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martes, marzo 01, 2011

OSCARS 2011: La Contracronica


Lo más camuflaje: Robert Downey Jr y Jude Law luciendo respectivamente una corbata y una pajarita blanquísimas… sobre unas camisas igual de blancas. ¿Estilismo disimulado o ganas de dar la nota?


Lo más despeinado: Scarlett Johansson, cuyo elegante vestido contrastaba con la pinta de habérselo puesto recién salida de la ducha por haberse quedado dormida y perdido la vez en la pelu…


Lo más irreconocible: Jennifer Hudson, con veinte kilos menos, luciendo nuevo tipazo


Lo más sexy: Mila Kunis, con un precioso traje lavanda cuyo escotazo, resaltado por unas graciosas figurillas de los adornos, era imposible de ignorar. De la mirada morbosa mejor no digo nada, ufff


Lo más hermoso: Halle Berry, Halle Berry y Halle Berry. Punto.


Lo más esperado: Que en cualquier momento asomara un mapache entre el alborotado peinado de Helena Bonham Carter, por una vez más alambicado que el de su pareja Tim Burton


Lo más desubicado: Jennifer Lawrence, que debería despedir a su estilista por convertirla en una especie de extra de Los Vigilantes de la Playa. Ni rastro de la estoica protagonista de la excelente Winter’s Bone


Lo más repetido: El color rojo. Jesús, cuanta pasión desbordada sobre la alfombra.


Lo más inquietante: Danny Houston, hermano de Angelica… que parecía mismamente Jack Nicholson, exmarido de ésta: observense las cejas


Lo más feliz: La pareja Bardem-Pe, padres hace solo un mes y sin ningún tipo de presión para disfrutar la ceremonia. Él sabía que iba a ganar Colin Firth y ella había vuelto a ser otra vez una de las más elegantes sobre la alfombra roja.


Lo más a la moda: Cate Blanchett, que eligió un vestido de una colección exclusiva de Pret a Porter que la diferenciaba (para bien) del resto.


Lo más Pacto con el Diablo: Marisa Tomei. Cada año que pasa está más y más guapa la jodía.


Lo más sobre seguro: el video introductorio con los presentadores siguiendo el esquema de Origen para meterse en la mente de Alec Baldwin mientras repasaban parte de las películas nominadas, de humor demasiado blanco para mi gusto – le faltaba mordiente - pero sin duda bien realizado. Eso si, no entendí el por qué de la referencia final a Regreso al Futuro.



Lo más esforzado: Anne Hathaway. Desbordando frescura y naturalidad, impecable en sus ocho cambios de vestuario, que ya tiene mérito que todos le quedaran de maravilla. Lástima que su entusiasmo solo hiciera cada vez más evidente la indolencia de su desnortado partenaire, James Franco. Pero estuvo arrolladora.



Lo más sorprendente: El golpe de efecto Kirk Douglas, divertidísimo tanto requebrando a Anne Hathaway y a Melissa Leo como estirando el suspense del premio a la Mejor Actriz de Reparto (…You know?)


Lo más desenfadado: Josh Brolin y Javier Bardem entregando los premios a Mejor guión bailando agarrados y vestidos con dos chaquetas blanquísimas… que les hacían parecer dos camareros. Eso sí, no dejaron de pasárselo bien ni un segundo sobre el escenario


Lo más innecesario: James Franco vestido de Marilyn. Se suponía que era un gag acompañando a Anne Hathaway de smoking pero la verdad es que no tuvo demasiada gracia. Más allá de comprobar que podría ser una drag queen bastante convincente… de lo más guapa.


Lo más despistado: Wally Pfister, que subió a recoger su Oscar a la Mejor Fotografía con las gafas sobre la frente. Solo le faltó protagonizar un gag y buscarse las gafas antes de leer una nota de agradecimiento


La pareja más improbable: el cómico Russell Brand y la solemne Helen Mirren entregando el Premio a la Mejor Película de Habla No Inglesa y escenificando un sketch de falsa traducción simultanea bastante viejuno, por más que la referencia a The Queen y a Colin Firth estuviera bien traída.


Lo más irónico: Kirk Douglas, en su improvisación "Hugh Jackman se ríe. Todo el mundo en Australia cree que es gracioso, no sé por qué. Pero mirad a Colin Firth, no se ríe porque es inglés"


Lo más espontáneo: Melissa Leo “Esto de subir al escenario parecía tan jodidamente fácil…ups, perdón” La ABC estuvo rápida: con solo siete segundos de retardo, le dio tiempo a censurar en los USA el “fucking”… que por otro lado fue de lo poco inesperado de la gala.


Lo más freak: Luke Matheny, director del corto God of Love. Era como ver en directo a Jar Jar Binks en traje y con un pelucón afro.


Lo más Big Band Theory: La referencia de Jude Law a que Robert Downey Jr fue pillado en 2001 en una habitación barata de hotel con una amiga vestida de Batgirl. Respuesta del aludido: “Lo primero es que la habitación no era barata ni con el descuento de empresa. Lo segundo es que fue en el 2000 y no en el 2001 y tercero y aun más importante: iba vestida de Wonder Woman”

Lo más necesario: El recordatorio de Charles Ferguson, director del imprescindible documental sobre la crisis financiera INSIDE JOB – que estuvo en el V Festival de Cine Inédito de Mérida… lo siento: tenía que volver a decirlo – que ni uno solo de los directivos de las corporaciones implicadas en aquel desastre ha ido a la cárcel por aquellos hechos. Fue una de las grandes ovaciones de la noche


Lo más inteligente: David Seidler recogiendo su Oscar a Mejor Guión Original por El Discurso del Rey “El discurso del escritor, eso si que da miedo. Mi padre siempre me dijo que yo florecería tarde. Creo que soy la persona más vieja en ganar este premio. Espero que este record se rompa pronto y a menudo. Agradezco este premio a la Reina de Inglaterra por no haberme metido en la Torre de Londres por poner en boca de su padre tan a menudo la palabra joder y acepto este premio en nombre de todos los tartamudos de este mundo”


Lo más desafinado: Celine Dion cantando la canción que introducía el temido video de los muertos, el homenaje a los desaparecidos del año. Sería impresión mía, pero creo que estuvo especialmente desacertada

Lo más indignante: la ausencia de Luis García Berlanga en dicho video, que si rindió homenaje por ejemplo a Mario Monicelli. Conviene recordar que estuvo nominado en 1961 por Plácido.

Lo más añorado: Billy Crystal sobre el escenario del Kodak Theatre, haciéndonos recordar tiempos mejores “Hay cosas que nunca cambian: los productores de la Gala me han dicho que vamos un poco tarde así que los nominados a la Mejor Película son…”


Lo más cansino: Las canciones nominadas, un aburrimiento sucesivo de temas sobre todo porque la única que no resultaba especialmente ñoña, la ganadora We Belong Together de Randy Newman sonó la primera y luego tuvimos que tragarnos las otras tres seguidas ¿de verdad no hay en toda la producción de cine del año temas originales mejores que estos?

Lo mejor montado: un video que convertía en curiosos musicales algunas secuencias con diálogos reales de Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte, Toy Story 3 y La Red Social, con una genial guinda final: el inenarrable “He Doesn’t Own a Shirt” dedicado por Robert Pattinson a Taylor Hutner en Eclipse.



Lo más natural: Sandra Bullock vacilando a los nominados a Mejor Actor: “Hola, Javier, hace un par de años dejaste aterrorizado a todo el país con un corte de pelo” “Jeff, tío, ya ganaste el año pasado, deja algo para los demás ¿no?” “Jesse, todavía estoy esperando que me aceptes como amiga en Facebook” “Colin, he oído que a la Reina le ha gustado El Discurso del Rey. Eso está bien porque supongo que tendrás pensado regresar a tu país en algún momento ¿no?” “James, eres la razón número uno por la que las madres recogen tarde a los niños en la escuela: se quedan a verte en la serie General Hospital”



Lo más acertado: Steven Spielberg recordando antes de entregar el premio a la Mejor Película que las perdedoras pasarían a formar parte de un grupo que incluye títulos como Ciudadano Kane, El Graduado o Toro Salvaje. Y la verdad es que sí es un consuelo, sí.

Lo más premonitorio: El video final con imágenes de las diez películas nominadas mientras sonaba de fondo El Discurso del Rey – el discurso real pronunciado por Colin Firth en la película, quiero decir – anticipando de manera evidente cual iba a ser la ganadora. Eso si, llega a ser otra y nos quedamos todos con una cara de pasmo que pa qué....

lunes, febrero 28, 2011

OSCAR 2011 Nada, que no hay manera...

El que mejor lo resumió fue Steven Spielberg. Antes de entregar el Premio a la Mejor Película, recordó – nunca sabremos si de motu propio o debido a una inspiración brillante de algún guionista anónimo – que las películas perdedoras engrosarían las listas de títulos hoy tan indiscutibles como Ciudadano Kane, El Graduado o Toro Salvaje que en su momento tampoco consiguieron el reconocimiento que merecían. Es parte del juego. Así pues, La Red Social, Cisne Negro, Origen o Valor de Ley, obras todas ellas que es posible que con el paso de los años permanezcan más en la memoria del espectador que la aseadita y por otra parte irreprochable El Discurso del Rey, tienen argumentos para consolarse.

Confieso que me da una pereza considerable escribir la crónica de los Oscar de este año. Ni siquiera para afilar el colmillo y ponerme a despotricar en modo cínico, como a veces sucede con alguna película que pide a gritos que se le haga un traje a medida en una crítica. Pero es que me pasó lo mismo cuando vi El Discurso del Rey: muy bonita, muy correcta, muy bien interpretada, simpaticona a ratos… pero tan anodina y mil veces vista que ni me apeteció ponerme a juntar palabras para hablar de ella en su momento. Con los Oscar de anoche igual: siendo el de los actores el colectivo más numeroso de entre todos los gremios que pueblan ese ente tumultuoso llamado Academia de Hollywood era evidente que una película que trata de un actor ayudando a un aspirante a actor (¿Qué significa ser Rey sino interpretar a la perfección un papel marcado de antemano?) a sobreponerse a sus limitaciones para llevar a cabo la interpretación de su vida iba a acariciar ese ego imposible de subestimar de los actores hasta el punto de provocar diversos desatinos consecutivos, a saber: que su funcional guión – repleto de diálogos brillantes e irónicos, cierto, pero con una estructura de manual incapaz de proporcionar la más mínima sorpresa – se impusiera a la arriesgada propuesta de Christopher Nolan en Origen (que tiene sus fallos, claro, pero que intuyo que su mayor defecto posiblemente sea resultar incomprensible para muchos de los que tenían que votarla…), que Tom Hooper se llevara Mejor Dirección por encima de los en mi opinión mucho más brillantes (y difíciles) trabajos de Fincher, Aronofsky y los Coen y que finalmente ganara el Oscar a la Mejor Película, confirmando que esto del voto preferencial es un arma de doble filo: como seguramente sabe muy bien Harvey Weinstein si tienes una de esas películas sencillas y efectivas capaces de emocionar un poco, gustar a casi todo el mundo y de la que apenas puedes decir nada malo, conseguirás que la mayoría de Académicos la pongan en su top-3 y te llevarás el premio gordo. Y si no, siempre te queda en la recámara The Fighter, una especie de versión white trash con ramalazos indie de la misma película – analícenla un poco detenidamente y se darán cuenta de ciertas semejanzas sonrojantes – con la que rebañar dos interpretaciones de reparto y hacer la gracia completa.

Empezaba a estar mal acostumbrado. Los triunfos en pasadas ediciones de En Tierra Hostil y No Es País Para Viejos me habían creado la ilusión de que algo se movía en la Academia y que ese colectivo tradicionalmente conservador e inmovilista empezaba a cogerle el gustillo a propuestas algo más arriesgadas. Pero lo que está claro es que una propuesta sencilla, bien hecha y con capacidad de emocionar, por mil veces vista que sea su fórmula, tiene más fácil conseguir el consenso necesario que películas que, aunque a mi me parezcan muy superiores, son mucho más incómodas para el espectador medio. Porque sin duda a más de uno le habrá repelido la sensación desasosegante que te crean películas tan distintas como Cisne Negro o Winter’s Bone, porque el retrato francamente desolador de las miserias de nuestro tiempo, protagonizado por niñatos francamente antipáticos que es La Red Social resulta de lo más indigesto, porque un western como Valor de Ley no es un western como los de antes ni tampoco una obra desmitificadora o crepuscular, porque Origen peca de arriesgada, de enrevesada, de demasiado pretenciosa y repleta de efectos visuales, porque Toy Story 3, en fin, son muñecos animados y ya tienen su Oscar en su propia categoría, porque The Fighter como ya he dicho, es una variante boxística de El Discurso del Rey (y sin tanto glamour donde va a parar, que en una hablamos de la realeza inglesa, bien vestida, educada y todo eso y en otra no dejan de ser unos pobres malhablados, horteras, putones y hasta yonkis) y porque Los Chicos Están Bien y 127 Horas, simplemente, son aun peores películas.

Así pues paso de rasgarme las vestiduras con el triunfo de El Discurso del Rey, porque me parece lógico, por más que sea un paso atrás respecto a ediciones anteriores. De la misma forma, nada hay que reprochar a los cuatro premios de interpretación, Natalie Portman, Colin Firth, Melissa Leo y Christian Bale realizan trabajos irreprochables y aunque uno pueda guardar sus preferencias personales por Bardem, Jacki Weaver o Geoffrey Rush – lo de Natalie Portman no es ni siquiera discutible: su papel en Cisne Negro es impresionante – ésta es una de esas ocasiones en las que nada parece descabellado.


Por lo demás, todo siguió su curso con predecible e implacable lógica: los cuatro premios técnicos a Origen (los dos de sonido, Efectos Visuales y Fotografía, quizás la única algo discutible ante el trabajo de Matthew Libatique en Cisne Negro) y el reconocimiento en montaje, guión adaptado y BSO a La Red Social, siendo curioso en este último caso que primará más la idoneidad de la música de Trent Reznor y Atticus Ross a sus imágenes para crear esa atmósfera malsana que la grandiosidad sinfónica de Hans Zimmer para Origen o la belleza del tema central de Alexandre Desplat para El Discurso del Rey, partituras mucho más disfrutables fuera de la sala de cine, así como Mejor Película de Animación y Mejor Canción Original (el segundo oscar en 20 nominaciones de Randy Newman era, quien lo diría, la menos ñoña de las cuatro aburidísimas nominadas) para Toy Story 3 y dos premios también lógicos – Dirección Artística y Vestuario – para la decepcionante Alicia de Tim Burton. En cualquier caso, no deja de resultar algo alarmante y un mal síntoma que propuestas tan estimables como Valor de Ley o Winter’s Bone se fueran de vacío.

Por supuesto, a título personal me quedo con el enorme subidón de alegría y el orgullo que supuso que INSIDE JOB, el imprescindible documental que estuvo en el V Festival de Cine Inédito de Mérida el pasado diciembre, ganase el Oscar de su categoría, con lo que más de unos cuantos se sentirán hoy en mi ciudad como unos privilegiados. Lástima que no hiciera lo propio Incendies en Mejor Película de Habla No Inglesa para que la gracia fuera completa, pero era evidente, por razones parecidas a las expresadas al respecto del triunfo de El Discurso del Rey, que ganaría In a Better World, obra mucho más amable y menos incómoda que la canadiense que refleja mejor los gustos de la Academia.

En lo que se refiere a la Ceremonia, es evidente que la apuesta por rejuvenecer el show con James Franco y Anne Hathaway no salió como se esperaba. Más por la desidia de él, que pareció perdido e incómodo durante toda la gala, haciendo gala de una insólita indolencia como si la cosa no fuera con él, desbaratando los esfuerzos de su co-presentadora, fresca y entusiasta toda la noche. Cuanto más parecía esforzarse Hathaway – cambios de traje incluidos y ya tiene mérito: estaba impresionante en todos y cada uno de los hasta ocho que lució – por entretener y divertir al personal, más pasota y acartonado parecía el protagonista de 127 Horas, cuyo palpable aburrimiento se transmitía al espectador. La cosa alcanzó tintes dramáticos cuando apareció en escena Billy Crystal y más de uno se sintió inclinado a desear con todas sus fuerzas que se quedara sobre el escenario para animar aquello un poco. Encima dio paso a un virtual Bob Hope en lo que parecía un plan predestinado por unos guionistas malévolos para hundir definitivamente en la miseria al presentador masculino de la Gala. Las comparaciones resultaron más odiosas que nunca.

Resulta sorprendente, no obstante, la falta de ritmo y agilidad de la Gala, que resultó más rancia y vetusta que nunca cuando se presuponía que su apuesta por rostros frescos y jóvenes iba a ir en la dirección contraria. La corrección fue tal que ni el video introductorio con los presentadores recorriendo las películas nominadas en busca de inspiración en la figura de Alec Baldwin (¿un mal presagio?) ni el monólogo inicial se salió un milímetro del humor blanco que presidió toda la ceremonia, agrandando en el recuerdo el vitriolo exhibido por Ricky Gervais en los últimos Globos de Oro.

El único gran golpe de efecto de la ceremonia, la presencia de un semi momificado Kirk Douglas de 95 años tirando requiebros a Anne Hathaway y desesperando a las nominadas a mejor Actriz de Reparto (You know…?) duró un suspiro y es una muy mala señal que varias horas después era el único momento digno de recuerdo en una gala que inclusó se permitió el lujo de privarnos de la emoción de escuchar a Coppola, Eli Wallach y Kevin Bronlow, cuyos Oscar de Honor se les habían dado días antes en una ceremonia aparte, haciendo aun más absurda su fugaz presencia en el escenario.

Para cuando, tras la coronación final de El Discurso del Rey, un coro de melosos niños entonó la atemporal Over the Rainbow sobre el escenario – la ceremonia fue pródiga en homenajes nostálgicos aquí y allá, pero sin una idea central clara que vehiculara los mismos - ya hacía tiempo que estaba claro que habíamos asistido a la ceremonia más sosa de los últimos años, que los esfuerzos de la arrolladora Anne Hathaway habían resultado en vano – que lástima que a esta todoterreno no le pusieran un mejor partenaire – y que añorábamos tiempos mejores. Como dice Luis Martinez en su estupenda crónica en El Mundo “Que vuelva Billy Crystal. Ricky Gervais, solo tú eres necesario. Los demás son contingentes.” Pues eso.