsh, pero creo que se deja de lado aquello que posiblemente sea la razón por la que éste se haya interesado por hacer esta película: que el verdadero protagonismo de la misma no esté tanto en la magnética presencia de Hawking, ese brillante cerebro atrapado en un cuerpo deformado por la esclerosis lateral amiotrófica, sino en la figura de su primera esposa y madre de sus tres hijos Jane Wilde, en cuyas memorias está basada la película.


Es una jugada interesante, pues el reducir la descripción de las teorías sobre los agujeros negros y el comienzo del tiempo del astrofísico a la mínima expresión y centrarse en la evolución de la relación entre ambos desde que se conocen en Cambridge en los 60 hasta su inevitable declive y separación, Marsh intenta - y consigue solo en parte - desmarcarse de ciertos convencionalismos y jugar así mucho rato en el alambre. Como el gato de Schrödinger, La Teoría del Todo es y no es a la vez un biopic convencional, una película tan correcta y sencilla de aplaudir en sus virtudes como de atacar precisamente por todos esos elementos que hacen de ella lo que es


A nadie se le escapa que la fuerza de la película reside en sus interpretaciones. Que Eddie Redmayne roce con los dedos el Oscar a Mejor Actor por su transmutación en Stephen Hawking no es algo de extrañar, tanto por las limitaciones físicas que hacen de su trabajo una carrera de obstáculos como por su capacidad de sobreponerse a ellos para transmitir al espectador el magnetismo de su figura. Pero siguiendo en la línea que decía anteriormente, lo que de verdad sorprende en la película es el estupendo trabajo de Felicity Jones, ancla emocional y a la vez motor de la película porque uno podría argumentar que La Teoría del Todo gira mucho más en torno al proceso personal de ella desde su rol de abnegada esposa que sacrifica sus ambiciones por cuidar de él durante todo el duro proceso hasta esa mujer atrapada por la vida que ella misma ha creado, que se debate entre sus deseos y su sentido de la responsabilidad y la fidelidad hacia Hawking. Marsh reinventa algo así como el biopic lateral. 


La película puede producir una cierta sensación de extrañeza pues aunque recorra ciertos convencionalismos, se esfuerza en huir de ellos por el camino de despojar su biopic de elementos como la lucha contra la enfermedad - las elipsis evitan que esté en el centro de la película - o la progresión del pensamiento y las teorías de Hawking - apenas apuntadas - que le convirtieron en una figura mundial. Queda así una obra muy correcta, incluso academicista si se quiere, que funciona gracias a una elegante puesta en escena, a sus excelentes intérpretes y a una hermosa BSO del islandés Johan Johansson cuyo aire sinfónico encaja a la perfección con las imágenes del filme. 


Sin embargo, como ya le ocurría al otro biopic de este año, The Imitation Game, es fácil que uno se olvide de ella en cuánto abandone la sala. La Teoría del Todo es una película tan pulcra que no deja huella en el espectador, su calculada fórmula puede llevarla a los Oscars pero no conmover ni perdurar en exceso. He aquí la última paradoja: esforzarse por huir de lo convencional puede no ser siempre suficiente para conseguirlo.





lunes, marzo 24, 2014

NEBRASKA, Esa conmovedora y desbordante humanidad



Duración: 114 min.
Dirección: Alexander Payne
Reparto: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Bob Odenkirk, Stacy Keach, Mary Louise Wilson
Guion: Bob Nelson.
Música: Mark Orton.
Fotografía: Phedon Papamichael.
Montaje: Kevin Tent.
Después de recibir un “premio” por correo, Woody Grant, un anciano con síntomas de demencia, cree que se ha vuelto rico, obligando a su receloso hijo David a emprender un viaje para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos tomará un cariz distinto ante la sorpresa de la socarrona madre de David y su triunfador hermano Ross. Pero, ¿qué ocurrirá cuando Woody regrese al pueblo, donde le ha dicho a todos que se ha convertido en millonario?

6 Nominaciones Oscars 2014 - Película, Director, G. Adaptado, Actor, Actriz Reparto, Fotografía
Festival de Cannes 2013 - Mejor Actor - Bruce Dern

Filmografía Alexander Payne: Ciudadana Ruth (1996), Election (1999), A propósito de Schmidt (2002), Entre Copas (2004), Los Descendientes (2011)


Reconozco que siempre he sintonizado de forma excepcional con el cine de Alexander Payne. Puede que sea porque tenemos formas muy parecidas de ver la vida y entender al género humano, o más concretamente a los hombres que pueblan sus películas. Desde aquel Matthew Broderick profesor de instituto atrapado por una tupida tela de araña de Election al George Clooney que corría en chancletas y camisa hawaiana en Los Descendientes para entender por qué su esposa le ponía los cuernos, pasando por ese Jack Nicholson que justificaba su existencia a un niño africano en cartas ininteligibles en A Propósito de Schmidt o mi absoluto favorito, ese Paul Giamatti amante de los vinos, escritor frustrado y desencantado con todo de Entre Copas, los hombres del cine de Payne tienen algo que les hace navegar a la deriva entre el patetismo más entrañable y su necesidad de sobrevivir como sea a las propias trampas que uno se va construyendo alrededor con el simple paso de los años. Inspiran ternura al tiempo que uno se sorprende sonriéndose de esa estupidez masculina congénita. Es saludable ser capaz de hacerlo. Creo. Alexander Payne lo pone razonablemente fácil.


Nebraska es el primer guión ajeno que rueda Payne. Da igual. Si uno no lo supiera lo reconocería como suyo porque todas las constantes de su cine están ahí. Un padre en la difusa frontera entre la senilidad, la demencia y el puro miedo. Un hijo que entiende que necesita satisfacer el deseo absurdo de su padre por el simple hecho de otorgarle algo de sentido a su existencia. Una road movie canónica que, como no podía ser de otra forma, incluye el inevitable viaje interior para ambos. Rodada en un apabullante blanco y negro, con enormes dosis de inteligencia, sutileza, muchísimo sentido del humor y con una humanidad tal, para lo bueno y para lo malo, que se desborda por los márgenes de la pantalla y le envuelve a uno como una cómoda mantita caliente en la que refugiarse en una tarde de lluvia en el sofá.


Así es Nebraska, una de esas pelis en la que uno se quedaría a vivir de puro gusto, una de esas pelis que uno ve de principio a fin con una sonrisa cómplice en los labios porque entiende y quiere a todos esos personajes que desfilan por ella. Porque uno sabe que los seres humanos somos así de contradictorios, complejos, mezquinos y generosos al tiempo. Porque uno sabe que lidiamos con nuestra existencia del día a día haciéndolo lo mejor que podemos sin torcer demasiado el gesto cuando vienen mal dadas o cuando nosotros mismos somos responsables de nuestros fracasos y deudas. Y no, no me refiero a las económicas, que también, sino esas deudas que vamos adquiriendo con aquellos que queremos y con nosotros mismos a lo largo de los años.


El caso es que es ver a ese enorme Bruce Dern (¡que interpretación tan prodigiosa la suya!) arrastrando su cojera hacia Nebraska y uno no puede hacer otra cosa que enternecerse por esa terquedad a la que se aferra como un naufrago a un madero, presa del miedo y la necesidad acaso intuitiva de compensar su pasado. Y ve al sorprendente Will Forte como ese hijo comprensivo y necesitado asimismo de un cambio y te dan ganas de abrazarle en su generosidad e infinita paciencia. Te ríes con esa estupenda y corrosiva June Squibb capaz de soltar cosas terribles con la impunidad que le otorga el saberse de vuelta de todo mientras acaricia con gesto cómplice al compañero que ha soportado toda una vida. Te ríes hasta de la complicidad fraternal (¡impagable ese episodio con el compresor!) y de esa mezquindad envidiosa y rencorosa que solo puede gestarse en el seno de una familia, de cualquier familia que haya tenido que aguantarse muchos años.


Todo te parece cercano aunque transcurra en la América Profunda. Porque para profunda la precisión con la que Payne retrata a sus criaturas con apenas unas pinceladas bien dadas. Vamos, que los conoces de toda la vida. Como si fueran tú. Nebraska, con su retrato de paisajes y personajes que se funden como parte unos de otros, es de esas películas que agradeces que te acaricie el alma despacito con su mezcla de drama sin excesos y comedia triste, de doliente melancolía y cálida generosidad. Con su profunda humanidad, en suma. Como todo el cine de Payne. Pero aun mejor si cabe.





lunes, mayo 06, 2013

SEARCHING FOR SUGAR MAN, Cinesa El Foro, Lunes 06 Mayo, 20:30 y 22:30

¡Saludos a Todos!

Nos complace mucho arrancar este III Ciclo de Cine en VO de los lunes de Mayo-Junio en Cinesa El Foro con SEARCHING FOR SUGAR MAN, el documental ganador del Oscar en su categoría de este año que cuenta una de esas historias que hacen bueno el dicho de que a veces la realidad es capaz de superar cualquier ficción. Una película sorprendente y emocionante que se proyecta por vez primera en Extremadura, un excelente prólogo a este ciclo que gira en torno al amor y los viajes con el que esperamos recuperar las cifras de asistencia: si en el primer ciclo alcanzamos una media de 200 espectadores por película, en el segundo descendimos a 156 por film. Contamos no solo con tu asistencia sino con tu colaboración para difundir la información compartiendo este mail entre tus contactos o en las redes sociales ¡Muchas gracias y nos vemos esta noche en Cinesa!

SEARCHING FOR SUGAR MAN (Suecia y Reino Unido, 2012)


En los años 60, un músico llamado Rodríguez fue descubierto en un bar de Detroit por dos productores que se enamoraron de sus melodías y sus letras conmovedoras. Grabaron un álbum que ellos creían que iba a situar al artista como uno de los grandes de su generación. Sin embargo, el éxito nunca llegó. De hecho, el cantante desapareció en medio de rumores sobre un posible suicidio. Mientras la figura del artista se perdía en el olvido, una grabación pirata encontrada en la Sudáfrica del Apartheid se fue convirtiendo en un fenómeno. Dos fans sudafricanos se empeñan ahora en averiguar qué pasó realmente con su ídolo.


Premios • Oscar a la Mejor Película Documental 2013 • Premio Especial del Jurado y Premio del Público, Festival de Sundance 2012 • BAFTA a la Mejor Película Documental 2013



Si uno se acerca a Searching For Sugar Man sin saber nada acerca de un músico llamado Rodríguez, lo más probable es que tenga la sensación de estar viendo un falso documental. A medida que avanza el film le puede asaltar más de una duda razonable. El resto del metraje pasará entre un tira y afloja entre la credulidad y la impostura, con pista suficientes para pensar que el tal Rodríguez existió realmente o bien es una invención de los responsables del film. En todo caso la figura de Rodríguez merecía una película, aunque esta sea tan ortodoxa y respetuosa con las formas canónicas del documental de investigación: la curiosidad reside en el personaje antes que el tratamiento fílmico.


Rodríguez, un músico estadounidense de familia mexicana nacido en Detroit, grabó un par de discos de folk en 1970 y 1971, sin la más mínima repercusión. Varios años después un sello australiano reeditó los álbumes y Rodríguez se convirtió, contra todo pronóstico (y sin que él tuviera constancia de ello) en un pequeño mito en un país tan alejado de sus intereses como Sudáfrica: sus canciones sobre inmigración, pobreza y desajustes sociales, fruto de los recuerdos de su propia infancia y del periplo de sus padres, sintonizaron inmediatamente con la población negra sudafricana y el tema Sugar Man se convirtió en una especie de himno, mientras la rumorología crecía en torno al personaje.


El documental realizado por el cineasta sueco Malik Bendjelloul narra las peripecias de dos jóvenes sudafricanos que intentan esclarecer los hechos, noticias y rumores difusos que durante años han circulado alrededor del músico. La ausencia de imágenes de archivo de la época se revela tanto un problema como una virtud, sobre todo si aceptamos el juego inicial de encontrarnos ante un fake. Se habla mucho de Rodríguez, se escuchan sus canciones, otros músicos hablan sobre él y su influencia en la música sudafricana contemporánea, pero la invisibilidad del personaje, esa falta de imágenes que nos devuelvan los años dorados de sus inicios, ya sea en un estudio de grabación, en una improvisada entrevista en un hotel o realizando un concierto, alimenta la duda sobre la fiabilidad de unos acontecimientos que además resultan tan desconcertantes. Ahí reside el interés, consciente o no, de la propuesta, aunque el film pueda verse también como un ejercicio de (necesario y justo) revival: ha nacido una estrella, por más que sea cuatro décadas después de que Rodríguez grabara sus dos únicos discos en estudio (Quim Casas, Dirigido)



El lunes 13 iniciamos nuestro viaje por el amor que va a protagonizar este III ciclo con la comedia AMOR Y LETRAS en la Josh Radnor da vida a un joven treintañero desorientado y desencantado con un futuro incierto regresa a su antigua universidad y encuentra a una joven estudiante de 19 años que le despierta sentimientos que creía olvidados. La nueva película del autor de HappyThankYouMorePlease con Elisabeth Olsen y Richard Jenkins en su reparto. ¡No os la perdáis!


martes, enero 29, 2013

EL LADO BUENO DE LAS COSAS - Lo Extraño y Lo Convencional

David O. Russell es uno de esos directores que según ha ido desarrollando su irregular filmografía parece haber dado con la fórmula para equilibrar ciertos rasgos de autoría dentro de unas películas que abordan unas temáticas o géneros más o menos convencionales: sus acercamientos previos a la comedia (Flirteando con el Desastre, Extrañas Coincidencias) el bélico o cine de aventuras (Tres Reyes) y al género pugilístico (The Fighter) siempre han tenido un punto de extrañamiento, como si los diversos géneros no fueran sino una incómoda camisa de fuerza que restringía y al mismo tiempo vehiculaba aquello de lo que a Russell siempre le ha interesado hablar, que no es otra cosa que el desarrollo de sus personajes en función de su entorno y las circunstancias, a menudo problemáticas, que les relacionan.


Digamos que para Russell el juego ha consistido casi siempre (y con mayor o menos fortuna, según los casos) en utilizar su particular visión del mundo si no para dinamitar los géneros desde dentro – al estilo de lo que hace un Spike Jonze o un Wes Anderson, por citar dos ejemplos contemporáneos algo más extremos – para al menos darles una vuelta de tuerca sin que escapen del todo al esquema tradicional de Hollywood. Esa extraña tensión que hace que sus películas no guarden demasiados parecidos estilísticos unas con otras aunque sí en lo que al tratamiento de personajes se refiere, se aprecia más de lo razonable en El Lado Bueno de las Cosas, en cuya estructura de comedia romántica convencional incrusta a dos protagonistas muy poco convencionales que, eso sí, comparten con anteriores criaturas de la filmografía de Russell esos notables problemas de acomodación al mundo que los rodea y carencias afectivas que tanto motivan al director.


Por un lado está Pat, un bipolar recién salido de un sanatorio mental tras un episodio violento que trata de readaptarse a la vida cotidiana con una actitud positivista a prueba de bomba y la convicción personal de que podrá recuperar a su perdida esposa. Por otro está Tiffany, una joven viuda a la que la pérdida de su esposo le hizo lanzarse a los brazos de todos sus compañeros de trabajo y para la que conocer a Pat supone una oportunidad de estabilizarse a base de ayudar a alguien tan necesitado como ella misma. Alrededor de semejantes especímenes, Russell se complace en describir esas familias disfuncionales que tanto le fascinan y que en realidad ayudan a situar en su justa medida la locura de ambos: si atendemos al trastorno obsesivo compulsivo del padre de Pat, obsesionado con las supersticiones y las apuestas, a la infinita comprensión rayana en el desentendimiento de su madre o la exasperante tendencia a la perfección de la hermana de Tiffany, uno puede redefinir a esa pareja como el punto extremo de la dosis de locura cotidiana que a todos nos rodea.


El encuentro entre dos seres tan atípicos en su comportamiento como heridos en sus carencias afectivas y su búsqueda de la superación de sus respectivos traumas – ambos son lo suficientemente conscientes de su condición inestable – funciona bien como motor de la película gracias a algunas secuencias inspiradas como la de la cena en el restaurante y sobre todo al buen trabajo de sus intérpretes, un entonado Bradley Cooper que busca trascender como sea su imagen habitual de simpático guaperas y una espléndida Jennifer Lawrence que consigue elevar su personaje por encima de las debilidades de un guión que no justifica del todo bien su evolución. Ella es sin duda lo mejor de la función y el corazón de una película que cuando supera el extrañamiento inicial de dos protagonistas tan atípicos, deja a un lado cualquier atisbo de originalidad en su planteamiento y se somete dócilmente a las reglas de la comedia romántica tradicional, hasta tal punto que el tercer acto del filme es una sucesión de giros argumentales difícilmente justificables si no es desde el punto de vista de la consecución a toda costa del consabido happy end.


La puntual mala leche de Russell, presente en el tramo inicial, se diluye de forma progresiva según avanza el metraje sin que el espectador pueda evitar la sensación de asistir a un accidente que ocurre ante sus ojos a cámara lenta: cuesta asumir que una película con elementos de partida a priori tan subversivos como los que maneja Russell acabe convirtiéndose en un película tan convencional. Quizás ahí resida el secreto de su éxito: en pretender muy hábilmente ser la comedia romántica subversiva que en realidad no es.


lunes, febrero 28, 2011

OSCAR 2011 Nada, que no hay manera...

El que mejor lo resumió fue Steven Spielberg. Antes de entregar el Premio a la Mejor Película, recordó – nunca sabremos si de motu propio o debido a una inspiración brillante de algún guionista anónimo – que las películas perdedoras engrosarían las listas de títulos hoy tan indiscutibles como Ciudadano Kane, El Graduado o Toro Salvaje que en su momento tampoco consiguieron el reconocimiento que merecían. Es parte del juego. Así pues, La Red Social, Cisne Negro, Origen o Valor de Ley, obras todas ellas que es posible que con el paso de los años permanezcan más en la memoria del espectador que la aseadita y por otra parte irreprochable El Discurso del Rey, tienen argumentos para consolarse.

Confieso que me da una pereza considerable escribir la crónica de los Oscar de este año. Ni siquiera para afilar el colmillo y ponerme a despotricar en modo cínico, como a veces sucede con alguna película que pide a gritos que se le haga un traje a medida en una crítica. Pero es que me pasó lo mismo cuando vi El Discurso del Rey: muy bonita, muy correcta, muy bien interpretada, simpaticona a ratos… pero tan anodina y mil veces vista que ni me apeteció ponerme a juntar palabras para hablar de ella en su momento. Con los Oscar de anoche igual: siendo el de los actores el colectivo más numeroso de entre todos los gremios que pueblan ese ente tumultuoso llamado Academia de Hollywood era evidente que una película que trata de un actor ayudando a un aspirante a actor (¿Qué significa ser Rey sino interpretar a la perfección un papel marcado de antemano?) a sobreponerse a sus limitaciones para llevar a cabo la interpretación de su vida iba a acariciar ese ego imposible de subestimar de los actores hasta el punto de provocar diversos desatinos consecutivos, a saber: que su funcional guión – repleto de diálogos brillantes e irónicos, cierto, pero con una estructura de manual incapaz de proporcionar la más mínima sorpresa – se impusiera a la arriesgada propuesta de Christopher Nolan en Origen (que tiene sus fallos, claro, pero que intuyo que su mayor defecto posiblemente sea resultar incomprensible para muchos de los que tenían que votarla…), que Tom Hooper se llevara Mejor Dirección por encima de los en mi opinión mucho más brillantes (y difíciles) trabajos de Fincher, Aronofsky y los Coen y que finalmente ganara el Oscar a la Mejor Película, confirmando que esto del voto preferencial es un arma de doble filo: como seguramente sabe muy bien Harvey Weinstein si tienes una de esas películas sencillas y efectivas capaces de emocionar un poco, gustar a casi todo el mundo y de la que apenas puedes decir nada malo, conseguirás que la mayoría de Académicos la pongan en su top-3 y te llevarás el premio gordo. Y si no, siempre te queda en la recámara The Fighter, una especie de versión white trash con ramalazos indie de la misma película – analícenla un poco detenidamente y se darán cuenta de ciertas semejanzas sonrojantes – con la que rebañar dos interpretaciones de reparto y hacer la gracia completa.

Empezaba a estar mal acostumbrado. Los triunfos en pasadas ediciones de En Tierra Hostil y No Es País Para Viejos me habían creado la ilusión de que algo se movía en la Academia y que ese colectivo tradicionalmente conservador e inmovilista empezaba a cogerle el gustillo a propuestas algo más arriesgadas. Pero lo que está claro es que una propuesta sencilla, bien hecha y con capacidad de emocionar, por mil veces vista que sea su fórmula, tiene más fácil conseguir el consenso necesario que películas que, aunque a mi me parezcan muy superiores, son mucho más incómodas para el espectador medio. Porque sin duda a más de uno le habrá repelido la sensación desasosegante que te crean películas tan distintas como Cisne Negro o Winter’s Bone, porque el retrato francamente desolador de las miserias de nuestro tiempo, protagonizado por niñatos francamente antipáticos que es La Red Social resulta de lo más indigesto, porque un western como Valor de Ley no es un western como los de antes ni tampoco una obra desmitificadora o crepuscular, porque Origen peca de arriesgada, de enrevesada, de demasiado pretenciosa y repleta de efectos visuales, porque Toy Story 3, en fin, son muñecos animados y ya tienen su Oscar en su propia categoría, porque The Fighter como ya he dicho, es una variante boxística de El Discurso del Rey (y sin tanto glamour donde va a parar, que en una hablamos de la realeza inglesa, bien vestida, educada y todo eso y en otra no dejan de ser unos pobres malhablados, horteras, putones y hasta yonkis) y porque Los Chicos Están Bien y 127 Horas, simplemente, son aun peores películas.

Así pues paso de rasgarme las vestiduras con el triunfo de El Discurso del Rey, porque me parece lógico, por más que sea un paso atrás respecto a ediciones anteriores. De la misma forma, nada hay que reprochar a los cuatro premios de interpretación, Natalie Portman, Colin Firth, Melissa Leo y Christian Bale realizan trabajos irreprochables y aunque uno pueda guardar sus preferencias personales por Bardem, Jacki Weaver o Geoffrey Rush – lo de Natalie Portman no es ni siquiera discutible: su papel en Cisne Negro es impresionante – ésta es una de esas ocasiones en las que nada parece descabellado.


Por lo demás, todo siguió su curso con predecible e implacable lógica: los cuatro premios técnicos a Origen (los dos de sonido, Efectos Visuales y Fotografía, quizás la única algo discutible ante el trabajo de Matthew Libatique en Cisne Negro) y el reconocimiento en montaje, guión adaptado y BSO a La Red Social, siendo curioso en este último caso que primará más la idoneidad de la música de Trent Reznor y Atticus Ross a sus imágenes para crear esa atmósfera malsana que la grandiosidad sinfónica de Hans Zimmer para Origen o la belleza del tema central de Alexandre Desplat para El Discurso del Rey, partituras mucho más disfrutables fuera de la sala de cine, así como Mejor Película de Animación y Mejor Canción Original (el segundo oscar en 20 nominaciones de Randy Newman era, quien lo diría, la menos ñoña de las cuatro aburidísimas nominadas) para Toy Story 3 y dos premios también lógicos – Dirección Artística y Vestuario – para la decepcionante Alicia de Tim Burton. En cualquier caso, no deja de resultar algo alarmante y un mal síntoma que propuestas tan estimables como Valor de Ley o Winter’s Bone se fueran de vacío.

Por supuesto, a título personal me quedo con el enorme subidón de alegría y el orgullo que supuso que INSIDE JOB, el imprescindible documental que estuvo en el V Festival de Cine Inédito de Mérida el pasado diciembre, ganase el Oscar de su categoría, con lo que más de unos cuantos se sentirán hoy en mi ciudad como unos privilegiados. Lástima que no hiciera lo propio Incendies en Mejor Película de Habla No Inglesa para que la gracia fuera completa, pero era evidente, por razones parecidas a las expresadas al respecto del triunfo de El Discurso del Rey, que ganaría In a Better World, obra mucho más amable y menos incómoda que la canadiense que refleja mejor los gustos de la Academia.

En lo que se refiere a la Ceremonia, es evidente que la apuesta por rejuvenecer el show con James Franco y Anne Hathaway no salió como se esperaba. Más por la desidia de él, que pareció perdido e incómodo durante toda la gala, haciendo gala de una insólita indolencia como si la cosa no fuera con él, desbaratando los esfuerzos de su co-presentadora, fresca y entusiasta toda la noche. Cuanto más parecía esforzarse Hathaway – cambios de traje incluidos y ya tiene mérito: estaba impresionante en todos y cada uno de los hasta ocho que lució – por entretener y divertir al personal, más pasota y acartonado parecía el protagonista de 127 Horas, cuyo palpable aburrimiento se transmitía al espectador. La cosa alcanzó tintes dramáticos cuando apareció en escena Billy Crystal y más de uno se sintió inclinado a desear con todas sus fuerzas que se quedara sobre el escenario para animar aquello un poco. Encima dio paso a un virtual Bob Hope en lo que parecía un plan predestinado por unos guionistas malévolos para hundir definitivamente en la miseria al presentador masculino de la Gala. Las comparaciones resultaron más odiosas que nunca.

Resulta sorprendente, no obstante, la falta de ritmo y agilidad de la Gala, que resultó más rancia y vetusta que nunca cuando se presuponía que su apuesta por rostros frescos y jóvenes iba a ir en la dirección contraria. La corrección fue tal que ni el video introductorio con los presentadores recorriendo las películas nominadas en busca de inspiración en la figura de Alec Baldwin (¿un mal presagio?) ni el monólogo inicial se salió un milímetro del humor blanco que presidió toda la ceremonia, agrandando en el recuerdo el vitriolo exhibido por Ricky Gervais en los últimos Globos de Oro.

El único gran golpe de efecto de la ceremonia, la presencia de un semi momificado Kirk Douglas de 95 años tirando requiebros a Anne Hathaway y desesperando a las nominadas a mejor Actriz de Reparto (You know…?) duró un suspiro y es una muy mala señal que varias horas después era el único momento digno de recuerdo en una gala que inclusó se permitió el lujo de privarnos de la emoción de escuchar a Coppola, Eli Wallach y Kevin Bronlow, cuyos Oscar de Honor se les habían dado días antes en una ceremonia aparte, haciendo aun más absurda su fugaz presencia en el escenario.

Para cuando, tras la coronación final de El Discurso del Rey, un coro de melosos niños entonó la atemporal Over the Rainbow sobre el escenario – la ceremonia fue pródiga en homenajes nostálgicos aquí y allá, pero sin una idea central clara que vehiculara los mismos - ya hacía tiempo que estaba claro que habíamos asistido a la ceremonia más sosa de los últimos años, que los esfuerzos de la arrolladora Anne Hathaway habían resultado en vano – que lástima que a esta todoterreno no le pusieran un mejor partenaire – y que añorábamos tiempos mejores. Como dice Luis Martinez en su estupenda crónica en El Mundo “Que vuelva Billy Crystal. Ricky Gervais, solo tú eres necesario. Los demás son contingentes.” Pues eso.


domingo, febrero 27, 2011

PRE OSCAR 2011: Si yo fuera Academico en Hollywood...


Aviso para navegantes: no hay que entender este artículo, escrito muchas horas antes del comienzo de la ceremonia, como un intento de adivinar los designios inescrutables de ese colectivo de casi 6000 miembros sino como una reflexión sobre lo que un servidor habría hecho de haber tenido la ocasión de votar en las categorías más relevantes. Un juego con un punto absurdo, lo reconozco, pero en el que no puedo resistir la tentación de participar año tras año: al fin y al cabo nada hay más divertido que congratularse cuando los criterios de la Academia coinciden con los de uno e indignarse con ellos e incluso desacreditar su legitimidad cuando no. Es parte de su encanto.

Empezando por los premios de interpretación, en las categorías de reparto servidor se sentiría inclinado a elegir dos opciones que muy probablemente no se alzarán con la estatuilla: Hailee Steinfield, que en Valor de Ley mantiene el tipo de forma admirable tanto frente a Jeff Bridges como ante Matt Damon y que es el verdadero motor emocional del peculiar western de los hermanos Coen y Geoffrey Rush, cuya soberbia exhibición de talento encarnando a un muy peculiar profesor de dicción en El Discurso del Rey me parece, atención a la blasfemia, incluso más encomiable que su oponente Colin Firth en uno de los mejores duelos interpretativos vistos en una pantalla en los últimos años. Ganarán Melissa Leo y Christian Bale por The Fighter y son dos muy buenos trabajos, pero yo preferería a los ya mencionados

En Mejor Actriz creo que resulta incuestionable para cualquiera que haya visto la película que el trabajo de Natalie Portman en Cisne Negro, arrollador tanto en su vertiente física como en su parte más desquiciada y enferma es muy, muy superior al de resto de nominadas, mala suerte para una Annette Bening que siempre parece condenada a que cuando mejores papeles hace, siempre surge alguna rival - llamese Hillary Swank o Natalie Portman - con un papel aun más deslumbrante y para una sorprendente Jennifer Lawrence que sostiene sobre sus hombros todo el peso de una película tan arriesgada y magnífica como Winter’s Bone. Sería una enorme sorpresa y una gran decepción que este oscar, quizás el más cantado de la noche, no fuera para esa Beautiful Girl maravillosa, que ya apuntó al mismo de forma quizás algo prematura en Closer pero que ahora se lo tiene más que merecido...

El Mejor Actor probablemente recaiga en Colin Firth por El Discurso del Rey, uno de esos intérpretes magníficos de los que nunca recuerdas que estén mal en ninguna peli y que en este papel está inmenso, haciendo imposible no emocionarse con su lograda mezcla de fragilidad y determinación. Probablemente no sea injusto, pero sin que nadie interprete en esto una suerte de patriotismo mal entendido, creo que lo que Javier Bardem consigue en Biutiful resulta sencillamente sobrecogedor. Mi voto habría sido para él a pesar de que la película de Iñarritu me parezca de lo más fallida. El descomunal talento sin límites de Bardem es capaz de sobreponerse incluso a semejante elogio de la sordidez más extrema.


Tengo un serio dilema en la categoría de Mejor Director. Por un lado el trabajo de Darren Aronofsky en Cisne Negro me parece apabullante, me fascina creando una atmósfera malsana y mostrando el dolor y la belleza de la danza a un tiempo (espero que Matthew Libatique se lleve el Oscar a la Mejor Fotografía, por cierto). Sin embargo, creo que lo que hace David Fincher en La Red Social tiene aun más mérito ya que no resultaba nada fácil hacer un diagnóstico tan preciso de los males más evidentes de nuestra época a la vez que mantener intactos todo el ritmo y suspense que la propuesta requería con una película cuyo argumento es algo en apariencia tan poco atractivo como el nacimiento de Facebook. Eso haría que finalmente mi voto se inclinara por Fincher, de la misma forma que espero que Aaron Sorkin consiga su estatuilla como Mejor Guión Adaptado, pues la increíble combinación de talentos de ambos es la clave del éxito de La Red Social y que Nolan compense ganando el mejor Guión Original la injusta marginación que ha sufrido su excelente y algo incomprendida Origen.

Más sencilla me resulta la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa: la canadiense Incendies, ganadora del último Festival de Cine Inédito de Mérida, sería la lógica destinataria de mi voto. Por la misma razón y por coherencia, el imprescindible análisis de la crisis Inside Job sería mi preferida en una categoría, Mejor Documental, en la que no me molestaré demasiado si ha ganado la esplendida y provocativa Exit Through the Gift Shop: todo seguiría quedando en casa.

¿Y la Mejor Película? Bueno, recuerden que ésta es una categoría especial: aquí no se trata de elegir una sola de las nominadas sino ordenarlas según la preferencia, así que pueden ustedes consultar el listado adjunto para saber en qué orden habría colocado yo las diez películas nominadas en una edición en la que creo que hemos disfrutado de una excelente cosecha, quizás la mejor de la que va de siglo.

Orden de Preferencia de David Garrido Bazán de las diez nominadas a la Mejor Película

1. Toy Story 3
2. Origen
3. La Red Social
4. Cisne Negro
5. Winter’s Bone
6. Valor de Ley
7. El Discurso del Rey
8. The Fighter
9. Los Chicos Están Bien
10. 127 Horas

Hala, todo listo para empezar a disfrutar de los Oscar de este año, en buena compañía y despotricando de las decisiones de los Académicos, como debe ser... Mañana, Crónica y la tradicional Contracrónica

lunes, junio 21, 2010

THE BLIND SIDE Apoteosis del Buenrollismo

Reconozcamos de entrada que una propuesta como The Blind Side pone los pelos como escarpias: temible historia basada en hechos reales que cuenta cómo una familia adinerada del sur de EE.UU. decide sacar de la calle a uno de esos miles de negros desfavorecidos por la fortuna, una suerte de gigante bonachón incapaz de hacerle daño a una mosca y con serios problemas de aprendizaje que gracias a ser acogido como uno más en tan cristiana y abnegada familia recibe no solo una educación apropiada sino que es capaz de desplegar sus innatas habilidades para jugar al fútbol americano hasta convertirse hoy en día en uno de los tackle ofensivos más apreciados de la NFL, la liga profesional de dicho deporte. Solo con echar un ojo a semejante argumento es natural sentir cierta aprensión ante una película que se diría ideal para un telefilme de sobremesa de esos con los que sestear en el sillón orejero del salón, pero hay un par de detalles que despiertan la curiosidad: uno es el Oscar a la Mejor Actriz que le valió a Sandra Bullock y otro es su descomunal recaudación en los USA, algo inhabitual para este tipo de películas.


Para empezar, resulta evidente que The Blind Side funciona porque es una película conservadora, tradicional, escasamente original y sobre todo, la mayor abanderada del buen rollo que pueda haberse visto en una pantalla en años. Llámenme cínico pero resulta imposible no sentir cierta repulsión ante una propuesta cuyos héroes son una familia tan, tan abnegada y cristiana en el buen sentido del término que por momentos se diría que son como personajes animados de una película Disney convertidos en carne y hueso. Es cuanto menos difícil de creer, aun y cuando sepamos que estamos ante una historia real, que la adquisición por parte de esa familia bien de un angelote de dos metros bien crecidito y procedente de un barrio marginal no genere la más mínima tensión durante todo el proceso, tan suave como si los Tuohy fueran una versión incluso mejorada de aquellos insufribles Ingalls de La Casa de la Pradera.

Su director, John Lee Hancock, hace virguerías para mantener el trasfondo marginal del pasado de Michael Oher casi al margen de dicho protagonista y simplifica la historia – bajo la que subyace el tema fundamental de las enormes diferencias sociales y económicas que aun existen entre blancos y afroamericanos en los USA - hasta el punto que sea comprensible y aceptable por el espectador menos exigente, que puede tener la impresión de hallarse ante un cuento de hadas que como efectivamente tuvo lugar lanza un mensaje muy positivo de cara al futuro social de aquel país. Un espejismo que olvida que tan inusitada historia es siempre la excepción y nunca la norma.

Después está la Bullock, que es como un huracán. Hay que reconocer que está fantástica en su papel de pija sureña, esposa dominante, madre abnegada y fiera cuando se trata de defender a sus retoños y hábil manipuladora para conseguir lo que desea, ya sea abrir el corazón de Michael o la forma de encauzar las habilidades de éste para el fútbol. Su Oscar trae reminiscencias de aquel mismo premio que consiguió Julia Roberts por un papel similar en Erin Brockovich y no tanto por las faldas apretadas o los estupendos escotes, sino por el descaro con el que maneja a su antojo todo lo que sucede en pantalla.

Resulta imposible apartar los ojos de ella y eso, tratándose de una actriz como la Bullock capaz de lo mejor y de lo peor en un mismo año, ya es mucho decir. Sin embargo y aun reconociendo los méritos de un papel en el que a veces parece hallarse al borde mismo de la caricatura sin franquearlo jamás, me resulta increíble que este Oscar no fuera para la maravillosa Carey Mulligan de An Education.

En todo caso, resulta un tanto inquietante, o quizás no, que The Blind Side, con su retahíla de lugares comunes sobre la salida de la miseria a través de la educación, el deporte y el cristianismo compasivo haya alcanzado tal éxito en la América de Obama. Deben estar muy ansiosos de creer en tan improbables cuentos de hadas. Servidor solo puede enarcar una ceja incrédula ante tan azucarado y previsible relato de superación.


Este artículo se publicó el Lunes 21 de Junio en el periódico gratuito Voz Emérita


Días de cine: The Blind side


miércoles, marzo 10, 2010

OSCARS 2010: La ContraCrónica

He aquí un repaso desenfadado de algunas de las cosas que me llamaron la atención en la pasada noche de los Oscars

Lo Más Callejeros: El look desastrado homeless de un Antonio Banderas irreconocible, clavadito al personaje de George Clooney de Syriana de hace unos años. Espero que la explicación fuera por trabajo porque si no es para preocuparse.
Lo Más AntiFashion (masculino): Las enormes pajaritas que lucían, entre otros, Almodóvar y Robert Downey Jr. Parecía que en cualquier momento iban a echar a volar arrastrando del cuello a sus portadores…
Lo Más AntiFashion (Femenino): El horrendo Chanel dorado que llevaba Sarah Jessica Parker, que le sentaba mismamente como un tiro. Carrie Bradshaw sería todo lo sofisticada que queráis pero la actriz que la encarna no alcanzó seméjate nivel en ocasión tan señalada. También hacía un poco de daño a la vista el traje naranja butano de una embarazadísima Paula Patton (Precious) y el festival de volantes y giros fucsia de una Vera Farmiga muy poco lucida, con lo guapa que es esa mujer.

Lo Más Los Años NO Pasan en Balde: Una casi irreconocible Molly Ringwald en el escenario en el homenaje a John Hughes. Daban ganas de gritar ¡Esa tia se ha comido a La Chica de Rosa!

Lo Más Los Años SI Pasan en Balde: Michelle Pfeiffer. Impresionó lo suyo su entrada en el escenario luciendo un espectacular Carolina Herrera rojo (¿guiño a Los Fabulosos Baker Boys?) para presentar a su amigo Jeff Bridges en uno de los discursos más bonitos y sentidos de la noche. Quien tuvo, retuvo.

Lo Más Elegante: varias candidatas, aunque la noche estuvo en general pelin sosa. A mi me encantaron Penélope Cruz (una vez más) con un Donna Karan granate de corte muy original; Sandra Bullock con un diseño precioso de Marchesa; las apuestas seguras de Kate Winslet por Yves St. Laurent y una Cameron Diaz por una vez espectacular con su Oscar de la Renta. Mención especial para Maggie Gyllenhaal con un vestido estampado de flores azul que chocaba con el aburrido tono general… y por eso mismo molaba.

Lo más repetido: Los insufribles tonos pastelones. La obsesión por los tonos pastel de una enorme mayoría de las actrices (¡especialmente las más jóvenes, nada arriesgadas!) ayudaron a que la impresión general fuera la de una noche ñoña, ñoña, ñoña…

Lo más chocante: Carey Mulligan de rubia platino con el pelo cortísimo y unos pendientes eternos. Costaba mucho, pero mucho, reconocer en ella a la tierna colegiala de An Education…
Lo más malintencionado: Se lo soltó Steve Martin en la presentación a Meryl Streep “Es la mujer que tiene el record de haber perdido más veces el Oscar”

Lo más malrollero: Las coñas de los presentadores a costa de George Clooney, who else? Aparte de no tener ninguna gracia le debieron poner de muy mal humor porque el hombre lució un careto de estreñido durante el resto de la gala que contrastaba mucho con su buen humor habitual. O a lo mejor es que no digirió bien el rosco a Up in The Air. Sea como fuere, daba mal rollo.

Lo más ingenioso: “A este lado de la sala están los Malditos Bastardos. Y a este otro lado los que han hecho la película”

Lo más inútil: La presencia de estrellas juveniles tipo Zac Efron, Taylor Lautner, Miles Cyrus, etc para intentar atraer público joven a la Gala. No funcionó. Pero al menos sirvió para que Steve Martin hiciera un buen chiste “Así estaréis vosotros en cinco años“ les soltó, refiriéndose a Alec Baldwin y a él mismo.

Lo más dinámico: proyectar un buen montaje de varias escenas protagonizadas por el nominado/a de cada premio de interpretación a modo de presentación en lugar de una sola, algo mucho más aburrido

Lo Más Extraña Pareja: No sé que me descolocó más, si Cameron Diaz junto a Steve “Jude Law” Carrell o la diferencia de altura entre Tarantino y el pobre Almodóvar, una especie de Papá Pitufo a su lado que (extraño en él) pareció algo cohibido ante el habitual despliegue histriónico del americano.

Lo Más Alargado: El Homenaje al desaparecido John Hughes. Creo que alguno de los otros que palmaron este año y que solo salieron un ratito en el In Memoriam podrían haberse sentido comparativamente agraviados. Todos al ritmo de los Simple Minds Don’t you/ forget about Hughes / don’t don’t don’t

Lo más aterrador: Comprobar que Macaulay Culkin cada vez se parece más a un clon joven de Tilda Swinton.

Lo más Pegote de la Noche: Un montaje con diversas escenas de películas de terror que, por disfrutable que fuera, nadie supo explicar muy bien a que demonios venía …

Lo más descacharrante: Ben Stiller impecablemente maquillado como un indígena de Pandora y chapurreando Na’Vi para descojono del personal, en especial de James Cameron. Con lo de la cola igual se le fue algo de la mano el gag pero fue algo más sutil que Steve Martin echando insecticida a los espiritus puros del árbol sagrado de Avatar

Lo más despeinado: Zac Efron y Anne Kendrick, que presentaron un premio con un look tan desarreglado que parecía mismamente que les hubieran sorprendido echando un polvo entre bastidores segundos antes…

Lo más pelucas: el inenarrable Paul Ottoson, que salió dos veces consecutivas al escenario para recoger los dos premios de sonidos y las dos me pordujo la misma impresión de ser un extra escapado de The Rocky Horror Picture Show
Lo más acostumbrado: Doce nominaciones casi consecutivas, doce, lleva el especialista en Sonido Greg P. Russell sin llevarse el Oscar a casa. Pues esta vez, tampoco lo consiguió por Transformers 2. Ánimo Greg, un año de estos seguro que te lo dan. O uno honorífico. O eso o acabas entrando en el Guinness de los records.

Lo Más de Guión: los divertidos intercambios de pullas entre las profesiones de guionista y actor de Tina Fey y Robert Downey Jr y la presentación de Alec Baldwin a Matt Damon “Este es un tipo que ganó un Oscar como guionista. Luego como actor se pasó al género de acción. Es la primera vez en Hollywood que puede decirse que un guionista ha visto algo de acción”
Lo más Desaprovechado: La excelente idea de que por una vez pudieran escucharse fragmentos más o menos largos de cada una de las BSO nominadas… parcialmente arruinada por unas coreografías francamente desacertadas. Por dios, ese tío haciendo el robot al son del vals de Up, que horror.

Lo más emocionado: Cualquiera de los dos premios a Precious pero también la alegría de todo el equipo de El Secreto de sus Ojos recogiendo su Oscar a la Mejor Película de habla No Inglesa, con Campanella agradeciendo a la academia que no considerara el Na'Vi de Avatar una lengua extranjera, liandose en pleno discurso pasando del inglés a castellano y pegando unos últimos gritos de apoyo a Argentina y Chile antes de que le largaran del escenario

Lo más inteligente: recuperar algo que ya se hizo el año pasado, actores y actrices compañeros y amigos de los nominados en las principales categorías de interpretación presentándolos uno a uno. Estuvieron especialmente inspirados Tim Robbins describiendo el comienzo de su relación profesional con Morgan Freeman en Cadena Perpetua “Esto de la actuación es todo sobre la confianza ¿Puedes traerme otra taza de café, Ted? Era Ted, ¿verdad?”, Michael Sheen con Helen Mirren “Era algo bastante inapropiado sentirse atraído por una reina cuyo maquillaje se iba disolviendo mientras revelaba un tatuaje de una araña en su mano” y Stanley Tucci sobre Meryl Streep, pura complicidad “Estoy promoviendo una plataforma en la Academia para limitar el número de nominaciones a 16, así que puede que esta sea la última ocasión que alguien pueda subirse a un escenario para decirte simplemente que eres la mejor”

Lo más inspirado: La parodia de Paranormal Activity a cargo de Steve Martin y Alec Baldwin, uno de los pocos momentos en los que uno pudo reírse a gusto en una gala sosa como pocas.

Lo más extraño: Kathy Bates presentando la candidatura de Avatar como Mejor Película. Vale que fue la insumergible Molly Brown en Titanic, pero no pegaba ni con cola

Lo más interminable: el discurso de aceptación de Jeff Bridges de su Oscar al mejor Actor por corazón Rebelde. Empezó bien pero empezó a desvariar como si se hubiera dejado poseer por el espíritu del personaje de El Nota en El Gran Lebowski y casi tienen que avisar a la Guardia Nacional para sacarlo del escenario.

Lo más unánime: la standing ovation que se ganó Sandra Bullock al subir a recoger su premio, claro indicativo de lo apreciada que es esta mujer – que había tenido la elegancia y el sentido del humor de ir en persona a recoger su razzie el día anterior – en el mundillo de Hollywood. Además estuvo muy generosa con sus compañeras en su discurso (sonaba a verdad, nada impostado) y se fue emocionando poco a poco sin poder evitarlo.

Lo más esperado: El justísimo Oscar a la Mejor Dirección a Kathryn Bigelow, que apenas tuvo tiempo de salir del escenario para volver corriendo a recoger el de Mejor Película. Y reconozcamosle a Cameron que el tio disfrutó como un enano con los premios que le caían a su ex... Como dice Elvira Lindo en El País: "Yo pagaría por saber lo que se escuchó esa noche en las dos camas..."

Lo más abrupto: Tom Hanks, que va a pasar a la historia con el dudoso mérito de ser el presentador del Oscar a la Mejor Película más anticlimático de la historia: abrió el sobre, dijo The Hurt Locker y poco más y se va corriendo sin dárselo a nadie. Pareció más Forrest Gump que nunca, el tío.