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lunes, mayo 04, 2009

BAFF 2009 y III: All Around Us y Plastic City

Mi última jornada en una ciudad que se despertaba hoy resacosa y feliz a una mañana esplendida – que he aprovechado para darme un soberano paseo por sus múltiples atractivos – se componía de otros dos filmes que competían en la Sección Oficial por el codiciado Durian de Oro, dos obras en principio sumamente diferentes entre sí tanto a nivel temático como estilístico que prometían una despedida del certamen cuanto menos interesante. La verdad es que por desgracia ninguna de ambas estuvo por diferentes motivos a la altura de mis expectativas, pero he de insistir en que pese a ello este Festival me parece sumamente atractivo y estimulante para todo amante del cine que busque propuestas arriesgadas, originales y diferentes, propuestas que por desgracia rara vez llegarán al espectador medio por las vías habituales.
ALL AROUND US (Ryosuke Hashiguchi, Japón): Enfrentándose a la Pérdida

Dos detalles nada desdeñables avalaban esta producción centrada en los avatares que sufre una joven pareja japonesa a lo largo de varios años. El primero era el haber obtenido el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Deauville. El segundo, que su actriz principal Tae Kimura había ganado por su trabajo en esta película el equivalente al Goya a la Mejor Actriz de la Academia Japonesa de Cine de este mismo año. All Around Us narra la complicada relación de pareja de Kanao y su esposa. Kanao es un joven algo apocado y resignado, el típico hombre tranquilo algo colonazos, que pasa gracias a su talento como dibujante de trabajar en un puesto de reparación de calzado a convertirse en uno de esos ilustradores que trabajan en los juzgados haciendo retratos al natural de los acusados para los noticiarios. Su mujer, mucho más inquieta y decidida, trabaja en una editorial, tiene programada la existencia de ambos hasta el punto que decide de antemano sobre un calendario los días que tendrán sexo y, para felicidad de ambos, acaba de conseguir su sueño de quedarse embarazada.Ambos se compenetran bien y tienen una de esas relaciones que pese a su disparidad de caracteres parece bien equilibrada en lo esencial. Sin embargo, la muerte natural de su bebé de pocos meses sume en una profunda depresión a la mujer y provoca una crisis de incalculables consecuencias, amenazando con destruir esa relación de pareja hasta los cimientos. Capeando el temporal como puede y centrándose en su trabajo – que le permite ver de cerca de los elementos más peligrosos de la sociedad, criminales y desequilibrados de todo tipo capaces de los actos más horribles, lo que en cierto sentido le hace ser consciente que, pese a todo, hay una realidad aun más oscura que la que él y su mujer están atravesando- Kanao intenta aferrarse a lo poco positivo que resta de su relación mientras su esposa va hundiéndose progresivamente en la negrura.Esta película del para mi desconocido Hashiguchi, que trabaja sobre un guión propio, es uno de esos casos en los que se dispone de elementos interesantes con los que construir una historia interesante, pero en la que el realizador acaba por perder un poco la perspectiva y, gustándose no poco a si mismo, caer en cierta reiteración que alarga de modo innecesario el metraje hasta unos a todas luces excesivos 140 minutos a lo largo de los cuales asistimos a los denodados esfuerzos de esta joven pareja por salir adelante pero de un modo casi individual, dejando que reine la incomunicación entre ambos y perdiendo así la fuerza que da el otro para encontrar la salid del pozo. Si a eso sumamos unos familiares que lejos de servir de ayuda no hacen sino lastrar aun más con su actitud a ratos intransigente y a ratos simplemente egoísta sobre los más diversos asuntos, nos encontramos con un filme que la verdad por momentos parece ofrecer poca o ninguna luz al final del tunel.Sin embargo, lo mejor de la propuesta no es tanto la descripción del drama como la naturalidad inicial con la que se nos presenta la pareja – la divertida escena inicial en la que Kanao llega a casa tarde y algo puesto de copas y su esposa le exige que cumpla con el sexo que tenían programado, lo que da lugar a una divertida disertación sobre los extraños mecanismos para “meterse en situación” resulta de lo más logrado de la función – y las transiciones temporales brillantemente resueltas desde el punto de vista narrativo gracias a un inteligente uso de las elipsis. Sin embargo, el conjunto pierde fuerza según su realizador se detiene en divagaciones que poco aportan a lo ya expuesto – como la innecesaria sucesión de casos en el juzgado – o no acierta a sacar todo el partido que puede de determinados elementos como sucede con el tema familiar. All Around Us resulta a ratos interesante y cuenta, eso si, con una excelente interpretación de su actriz protagonista, una Tae Kimura en estado de gracia en varias secuencias claves, pero carece del rigor y la fuerza dramática deseable para ser una obra algo más que simplemente correcta.

En cualquier caso, All Around Us resultó ser con todos sus defectos una mucho mejor película que Plastic City, infumable pastiche presentado por el hongkongés Yu Lik-Wai que a priori parecía una propuesta interesante por lo bizarra – mafiosos operando en un Sao Paulo extrañamente multicultural donde, según parece, no resulta extraño que la comunidad inmigrante japonesa lleve a cabo todo tipo de negocios, ya sean o no legales – y que termina por despeñarse por el precipicio gracias a una indigesta mezcla de referencias narrativas que van de la inevitable Ciudad de Dios al cine de gangsters de Scorsese pasando por el 300 de Zack Snyder o El Fuego de la Venganza de Tony Scott, un totum revolutum insufrible que no se salva ni siquiera por un esforzado trabajo de fotografía que cambia constantemente de estilo o una curiosa BSO que trata de dotar de cierto empaque a una obra condenada de antemano por un guión simplemente desastroso.Plastic City cuenta la historia de Yuda, un capo chino que opera desde hace tiempo en Sao Paulo con una organización dedicada al género robado que actua con el beneplácito de las autoridades locales. Su hijo adoptado y heredero, Kirin, le sirve fielmente y todo marcha tan bien que empiezan a atraer la atención de otras organizaciones de emigrantes que pretenden introducirse en el mercado, por las buenas o por las malas. Cuando la mafia china compra a los políticos locales y estos empiezan a maniobrar para sacar a Yuda y Kirin de la foto, estos intentarán oponerse con lo que se desatará la inevitable guerra de bandas que tendrá un amplio coste para ambos, tanto en lo económico como en lo personal.Así contado, Plastic City bien podría haberse configurado como una extravagante versión brasileña del cine de mafias de un Johnnie To cualquiera, pero por desgracia Yu Lik Kai parece más interesado, como las copias de productos caros que venden sus protagonistas, en demostrarnos lo bien que es capaz de copiar los múltiples estilos visuales de las más distintas procedencias que nutren la película – lo de la batalla entre bandas al más puro estilo 300 en lo alto de un extraño monumento es de auténtica traca – que en trabajar un guión algo coherente, en la errónea creencia que la presunta potencia visual de sus imágenes, muchísimo menos interesante de lo que él mismo cree, podrá salvarle el día. Y va a ser que no, porque el naufragio es de tal categoría que es la única ocasión en la que he pensado qué demonios pintaba esta película en una Sección Oficial hasta el momento intachable. Quizás a mi se me escapen sus atractivos, solo evidentes en la espectacular figura – que no en sus dotes interpretativas - de una tal Taina Müller que en sus por desgracia escasas apariciones en pantalla como novia de Kirin, inunda de sensualidad la pantalla. En fin, un desastre considerable cuyo alucinante desenlace, en medio de una aldea indígena perdida del Amazonas donde no me pregunten muy bien por qué acaban los dos protagonistas, provocó un considerable y más que justificado cachondeo por parte de los espectadores, que bastante hicieron con aguantar estoicamente semejante despropósito hasta el final.Y hasta aquí mis experiencias con el Baff de este año, un festival estupendo al que, estoy convencido, regresaré en un futuro. No quiero despedir estas crónicas sin expresar mis más sinceros agradecimientos al equipo de 100.000 Retinas que organiza el BAFF y muy especialmente tanto a Santi Gil y a Arturo en el área de acreditados como a la directora de programación Amaia Torrecilla, cuya disponibilidad y buen hacer hicieron de mi breve estancia en Barcelona una experiencia aun más agradable. Gracias, amigos.

domingo, mayo 03, 2009

BAFF 2009 II: The Rainbow Troops y Breathless

En la segunda jornada del BAFF se me ha presentado una posibilidad curiosa: ver de nuevo la maravillosa Still Walking de Hirokazu Kore-Eda, la película que clausuró el año pasado el Festival de Cine Inédito de Mérida, una de las pocas obras presentes en el Baff que cuentan con distribución en España – Golem tiene pensado estrenarla el próximo 19 de junio, casi seis meses después de nuestros pases – y gracias a la cual ayer pude presumir un poco “Ah, si, Still Walking es buenísima… de hecho cerré con ella en Mérida en diciembre pasado, no os la perdáis ¿eh?” he soltado un par de veces a los incautos de mis interlocutores que afortunadamente no me han pegado ante semejante exhibición de prepotencia. En fin, que al final no he cometido ninguna locura (aunque juro que no me hubiera importado lo más mínimo ver esta joyita de nuevo, que conste) y ante la falta de pelis de Sección Oficial a primera hora, he cambiado el Rex por el más coqueto Aribau y, en la sección Focus, me he metido a ver la que creo es la primera producción indonesia que he visto en mi vida.

THE RAINBOW TROOPS: Buenos sentimientos al estilo Hollywood

Película basada en un famoso best-seller que ha vendido medio millón de ejemplares en su país, The Rainbow Troops narra la historia de una escuela musulmana extremadamente pobre que con apenas diez alumnos procedentes de las familias más humildes de la zona - convirtiéndose así probablemente en los primeros miembros de la misma en ser escolarizados en lugar de trabajar con sus padres o ayudar en los negocios familiares como suele ser tradicional en los países del sudeste asiático – consigue salir adelante gracias al tesón de sus idealistas profesores y, pese a las muchas dificultades que encuentra en su camino, conseguir que esos niños reciban una educación más pendiente de los valores morales que de los conocimientos que pueda servirles para el resto de sus vidas.
Riri Riza, un director que ha estrenado en el Baff tres de sus películas anteriores, no engaña a nadie: The Rainbow Troops es una de esas películas de buenos sentimientos pobladas por niños que, hecha en otras latitudes, bien podría haberse llamado Los Chicos del Coro. Con un argumento tan sencillo como efectivo gracias a que sigue un modelo de probada efectividad que no duda un instante en utilizar cuanto recurso sensiblero tiene a su alcance, The Rainbow Troops acaba por hacerse, con todos sus defectos, una película simpática gracias a dos cosas: la puesta en escena, clásica y sin embargo elegante – solo chirrían algunas visiones oníricas de ciertos sueños de sus protagonistas como un par de números musicales metidos con calzador y alguna fantasía amorosa sacada de madre – que da lugar a una más que correcta factura visual y el encanto de los chavales protagonistas, actores no profesionales que, como también sucede en títulos más renombrados (Slumdog Millionaire es el último ejemplo) hacen de su naturalidad un arma poderosa para ganarse por la mano al espectador.Además, hay un valor añadido en esta película que tiene que ver con el hecho de que está enfocada a transmitir a la población de Indonesia las ventajas de recibir una educación, algo que intuyo que aun debe ser fuente de conflictos en un país rico en recursos pero a la vez repetidamente golpeado por la fuerza de la Naturaleza cuyos habitantes más de una vez se habrán visto en la disyuntiva de enviar a sus hijos a la escuela o hacerles trabajar para sacar adelante a sus familias. Visto de esa forma, algunos de los burdos recursos dramáticos vistos una y mil veces en el cine y utilizados sin ningún recato por sus responsables parecen algo más perdonables…

BREATHLESS (Yang Ik-June, Korea del Sur): Violencia con sentido.

Tras haber cosechado algunos premios y excelentes críticas en su paso por los Festivales de Rótterdam y Las Palmas, una de las películas a priori más interesantes a concurso en la Sección Oficial del Baff era sin duda esta Breathless, opera prima escrita, dirigida y protagonizada por Yang Ik-Kune, un actor conocido en su país pero absolutamente desconocido en Occidente que, sin experiencia previa conocida como realizador, ha conseguido una más que notable película, arriesgada tanto en su temática como en su lenguaje visual, que consigue primero desconcertar al espectador con su violencia desatada para después engancharlo a un personaje fascinante.

La entrada en escena de Song-Hoon es brutal: interviene en una pelea de novios sacada de madre pegándole una brutal paliza al novio y recriminándole su actitud para inmediatamente después golpear y vejar igualmente a la chica por dejarse abusar de esa forma. Poco después, descubrimos que el oficio de Song-Hoon es el de un vulgar matón al que pagan para cobrar deudas, reprimir manifestaciones o cualquier trabajito que requiera cierta dosis de brutal violencia, pero éste no discrimina, ya que lo mismo atiza a los deudores como a sus “compañeros de oficio”. Uno intuye que detrás de semejante violencia verbal y física – que simplemente deja al espectador boquiabierto hasta el punto que uno acaba por reírse, acaso en defensa propia, de los desmanes de semejante elemento – debe esconderse un pasado tremendo pero no será hasta la llegada de Yeon Huei, una adolescente maltratada en casa por un padre y un hermano también violento, y la peculiar relación, igualmente establecida en términos algo brutales, que forma con ella y que acaba por configurarse como un vinculo familiar alternativo para ambos, que empecemos a descubrir lo que se esconde en el interior de Song-Hoon.

La verdad es que cuesta enumerar las virtudes de esta película que, ojo, bien puede no ser plato de gusto para todos los estómagos y es que esa “bonita ultraviolencia que nos mata de risa” que proclamaba el Alex de La Naranja Mecánica puede tocar la sensibilidad de muchos. Pero no cabe duda que este tal Yang Ik-June es un tipo al que convendrá seguir muy de cerca ya que esta Breathless es una de las obras más libres, atrevidas y brillantes que he podido ver en un debutante hace tiempo. Su trabajo tanto delante como detrás de la cámara es impecable: en lo formal juega con las posibilidades del video digital para crear una puesta en escena muy cercana a los actores pero nada mareante, muy bien medida y con un excelente sentido del timing tanto en el lado cómico como en el dramático. Por otra parte, impresiona su trabajo como actor, dando forma a un personaje que, no nos engañemos, es una bestia en muchos aspectos, pero a la que acabas por comprender según va evolucionando su relación con los que le rodean, ya sea un jefe antiguo amigo de la escuela con el que tiene una relación llena de complicidad, la descarada adolescente capaz de fascinarlo precisamente porque no se arruga ante él y es capaz de plantarle cara, esa media hermana que hace lo imposible por crear algún vinculo familiar con él o ese pequeño sobrino al que insulta y provoca a la vez que se desvive por él.Pero es que además Breathless tiene un excelente guión, obra asimismo del tal Yang Ik-June que sabe llevar al espectador por todo ese viaje sin dejar ni un solo cabo suelto por el camino, repleto de excelentes diálogos a menudo poblados de un desconcertante humor negro y que funciona tanto a nivel dramático como en su contundente denuncia de un tema, el de la violencia doméstica ejercida tanto con las esposas como con los hijos, que según parece es un tema todavía tabú dentro de la sociedad coreana. Es una verdadera lástima que esta estimulante película, que entiendo que no es fácil de vender comercialmente, no tenga todavía distribución en España. Mucha gente se perderá una de las obras más interesantes surgidas de esa al parecer inagotable fuente de talento que resulta ser el cine coreano.Como anécdota, reseñar que al pobre Yang Ik Kune lo primero que le pasó nada más llegar a la Ciudad Condal fue que le birlaron la bolsa donde llevaba todos sus cosas, razón por la cual durante la presentación de su película en el Rex hizo un llamamiento público para ver si algún alma caritativa conseguía devolverle al menos el pasaporte. Sin embargo y haciendo gala de su profesionalidad y de un muy buen talante, hay que decir que este hombre extremadamente amable – la verdad es que, frente a él, cuesta muchísimo verle como el animal que poco antes había desplegado en pantalla generosas raciones de violencia verbal y física – demostró estar encantado de participar en el BAFF y de responder a cuantas cuestione le plantearon tanto el público como diversos periodistas. Personalmente, tuve ocasión de intercambiar impresiones con el en el Hotel Casanova donde se alojaba y me pareció un hombre muy interesante. Conviene seguirle la pista.Bueno, tras la exhibición dada por el Barça en el Bernabeu – perdónenme la digresión futbolera, pero a cualquier amante de ese deporte, madridistas incluidos, no le puede pasar desapercibida la obra de arte que ayer bordó este maravilloso equipo liderado por Guardiola y Xavi – Barcelona es una ciudad feliz que lo celebra como si de un título se tratara. Mañana será mi último día en el BAFF con el melodrama japonés All Around Us de Ryosuke Hashiguchi y la extrañísima co-producción entre Hong-Kong, Japón, Francia y Brasil Plastic City de Yu Lik-Bai, al parecer una película sobre mafiosos chinos establecidos en Brasil que promete cierta originalidad. Veremos.