

Les mentiría si no les dijera que este documental me entusiasmó. Y no solo porque uno simpatice más o menos con las ideas progresistas de este actor pero sobre todo ser humano insobornable que vivió la Caza de Brujas de cerca porque afectó a muchos de sus amigos y compañeros, que lideró imaginativas protestas contra la guerra de Vietnam (y en los últimos años contra Irak) o que llevaba desde su programa de radio una iniciativa para encontrarle a los presos alguien con quien pudieran escribirse desde la cárcel. No, lo que verdaderamente engancha de este documental es la tremenda coherencia y humanidad de este empedernido fumador de puros cuyo máximo terror no era otro que el caer en las garras terribles de la senilidad, un señor que ha vivido 80 años de la vida política americana y que las ha visto de todos los colores pero que siempre ha tenido claro su lugar en el mundo y cuales eran sus principios, aquellos por los que merecía luchar hasta el mismo final.

Su historia es de esas que, como suele suceder, nos ayuda a entender el presente analizando las causas de lo que ocurrió en el pasado, sin entrar en falsas proclamas morales o juicios de valor pero cuestionando siempre la cultura del miedo, lo que dictaminan los Gobiernos o los intereses de los poderosos. Oksman presenta su documental como un acto de desnudez ante el espejo que transcurre paralela a su conversión en la imagen que todos guardamos de él como Abuelo Monster, un juego al que un Al Lewis siempre seductor se presta generoso, convirtiendo su documental en algo diametralmente alejado de la hagiografía al uso. No se la pierdan ahora que se ha estrenado en las salas comerciales (de las grandes ciudades, claro): descubrirán algo sorprendente y se reirán a gusto con anécdotas tan sumamente salvajes como la protagonizada con Henry Kissinger en un avión, a la vez que disfrutan de momentos de pura emoción como la grabación de la emisión de su programa de radio el 11-S. Encantado de haberle conocido de nuevo, Mr. Lewis. Gente como usted hacen de este asqueroso mundo un lugar mucho más agradable.