

1. Porque es una película necesaria, muy necesaria, para todos los que hemos sido, somos o seremos Pagafantas. Aunque solo sea para ir a verla con la chica que te gusta y comentar después la jugada

2. Por su irresistible receta de crueldad teñida de cierta ternura: Cobeaga diseña unos personajes patéticos, pero que respiran humanidad e inspiran simpatía. Y eso es mucho más difícil de equilibrar de lo que parece.



5. Por el fino trabajo de Gorka Otxoa: no es el típico pringado que nunca ligaría, sino un tío normal que ha roto una relación anterior – atención a las explicaciones que le da a su ex, que son para nota – que sueña con una chica inalcanzable (tremenda Sabrina Garciarena ¿cómo no pillarse por ella?) y que, dentro de ese patetismo que le lleva a semejante rosario de humillaciones, se hace querer y resulta tan entrañable como, a ratos, asesinable.

6. Por la inteligente elección de casting: es un acierto tanto guiñar un ojo a las generaciones anteriores con Oscar Ladoire y Kitty Manver – que gran momento el de la frase lapidaria de ésta última “Hay hombres a los que ves de una forma y hombres a los que ves de otra. Y eso no cambia nunca. NUNCA.” – como darle a los chicos de Muchachada Nui Julián López y Ernesto Sevilla dos papeles alejados de su habitual repertorio. La expresión de Julián López en la escena del karaoke es uno de los grandes momentos de la película. Ah, destaquemos también a Maria Asquerino (¡solo una frase, pero una verdad como un puño!) y el mal rollo que dan esas escenas de pasillo que a mí al menos me remitieron directamente a El Resplandor

7. Por su vasquismo militante por contraposición a la habitual ambientación en Madrid o Barcelona. Desde luego Pagafantas hay en todas partes y en todas las culturas, pero no cabe duda que esa ciudad de Bilbao melancólica y deprimente es casi un estado de ánimo que se transmite a la película. Ya lo decían en Vaya Semanita: En Euskadi se folla poco y por eso pasa lo que pasa...

8. Por el enorme acierto su supone la elección de Bunbury y su Entre Dos Tierras como uno de los gags recurrentes de la película: ya sea en el tremendo speech inicial en el que Chema se despacha a gusto con el personaje, en el uso del acorde inicial del tema para puntear hechos relevantes en el filme o en los gags de la camiseta y el karaoke – por no mencionar el terrorífico golpe final – no se me ocurre alguien más apropiado para conseguir todo lo que Borja Cobeaga persigue que un tipo tan controvertido y que despierta pasiones tan encontradas como Bunbury.

9. Por conseguir que nos riamos de nosotros mismos y de situaciones que, en el fondo, no tienen ni puta gracia. En el fondo, Pagafantas es el retrato de un tipo que está verdaderamente jodido y ante las continuas humillaciones que sufre el personaje, llega un momento en el que se te congela la sonrisa y no puedes evitar cierto sentimiento de culpabilidad aunque te sigas riendo de ese pobre desgraciado... que bien podrías ser tú.

10. Por su honestidad insobornable. Alejándose por completo de un final complaciente (Cobeaga es más de Alexander Payne que de Judd Apatow, y eso se nota) y esquivando con habilidad la tentación que aparece en el tramo final de la película con ese comprensible arrebato de rebelión por parte del personaje principal, Cobeaga opta por mantener la historia dentro de los márgenes de lo verosímil y huye de giros finales que hubieran traicionado el espíritu de su película. No hay redención, no hay salvación posible.

Y precisamente enlazando con el último punto he de decir que lo único que no me convence de la película (OJO: Aviso de Spoiler pequeñito y no demasiado importante, pero por si acaso, que hay mucho susceptible suelto) es que por más que sea un personaje de no excesivas luces – como demuestra en la escena con el Puma – se trate de justificar a Claudia como alguien en absoluto consciente de lo que Chema siente por ella. De acuerdo que el autoengaño interesado puede llevar muy lejos, pero creo firmemente que, en el fondo, toda mujer sabe de sobra los sentimientos que despierta en alguien que se comporta de la forma en que Chema lo hace ¿o no, queridas mías? Pues eso...
