martes, septiembre 26, 2006

JARHEAD, lo perverso de lo ambiguo

La cosa empezaba mal. Esto de un sargento instructor gritando y humillando a saco a un bulto listillo ya nos lo había mostrado Kubrick de forma estremecedora - inolvidable Robert Lee Ermey - en La Chaqueta Metálica. Como siempre me ocurre cada vez veo estas cosas no acababa de decidir si la intención del director era homenajear o plagiar con descaro, buscando el golpe de efecto. Pero, la verdad, no me hacía ni puñetera gracia... Tenía cierta curiosidad por ver la última peli de Sam Mendes, director de dos obras tan distintas como American Beauty y Camino a Perdición. Me llamaba la atención que las críticas que leí en su momento me resultaron de una extraña indiferencia, dados los antecedentes.
Jarhead no es ni mucho menos una mala película. Pero resulta de un ambiguo bastante perverso. No se si se deberá al hecho de que está adaptando una novela de un ex-marine que sabe muy bien de lo que habla y quiere respetar al máximo su voz – que se muestra quizás demasiado comprensiva en exceso con los personajes – o es el producto de una película sobre la primera guerra de Irak que vio la luz justo cuando la segunda empezaba a mostrar su cara más oscura, pero el caso es que el posicionamiento de Mendes no solo sobre el conflicto, sino sobre la guerra, cualquier tipo de guerra, es casi inexistente, lo que tiene toda la pinta de ser algo buscado de forma premeditada. Supongo que la defensa de Mendes consistirá en que a él como director solo le interesaba mostrar el proceso de formación de un marine cualquiera y su mentalidad – o mejor dicho, la forma en la que se les enseña a no cuestionar nada y a carecer de criterio propio, que para el mundo castrense es algo que resulta de lo más molesto – pero no deja de resultar chocante que Jarhead siga paso a paso la demoledora conversión de un tipo inteligente como Swofford - por cierto, estupenda interpretación de Jake Gyllenhaal - que soñaba con ir a la universidad en un francotirador deseoso de entrar en acción y cargarse a alguien y a la vez mantenga un discurso en ciertos pasajes bastante elogioso del Cuerpo de Marines, principalmente como familia sustituta de esos tipos que no parecen haber sido capaces de encontrar un mejor destino en sus vidas.
Lo curioso de Jarhead es que no acaba de funcionar del todo en ninguno de sus aspectos, pero a la vez provoca una cierta reflexión sobre los géneros que toca. Como película bélica casi resulta dudoso que se la pueda incluir en el género, dada la ausencia casi total de escenas de acción, ya que lo interesante de la experiencia de Tony Swofford y sus colegas fue lo mucho que se aburrieron en el desierto durante la primera Guerra de Irak para al final no participar en ninguna contienda. Claro que eso provoca la reflexión de hasta qué punto tiene sentido afrontar conflictos bélicos desde el cine hoy en día, cuando la omnipresente aviación y los avances de la tecnología moderna reducen casi al mínimo el papel de los marines en los conflictos, entre otras cosas porque eso reduce el número de bajas de forma considerable. Como denuncia del vaciado y posterior reciclado del personal que suele ser norma en cualquier ejército profesional del mundo tampoco acaba de ser redonda, ya que si las putadas y humillaciones que sufren los soldados resultan de lo más contundentes y aberrantes – y su cada vez más primitivo comportamiento parece una consecuencia de ello – también pululan por la película personajes que se cuestionan en todo momento lo que pintan en Arabia Saudi, se enfrentan a los mandos e incluso desafían abiertamente las instrucciones recibidas, casi como si se defendiera la vieja máxima de ‘lo que no te mata te hace más fuerte’, lectura positiva más que cuestionable del rol del Ejército en las vidas de los marines.Claro, Jarhead funcionaría muchísimo mejor si no tuviésemos en el cine multitud de ilustres precedentes en los diversos géneros que toca, algunas incluso citadas sin disimulo en el mismo filme – dos de las secuencias más interesantes son la de los marines jaleando la conocida escena del ataque de los helicópteros al son de La Cabalgata de las Valkirias en Apocalypse Now, con lo que se cuestionan las motivaciones últimas de Coppola y la inesperada conversión de El Cazador de Michael Cimino en una película de muy distinto signo, dos detalles de una perversidad no del todo coherente con la asepsia general del film de Mendes – y si el conjunto del filme no careciera de una visión personal sobre el tema que aportara algún tipo de interés a una película tan vista que cuando Swofford reflexiona sobre el hecho de que todas las guerras son la misma – ¿No tenemos derecho a tener nuestra propia música?” dice Swofford en voz alta al escuchar el clásico Break on Through de The Doors que remite a Vietnam – el espectador no puede sino concluir que el mismo razonamiento puede aplicarse a las películas que se hacen sobre dichos conflictos, con algunas honrosas excepciones.
Pero más allá de los tópicos, la ambigüedad moral y la falta de originalidad, hay que reconocer que Jarhead tiene una serie de virtudes que merecen la pena destacarse. Sam Mendes sabe como dotar de cierta garra una historia en la que la inmovilidad y el paso del tiempo sin que nada ocurra provoca la sinrazón y el desquiciamiento de unos soldados que, sin la guerra para la que han sido entrenados, pierden por completo lo único que da sentido a sus existencias, hasta el punto de considerar una tragedia o una afrenta personal que no se les autorice a disparar cuando tienen un blanco claro en su punto de mira. Es un contrasentido, afirma la película, crear máquinas para la guerra y privarles luego de lo único que puede justificar semejante proceso. En el abrasador paisaje del Kuwait invadido, con sus pozos ardiendo en el horizonte y el petróleo cayendo sobre los soldados en forma de lluvia – secuencias maravillosamente fotografiadas por un más que inspirado Roger Deakins – no es extraño que la película derive por momentos hacia un surrealismo más propio de alguna película de David Lynch (la escena del caballo o del cadáver desenterrado) o a desoladoras situaciones que remiten a Coppola o, más recientemente, al Malick de La Delgada Línea Roja, en las que no resultaría especialmente extraño que más de uno de esos marines cruzara la frágil frontera que separa la cordura de la locura colectiva.
Así, esta película deliberadamente ambigua consigue elevarse por encima de sus propios defectos en algunos pasajes de su última media hora, gracias a detalles como ese castigado veterano de los marines subiéndose al autobús donde viaja la compañía en su desfile de regreso para felicitarles y, al tiempo, reclamar un pequeño hueco entre los que considera ‘los suyos’ como si de un fantasma de las navidades futuras se tratara o la elegante forma en la que Mendes visualiza el falso ‘regreso a la normalidad’ de los veteranos de una Guerra que apenas pareció existir, aderezadas con las melancólicas reflexiones en off de Swofford, tan nostálgicas de aquella experiencia como terriblemente tristes. El principal problema de Jarhead es precisamente ese. A medio camino entre la denuncia y la exaltación de una forma de vida elegida, uno no consigue jamás saber que opina el propio Mendes, que parece esconderse tras la voz de Swofford, incapaz de condenar su propia vida. Prestarse a ese juego en un tema tan delicado resulta en mi opinión algo sumamente perverso.

viernes, septiembre 22, 2006

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA

Ken Loach vuelve a Irlanda
Si uno se para un poco a considerar los tiempos que corren, no resulta nada extraño que un cineasta tan concienciado y combativo como Ken Loach haya elegido para su última película volver a Irlanda dieciséis años después de ofrecer una durísima versión del conflicto en su impactante Agenda Oculta. De igual forma, no es nada gratuito que Loach hurgue a su particular manera en las raíces de aquel conflicto: llevando por bandera la conocida premisa de que un pueblo que desconoce su propia historia está dispuesto a repetirla, Loach pretende de forma nada sutil trazar un claro paralelismo entre los hechos que llevaron al fracaso de la ocupación de Irlanda por parte de los británicos con lo que ocurre hoy en día en Irak. La historia es conocida y algún filme como Michael Collins (Neil Jordan, 1996) ya nos la habían acercado: en 1918 el Sinn Féin arrasó en las elecciones generales y constituyó un Parlamento de Irlanda en Dublín que proclamó su independencia de la Corona británica, que reaccionó negando la legitimidad y enviando tropas que ejercieron una brutal represión sobre los civiles, lo que condujo a la aparición del IRA. Tras varios años de lucha, los británicos reconocieron en 1922 la independencia de Irlanda en un Tratado de Paz que les permitía retener el control de los condados del norte, lo que condujo a un nuevo enfrentamiento, esta vez entre los partidarios del tratado, establecidos ahora como gobierno legítimo y los que se negaron a aceptar la división del país, una auténtica guerra civil que se saldó con la derrota de estos últimos, dando lugar al germen de un conflicto que ha durado todo el siglo XX y ha provocado miles de muertos.
Loach y su guionista Paul Laverty ofrecen su visión del conflicto siguiendo los pasos de Damien – un ajustado Cillian Murphy – un médico que renuncia a una prometedora carrera en Londres para unirse junto a su hermano a las famosas ‘Columnas Volantes’, verdadero ejército irregular de insurgentes que se enfrentaron a los ingleses. La toma de conciencia de Damien sigue paralela a la crueldad con la que se conducen las tropas inglesas en su represión de la rebelión. Loach describe los hechos con su habitual fiereza – el retrato que hace de los tristemente famosos Black and Tans es terrorífico: todos los ingleses que aparecen en el filme son poco menos que bestias sedientas de sangre que no se detienen ante nada – al tiempo que muestra la progresiva radicalización de los irlandeses en su lucha – viéndose obligados, por ejemplo, a ejecutar a los colaboradores – y la importancia capital que tuvo en el desenlace del conflicto la entrega con la que la población civil se dedicó a proteger y ayudar a los miembros del IRA alimentándolos, ocultando sus armas o negándose a transportar a los británicos en los trenes.
Hay dos partes bien diferenciadas en la película que se corresponden con el antes y el después de la firma del tratado que puso fin a las hostilidades con los ingleses pero que dio comienzo al conflicto civil entre partidarios y detractores del mismo. Podría decirse que Loach se aplica durante la primera a construir de forma creíble la evolución de Damien y Teddy como personajes y a mostrar la brutalidad de sus compatriotas con el profundo maniqueísmo que siempre impregna todos sus filmes, que reduce de forma lamentable los complejos conflictos que aborda a una división entre buenos y malos perfectamente asumida por el espectador. El inevitable toque Loach, vaya. Sin embargo, El Viento que agita la Cebada se eleva un poco por encima de dichos planteamientos gracias a una dirección y una puesta en escena un poco más elaborada del estilo naturalista despojado de todo artificio narrativo que suele ser habitual en el cineasta inglés. Hay un cierto gusto por el encuadre y el detalle – cfr. el plano de los hombres del IRA surgiendo poco a poco de entre la niebla – bastante poco usual hasta la fecha en Loach que permite que la narración se siga con fluidez.
Otro punto positivo es que la segunda parte del filme, que ahonda en la profunda división que siguió a la firma del Tratado tiene mucho mayor interés. Como ya hiciera en su particular visión de la Guerra civil Española Tierra y Libertad, Loach plantea al espectador el eterno conflicto sobre si una auténtica revolución que cambie los cimientos de la sociedad debe realizarse a la vez que el enfrentamiento armado o es preciso ganar la guerra primero y realizar dichos cambios después, cosa que la experiencia histórica nos dice que nunca sucede. El Viento que Agita la Cebada se acerca así mucho a Tierra y Libertad – afortunadamente sin tanta manipulación histórica de los hechos - hasta el punto de que Loach prácticamente se cita a si mismo volviendo a insertar una secuencia de una reunión en la que todos, partidarios y detractores del Tratado, tienen la oportunidad de expresar lo que piensan. Para Loach es esencial enlazar la génesis del conflicto irlandés con las duras condiciones de vida que soportaba la población civil1, razón por la que enfatiza de forma evidente que la concesión de un estado libre de Irlanda pero parte aun de la Corona británica y con una parte de su territorio aun bajo dominio a Gran Bretaña no solucionaba los padecimientos de la población sino que, muy al contrario, perpetuaba de manera evidente las desigualdades del sistema y garantizaba la permanencia del status quo. Parafraseando al conde de Lampedusa de El Gatopardo, era necesario que todo cambiara para que todo siguiera igual.Por eso los momentos más brillantes de El Viento que Agita la Cebada tienen que ver por ejemplo con la reiteración de los conflictos que tienen lugar en la granja de Peggy, imagen tan dolorosa como precisa de que una vez desaparecido el enemigo común representado por los británicos, los problemas que aquejaban a la población no solo estaban lejos de desaparecer sino que ahora se recrudecían de una forma aun más dramática al tratarse de una lucha de irlandeses contra irlandeses. La tesis de Loach es inapelable: la historia nos demuestra que ante una situación de abuso de poder por parte de un pueblo opresor sobre otro oprimido, movimientos de muy distinto signo dentro de éste pueden unirse para hacer causa común, pero una vez conseguido este objetivo, las diferencias entre ellos reaparecen más fuertes que nunca y lleva a nuevos enfrentamientos en una espiral de violencia que solo siembra más dolor y muerte y cuyas víctimas son siempre los mismos. Baste recordar que una vez reconocida Irlanda como estado independiente y una vez sofocada la revuelta a favor de los defensores del tratado, miles de irlandeses emigraron a América huyendo de las terribles condiciones de pobreza y hambruna de su tierra natal. Una triste a la par que trágica victoria.Ken Loach sigue pues, para disfrute de sus seguidores y desesperación de sus detractores, fiel a si mismo y escribiendo una trayectoria coherente en su filmografía, a la que ahora suma una obra algo más acabada desde el punto de vista formal que revisa un conflicto cuyas consecuencias han sido más veces abordadas por el cine que sus raíces. Es algo que hay que agradecerle, aunque quizás una Palma de Oro en Cannes sea excesivo.
1 No hay que olvidar que dos años antes del inicio del conflicto, en 1916 y en plena I Guerra Mundial, ya hubo un primer levantamiento de corte marxista liderado por Joseph Connelly, cuyo movimiento independentista se basaba de forma inequívoca en la lucha de clases y cuyo espíritu inspiró a gran parte de los que participaron en el posterior de 1921. Loach lo recuerda varias veces a lo largo del filme.

sábado, agosto 26, 2006

LA JOVEN DEL AGUA, La fábula en el espejo

Hace ahora dos años escribí en mi reseña de The Village (El Bosque) que quizás la más importante de las intenciones últimas del realizador M Night Shyamalan en sus películas era conseguir, más allá del estilizado envoltorio narrativo de las mismas, deslizar en el espectador una serie de cuestiones de tipo moral que permiten a éste volver una y otra vez a sus películas sin que éstas pierdan un ápice de su interés incluso cuando ya somos conscientes de antemano de esa resolución que a veces se apoya en un giro final sorprendente o inesperado. Shyamalan es, además de uno de los cineastas más dotados de la actualidad, un realizador profundamente humanista y moral que se siente siempre en la obligación de ofrecer al espectador algo más que un par de horas de buen entretenimiento: toda su filmografía está cargada de continuas invitaciones a la reflexión sobre el sentido de nuestra propia existencia, la manera que tenemos de enfrentarnos a los problemas cotidianos de la vida o nuestra relación con el mundo y las personas que nos rodean. Esa intención universal nada oculta provoca que uno pueda aproximarse a la filmografía de Shyamalan desde el enfoque que más le interese y quedarse con él, lo que probablemente explica en gran medida su éxito internacional.
Dicho de otro modo ¿es El Sexto Sentido un notable filme de fantasmas o todo un ensayo sobre la necesidad de resolver en vida todo aquello que verdaderamente importa? ¿Unbreakable es una peculiar aproximación al cine de superhéroes o una reflexión sobre la importancia de hacer aquello a lo que uno parece estar destinado en la vida?¿Señales es un filme sobre una invasión alienígena o sobre como recuperar la fe y que todo, incluso lo más horrendo, sucede por un motivo?¿The Village es un film sobre monstruos o una disertación sobre el poder del miedo como herramienta de control? Lo verdaderamente interesante del cine de M. Night Shyamalan es que todas las cuestiones anteriores se responden de la misma forma: ambas cosas. Y sobre todo, que el realizador de origen indio afincado en Filadelfia se dedica con el mismo afán a conseguir que ambas partes de la ecuación tengan la misma importancia, de tal manera que ni las cuestiones que plantea el fondo de sus filmes diluyan la forma ni que su estilizada y elaboradísima puesta en escena distraiga tanto al espectador como para percibir el sutil mensaje subterráneo, profundamente moral y humanista, que encierra todas sus películas.

La Joven del Agua es un ejemplo de continuismo dentro del personal Universo Shyamalan. Con una peculiaridad que la hace interesante ya que en cierto sentido y sin abandonar ni por un instante todos los temas que le son caros al realizador, La Joven del Agua funciona como una suerte de reflejo a lo que supuso su anterior filme, The Village, en su filmografía. Si en aquel los líderes de una comunidad utilizaban sus conocimientos de ancestrales mitologías para construir una sociedad cuyo elemento central y aglutinador era el miedo a las criaturas que habitaban los bosques que la rodeaban, en La Joven del Agua se da el procedimiento inverso: son las criaturas mitológicas, largo tiempo olvidadas por el ser humano, las que hacen acto de presencia en otra comunidad – en esta ocasión los vecinos de una urbanización cercana a un bosque – y es la progresiva toma de conciencia del elemento fantástico como una realidad la que (como ya sucedía en El Protegido o en Señales) hace que ese grupo de individuos variopintos que apenas guardan relación unos con otros encuentren una causa común que les sirve de detonante para encontrar sentido a sus vidas, superar sus problemas personales o, simplemente, desarrollar un perdido sentido de pertenencia a una comunidad que les hace crecer y, en suma, convertirse en mejores seres humanos.Es una fábula para adultos, sí, como también lo era The Village, pero también es una fábula en un espejo, como los que los personajes utilizan para descubrir a las criaturas que les amenazan: la realidad alimenta la fábula, el cuento, y éste a su vez les devuelve una visión mejorada de si mismos.
Cleveland Heep – un Paul Giamatti tan brillante como acostumbra en su papel de hombre descreído de si mismo y derrotado por las circunstancias que no está muy alejado del de Mel Gibson en Señales o Bruce Willis en el Protegido– se limita a aceptar la increíble presencia de Story, una ninfa, una narf, - a la que por cierto la acertada Bryce Dallas Howard dota de toda la carga de ternura e inocencia que el personaje requiere, algo a lo que le ayuda tanto su talento interpretativo como su más que adecuado físico - que proviene de un mundo acuático con la misión de inspirar a un escritor para que su obra a su vez inspire a la Humanidad. Su presencia en nuestro mundo, amenazada por una criatura de afilados dientes e infinita capacidad de confundirse con el entorno para hacerse invisible, obliga a Cleveland a embarcarse en una búsqueda de aliados humanos que sean capaces primero de creer que acaban de embarcarse en un cuento y segundo, que sepan cual es el papel que han de jugar en él.Shyamalan, como siempre, se toma su tiempo en establecer la historia y en presentarnos a los múltiples inquilinos de esa urbanización que tendrán su importancia en la historia. Como siempre, ningún detalle está dejado al azar - si acaso, se le puede acusar de ser un poco menos sutil que en anteriores ocasiones: La Joven del Agua resulta algo más previsible que sus películas precedentes - y, también como siempre, su premeditado ritmo lánguido desesperara a los amantes de las emociones rápidas y los montajes entrecortados a la vez que su sentido de la planificación y su elaborada narrativa dejará satisfechos a sus defensores, que volverán a encontrar en La Joven del Agua motivos para maravillarse con la enorme creatividad de este director, muy por encima de la media de la mayor parte de los realizadores norteamericanos de hoy en día. Y ello pese a que en la primera media hora de la cinta el realizador – que ha cambiado de director de fotografía para la ocasión, Christopher Doyle y que pasa mucho más tiempo delante de la cámara que en sus anteriores filmes con un papel mucho más relevante – juegue mucho más de lo acostumbrado con la cámara al hombro y normalice un tanto su sofisticada puesta en escena, como si pretendiera alejarse de sus marcas visuales más reconocibles.
Sin embargo, La Joven del Agua está llena de momentos que denotan la inequívoca mano de su autor, un hábil creador de atmósferas malsanas capaz de conseguir que una simple piscina de urbanización o el jardín que la rodea sean a la vez un lugar de esparcimiento y un sitio de lo más amenazante - una vez más, y son incontables en su filmografía, el agua no es tanto una fuente de vida por mucho que Story provenga de ella, sino un ambiente hostil no apto para los humanos -; los enfrentamientos con el agresivo Snart no son tanto motivos de sobresalto como elaborados duelos de tensión, a veces incluso resueltos en off, que prueban una vez más el elegante sentido del suspense que tanto gusta al realizador; hay multitud de planos con enfoques poco habituales que, sin embargo, nunca dan la impresión de ser gratuitos o complacientes sino que siempre están al servicio de la historia, James Newton Howard vuelve a deleitarnos con otra elegante partitura de las suyas, etc.Con todo, los detractores de Shyamalan argumentarán (no sin razón) que La Joven del Agua no aporta gran cosa nueva a la filmografía de Shyamalan y que la mayor parte de sus virtudes, ya sean estrictamente cinematográficas o derivadas de su mensaje humanista estaban mejor desarrolladas en sus obras anteriores. O dicho de otro modo, que La Joven del Agua indica en el mejor de los casos una preocupante tendencia a la baja en el cine de Shyamalan y una simple repetición de fórmulas suficientemente probadas en el peor de ellos. Estando básicamente de acuerdo en que no es ni mucho menos la obra más lograda de su realizador, en su defensa diré que percibí en la película dos elementos permiten puntualizar tales críticas.
El primero es la ambición por parte del realizador de manejar repartos más amplios, dando espacio a muchos más personajes secundarios que en sus anteriores filmes que si bien en algunos casos no pasan de la simple anécdota para hacer avanzar mecánicamente la trama, en otros adquieren mayor complejidad. El ejemplo más perverso y a la vez divertido es sin duda ese desagradable crítico de cine interpretado por Bob Balaban a través del cual Shyamalan parece haber querido ajustar cuentas con esa crítica USA que tan incomprensiblemente le maltrata y cuyo principal interés no es tanto su amarga y pedante personalidad, sino su condición de experto en tramas que sirve para que Shyamalan juegue al despiste con la complicidad del espectador.El segundo es una mucho mayor presencia del sentido del humor, un elemento con el que el realizador ya había coqueteado en Señales y The Village. Sin duda que tanto la presencia de un actor de innegable talento cómico como Giamatti unido a esta tropa de inquilinos a cual más extravagante que harían las delicias de un Alex de la Iglesia que quisiera emprender un remake USA de La Comunidad ayudan no poco a que Shyamalan explore sus posibilidades en ese campo, si bien el resultado es de lo más desigual, abundando tanto momentos logrados – una vez más hay que citar a Bob Balaban – con otros que no lo son tanto.
Por último, y aunque no es algo precisamente novedoso, creo que es de justicia resaltar que dentro de la habitual exaltación de la fe (entendida no en el sentido religioso del término, sino en el de fe en uno mismo y en la propia capacidad para conseguir lo que uno se propone) a la que Shyamalan nos tiene acostumbrados en sus películas, La Joven del Agua parece querer advertirnos sobre los peligros de ir demasiado lejos en la alegre aceptación de según que cosas: incluso dentro de un relato de estas características en el que los personajes han de hacer el esfuerzo de creerse en lo que están metidos, alguno se deja llevar tanto por su propio entusiasmo que resulta contraproducente. Y es que en el cine de Shyamalan siempre ha habido monstruos, pero el sueño de la razón, ya lo sabemos, también los produce.
La Joven del Agua no es, en suma, una película fácil. Exige un enorme esfuerzo al espectador para que deje de lado las inevitables dosis de incoherencia que tiene todo cuento, también presentes en la película, y entre por completo en el juego que propone. Un enfoque demasiado cínico o demasiado objetivo nos sacarán del filme desde el principio y pueden convertir esta gozosa experiencia en algo de lo más tedioso. Pero precisamente de eso se trata la arriesgada apuesta de esta película de Shyamalan, uno de los pocos directores que mantienen hoy en día un control absoluto de sus obras: demostrar que tiene la capacidad de atemorizarnos y hacernos soñar a la vez con los cuentos y leyendas que siempre han estado ligadas a la Humanidad y que, en el fondo, son la base de sus relatos. Shyamalan convencerá más o menos y le podrán acusar de muchas cosas, pero jamás de falta de coherencia consigo mismo.

martes, agosto 15, 2006

LOS SOPRANO, Otra pasión incondicional

El DVD es un invento maravilloso que en las épocas en las que la cartelera tiene más bien poco que ofrecerte le permite a uno darse el gustazo de disfrutar de pequeños placeres. Canal Plus lleva todo el mes de agosto machacando a modo con el que sin duda es uno de sus platos fuertes para la nueva programación que se avecina: la sexta (y según parece, definitiva) temporada de Los Soprano, serie de la que siempre he sido un fan incondicional. Tenía desde las pasadas navidades la primera temporada en DVD y he aprovechado este laaargo fin de semana de cuatro días para verme los trece episodios que la componen - esta vez en V.O.S. - y volver a redescubrir los magníficos personajes salidos de la mente de David Chase (en la foto familiar, el tipo con los pies metidos en el barreño de cemento) que tanto me fascinan y volver a estudiar a fondo las razones por las que esta es una de esas series rompedoras que, en cierto sentido, creo que supo abrir camino a lo que sin duda está siendo una nueva edad de oro de la ficción televisiva. Y es que resulta ciertamente curioso que en unos tiempos en los que Hollywood parece estar amenazado por una galopante crisis de ideas que tiene al mundo del cine al borde de la esclerosis, series tan magníficas como El Ala Oeste de la Casa Blanca, A Dos Metros Bajo Tierra, House, Perdidos, 24, Invasión o Mujeres Desesperadas nos sigan recordando que hay excelentes ideas para renovar la pequeña pantalla y enmendarle la plana semana a semana su hermana mayor…

Pero ¿qué tiene Los Soprano que la hace tan irresistible? ¿Cuáles son las claves de que una tema en principio tan sobado por el cine y la TV como la Mafia y convertirlo en un éxito de masas? No hay una respuesta única, sino un conjunto de las mismas, pero para mi hay un elemento clave – ya presente tanto en la trilogía de El Padrino como en Uno de los Nuestros – que lo explica por encima de cualquier otra consideración: Los Soprano no es una serie sobre la Mafia, sino una serie sobre una familia cuyo estresado protagonista resulta ser un capo de la Mafia. Es una diferencia sutil, pero importantísima que David Chase estableció como columna vertebral de la serie desde su brillante episodio piloto: ¿qué sucede cuando un capo tiene serios problemas para mantener el equilibrio mental al atender al ‘negocio familiar’ hasta el punto que sufre ataques de pánico y ha de recurrir a una psiquiatra en secreto? ¿Cómo se conjugan los problemas que causan sus actividades al margen de la ley con los de una familia a la que pretende dejar al margen de las mismas? ¿Qué ocurre si tienes tal posición de privilegio que no puedes permitirte una sola debilidad y tu madre es un auténtico monstruo al que no sabes como hacerle frente sin sentir que traicionas tus obligaciones de buen hijo? Como decían en uno de los primeros trailers promocionales ¿qué va a ser, Good father o Godfather?

Pues ambas. Porque el fascinante Tony Soprano es un personaje al que ambas características definen por igual, de forma indisoluble. Tan importante es para la serie su faceta de estresado padre de familia y peculiar esposo como su condición de Capo mafioso, con todo lo que ello conlleva. James Gandolfini ha hecho una composición portentosa con ese personaje capaz de ofrecer caras muy distintas según la faceta de él que estemos viendo. Resulta igual de creíble cuando saca a relucir su lado más encantador – no cabe duda que es un tipo que, de entrada, y si no sabes a lo que se dedica, sabe resultar de lo más simpático y está dotado de un carisma muy especial – como cuando desata su lado más violento y salvaje atemorizando morosos o imponiendo una incuestionable disciplina entre sus tropas. Está dotado de un peculiar sentido del honor y la justicia, vive en un mundo dotado con sus propias reglas que sigue a rajatabla – salvo cuando las circunstancias le obligan a hacer lo contrario – y se hace respetar. Y querer. Porque uno ve más allá de su apariencia cuando se sincera con la Dra. Melfi – espectacular Lorraine Bracco, por cierto integrante del reparto de Uno de los Nuestros, como esa doctora fascinada a la vez que horrorizada por su peculiar paciente – o cuando lucha por lidiar con los múltiples quebraderos de cabeza que le da tanto su negocio su familia, empezando por su madre.

¡Que personaje es esa madre odiosa, ese pozo de rencor sin fondo que amarga la existencia a nuestro protagonista durante toda la primera temporada hasta el punto de llegar casi a provocar el asesinato de su propio hijo! Que gran hallazgo de David Chase, que confiesa en los extras de la primera temporada que parte de la inspiración para esa madre que no hace sino ir continuamente de víctima a la vez que utiliza sin recato su gran ascendencia sobre Tony para, culpa mediante, hacerle la vida imposible, está basada en su propia experiencia. Maravillosa es también Eddie Falco como Carmela, la esposa que prefiere mirar hacia otro lado y disfrutar de los beneficios del tipo de vida que lleva su marido, a la vez que se debate entre sus propias necesidades como mujer y su obligación como esposa y ama de casa a la italiana: su relación a lo largo de toda la temporada con ese cura gorrón con el que mantiene una tensión sexual soterrada digna de El Pájaro Espino es uno de los puntales de la serie. Pocos episodios son tan reveladores de esa mezcla entre dos mundos tan opuestos como el de la cotidianidad del día a día de una familia italoamericana y el de la mafia como ese en el que padre e hija se van a ver futuribles universidades… y Tony descubre a un testigo protegido del FBI, un antiguo mafioso que se convirtió en soplón. Es el mismo episodio en el que la nada inocente Meadow le hace saber a su padre que está al corriente de la verdadera naturaleza de sus ‘negocios’ y aun así, le quiere y acepta como tal. Lo mismo pasará posteriormente con Anthony, su preadolescente hijo varón (¡esa reveladora escena en el funeral de Jackie!)

Y luego está su otra familia. El leal Silvio, dueño del local de strip-tease Bada Bing, capitán y mano derecha de Tony, un hacha imitando a Pacino en El Padrino III. El psicópata e irresistiblemente divertido Paulie, brazo ejecutor y heredero del Joe Pesci de Scorsese. El sobrino Chris, desesperado por entrar en la ‘familía’ y que sufre un duro proceso de aprendizaje a la vez que sueña con convertirse en guionista de cine (y disfruta de la compañía de la arrebatadora Adriana, esa impresionante Drea Di Matteo). O el gordo Paulie, siempre acuciado por las deudas, el hombre bajo sospecha de ser un soplón, el desparecido. Por último está Tio Junior, el más peligroso de todos, el tipo frustrado que siempre ha soñado con ser el Jefe y del que todos pasan, excepto cuando lo ponen como tonto útil, como pararrayos cuando el Gobierno aprieta las clavijas. La difícil relación entre tío y sobrino, con la entrometida presencia de Livia, la madre terrible, tiene una fuerza dramática de primer orden en la serie… a la vez que cómica: véase sino el episodio en el que descubrimos que un mafioso no puede permitirse que se sepa que le da placer oral a su pareja, bajo pena de perder el respeto de todos, un detonante mucho más serio de lo que podría parecer a primera vista.

Si, sin duda la fuerza de Los Soprano está en la cuidada construcción de personajes, en los muy sólidos guiones que nos hacen adentrarnos en un mundo que nos resultaba conocido con ojos completamente nuevos, en unas tramas argumentales repletas de humor negro y de una violencia brutal que conforman un cóctel explosivo: nadie es capaz de anticipar que es lo que puede pasar a continuación, hacia donde se moverá la enorme capacidad de destrucción que es capaz de generar las buenas intenciones de Tony Soprano, un tipo capaz de aplicar una lógica tan perversa que es volar por los aires el restaurante de su amigo de la infancia para que su Tio Junior no cometa un asesinato allí porque eso sería la ruina de ese negocio. Uno tiene la continua sensación de que algo horrible puede ocurrir en la siguiente escena, que el terror puede desatarse de forma inesperada, congelando la sonrisa en una terrible mueca de espanto. Y sin embargo y pese a todo lo que implica, como ocurre con los grandes personajes, uno no puede sino simpatizar con Tony Soprano y su circunstancia, conmoverse con él con algo tan simple como que unos patos salvajes aniden en su piscina y que su posterior partida le deje en la más absoluta miseria, con sus esfuerzos por salir adelante en la vida que le ha tocado vivir.Uno asiste, en fin, con perversa fascinación a esa relación terapeuta-paciente que se mueve en unos límites que, para conseguir que la terapia tenga efecto, han de bordear continuamente, con todo el peligro que ello conlleva. Pocas series tienen un sello cinematográfico tan palpable como Los Soprano y pocas tienen esa capacidad de enganche. La verdad es que verse de un tirón una temporada completa tiene la virtud de que uno aprecia mejor la complejidad y la sofisticación de sus guiones… pero tiene el terrible inconveniente de que resulta sumamente adictivo, lo que es un problema cuando uno no tiene más temporadas que echarse a la mente. Os dejo con el link a la página oficial de la serie de la HBO – espectacular su resumen de la quinta temporada, pero solo apta para los que se manejen en inglés – Por favor, que llegue pronto septiembre…

sábado, agosto 12, 2006

INSIDE DEEP THROAT, Porno y Paradojas

La escena es fantástica, una entrevista real tomada a pie de calle en aquella época y está casi al principio de la película: una sonriente señora de unos setenta años, con un peinado clavadito al de Barbara Bush, la madre del actual presidente de los USA, y con un aparatoso collar de perlas a juego con los pendientes – la viva imagen de una decente y virtuosa mujer republicana, vaya – proclama orgullosa que acaba de ver Garganta Profunda “Me ha gustado. Acabo de verla y me ha gustado. Quería ver una película guarra y eso es lo que he encontrado. No quiero que nadie me diga que no puedo ver una peli guarra” zanja la buena señora. Y en mi opinión esa escena de apenas diez segundos es la que mejor resume el espíritu de este estupendo documental que Canal Plus programó anoche en una sesión doble ¡a la que seguía la proyección de la propia película Garganta Profunda!

Un dato incuestionable: Garganta Profunda es la película más rentable de toda la historia del cine. Costó apenas 25.000$ y recaudó en todo el mundo 600 millones lo que indica que por cada dólar que se gastó en el film se consiguieron 24.000$, una cifra mareante que probablemente jamás será alcanzada. Pero Garganta Profunda fue mucho más que eso: estrenada en 1972 como cine para adultos pero no como una película pornográfica – pese a que sin duda lo era - , fue un emblema de los tiempos que corrían. Furiosamente perseguida por la Administración Nixon, que la eligió como el principal símbolo de la “ola de obscenidad” que según ellos recorría América, fue objeto de un procedimiento judicial que al tiempo que la expulsó primero de Nueva York y después de 23 de los 52 Estados de la Unión, le proporcionó una popularidad y una notoriedad imparable que la convirtió en todo un fenómeno sociológico digno de estudio.El documental indaga primero en las condiciones de producción – infames, cuando no irresistiblemente divertidas y surrealistas – de la película, el pasado de sus artífices y sus ‘actores’ para después hacerse eco de las razones del éxito del filme y las inesperadas consecuencias y paradojas que acompañaron el resto de sus vidas a aquellos que participaron en la misma. Esa ha sido la parte del documental que más me ha llamado la atención. Más allá de que pueda considerarse a Garganta Profunda como un estandarte de la primera enmienda y los derechos de libertad de expresión en los USA – un poco en la línea que exploró Milos Forman en El Escándalo de Larry Flynt, película donde por cierto aparecen varios de los personajes reales que se ven en el documental, el propio Flynt incluido – lo más curioso del mismo son las profundas paradojas que afectaron a todas las partes implicadas alrededor del filme, ya fuera a su favor o en su contra.Empecemos por su protagonista, Linda Lovelace. Lejos de ser una belleza, Linda Lovelace era físicamente una chica del montón que, eso sí, mostraba una especial y espectacular destreza a la hora de realizar felaciones de una profundidad insólita. La actriz conoció, como no podía ser de otra forma, el estrellato fugaz gracias al éxito del filme, pero en un extraño proceso de negación su propia vida y logros, emprendió años después una notoria cruzada contra la pornografía alegando que siempre fue una mujer secuestrada contra su voluntad, un rehén del que se aprovecharon su entonces marido y los que la rodeaban, forzándola a hacer actos de los que ahora renegaba. Apoyada por varias organizaciones feministas que la manejaron a su antojo – luego volveré sobre éstas – Linda Lovelace llegó a declarar ante la Comisión Presidencial sobre la pornografía llevada a cabo bajo la era Reagan cargando contra la industria del sexo… y sin otros medios de ganarse la vida, acabó volviendo a posar desnuda en diversas publicaciones eróticas a sus cincuenta y tantos años antes de perder la vida en un accidente de tráfico cuando se encontraba en la más absoluta miseria.
Gerard Damiano, productor y director no solo de Garganta Profunda sino de otros clásicos del género como The Devil in Miss Jones o Tras la Puerta Verde, soñaba con conseguir que el cine convencional y el cine para adultos siguieran un proceso de fusión que permitiera al porno salir de la marginalidad a la que habitualmente se ve abocado. Si ustedes han visto la fantástica Boggie Nights de Paul Thomas Anderson, reconocerán rasgos de Damiano en el personaje del director de porno obsesionado con lograr la película perfecta que interpretó magníficamente Burt Reynolds. A la hora de la verdad pasó todo lo contrario: el porno encontró su filón en el vídeo y se convirtió en una industria paralela a la del cine convencional que dejó las grandes pantallas para convertirse en algo de uso doméstico. La aparición de las cámaras de vídeo hizo que los cineastas como Damiano fueran progresivamente despareciendo, ya que cualquiera podía hacer porno de forma fácil y barata sin demasiados medios, con lo que los sueños de Damiano se esfumaron. Para colmo como los dos socios productores de Damiano eran notorios miembros de la mafia, éste se vio obligado a venderles su parte tan pronto como la película empezó a ser un éxito con lo que no sacó prácticamente ninguna tajada del montón de millones que la película consiguió, que fueron a los bolsillos de la Mafia
Harry Reems, un tipo que empezó en el film como parte del equipo tecnico y acabó convertido casi de forma involuntaria en el actor principal del mismo, fue el chivo expiatorio de la persecución del gobierno. El ‘actor’ que interpretaba al desquiciado médico que descubría que Linda tenía un clítoris en las profundidades de su garganta fue el único que no gozó de inmunidad en el juicio por conspiración que se siguió contra los responsables del filme, y fue condenado en primera instancia a cinco años de cárcel, condena que no llegó a cumplir ya que recurrió y la comunidad de Hollywood se movilizó para apoyar su causa. No en vano era la primera vez que el Gobierno perseguía a un simple actor por interpretar a un personaje que las autoridades calificaban de obsceno, y eso creaba un precedente muy peligroso. Es muy divertido ver a estrellas de la época como Jack Nicholson o Warren Beatty apoyando a Harry. Esquivó la cárcel, pero no consiguió relanzar su carrera como actor convencional (¡estuvo a punto de tener un papel en Grease!) y tras caer de nuevo en las redes del porno, pasó por una fase de alcoholismo que le hizo perderlo todo. Paradojas de la vida: ganó la batalla judicial pero cayó tan profundo que incluso pasó años mendigando por las calles de L.A… hasta que descubrió el cristianismo (!) y ahora es agente inmobiliario en Utah (!!)
Sigamos: La Administración Nixon reaccionó ante el éxito de Garganta Profunda con una comisión presidencial que debía investigar científicamente, los perjuicios que para la salud tenía la obscenidad y la pornografía. Como quiera que la comisión hizo bien su trabajo y, en consecuencia, sus conclusiones señalaban que la pornografía y la obscenidad no eran perjudiciales para el organismo de las personas, Nixon hubo de esforzarse para que dichos resultados, muy distintos a los que él pretendía, no fueran aprobados por el Senado. Paradójicamente, fue poco tiempo después el Caso Watergate y otro notorio ‘Garganta Profunda’ – el informador secreto de los periodistas del Washington Post – quienes provocaron su imparable caída y salida de la Presidencia. Por otro lado, las cosas mejoraron para la industria del sexo durante la Administración Carter, pero la derecha religiosa encontró un inesperado aliado en las feministas radicales, que se pasaron todos esos años haciendo causa común con los republicanos más conservadores para intentar cargarse una industria que consideraban denigrante para las mujeres, lo que propició en cierta medida el advenimiento de la nueva ola conservadora representada después por Reagan. Y es que a veces se ven alianzas de lo más extrañas…
En fin, el documental contiene multitud de datos interesantes para entender lo que supuso Garganta Profunda en su momento. Y por él desfilan gente como los cineastas Roger Waters y Wes Craven o los escritores Norman Mailer y Gore Vidal que aportan su inestimable visión de los hechos. Todo en un tono de lo más distendido donde destaca con luz propia una adorable pareja de ancianos, Arthur y Terry Sommer, que en su momento distribuyeron las película en Florida cuando fue prohibida en Nueva York y que, como si fueran una de esas parejas de ancianos que aparecen en las pelis de Woody Allen, se pasan todo el documental discutiendo sobre la conveniencia o no de contar ciertas cosas. Es interesante también que, como se ve en el documental brevemente, las estrellas del cine X de hoy en día desconozcan por completo la película a la que sin duda deben gran parte de su éxito y su crecimiento.
La guinda de la noche fue quedarse a ver después del documental la dichosa película – la había visto en mi adolescencia pero apenas la recordaba – y flipar de lo lindo con el delirante argumento (reconozcámoslo: lo del clítoris en la garganta es pa nota) las líneas de diálogos descacharrantes (“¿Te molesta si fumo mientras comes?” le pregunta una a un mozo que se está aplicando en darle sexo oral a modo) y sobre todo, lo pésima que es la película vista desde cualquier ángulo – horrible fotografía, profusión de horrendos primeros planos, estética 70 insoportable, fealdad intrínseca, montajes delirantes con campanas y cohetes para simular el deseado orgasmo femenino - más allá de las estimables proezas bucales de Linda. Como dice Fernando Trueba en su estimable Diccionario de Cine Personalmente, siempre he lamentado la escandalosa ausencia de sexo en el cine llamémosle normal y la escandalosa ausencia de normalidad en el cine porno. Su mutuo desencuentro siempre me ha parecido algo lamentable. El porno es un género que casi nunca está a la altura de las expectativas que tenemos puestas en él” :-)

lunes, agosto 07, 2006

CYRANO DE BERGERAC y otros amores eternos

La cartelera de Mérida sigue en el estado comatoso terminal que suele caerle encima todos los agostos. A Todo Gas 3, Cariño Estoy hecho un Perro, La Sombra de la Sospecha (¿Alguien puede explicarme por qué demonios Kiefer Sutherland aprovecha sus descansos de la tele… para hacer en el cine un remedo de su Jack Bauer de 24? Que cosa más triste. De Michael Douglas mejor no digo nada…) Poseidón, Silent Hill, la inefable Bandidas… En fin, que a la espera de que Jack Sparrow y sus Piratas del Caribe tentaculares arrasen con casi todas las salas disponibles de este país hasta no dejar sitio a ningún otro estreno este próximo viernes y nos asesten el golpe definitivo, lo mejor es refugiarse en la programación de Canal Satélite Digital o echar mano del DVD. Servidor ha echado el cierre por vacaciones en Cinemérida hasta Septiembre – tampoco es que estuviese haciendo mucho, siendo sinceros – y pretende concentrarse este verano en contar lo que va viendo en su casita, tan ricamente.

Por ejemplo, el pasado domingo me desvelé antes de las ocho (entre el calor y que el body está acostumbrado a despertarse a esa hora no hay tutía, a no ser que me alcoholice a modo la noche anterior) y me planté frente a la tele justo a tiempo de pillar en la Fox un pase de Cyrano de Bergerac, versión de 1990 de Jean Paul Rappeneau. Y me pasó lo que siempre me pasa con esa película: que una vez que empiezo a verla no puedo evitar disfrutarla de nuevo hasta el final. No se si es por placer o por un perverso sentido del masoquismo. Posiblemente una mezcla de ambos. Lo cierto es que mientras Gerard Depardieu volvía a atizar con su afilado verbo al petimetre del teatro (“Solo tenéis siete letras, las que forman la palabra Cretino”), mientras proclamaba en vano su amor por Roxana – tan feliz ella de tenerle como amigo, la muy… -, mientras ayudaba al guaperas de Vincent Perez a conquistar el corazón de su amada (triste, triste consuelo al que aspirar) y se precipitaba hacia su trágico final voceando su orgullo, reflexionaba un servidor que no ha cambiado tanto como a veces quiero pensar en estos ya largos quince años desde la primera vez que vi Cyrano.

El recuerdo tiene algo de doloroso. Alguien a quien entonces amaba (en vano, como casi siempre) vio la película antes que yo y me dijo “Esta película tengo que volver a verla contigo”. Cuando se estrenó en Mérida – en el ya difunto Cine Maria Luisa, aun lo recuerdo – me puso mil excusas y al final fui a verla solo. A la salida, entendí que no quisiera cumplir su palabra: nos hubiera conducido a una conversación para la que entonces no estábamos preparados, conversación que tuvimos de todas formas años después, por aquello de que hay cosas que no pueden evitarse por más que se esquiven. No, ella no era Roxana y por supuesto a mi me faltaban muchas cualidades para atreverme siquiera a pensar en ser Cyrano. Pero en aquellos tiempos tampoco hacían falta demasiadas excusas para encontrar paralelismos. Pedro Guerra lo expresó muy bien en Golosinas (“Un día estas cosas/son cosas pasadas/llenando la memoria como cajas”) donde por cierto también recordaba a Cyrano (“Amor y golosinas/sueños perversos/…Y Gerard Depardieu diciendo versos”). Veía el domingo a Cyrano bajo el balcón, conquistando a Roxana y alejándose después bajo la lluvia mientras Cristian subía a reunirse con su amada (¡que gran plano ese, que tristeza transmite!) y sentía la misma congoja que quince años atrás cuando lo que Cyrano sufría era también mi sufrimiento. O quizás era nostalgia de la misma. Mi Roxana de entonces y yo aun somos amigos, lo que no deja de ser un logro. Pero ella es feliz, con su corazón bien ocupado y yo no la amo como Cyrano siguió amando a Roxana hasta el final. Y sin embargo la casa desocupada que sigue siendo mi vida sigue estremeciéndose con ese tipo de películas en las que el amor no acaba de ser correspondido, es fugaz, no supera las barreras que se le imponen o parece condenado de antemano.

Amores que duran un instante, que acaso solo proporcionan un breve atisbo de felicidad que por mucho que pretendamos retener se nos escapa entre los dedos, que sucumben a la tiranía de la memoria que a menudo nos engaña. “El amor es eterno mientras dura”, cantaba Ismael Serrano y cada vez tengo más claro que esa es una de las más grandes (y acaso tristes) verdades de la vida. Hoy veo Cyrano de Bergerac y me doy cuenta, mientras desgrana sus versos de amor desesperado, que solo fue la película inaugural de una larga lista de filmes que se conectan de una u otra forma con este concepto y que siempre, siempre que las veo, me provocan esa desazón, ese peculiar escalofrío de la obra que se abre paso más allá de la razón y que es capaz de conectar de forma directa con mi interior y desarmarme por completo.
La Edad de la Inocencia, Los Puentes de Madison, In The Mood for Love, 2046, Lost in Translation, Antes del Amanecer, Una Relación Privada, Hierro 3, Eternal Sunshine of Spotless Mind, Lo Que Queda del Día, Tierras de Penumbra… incluso clásicos como Casablanca o Breve Encuentro. Y también en el cine español: Amo tu Cama Rica, Los Peores Años de Nuestra Vida, La Buena Estrella, Los Amantes del Círculo Polar, Hable con Ella, La Vida Mancha… Todos ellos, con diferente intensidad, comparten con Cyrano de Bergerac esa prodigiosa capacidad de seguir hoy en día tocándome la fibra a base de bien cuando menos me lo espero. Cualquiera de esos títulos puede, como pasó este domingo, engancharme de la forma más tonta y hacerme recordar que por mucho tiempo que haya pasado y por mucho que uno crea que ha cambiado o madurado con el paso de los años hay cosas que siempre se llevan dentro de uno. Como una condena o como una forma de permanecer fieles a la idea que tenemos de nosotros mismos.
Quizás por esa razón – y es algo en lo que nunca pienso, por cierto- el poster de Cyrano de Bergerac que tanto trabajo me costó en su momento conseguir lleva quince años pegado a la puerta de mi habitación, con un Gerard Depardieu al que no se le distingue el rostro cruzando las filas enemigas en un campo de trigo para llevar una carta de amor a Roxana y con un corazón atravesado por una espada…Si, sin duda debe ser por algo...

“Decidme en voz baja que ella no os ama…”

miércoles, julio 19, 2006

Ciclo de Cine Español: Joyas Escondidas del 2005

Hoy comienza el segundo ciclo de cine de nuestro cine club. Y pese a algunos problemillas de coordinación que han dado como resultado carteles con las semanas cambiadas y el curioso efecto secundario de tener que programar dos películas en sendos sábados a las doce del mediodía (¡¡Toma ya Matinée con conversa y cañas a la salida, con dos huevos!!) me hace una ilusión especial. Porque se trata de cine español. De buen cine español, que también lo hay pese a lo que piensan algunos. Ya me he extendido lo suficiente sobre el tema en la web que he hecho en Cinemérida de la primera película del ciclo 15 Días Contigo, así que no me repetiré aquí. Esta noche me apetece hacer algo que nunca hago: citar a otro periodista. Concretamente a Borja Hermoso, compañero de Carlos Boyero en El Mundo que, como yo y otros muchos, consiguió descubrir esta pequeña maravilla del cine español del pasado año gracias a la empecinada y pasional defensa que ese pedazo de personaje que es Boyero - os debo un post sobre su libro Alerta Roja: Boyero.Es, que es impagable - hizo de esta pequeña gran película de Jesús Ponce. Con el comentario que Borja escribió en su siempre recomendable Blog os dejo. Esta vez no me sentía con fuerzas de intentar superar unas líneas escritas con tanta pasión y contundencia.
“Es de un tal Jesús Ponce. Su primera película.

No sé si antes había hecho cortos o escrito guiones para otros o si había sido ayudante de dirección, ni me importa demasiado. Lo que sí me importa es su primera película.

Se titula '15 días contigo' y es tan jodidamente buena y tan jodidamente dura, pero a la vez es tan sensible, que ya nada será igual para mí cuando entre en una sala de cine.

En la sala de cine donde la vi el martes por la tarde había tres personas, contándome a mí.
Era la sala 4 de los Cines Renoir Plaza de España, en Madrid. Afuera, en la calle de Madrid, hacía mucho calor. Pero yo estaba dentro de esa sala 4, viendo esa película, y me quedé helado. El dueño de estos cines, que se llama Enrique González Macho y suele apostar por películas que otros condenan a la nada, ha decidido reestrenar la película, no sólo en los Renoir éstos de Madrid, sino en otros que tiene en Barcelona.

Y eso, a pesar de que cuando la película llegó a las pantallas por primera vez, a principios de este mes, no la vio ni Dios, aunque si es verdad que Dios está en todas partes seguro que estaba allí, en alguna sala 4, un martes por la tarde, viendo sufrir y reír a estos tipos, algunos de ellos yonquis, todos ellos perdidos, y pensando que, al fin y al cabo, no todos sus hijos son tan malos.

Porque alguien que hace esa película no puede ser malo. Algunas voces, y en especial la de Carlos Boyero, clamaron contra la 'muerte súbita' de esta joya. Ahora es posible rescatarla. No se la pierdan, agradecerán el aviso.

'15 días contigo' pone la carne de gallina y bolas en la garganta. Habla de la vida, o sea, que habla de la muerte también, y de algunas de sus pavorosas antesalas. Pero también habla de algo tan poco accesible como la esperanza. Y hasta del amor. Aquí no hay ni buenos ni malos, y sí gente a la que ha pillado el toro, vulnerables presas caídas sin remedio en trampas de las que no se sale, o se sale de milagro o porque se le echan un par de huevos.

'15 días contigo' cuenta la invariable sucesión de los días y sus noches. También el deseo de algunos y algunas de poder vivir en una 'ley de mínimos' que, a día de hoy, es para ellos quimera. "Quiero tener un techo, quiero saber cómo funciona una visa", dice una diosa disfrazada de pobre diabla. '15 días contigo' nos llama, nos implica, nos concierne, nos molesta, nos advierte, nos conmina, nos sugiere, nos pide, nos exige, nos ruega. Después de verla, uno sale de la sala oscura con la ropa hecha jirones. Cine sobre la vida, sobre nosotros, sobre lo que vemos pero no queremos ver. Cine. Puro. Y con mayúsculas”

15 Días Contigo se proyecta hoy miércoles a las 20:30 horas en la Biblioteca Pública Jesús Delgado Valhondo de Mérida. Entrada Gratuita

viernes, julio 07, 2006

El Señor de la Guerra. Un novedoso punto de vista

Muy interesante película, ésta que nos ha traído Andrew Niccol, inolvidable guionista de perlas como El Show de Truman y Gattaca, peli que también dirigió en su momento. Quizás uno pueda ponerle ciertos reparos al abuso de la voz en off o a la ligereza con la que es tratado un asunto tan serio y tan asqueroso como éste del tráfico de armas, pero tampoco hay que olvidar que Niccol está en su pleno derecho a establecer, mediante un muy inteligente uso de la ironía y el cinismo más exarcebado, esa barrera entre la enormidad de lo que está contando y el espectador.

Me parece bastante apropiada esa definición que he leído por ahí de que El Señor de la Guerra es algo así como un cruce entre Uno de los Nuestros - de la que toma, además de esa omnipresente voz en off que perdura todo el relato y que consigue que entendamos a un personaje tan amoral y repulsivo como el que encarna con notable acierto Nicholas Cage, una muy cuidada selección musical en la que no falta ni el Cocaine de Eric Clapton ni el Glory Box de Portishead, pasando por el Hallelujah de Jeff Buckley o Coyita de Gustavo Santaolalla - y Syriana - por la importancia y complejidad del asunto que aborda, pero me pregunto si, de ser su objetivo hacer una denuncia más o menos seria de una situación habitual que pasa desapercibida para el espectador medio, no se le habrá ido la mano en el tratamiento ligero, casi juguetón, de tan espinoso tema.

Por lo demás, es obligado hacer referencia a esa majestuosa introducción, esa escena de los títulos de crédito iniciales que, bajo el posible título de 'Historia de una Bala', os he traido como regalito de hoy a este Blog. Disfrutad de esta escena rodada con cámara subjetiva y con el clásico tema de Buffalo Springfield 'For What's It's Worth' Su final dejará impactado a más de uno y si viendo estas imágenes no os entran ganas de descubrir que se oculta en el resto de esta inteligente película, es que no he conseguido mi objetivo.



jueves, junio 29, 2006

OLDBOY, LA ESCENA

Ahora que el ciclo de cine coreano ya ha terminado por todo lo alto con la proyección de OLDBOY, película que fascinó tal y como un servidor esperaba a la mayor parte del pùblico asistente - poco más de cien personas, que para este tipo de peli y en las fechas que estamos, es un número esplendido: que gustazo los comentarios a la salida y esos cuantos representantes de la tercera edad que aguantaron como auténticos campeones una peli nada fácil de digerir - sirva como homenaje a todos aquellos que se acercaron a verla el tener la posibilidad de disfrutar de una de las mejores escenas de lucha creadas en el cine de los últimos años. Sin efectos especiales, sin mareantes movimientos de cámara: un elegante travelling lateral de más de tres minutos de duración en la que el protagonista, armado unicamente con su inseparable martillo, se abre paso en un estrecho corredor en medio de decenas de macarras que no dejan de sacudirle de lo lindo. Una genialidad absoluta de Park Chan Wook que merece la pena disfrutar de nuevo. Fíjense en algunos detalles, en especial lo que sucede con el martillo a lo largo de la pelea, lo que le ocurre a un tipo que tiene el atrevimiento de colocarse en solitario detrás de Oh Daesu ya bien avanzada la escena y, por supuesto, en los sucesivos llenazos que tiene el gordo descamisado al que le caen todo tipo de hostias... ;-) Hala, Hala, como decía Alex, el perverso protagonista de La Naranja Mecánica "A disfrutar con la bonita ultraviolencia que nos mata de risa"
Y ahora, como soy un cachondo mental (y un poco cabroncete, a que negarlo) les invito a ver la misma escena de lucha pero en la película india Zinda, curiosísima versión - bueno, más que versión es un descarado y aprovechado plagio - de Old Boy estilo Bollywood que queda, pese a las buenas intenciones del director de rodarla asimismo en un solo plano-secuencia, de un cutre inimaginable. Como si un servidor y un grupo de amiguetes estilo Santiago Segura en sus primeros tiempos se hubieran puesto a grabar la misma escena, pero sin ensayar apenas la coreografía... Joer que chapuza. Disfrutadla, disfrutadla, que con las malas versiones aun se disfruta mucho más del original y se aprende a como evitar hacer cine malo y cutre...

Zinda's fight scene

lunes, junio 26, 2006

OLDBOY, La Cuenta Atrás

Una de las razones por la que este Blog ha estado tanto tiempo abandonado ha sido el Ciclo de Cine Coreano que el Cineclub Forum ha organizado - bueno, unos cuantos de nosotros, vaya - en las últimas tres semanas y que se ha venido proyectando (con más exito del esperado, debo añadir) en el Centro Cultural Alcazaba. Al bello cuento budista de Kim Ki Duk "Primavera, Verano, otoño, Invierno... y Primavera" siguió el tan desconcertante como notable thriller "Memories Of Murder". Ambas películas fueron casi unanimemente bien recibidas. Creo que habrá mucha más división de opiniones con la visceral y a mi gusto magnífica Old Boy del tremendo Park Chan Wook con la que este miércoles 28 a las 20:30 cerramos este atrevido ciclo. Los habrá que, como un servidor, defenderán sus virtudes contra viento y marea y los habrá que no soportarán ese cóctel extremo de violencia, poesía, repulsión, belleza y manierismo visual. Y eso está bien, porque el cine, sobre todo cuando plantea una cuestión moral, como hace Old Boy pese a lo que pudiera parecer, también ha de generar polémica y provocar discusión. Estoy muy ansioso de ver las reacciones de la gente al ver Old Boy... Y muy preocupado con mi presentación. Quiero hacerle justicia, pero sin pasarme de rosca, ni contar más de lo estrictamente necesario... Todo un reto. De momento, ahí va el trailer USA de la peli para los inquietos. Como allí las pelis extranjeras solo se estrenen en VOS, el trailer es, por encima de todo, visual. La traducción de los textos en inglés, para los legos en la materia, es la siguiente:

SECUESTRADO SIN AVISO
RETENIDO SIN RAZÓN
ENCERRADO DURANTE 15 AÑOS
DESPUÉS LIBERADO
AHORA TIENE 5 DÍAS
PARA AVERIGUAR POR QUÉ
"Un viaje emocionante y visceral... un lugar garantizado en la historia del cine" IC Magazine
"Un drama de venganza que reventará tu mente" Hot Dog Magazine (?)
"Poética, Inteligente... Cine en estado puro" Uncut.

Mañana, en cuanto tenga un ratito libre en el curro, termino de preparar la web y la cuelgo en Cinemerida, que hoy he estado con Ricardo Darín, Irène Jacob (¡qué feliz reencuentro!) y Bebe Educando Hadas y no he tenido tiempo de terminarla (aunque el folleto para el miércoles si que está ya listo y creo que ha quedado estupendo...). Ya os contaré qué tal la de Cuerda en la sección Nuestra Opinión de su propia web, aunque os adelanto que en líneas generales me ha gustado...