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martes, agosto 15, 2006

LOS SOPRANO, Otra pasión incondicional

El DVD es un invento maravilloso que en las épocas en las que la cartelera tiene más bien poco que ofrecerte le permite a uno darse el gustazo de disfrutar de pequeños placeres. Canal Plus lleva todo el mes de agosto machacando a modo con el que sin duda es uno de sus platos fuertes para la nueva programación que se avecina: la sexta (y según parece, definitiva) temporada de Los Soprano, serie de la que siempre he sido un fan incondicional. Tenía desde las pasadas navidades la primera temporada en DVD y he aprovechado este laaargo fin de semana de cuatro días para verme los trece episodios que la componen - esta vez en V.O.S. - y volver a redescubrir los magníficos personajes salidos de la mente de David Chase (en la foto familiar, el tipo con los pies metidos en el barreño de cemento) que tanto me fascinan y volver a estudiar a fondo las razones por las que esta es una de esas series rompedoras que, en cierto sentido, creo que supo abrir camino a lo que sin duda está siendo una nueva edad de oro de la ficción televisiva. Y es que resulta ciertamente curioso que en unos tiempos en los que Hollywood parece estar amenazado por una galopante crisis de ideas que tiene al mundo del cine al borde de la esclerosis, series tan magníficas como El Ala Oeste de la Casa Blanca, A Dos Metros Bajo Tierra, House, Perdidos, 24, Invasión o Mujeres Desesperadas nos sigan recordando que hay excelentes ideas para renovar la pequeña pantalla y enmendarle la plana semana a semana su hermana mayor…

Pero ¿qué tiene Los Soprano que la hace tan irresistible? ¿Cuáles son las claves de que una tema en principio tan sobado por el cine y la TV como la Mafia y convertirlo en un éxito de masas? No hay una respuesta única, sino un conjunto de las mismas, pero para mi hay un elemento clave – ya presente tanto en la trilogía de El Padrino como en Uno de los Nuestros – que lo explica por encima de cualquier otra consideración: Los Soprano no es una serie sobre la Mafia, sino una serie sobre una familia cuyo estresado protagonista resulta ser un capo de la Mafia. Es una diferencia sutil, pero importantísima que David Chase estableció como columna vertebral de la serie desde su brillante episodio piloto: ¿qué sucede cuando un capo tiene serios problemas para mantener el equilibrio mental al atender al ‘negocio familiar’ hasta el punto que sufre ataques de pánico y ha de recurrir a una psiquiatra en secreto? ¿Cómo se conjugan los problemas que causan sus actividades al margen de la ley con los de una familia a la que pretende dejar al margen de las mismas? ¿Qué ocurre si tienes tal posición de privilegio que no puedes permitirte una sola debilidad y tu madre es un auténtico monstruo al que no sabes como hacerle frente sin sentir que traicionas tus obligaciones de buen hijo? Como decían en uno de los primeros trailers promocionales ¿qué va a ser, Good father o Godfather?

Pues ambas. Porque el fascinante Tony Soprano es un personaje al que ambas características definen por igual, de forma indisoluble. Tan importante es para la serie su faceta de estresado padre de familia y peculiar esposo como su condición de Capo mafioso, con todo lo que ello conlleva. James Gandolfini ha hecho una composición portentosa con ese personaje capaz de ofrecer caras muy distintas según la faceta de él que estemos viendo. Resulta igual de creíble cuando saca a relucir su lado más encantador – no cabe duda que es un tipo que, de entrada, y si no sabes a lo que se dedica, sabe resultar de lo más simpático y está dotado de un carisma muy especial – como cuando desata su lado más violento y salvaje atemorizando morosos o imponiendo una incuestionable disciplina entre sus tropas. Está dotado de un peculiar sentido del honor y la justicia, vive en un mundo dotado con sus propias reglas que sigue a rajatabla – salvo cuando las circunstancias le obligan a hacer lo contrario – y se hace respetar. Y querer. Porque uno ve más allá de su apariencia cuando se sincera con la Dra. Melfi – espectacular Lorraine Bracco, por cierto integrante del reparto de Uno de los Nuestros, como esa doctora fascinada a la vez que horrorizada por su peculiar paciente – o cuando lucha por lidiar con los múltiples quebraderos de cabeza que le da tanto su negocio su familia, empezando por su madre.

¡Que personaje es esa madre odiosa, ese pozo de rencor sin fondo que amarga la existencia a nuestro protagonista durante toda la primera temporada hasta el punto de llegar casi a provocar el asesinato de su propio hijo! Que gran hallazgo de David Chase, que confiesa en los extras de la primera temporada que parte de la inspiración para esa madre que no hace sino ir continuamente de víctima a la vez que utiliza sin recato su gran ascendencia sobre Tony para, culpa mediante, hacerle la vida imposible, está basada en su propia experiencia. Maravillosa es también Eddie Falco como Carmela, la esposa que prefiere mirar hacia otro lado y disfrutar de los beneficios del tipo de vida que lleva su marido, a la vez que se debate entre sus propias necesidades como mujer y su obligación como esposa y ama de casa a la italiana: su relación a lo largo de toda la temporada con ese cura gorrón con el que mantiene una tensión sexual soterrada digna de El Pájaro Espino es uno de los puntales de la serie. Pocos episodios son tan reveladores de esa mezcla entre dos mundos tan opuestos como el de la cotidianidad del día a día de una familia italoamericana y el de la mafia como ese en el que padre e hija se van a ver futuribles universidades… y Tony descubre a un testigo protegido del FBI, un antiguo mafioso que se convirtió en soplón. Es el mismo episodio en el que la nada inocente Meadow le hace saber a su padre que está al corriente de la verdadera naturaleza de sus ‘negocios’ y aun así, le quiere y acepta como tal. Lo mismo pasará posteriormente con Anthony, su preadolescente hijo varón (¡esa reveladora escena en el funeral de Jackie!)

Y luego está su otra familia. El leal Silvio, dueño del local de strip-tease Bada Bing, capitán y mano derecha de Tony, un hacha imitando a Pacino en El Padrino III. El psicópata e irresistiblemente divertido Paulie, brazo ejecutor y heredero del Joe Pesci de Scorsese. El sobrino Chris, desesperado por entrar en la ‘familía’ y que sufre un duro proceso de aprendizaje a la vez que sueña con convertirse en guionista de cine (y disfruta de la compañía de la arrebatadora Adriana, esa impresionante Drea Di Matteo). O el gordo Paulie, siempre acuciado por las deudas, el hombre bajo sospecha de ser un soplón, el desparecido. Por último está Tio Junior, el más peligroso de todos, el tipo frustrado que siempre ha soñado con ser el Jefe y del que todos pasan, excepto cuando lo ponen como tonto útil, como pararrayos cuando el Gobierno aprieta las clavijas. La difícil relación entre tío y sobrino, con la entrometida presencia de Livia, la madre terrible, tiene una fuerza dramática de primer orden en la serie… a la vez que cómica: véase sino el episodio en el que descubrimos que un mafioso no puede permitirse que se sepa que le da placer oral a su pareja, bajo pena de perder el respeto de todos, un detonante mucho más serio de lo que podría parecer a primera vista.

Si, sin duda la fuerza de Los Soprano está en la cuidada construcción de personajes, en los muy sólidos guiones que nos hacen adentrarnos en un mundo que nos resultaba conocido con ojos completamente nuevos, en unas tramas argumentales repletas de humor negro y de una violencia brutal que conforman un cóctel explosivo: nadie es capaz de anticipar que es lo que puede pasar a continuación, hacia donde se moverá la enorme capacidad de destrucción que es capaz de generar las buenas intenciones de Tony Soprano, un tipo capaz de aplicar una lógica tan perversa que es volar por los aires el restaurante de su amigo de la infancia para que su Tio Junior no cometa un asesinato allí porque eso sería la ruina de ese negocio. Uno tiene la continua sensación de que algo horrible puede ocurrir en la siguiente escena, que el terror puede desatarse de forma inesperada, congelando la sonrisa en una terrible mueca de espanto. Y sin embargo y pese a todo lo que implica, como ocurre con los grandes personajes, uno no puede sino simpatizar con Tony Soprano y su circunstancia, conmoverse con él con algo tan simple como que unos patos salvajes aniden en su piscina y que su posterior partida le deje en la más absoluta miseria, con sus esfuerzos por salir adelante en la vida que le ha tocado vivir.Uno asiste, en fin, con perversa fascinación a esa relación terapeuta-paciente que se mueve en unos límites que, para conseguir que la terapia tenga efecto, han de bordear continuamente, con todo el peligro que ello conlleva. Pocas series tienen un sello cinematográfico tan palpable como Los Soprano y pocas tienen esa capacidad de enganche. La verdad es que verse de un tirón una temporada completa tiene la virtud de que uno aprecia mejor la complejidad y la sofisticación de sus guiones… pero tiene el terrible inconveniente de que resulta sumamente adictivo, lo que es un problema cuando uno no tiene más temporadas que echarse a la mente. Os dejo con el link a la página oficial de la serie de la HBO – espectacular su resumen de la quinta temporada, pero solo apta para los que se manejen en inglés – Por favor, que llegue pronto septiembre…

jueves, marzo 02, 2006

HOUSE, una serie diferente

Se sigue el proceso que Hollywood siempre ha utilizado para conseguir un éxito seguro: mezclar dos conceptos que por separado han funcionado, añadir un toque nuevo a la mezcla – a ser posible rompedor o novedoso – y confiar en que la receta sea aceptada por el espectador. Analicemos un poco: las series de hospitales y médicos siempre han sido un valor seguro (Urgencias, además de dar a conocer mundialmente a George Clooney, sirvió de precedente para que infinidad de productoras trataran de copiar la fórmula con elementos más o menos patrios: véase Hospital Central) aunque a mi la verdad es que nunca me han hecho excesiva gracia, he de reconocerlo. CSI fue en su momento tal bombazo que estoy por afirmar que Jerry Bruckheimer ha sacado mucha más pasta con esta serie (y sus dos spin off, o series con el mismo concepto pero ubicadas en ciudades distintas) que con muchos de sus renombrados blockbusters: sus investigadores capaces de reconstruir los detalles de un crimen a partir del más mínimo detalle usando las más avanzadas técnicas conquistaron al público. Así, ya tenemos los dos elementos principales: un hospital y un grupo de médicos investigadores más que dispuesto a resolver cualquier caso por extraño que sea – y créanme, el cuerpo humano y sus variadas reacciones dan el juego suficiente como para que los más ignorantes en el asunto nos entretengamos, pese a toda la jerga científico/médica – pero nos falta el elemento novedoso, rompedor.Y aquí es donde entra el Dr. House. Un arrogante cojo hijo de puta amargado, irónico y sarcástico hasta la náusea, capaz de soltar en el primer capítulo que los médicos “no tratan pacientes, sino las enfermedades. Los pacientes son un obstáculo: mienten siempre y nos hacen más difícil nuestro trabajo” La pesadilla de cualquier enfermo que busque – cada vez más en vano – a uno de esos médicos solícitos, educados y comprensivos. House es todo lo opuesto a eso: es un cabrón sin escrúpulos cuyo interés solo se consigue si el caso tiene algo especial, algo que no está claro, supone un reto a vencer o un puzzle a resolver. Sus tareas mundanas le aburren, sus compañeros sufren sus puyas verbales y humillaciones diariamente, es un adicto a los calmantes y su interior es un pozo casi vacío al que da pánico asomarse. Pero es jodidamente bueno. Tan jodidamente bueno que se le toleran los mayores desatinos, que ponga en riesgo la vida de pacientes mandando tratamientos por tanteo que le revelen según sus reacciones la naturaleza de la enfermedad de sus pacientes o que los protocolos le suden una higa. De hecho, encuentra cierto perverso placer en saltarse las reglas y crispar a todo el que tiene alrededor, hombres y mujeres, miembros de su equipo o familiares, su jefa (ésta, de cuando en cuando le suelta un “¿Estas borracho?” a algunas de sus ideas que definen bien su relación) o esos pacientes a los que no ve a no ser que no tenga más remedio. ¿El resultado? La serie es ingeniosa, brutal, repleta de humor negro y mala ostia y trufada de momentos maravillosos cortesía de un personaje irrepetible del que cabe esperar, literalmente, cualquier cosa. Hasta que se comporte como un ser humano decente de vez en cuando.Una pasada. Hugh Laurie (le hemos visto en Los Amigos de Peter, Maybe Baby o Sentido y Sensibilidad) ha encontrado el papel de su vida – le acaban de soltar un muy merecido Emmy – y está muy bien acompañado: Robert Sean Leonard, Omar Epps, Lisa Edelstein y la deliciosa Jennifer Morrison, mi icono erótico/festivo más reciente completan el reparto habitual. La cadena Cuatro, donde se está emitiendo en estos instantes la primera temporada (en la Fox ya van por la segunda, todos los martes, y el episodio de hoy, con una niña enferma de cáncer terminal, ha sido una salvajada total, lo que me ha inspirado escribir este post) hace un concurso cada semana en el que da a elegir a los internautas la mejor frase de House del capítulo correspondiente. Me he tomado la molestia de haceros una selección de aquellas que yo considero más brillantes o representativas, aunque faltan un buen puñado. Os recomiendo que no os la perdáis, aunque odiéis las series de Hospitales. Yo las odiaba, pero ahora estoy completamente enganchado a la brutalidad de House:
1. (a un paciente) "... ¡Está usted naranja, imbécil! y que usted no se dé cuenta, pase, pero si su mujer tampoco ve que ha cambiado de color es mala señal..."
2. Dr. House: "El 30% de los padres no saben que están criando al hijo del otro"Dr. Foreman: "He leído que la paternidad falsa no pasaba del 10%"Dr. House: "Eso es la cifra de las madres"
Doctora Cuddy: "¿Has vuelto para ver a una paciente?"D. House: "No, a una puta, me da mucho más morbo aquí que en casa"
3. (a un paciente) "... ¿Preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora? Aunque yo creo que lo peor sería uno que te ignore mientras te mueres..."

4. (a una paciente embarazada de su ex novio) "... ¿Su ex novio se parece a su marido? Pues tenga el niño, no se enterará. Pasa en las mejores familias, querida. ¿Por qué no en la suya?"
La misma paciente embarazada: "Tengo que hacer un regalo"Dr. House: "A veces el mejor regalo es la gratificación de no volver a verla"

5. (Dr House a una monja): "Ira, orgullo, envidia, gula... Lleva usted cuatro de los siete pecados capitales en dos minutos. ¿Registran ustedes los records? ¿Hay Católicoolimpiadas?"

6. (Dr. House a la directora del hospital): "Bonito traje, dice soy profesional sin dejar de ser mujer. Lo segundo lo dice a gritos".
(Dr. House a un médico del hospital): "Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados. Te aconsejo que uses las mías"

7. (El doctor Foreman acusa a House de pincharle cada día más): "Pues eso descarta el racismo ¿no?, ayer eras igual de negro".

8. (House al hijo de una anciana ingresada en el hospital): "Su madre ha sufrido un cambio de personalidad, hay que reconocerla. Mandaré a una enfermera, yo soy demasiado guapo".

9. (House animando a un paciente paralítico): "La vida es un asco y la suya es peor que otras. Aunque las hay peores, lo cual también es deprimente".
(House a un paciente sorprendido porque le ha dado unas pastillas sexualmente estimulantes): "Por qué no. Si la diabetes le ha afectado al corazón, morirá. Si no, sábado sabadete…"

10. Una residente a House: “¿No se supone que tiene que escucharnos mientras le contamos las historias?
House: “No. Tengo que enseñaros. Y si puedo hacerlo sin escucharos, mucho mejor”
Residente (irritada) “Está leyendo un cómic…”
House: "Y tú estás enseñando las tetas con ese top tan escotado. Oh, perdona, creí que era un concurso de obviedades, soy muy competitivo".

12. (House mientras su equipo mira los testículos de un paciente que niega tomar esteroides): "Sus labios dicen que no y sus ciruelitas dicen que sí."

13. Dra Cuddy (Lisa Ederlstein), directora del Hospital y jefa de House:
"Quiero que te pongas la bata"
House: "Y yo pasarme los próximos dos días metiendo con alguien obscenamente más joven que tú. La mitad de tu edad"

David Garrido, al que en esta selección - hecha por Cuatro, excepto el último diálogo, recogido por mi ayer mismo - le falta una de sus secuencias favoritas: una en la que una paciente se queja de cansancio y dolores musculares y House le dice algo así como:

"Tiene usted un parásito. No es grave, pero debe tener algo de cuidado. Hay algunas mujeres que se encariñan con este tipo de parásitos: los cuidan, los limpian, les dan de comer... algunas hasta le ponen nombres"
(Mirada extraviada de la paciente, que no entiende nada. House gira el monitor)
"Está usted embarazada". Demoledor. ¿Se imaginan que les atendiera un médico así?