LEÓN DE ORO: ‘Se, Jie’ (Lust, Caution) de Ang Lee (Taiwan)
Oti Rodríguez Marchante "El León de Oro ha sido para otro chino, o taiwanés, Ang Lee, que había desaparecido del mapa desde el primer día de Festival, cuando se proyectó «Lust, caution», una obsesiva y turbadora historia de espionaje y sexo (más turbadora, con perdón, que aquella de «Brokeback Mountain» con la que ganó este mismo León hace dos años). Les ha gustado. Vale. Coincidirán con muchísima gente. Unos años rigen unos baremos y otros, los contrarios. (...) «In the Valley of Elah», de Paul Haggis, es la mejor película de esta edición de la Mostra y, como es lógico, ha sido burlada por las triquiñuelas del jurado." Enric Gonzalez, El País "Podría especularse con la circunstancia de que el presidente del jurado fuera Zhang Yimou, chino, y que el director del certamen fuera Marco Muller, sinólogo y experto en idioma mandarín (...) No es una película grandiosa, pese al tamaño y las pretensiones, y queda un peldaño por debajo de Brokeback mounntain . La cadencia lenta y preciosista, más asiática que en anteriores realizaciones de Lee, y las muy explícitas escenas de sexo, demasiadas relamidas para conseguir el impacto al que aspiran, lastran el producto. Las escenas violentas (un prolongado asesinato en el que la víctima no muere ni a tiros, y una violación con la que el policía y la espía inician relaciones) están mucho mejor logradas."
LEÓN DE PLATA A LA MEJOR DIRECCIÓN: Brian de Palma por ‘Redacted’
Enric González, El País "El León de Plata a la mejor dirección fue para Brian de Palma, por Redacted. Si ese león fue concedido por las buenas intenciones, por el esfuerzo innovador y por la voluntad de adaptarse a la estética sucia de Internet, se podría dialogar civilizadamente sobre el tema. Si se premió el resultado, no hay nada de qué hablar. Redacted es una película fallida.
PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: Ex Aequo a Abdellatif Kechiche por ‘La Graine et le Mulet’ y a Todd Haynes por ‘I’m Not There’
Oti Rodríguez Marchante "Al no premiar la película de Haggis ni tampoco su antípoda (la de Guerín), el jurado se retrata: qué criterios habrán manejado para que compartieran su premio especial dos películas como «Le graine et le moulet», del tunecino Kechiche, y la de Todd Haynes dedicada a Dylan, «I´m not there», casando la interculturalidad con la contraculturalidad." Enric González, El País "I'm not there, de Todd Haynes, una de las propuestas más sugestivas de la Mostra, tuvo que conformarse con un Premio Especial del Jurado que supo a poco. También la franco-tunecina La graine et le mulet, de Abdellatif Kechiche, recibió un premio especial, y también, vistas las expectativas, supo a poco. El grano y el mújol, en referencia a los ingredientes de un cuscús es una obra exuberante, mediterránea, con un arranque muy confuso y un desarrollo coral y tragicómico que gustó al público de la Mostra."
COPA VOLPI AL MEJOR ACTOR: Brad Pitt por The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford
Enric Gonzalez, El País"Habría resultado absolutamente lógico que al actor que encarna al policía en la película de Ang Lee, Tony Leung, le dieran el premio a la mejor interpretación. Algún tipo de fenómeno paranormal (quizá relacionado con la presencia en el jurado de Alejandro González Iñárrituz, que le dirigió en Babel) desvió el premio hacia las manos de Brad Pitt.El propio actor, que no acudió a la ceremonia de entrega de premios, se declaró "absolutamente sorprendido"por medio de un mensaje. El resto de los presentes le acompañaron en el sentimiento." Oti Rodríguez Marchante "Ni siquiera le han reconocido su grandeza a Tommy Lee Jones (premio que sí debería haber estado cantado): el mejor actor ha sido Brad Pitt por su descarnado y patológico Jesse James... Había al menos veinte candidatos a ganarlo, entre ellos, los doce miembros del jurado de Mijalkov (al que le han puesto una medalla por toda su obra, le han dado una palmadita y lo han mandado a la estepa), además, claro, de Michael Caine."
COPA VOLPI A LA MEJOR ACTRIZ: Cate Blanchett por ‘I’m Not There’
Oti Rodríguez Marchante "Copa Volpi a la mejor actriz para Cate Blanchett por encajarse en la piel de un personaje masculino, Bob Dylan: un premio cantado, dirán los ingeniosos, y ciertamente sólo se lo disputaban a la australiana transparente Charlize Theron y Susan Sarandon por sus impactantes trabajos en In the Valley of Elah" Enric González, El País "Lo de Cate Blanchett, en cambio, resultaba indiscutible. Todo el mundo quedó fascinado por su interpretación de Bob Dylan en I'm not there y el jurado, por una vez, se comportó como si formara parte del mundo. Blanchett fue la mejor actriz, y fue premiada por ello."
Mejor Guión: Paul Laverty por "It's a Free World"
Enric Gonzalez, El País "Paul Laverty fue merecidamente premiado como guionista de Un mundo libre, la denuncia de Ken Loach contra el trabajo precario y el neoesclavismo de lo inmigrantes."
Comentario final de Oti Rodríguez Marchante en su Blog“No ha ganado Paul Haggis ni su Valle de Elah... No ha ganado Guerín ni su recuerdo de Sylvia. Le han dado el León de Oro a Ang Lee por "Lust, caution", una peli que gustará a mucha gente, entre los que me incluyo. No tiene el golpe, la grandeza y la hondura de la de Haggis, pero los jurados, ya se sabe, jurados.
No ha gando Tommy Lee Jones, ni Michael Caine, ni Susan Sarandon, ni Charlize Theron... Pero han ganado Brad Pitt, que está francamente bien como Jesse James, y Cate Blanchett, que tiene mérito haciendo de Bob Dylan. Ninguno hace una escena tan demoledora como la de Tommy Lee Jones y Susan Sarandon yéndose de la morgue después de ver los despojos de su hijo, pero los jurados, ya se sabe, jurados.
A Brian De Palma, al tunecino Kechiche, al propio Todd Haynes... Bueno, cualquier cosa es aceptable si se va a dejar fuera lo mejor, y lo mejor ha sido Haggis, o su todo lo contrario, es decir, Guerín. Con el jurado del pasado año, que premio a Jia Zhang Ke, Guerín también hubiera ganado éste; aunque lo de no ser chino siempre pesa.
Felicitemos a Eduardo Chapero-Jackson, que ha ganado el premio a mejor corto con "Alumbramiento" un asfixiante ejercicio de buceo a pulmón en la sima de la muerte
Oti Rodríguez Marchante, ABC“Se proyectó la última del ruso Nikita Mijalkov (…), titulada con un sencillo «12» al haberse eludido lo siguiente, «hombres sin piedad», pues es una adaptación de aquella película de Sidney Lumet. Mijalkov consigue embutir en dos horas y media esa apasionante historia de un jurado que pasa de un veredicto de culpabilidad a otro de inocencia a un joven al que se le acusa de asesinato, y al argumento en sí, el ruso le pone un aderezo que le sienta como un guante: la guerra de Chechenia. Mijalkov conoce el alma rusa como un funcionario los días en rojo del calendario, y en «12» husmea en ella mediante esos doce fulanos que se van deshojando durante las deliberaciones. Grandes actores, y lo mismo los cazan a todos al vuelo para sacarse hoy de encima el premio de interpretación masculina.”
Enric González, El País “El filme 12 cuenta con una factura impecable, óptimos actores y bastantes momentos felices. Pero nace con un defecto grave. La introducción del factor checheno (el joven acusado pertenece a esa etnia caucásica, enfrentada desde siempre a los eslavos del norte) permite a Mijalkov, actor y director, trufar el filme con una serie de escenas bélicas, y eso resulta escasamente compatible con el código genético de la obra original de Reginald Rose. Doce hombres sin piedad es un estudio acerca de los fantasmas íntimos y su proyección sobre los demás. Mijalkov considera que el esquema creado por Rose constituye un instrumento idóneo para analizar los fantasmas individuales de los miembros del jurado ruso (el científico, el taxista, el magnate televisivo, el pensionista) y los fantasmas colectivos del país, sobre todo el de Chechenia. En ese sentido, el resultado deja dudas. Ningún espectador saldrá del cine con una idea más clara sobre lo que ocurre más allá de los Urales.”
Sergi Sáchez, La Razón “El ruso Nikita Mikhalhov perdió su aura en «El barbero de Siberia », emborrachado por su propia egolatría, que adquiere un tono casi autoparódico en «12», nueva versión aumentada (una hora adicional), de «Doce hombres sin piedad». A la austeridad de la puesta en escena de Lumet le corresponde la ampulosidad propia de un rey absolutista: no casualmente Mikhalkov se reserva el papel de maestro de ceremonias y conciencia moral de un jurado preparado para dictar sentencia contra un joven checheno acusado de matar a su padre adoptivo, ruso para mas inri. Mikhalkov hace un llamamiento a la paz entre etnias, utilizando a cada uno de los miembros del jurado como ridículo portavoz de un cuento con moraleja. Es tal la obsesión por la grandilocuencia de Mikhalkov que se olvida por completo de la credibilidad de los personajes, rompiendo la construcción del relato con golpes de efecto bélicos y música redundante. Lamentable.”
Carlos Boyero, El Mundo“Aunque la apuesta no le ha salido mal del todo y es aceptable, todo el rato estoy pensando que no hacía ninguna falta que rehicieran aquella tensa y excelente trama judicial en blanco y negro, dominada por la integridad moral que desprendía aquel actor tan profundo como insustituible llamado Henry Fonda (…) Aunque Mijalkov compagina la batalla dialéctica entre este jurado que irá desnudando sus contradicciones, tramas, prejuicios e incertidumbres con una acción paralela ambientada en la guerra de Chechenia, hay demasiados momentos en los que 12 desprende la agotadora retórica del teatro filmado. Parece que no va a finalizar nunca. Te hace añorar aquella bendita y generalizadora norma por las que las historias debían ser contadas en un máximo de 90 minutos.”
Chaos (Heya Fawda, Yousef Chahine, Egipto)
Sergi Sánchez, La Razón “El más célebre de los cineastas egipcios, completamente desconocido en España, tiene 81 años y está fresco como una rosa, sobre todo a tenor de la vitalidad que respira su última película. No es fácil aproximarse a ella: es tan primitiva en sus formas, tan cándida en sus intenciones y tan honesta en sus resultados que, en el contexto de un festival resabiado, parece poco menos que un melodrama que llega del espacio exterior. El exotismo está en nuestra mirada y no en la de Chahine, que cuenta la historia de un triángulo amoroso en un barrio obrero de El Cairo sin apenas guiños al espectador occidental. Todo despide un aroma de culebrón que tira de espaldas: Hatem es un policía corrupto que está locamente enamorado de Nour, maestra que a su vez está locamente enamorada de un juez. La tensión entre estos tres elementos genera un vívido retrato de la sociedad egipcia contemporánea, y Chahine, que no descarta ninguno de los excesos propios del folletín, la aprovecha para reivindicar la necesidad de la unión del pueblo, de la solidaridad frente a la injusticia. Su lenguaje es simple y directo, y, al margen de la sensación de extrañamiento que produce el histrionismo de algunas de sus secuencias, «Chaos» es una película ágil, viva, de una energía contagiosa.”
Enric González, El País“Chahine aspira a hacer cine popular, y tiene todo el derecho. Parece razonable que intente arrojar un poco de luz sobre los problemas de una sociedad tan caótica, sabia y desorientada como la egipcia, y que utilice recursos comprensibles para su potencial audiencia. Esos recursos, sin embargo, descolocan al espectador occidental, poco habituado ya a la subcultura de la fotonovela o al maniqueísmo de guiñol. Caos es una película esencialmente ingenua, en el peor sentido de la palabra.”
Carlos Boyero, El Mundo “Chahine disfruta de un sólido prestigio entre el público de los festivales. Y eso lo entiendo menos. A mi siempre me ha parecido intrascendente y chapucero (…) Su película Heya Fawda es una fotonovela Taif, poblada por buenos y malísimos imposibles de creer, por situaciones que pretenden ser melodramáticas y resultan involuntariamente cómicas. No tiene vocación de caricatura sino de realismo. Chahine se toma grotescamente en serio esta trama protagonizada por un policía corrupto que acosa y roba la ropa interior de su joven vecina, un ser angelical que está enamorada de un juez íntegro al que su novia minifaldera y fumeta se lo hace pasar fatal. Pero a cualquier espectador sensato esta pretendida tragedia y el tono cutre que la acompaña solo le puede provocar lastimosa risa.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “Ya lleva este Festival un par de días más muerto que Bruce Willis en el «Sexto sentido», aunque él no lo sepa. Pero, por si acaso, ayer vino a darle la definitiva puntilla el egipcio Youssef Chahine y su película «El caos», que cerraba la competición de cualquier manera. El cine ingenuo, cutrillo y semitierno de Chahine era más o menos el fin que se merecía esta edición tan irregular de la Mostra (…) película justo en el límite de lo aceptable en una sección competitiva (para que se hagan una idea está en la línea de aquellas de Pajares y Esteso, pero sin intención cómica)”
Carlos Boyero, El Mundo“Desde hace tiempo, la Mostra ha pillado la sádica costumbre de programar en las últimas jornadas del Festival cuando los espectadores tenemos los ojos y el ánimo bajo mínimos, una película sorpresa que va a competir por los premios. Y aunque lo único que hace falta a estas alturas para cortarse las venas a los extenuados cronistas sean las sorpresitas, podrías sentirte bien con la resolución de este enigma si la sorpresa la protagonizara la última película que ha rodado Eastwood o Scorsese. Pero no, la puñetera sorpresa siempre pertenece al cine oriental (…) Se titula El Detective Loco y la ha dirigido Johnnie To (…) especializado en cine negro e hiperviolento. Nunca entiendo los argumentos de sus películas, siempre me hago un lío tratando de identificar a sus personajes, ya que a mis occidentales ojos, todos le parecen el mismo (…) Todo es gritería insoportable, toneladas de sangre, incoherencia dramática y guiños para los iniciados en el universo de este director cañero y absurdo. Es una película tan boba como gratuita, pero al menos hemos cumplido con la jodida sorpresa. Y si le cae un premio, que no me extrañaría, ya no nos va a pillar a dos velas como el año pasado.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “«Mad detective» no es una mala película policiaca de acción, y si su director, el señor To, consiguiera que no se le anudara a uno en el cuello todos los hilos narrativos que maneja, todavía sería mejor. El policía protagonista está loco, ve los fantasmas y demonios que residen en los demás, y unas veces la película nos ofrece su punto de vista (los personajes y sus demonios, o sea mucha gente) y otras, el del otro policía, que ve el mundo con mas sencillez. El resultado es un jaleo importante, aunque lo fundamental en las películas de este director es tener los reflejos suficientes para esquivar las balas y para cerrar los ojos cuando se pone bruto, cosa que ocurre con frecuencia.”
Enric Gonzalez, El País “El detective loco (…) fue incluida en el programa como "película sorpresa", y ofreció lo que se podía esperar: ritmo, imaginación, ironía y disparos en abundancia. Frente a la escasez de ideas de Hollywood, que vive en gran medida del reciclaje de productos antiguos o ajenos, Hong Kong nada en la abundancia. La absorción del ilimitado universo manga y la falta de prejuicios proporcionan a gente como To y Fai una agradable frescura (…) El detective loco tiene un desarrollo irregular. A los problemas prácticos representados por la comitiva de personalidades ocultas se unen los altibajos del guión y un cierto desaliño en la dirección. La historia se embrolla hasta hacerse incomprensible, serpentea entre homenajes a películas célebres (el desenlace, un tiroteo con espejos de por medio, reproduce La dama de Shanghai) y desemboca en un final sorprendente y gracioso. El guión pertenece a la escuela que dio recientemente la exitosa Infernal Affaires, reciclada como Infiltrados por Martin Scorsese. No sería extraño que Hollywood acabara echando mano también del detective esquizofrénico y visionario.”
NIGHTWATCHING (Peter Greenaway, Reino Unido)
Oti Rodríguez Marchante, ABC “La película de Greenaway es tan de Greenaway que trasluce más el estilo, la forma y el color del director que el del propio Rembrandt, a pesar de estar la tela completamente dedicada a él y los enigmas de «Ronda de Noche». O sea, aparentemente hay un «aire Rembrandt», pero para que se haga una idea el lector a lo que se parece formalmente el cascarón, la envoltura de esta película es a otra suya como «El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante». Una puesta en escena absolutamente teatral, un ritmo y tono operístico, una estética que mezcla lo esencial y lo posmoderno, un texto prolijo y una narrativa fatigosa es básicamente el armamento de la última de Greenaway. Hay momentos, por no macerarnos en nuestro propio vinagre, de una sorprendente belleza visual y se pueden disfrutar tanto como una puesta de sol en ese bar de Ibiza.”
Enric González, El País“Nightwatching es una película de factura estrictamente teatral, con unos pocos decorados y movimientos propios del escenario. La cámara tiende a adaptarse también al punto de vista de un espectador de platea, una opción favorecida por la iluminación al estilo de Rembrandt, con focos situados por debajo de los personajes. Todo es ampuloso, barroco, afectado. Como producto cinematográfico, Nightwatching se mueve con la soltura de un acorazado en un bidé. Se trata de una obra muy de Greenaway. A la habitual calidad pictórica de las imágenes del cineasta galés (…) se une esta vez la decisión de desarrollar el relato como una serie de cuadros. Cada fotograma aspira a contener el equilibrio armónico de un óleo flamenco del XVII. Esa apuesta estética, teóricamente coherente, añade lastre a un estilo, el de Greenaway, que no se caracteriza por el dinamismo.”
CARLOS BOYERO, EL MUNDO “Peter Geenaway, ese cultivado autor que pertenece a mis fobias fijas, ha decidido ofrecernos su intelectual y exquisita reflexión sobre la accidentada vida y el arte magistral de Rembrandt en la insoportable Nightwatching. Greenaway nos ofrece más de lo mismo, de lo de siempre. O sea: una puesta en escena cansinamente teatral, esmero pictórico reconstruyendo la época y la pintura de Rembrandt, culturalismo sin alma y el habitual tono moroso. Estoy seguro que seguiré visitando el Rijkmuseum cada vez que vaya a Ámsterdam y de que seguiré admirando de rodillas la genialidad de la pintura de Rembrandt, pero igualmente tengo claro que ni loco voy a volver a ver esta película cuando se estrene en España”
L’ORA DI PUNTA (Vincenzo Marra)
Oti Rodríguez Marchante, ABC “El cine italiano ha presentado tres películas a la competición, y no se sabría decir cuál de ellas ha sido más vapuleada. La de ayer, «L´ora di punta» tenía también ese toque de telefilme tan propio al cine italiano actual, y contaba la historia de un fulano sin escrúpulos, uno de esos «tiburones» de ciudad que no piensan: maquinan. El protagonista, Michelle Lastella, se da un aire a Figo, con lo que el estreno de la película podría tener cierto sentido en Barcelona. El tipo engaña a todo el que se le pone cerca, especialmente a la pobre Fanny Ardant, cuya puntería con el cine es tan discutible como indiscutible es su clase y elegancia. Hay veces en las que el único sentido que se le encuentra a estas películas que «echan» aquí es que son el preludio o la antesala de la calle. Así de simple.”
Carlos Boyero, El Mundo “La grotesca película dirigida sin un mínimo de talento por Vincenzo Marra cuenta la ascensión y caída de un trepa, un policía que vigila a la policía financiera y que acabará corrompiéndose hasta el asesinato. Nada es creíble en ella, todo resulta enfático y forzado. EL público ha comenzado a reírse ante situaciones y diálogos que el director pretende que sean realistas, veraces y trágicos. Y cuando hablo de las carcajadas del público no solo me refiero a los espectadores foráneos, sino también a los propios italianos. Es lo peor que le puede ocurrir a una película.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC“«En la ciudad de Sylvia» es una película de una sencillez casi inaceptable y con muy poco más allá de lo que se ve: un hombre que busca y sigue a una mujer, o el recuerdo (o el fantasma) de una mujer (...)La película de Guerín pretende defenderse con ese nimio argumento de los ojos de un hombre y el rostro, el aire, de una mujer, y la cámara no se sale de esa intriga: rostros, gestos, esbozos en hojas de papel (...), calles de una ciudad, Estrasburgo, sus habitantes, sus rótulos, pintadas, deseos, espejos..., y en eso consiste una trama que se explica, sólo, mediante el estado de ánimo que la provoca, profundamente primaveral, ingenuo, optimista, ardoroso, erótico (...) Debe de haber tantos modos de sentarse y ver esta película como rostros de mujeres salen en la pantalla. Se puede estar ante ella como en la terraza de ese bar y dedicarse pacientemente a ese indiscreto modo de mirar, espiar, soñar, que la vida real no nos permite, al menos sin molestar a los demás. Se puede ser impaciente, pedirle a la cámara que nos cuente algo, que nos muestre más. Se puede, igualmente, participar de la intriga que sugiere al tener ese título (...) Como ven, nada o casi nada que te obligue a saltar en la butaca; bien: puede estarse uno tranquilamente en ella, observando, sin molestar ni molestándose, en el mero quedarse con lo que sugiere un gesto, una mirada, un cartel, un vendedor de flores, un inmigrante, unos bocetos en un cuaderno que podrían querer ser una historia, pero que no lo son. «En la ciudad de Sylvia» es una película de Guerín, pero si alguien se esfuerza también puede apropiársela, hacerla completamente suya, porque allí está, en la pantalla, con todo por hacer.”
Enric González, El País “¿De cuántos elementos puede despojarse una película, sin dejar de ser película? Ésa es la cuestión que plantea En la ciudad de Sylvia. La obra de José Luis Guerín cuenta con un argumento extremadamente sencillo (un chico mira a una chica), unas pocas líneas de diálogo y una banda sonora tejida con ruidos ambientales. Pese a tanta desnudez, hay película. Y belleza. También hay una severa exigencia de complicidad por parte del espectador, y parsimonia, y riesgo de trauma para los adictos al videojuego y la gente con prisa (...)Si se acepta el juego, si se logra simultanear el candor emotivo y el análisis inteligente (porque ésas son las reglas, más cercanas a Antonioni que a los pioneros del cine, establecidas por Guerín), la película puede constituir una experiencia gratificante, enriquecedora y casi iniciática. Guerín posee una mirada sutil, acaricia lo que filma. Ocasionalmente, puede ocurrirle como a los grandes oradores cuando se escuchan a sí mismos y caen en un trance autohipnótico.”
Sergi Sánchez, La Razón “«En la ciudad de Sylvia» es, sorpresa, una película de filiación «hitchcockiana», una revisión adolescente de «Vértigo» cuya frágil belleza no hace otra cosa que seducirnos. Expliquémonos. Sinopsis: un joven busca desesperadamente a Sylvia, la chica que conoció hace seis años en un bar de Estrasburgo. Punto y final. La forma en que se desarrolla esta premisa resulta fascinante por varias razones: 1/La película es una reflexión sobre la mirada como productora de sentido y, en concreto, como recreación fantasmática de una cierta idea del eterno femenino. La obsesión del protagonista, como la del James Stewart de «Vértigo», es construir un mundo colonizado por una imagen, la de la mujer soñada. No es difícil ver en esa mirada la de Guerín, que, tan hechizado por el recuerdo de Sylvia (Pilar López de Ayala, espléndida presencia) como por la ciudad que la acoge, traza una preciosa topografía del amor en forma de laberinto; 2/ Estrasburgo no es Estrasburgo, es un espacio mental donde voces, sonidos urbanos, diálogos cogidos al vuelo y sombras diurnas tocan la misma canción, compuesta a dos manos por el azar y la premeditación. 3/ La recreación de esa imagen femenina adquiere, una vez perdida, una vez olvidada, una delicada dimensión poética -pienso en el espectro reflejado (¿o imaginado?) de Sylvia en los cristales del autobús, una ilusión de linterna mágica-. Sería injusto ignorar la valentía que Guerín demuestra en esta obra con apariencia menor. Hay que ser valiente para perseguir el amor; en fin, hay que creer en él.”
Carlos Boyero, El Mundo “Las expectativas de que ocurra algo que tenga sentido, me intrigue o me conmueva se me van cerrando a los 15 minutos de proyección. Y no se que hacer con mi cuerpo ni con mi cabeza durante la hora y cuarto que me queda de suplicio (...) Pilar López de Ayala es una actriz y mujer que a mi me seduce siempre. Encuentro precioso su rostro y lo que me sugiere, babeo con su expresividad, me gusta como se mueve y el enigma que desprende, puedo mirarla con arrobo durante mucho tiempo, pero me parece un abuso intolerable sobre los espectadores dedicar una película entera a ese homenaje tan particular, sin que ocurra nada que se pueda narrar, con tres o cuatro minutos de diálogo en la inexistente o estéril acción de esa película. Admito la esforzada vocación de cine poético, de sensaciones, de clima que pretende En la Ciudad de Sylvia, pero como yo soy muy prosaico permanezco fatigosamente inmune a esos dones subterráneos.”
SURIYAKI WESTERN DYANGO (Takeshi Miike, Japón)
Enric González, El País “Sukiyaki western Dyango es una broma encerrada en una parodia y envuelta en sátira. Su director, Miike Takashi, proclamó que Dyango, uno de los spaghetti western más celebrados en los cines de parroquia de finales de los sesenta, formaba parte de las obras maestras del cine. Y decidió rendir homenaje a esa obra inmortal realizando un remake del Dyango original, firmado en 1966 por Sergio Corbucci. Takashi combinó paisajes y temática japoneses con revólveres Colt y diálogos en inglés macarrónico. Para que no se plantearan equívocos, colocó a Quentin Tarantino, patrón y protector de la astracanada posmoderna, en la primera secuencia. Y puso en marcha un mecanismo de violencia gratuita, sátira cultural y humor primario. La salvaje autoironía de Sukiyaki western Dyango proporciona más de una sonrisa, pero no lleva a ninguna parte. El círculo parodia-homenaje se parece a la frase "nunca digo la verdad": conduce a un colapso de la lógica. Se puede discutir durante años sobre En la ciudad de Sylvia, y aprender bastante en el proceso. No hay nada que discutir, en cambio, sobre el Dyango japonés.”
Sergi Sánchez, La Razón “El más prolífico de los cineastas del universo mundo -ésta es su película número 72, y ya tiene casi listos dos títulos más- ha reciclado la estética del cine de samuráis y, sobre todo, del «spaghetti western», género muy celebrado en Japón y homenajeado con una espléndida retrospectiva en la Mostra, en una película incomprensible, un monótono ejercicio de estilo que no sabe superar el atractivo de su marciano punto de partida, con un jugoso cameo de Tarantino. Menos mal que aparece en el prólogo...”
Oti Rodríguez Marchante, ABC“Takashi Miike se presentaba (¡a concurso, qué valor!) con una cosa titulada «Sukiyaki western Django», protagonizada en parte por Tarantino. Cualquier cosa que se diga sobre ella será poco. Y cualquier cosa que se añada, mucho.”
Carlos Boyero, El Mundo “Me resulta imposible encontrar un adjetivo lo suficientemente injurioso para describir con precisión lo que siento ante una cosita descerebrada, aunque pretenciosa que firma un japonés llamado Takeshi Miike, señor idolatrado por los modernuquis de la última hormada y del que no había tenido la desgracia de ver otros presumibles engendros. Es un remake de Django, un infame spaghetti western que dirigió Sergio Corbucci y que Takeshi considera la mejor película que ha visto nunca. Ni como boutade tendría gracia pero al parecer el pavo lo dice en serio.”
CRISTOVAO COLON, O ENIGMA (Manoel de Oliveira, Portugal)
Oti Rodríguez Marchante, ABC “No era un día cómodo para el habitante de la butaca aquí en la Mostra: Manoel de Oliveira presentaba su última (Dios no lo quiera) película, «Cristovao Colombo. O enigma», en la que el director centenario bucea en la historia de su país y en sus casi olvidadas hazañas viajeras, entre ellas la de Cristóbal Colón, a quien supone portugués, nacido en un pueblo llamado Cuba y apellidado en realidad Gonçalvez Zarco. A su modo particular, Oliveira nos cuenta Historia con mayúscula y nos muestra cine con minúscula, además de retratar un Nueva York nocturno y brumoso que enternece (filmado, tal vez, en una esquina de su casa), y otro diurno pletórico con él mismo allí, protagonizando una escena de infinito tirón romántico con su propia esposa, María Isabel de Oliveira, puede que algo más joven. El cine de Oliveira es un lujo; sólo eso, un lujo, en el que sólo caben ideas interesantes y del que sólo salen palabras bien cultivadas y regadas.
Sergi Sánchez, La Razón “Otro cineasta venerable que persigue el amor: el casi centenario Manoel de Oliveira. El amor a su país, Portugal; el amor a su esposa, María Isabel, que aparece junto a él en «Cristovao Colon. O Enigma», presentada fuera de concurso; el amor al cine como trabajo de investigación a la vez histórica y científica, siempre arqueológica. Se trata aquí de probar que Colón nació en Cuba, un pequeño pueblo portugués. Se trata de buscar el origen del descubridor, o el origen del descubrimiento, que puede ser el de América o el del cine. Oliveira firma una obra casi testamentaria: breve, literaria, lírica, a ratos conmovedora.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “No habrá en el mundo ni un centenar de personas que no conozcan a Bob Dylan. Vale. Y al mismo tiempo, seguro que no llega a la docena los que lo conocen. Un tipo diverso, huidizo, cambiante, difícil de atrapar con otra cosa que no sea el oído o el sentimiento. En esta película, «I´m not there», Todd Haynes intenta la difícil empresa de enjaular a Dylan en una imagen, una definición o una biografía sin ni siquiera mencionarlo, sin que aparezca nada más que un refilón de su cara y de un par de canciones cantadas por él. El resultado es una película o un lienzo tan extraño como genial, tan abstracto como concreto, tan disperso como elocuente, tan entretenido como a veces incomprensible o soporífero. Dice el título: «Yo no estoy ahí», pero el título miente, ya lo creo que miente.”
Sergi Sanchez, La Razón “Si estamos de acuerdo en que Bob Dylan es un mito, también lo estaremos en que Bob Dylan es un sistema linguístico, compuesto por infinitos significantes que convergen en un solo significado, poliédrico y contradictorio. «I’m Not There» es, por tanto, una meditación sobre la naturaleza esquiva de la leyenda, un ensayo sobre la América de los sesenta, un análisis semiótico de la identidad de un artista que nunca ha vuelto sobre sus pasos, un camaleón, un perro verde (…)Haynes divide la personalidad de Dylan en seis identidades, que definen otras tantas caras del que considera el último artista moderno; seis épocas de su vida personal y creativa que se entrecruzan formando un retrato no lineal que desafía, cara a cara, las convenciones del «biopic», género que se caracteriza por ofrecer más respuestas que plantear preguntas.Lo más estimulante de «I’m Not There» es que siempre se desarrolla bajo los imperativos de una incertidumbre que nunca resuelve (…) Es una película admirable y original, exigente con sus espectadores, la aguja en el pajar que estábamos buscando.”
Carlos Boyero, El Mundo “La mayoría del personal que la ha visto en La Mostra parece estar contento con el experimento, en vista de los aplausos que le han dedicado al final. Yo, como soy muy raro, me sabe a poco, me deja indiferente, podría haberme largado antes de que acabara y sin la sensación de perderme algo imprescindible, si no fuera porque la BSO, como no, es impresionante (…) Pero tengo claro que la emoción que me transmiten esas canciones no se complementa con las imágenes que vomita la pantalla. Casi todo el rato tengo sensación de impostura, de debilidad narrativa, de un “quiero y no puedo” por parte del director (…) Aunque admire la composición física que hace Cate Blanchett de Dylan, se queda en eso, no percibo el interior, al igual que todo lo demás me deja frío, algo muy grave teniendo en cuenta que están describiendo a alguien especializado en despertar emociones y sensaciones de todo tipo.”
HELP ME EROS (Bangbang wo aishen, Lee Shan Khen, China)
Sergi Sánchez, La Razón“No es casual que el primer nombre que aparece en los créditos de «Help Me Eros» sea el del malayo-taiwanés Tsai Ming-Liang, cineasta fundamental para entender la mutación del tratamiento del tiempo y el espacio en el cine contemporáneo. Lee Kang-Sheng es su alter ego, y su segunda película parece un pseudo Ming-Liang. ¿Qué es lo que les diferencia? No son sus protagonistas, aquí un tipo arruinado, adicto a la marihuana y con instintos suicidas (el propio Kang-Sheng), una prostituta y una chica obesa que trabaja en el teléfono de la esperanza. No son tampoco los espacios, desiertos urbanos, apartamentos desolados; lugares en los que todo está en tránsito. No son sus temas recurrentes: la soledad, la incomunicacion, el ansia de contacto físico. ¿Qué es entonces? Más titubeante, Kang-Sheng habla demasiado, subraya sus intenciones y no puede competir con la sutileza y la brutalidad de algunas de las películas de su maestro, especialmente «Vive l’amour» y «El sabor de la sandía». La importancia del gesto -esa foto cazada a toda velocidad por la autopista; esa lámpara que el protagonista lleva al prestamista- conmueve tanto como en el cine de Ming-Liang, pero el resultado es derivativo, como si el alumno conociera muy bien la lección pero se hubiera dejado el alma entre los papeles del pupitre.”
Carlos Boyero, El Mundo “Es imposible encontrar el menor atractivo en esta retorcida e incomprensible película china. El protagonista es un tío desocupado que está fumando marihuana y dando vueltas por su casa en medio de las ensoñaciones eróticas que le asaltan con unas tías que trabajan en una tienda de ropa de su barrio. Y así dos horas. Tampoco te pones cachondo con lo que imagina el pavo. Solo provoca tedio”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “Se presentaba a la competición como director Lee Kang-sheng con una película titulada «Help me Eros», y que era un calco de las que suele hacer Tsai Ming-liang: la protagoniza igualmente Lee Kang y ocurre lo de siempre, fuma que te fuma, algunas veces en calzoncillos y otras sin él, mientras sufre unos brutales ataques de depresión por algo que generalmente ni sabes ni te importa. Todo ello, encuadrado con enorme voluntad estética y en planos que duran más que los pitillos que devora. Hay alguna escena como de sexo en la que lo único verdadero que ocurre es el cigarro que se fuman después. Pues así llevamos ya varias trilogías de Tsai Ming-liang, al que se le une ahora como creador Lee Kang-sheng. Estamos de suerte.”
IL DOLCE E L’AMARO (Andrea Porporati, Italia)
Carlos Boyero, El Mundo “El cine italiano, ese mismo que en viejas y añoradas épocas se inventó el neorrealismo, comedias genuinas y admirables y autores con un universo tan poderoso como inconfundible, lo más selecto que puede ofrecer de su cosecha actual es una rutinaria, previsible y mil veces contada historia sobre la mafia, dirigida con estilo feísta e imágenes olvidables por Andrea Porporati. No te ocurre nada grave por verla, pero te la sabes de principio a fin. El estado de salud del cine italiano desde hace mucho tiempo más que alarmante es desolador. Existe Nanni Moretti, que tampoco acierta siempre, y muy poco más.”
Sergi Sánchez, La Razón “En la sección competitiva, Haynes fue corredor de fondo, y dejó atrás a «Help Me, Eros», del taiwanés Lee Kang Sheng, y, sobre todo, a la infame «Il dolce e l’amaro», de Andrea Porporati, telefilme camuflado sobre el vía crucis de un mafioso que decide dejar la Cosa Nostra para dedicarse primero a la limpieza en seco y luego a regentar un quiosco. Venecia tiene que pagar el peaje de tres películas italianas a concurso, y este año se han echado de menos, a falta de «L’ora di punta» de Vincenzo Marra, grandes nombres.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “Y la guinda era una película italiana, «Il dolce e l´amaro», de Andrea Porporati, en la que se cuenta en plan sobremesa una historia de mafiosos con la particularidad de que es la misma historia de siempre contada desde el habitual punto de vista, de la fascinación al repudio, o sea, como Scorsese en «Uno de los nuestros». No queda más espacio, pero si quedara, tampoco tendríamos mucho más que decir de ella (dicho sea con «el respeto» debido, que esto está lleno de canales).”
Enric González, El País“The Darjeeling Limited es una gansada, un disparate que puede divertir o irritar, según los gustos y los estados de ánimo. Anderson siempre ha requerido la complicidad del espectador, pero en este caso le pide más que eso. Para apreciar esta película hacen falta benevolencia, buen humor y renuncia temporal a las funciones mentales básicas, condiciones que no están al alcance de cualquiera (…) Exige devoción previa y un ánimo despreocupado. Contiene, probablemente, una ironía psicotrópica, apta sólo para iniciados. Tres hermanos viajan por la India a bordo de un tren en busca de su madre y de una relación fraternal perdida desde siempre. Esa rail movie permite un encadenamiento de gags surrealistas, humoradas oblicuas e insensateces más o menos simpáticas,aderezadas con música (extraordinaria banda sonora) y cameos de amiguetes de Anderson, como Bill Murray y Anjelica Huston. Las cejas de Brody son como un aviso: ojo, todo esto va en broma. Bastarían para excusar cualquier exceso de esta travesura colorista, propia de hippies golfos y más bien pijos, si la película no traspasara ciertos límites. El guión utiliza como recurso la muerte de un joven indio, y eso no está bien.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “La última flacidez de Anderson se titula «The Darjeeling Limited» y es una comedia desternillante de la que acabarán ofreciendo un premio al primero que se ría durante su proyección: es de tal simpleza y de tan poca sustancia que hasta el gran Bill Murray, en un rapto de lucidez, decidió no subirse a su tren en la primera escena y ya no vuelve a salir hasta el final, después de que ese tren sin sentido se recorra la India con sus bobos protagonistas dentro. Fue muy aplaudida, ¿por qué? Pues, por si acaso.”
Sergi Sánchez, La Razón“«The Darjeeling Limited» pasa como una exhalación, es fresca y ligera como un polo de menta. La pesadilla del intento de suicidio de Owen Wilson, protagonista del filme junto a Adrien Brody y Jason Schwartzmann, ha ensombrecido la luz de una fábula que habla del amor fraternal en términos nada pretenciosos. Algo nuevo en el cine de Wes Anderson, cuya innegable sensibilidad pop se veía lastrada hasta el momento por una cierta tendencia a la pedantería. He aquí que el Salinger del nuevo cine americano, el que comparte preocupaciones con Sofía Coppola, Spike Jonze o Michel Gondry, ha decidido poner los pies en la tierra. No ha abandonado los colores chillones, las canciones con peso dramático ni las excentricidades de sus personajes, pero ha aligerado su maleta de digresiones y frases ingeniosas para acercarse a la historia que narra (…) Como «Los Tennenbaums» o «Life Acquatic», «The Darjeeling Limited» es una película sobre la necesidad de pertenecer a algo. Y en esta ocasión, Anderson confía más en la humanidad de sus criaturas, que han dejado de ser elementos de una viñeta tragicómica para asumir lo absurdo, lo inconcluso de sus viajes espirituales.”
THE SUN ALSO RISES (Taiyang zhaochang shengqi, Jian Wen, China)
Enric Gonzalez, El País “La discusión sobre el cine en prosa y el cine poético es ya antigua; Jian Wen, actor y director, uno de los más reputados cineastas chinos, la desborda por la izquierda con un abrumador torrente de imágenes bellas, poderosas, encadenadas en una sucesión de cuatro historias voluntariamente ininteligibles. Las reflexiones que provoca Taiyang no son muy distintas de las que suscitó, en su momento, Inland Empire, el disparate más barroco y prolijo de David Lynch. ¿Tiene sentido la belleza? No siempre. Pasar dos horas ante la propuesta de Jian Wen es como pasar dos horas ante un cuadro de Pollock: puede hacerse, y puede tener, quizá, consecuencias mágicas. Por alguna u otra razón, la gente no suele hacerlo.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC“«The sun also rises», es un absoluto derrame cerebral con una mujer que se sube a los árboles y tira una oveja mientras que su hijo salta, corre y berrea durante la primera hora, luego cambia a otra cosa que sorprendería hasta al propio Kusturica bien cargado.”
Carlos Boyero, El Mundo “Se ha proyectado una película china, que imagino solo interesa a su autor y a su entusiasmada familia, y ustedes afortunadamente no la verán nunca, en la que se habla de una viuda esquizoide qe se sube a los árboles y martiriza a su caminante hijo. No me pregunten el título. Al parecer, este sadismo matriarcal tiene algo que ver con el recuerdo del follador padre. Que se lo expliquen los listos.”
LA GRAINE Y LE MULET (Abdellatif Kechiche, Francia)
Enric Gonzalez, El País“La Graine et le mulet tampoco parece destinado a un éxito comercial clamoroso. Su director y guionista, Abdellatif Kechiche, aborda las dificultades de una familia magrebí en Francia y, a través de ellas, cuestiones globales como las relaciones familiares, la ambición y el sentimiento de éxito o fracaso. Podría discutirse alguna cuestión formal, relacionada con las diferencias entre la vida y el arte. En la vida, como en los debates televisivos, todo el mundo habla al mismo tiempo, y no pasa nada. En el cine, la superposición de voces es simple cacofonía. Tampoco simplifica la vida del espectador otra decisión de Kechiche: el uso de una cámara subjetiva en escenas con muchos participantes. Cuando el punto de vista brinca de esta forma, se pierden el punto y la vista.”
Oti Rodríguez Marchante, ABC “En cuanto a la francesa, transcurre en un puerto cercano a Marsella y entre una familia magrebí; el jaleo es de gallinero y la «problemática» pues justamente ésa que cualquiera se figura: el trabajo, los hijos, los sueños imposibles... Santa paciencia.”
Sergi Sánchez, La Razón “¿Basta con invocar el fantasma del hiperrealismo para acercarnos a la realidad? ¿Es posible que una película tenga exceso de realidad, y que ese exceso pueda separarnos de su discurso? Hay una línea que no hay que cruzar, y eso lo saben los hermanos Dardenne, que en «Rosetta» sabían calibrar sus fuerzas y en «El hijo», no. A Abdellatif Kechiche le ha ocurrido lo mismo: en «La Escurridiza (L’Esquive)» el equilibrio era digno y en «La graine et la mulet», el equilibrio es una palabra que no forma parte de su vocabulario. Entendemos las intenciones de Kechiche: introducirse en el corazón de la vida familiar de Beiji, currante que, a los 61 años, divorciado y sin un euro en el bolsillo, quiere montar un restaurante en un avejentado barco, atracado en el puerto de Marsella. Pero el tamaño no es lo que importa: no importa que una secuencia de una comida en familia dure media hora y no importa que una esposa despechada grite durante veinte minutos, porque la duración no es nada si no hay reflexión detrás de la eterna, recurrente reiteración de imágenes.”
THE HUNTING PARTY (Richard Shepard, USA)
Oti Rodríguez Marchante, ABC“El canoso Gere es un reportero de guerra en Serbia a la caza de un criminal que persigue (poquito) la OTAN, la CIA, La Haya..., una especie de Karadzic o Mladic que está de sangre hasta las trancas y que todavía reina por allí ante la indiferencia de los organismos internacionales. «The Hunting party» es un sarcasmo de principio a fin, se diría que tienen intención hasta todas esas escenas al borde del ridículo, como si hubiera tratado tal y como se merece, en efecto, buena parte de la realidad que rodeó y rodea aquella inmundicia. A poco que el tal Shepard hubiera esquivado la grasa de tanta escena mala, tópica y hasta burlesca, la cosa se le hubiera podido quedar mucho más afinada, pero menos sarcástica y socarrona. Sin duda, «The Hunting party» tiene un repensar.”
Enric Gonzalez, El País“Tres periodistas (el reportero brillante caído en desgracia, obviamente Gere; el cámara de éxito, y el novato enchufado por papá) viajan a las montañas montenegrinas en busca de Radovan Karadzic, antiguo jefe de los serbios de Bosnia y célebre criminal de guerra. La intención explícita de Shepard consiste en combinar acción, humor negro y denuncia política. El fracaso es triple. Son cosas que suceden con las apuestas de alto riesgo.”
El Comentario del día – Carlos Boyero (que hoy en lugar de las reseñas habituales ha presentado un ejercicio de flagelo por lo mucho que al parecer está sufriendo en Venecia, razón por la que apenas aparece en este resumen de prensa):
“¿Le interesa a algún lector que no sea un cinéfilo tarado lo que ocurrió ayer en La Mostra? (…)¿Cuántos días faltan para volver a casa?¿De verdad estoy tan acabado como para tener que ganarme el sustento haciendo fatuos comentarios sobre la nada?” Me dan ganas de responderle: Pues si. Es más, algunos gilipollas compramos estos días El Mundo, un periódico cuya ideología suele repugnarme, solo por leer tus reseñas… Hay que joderse: que lástima que no sepa valorar que está en uno de esos privilegiados puestos que muchos daríamos cualquier cosa por disfrutar.