OUR HOMELAND (Kazuko No Kuni, Yong-Hi Yang, Japón)
El retorno imposible

Our Homeland narra la historia de una de esas familias: Seong-Ho Yun fue enviado con 16 años desde Japón a Corea del Norte por sus padres, norcoreanos de nacimiento como parte de un programa de repatriación. 25 años después, Seong regresa a Japón con un permiso especial por tres meses para recibir un tratamiento médico imposible de conseguir en su país actual. El reencuentro con su familia resulta tan emocionante como en el fondo traumático, pues Seong no solo se halla bajo la continua vigilancia del acompañante impuesto por el régimen comunista, sino que el brutal choque cultural entre el país, la familia y los amigos que abandonó siendo apenas un adolescente y su vida actual en Corea del Norte resulta inevitable.

Our Homeland es pues una obra mayor construida con una honestidad, una inteligencia y una sensibilidad desarmantes, resuelta además con una coherencia incuestionable. Una de esas películas capaces por sí solas de justificar todo un festival. La única pega que se me ocurre ponerle es que arrancar la Sección Oficial con una obra de semejante calidad y profundidad eleva las expectativas a un enorme nivel y cualquier película posterior va a tener complicado igualar las cotas de emoción de este impresionante primer filme a concurso.
DE JUEVES A DOMINGO (Dominga Sotomayor, Chile)
Narrando en segundo plano.

De Jueves a Domingo narra una historia muy sencilla. Anecdótica, banal incluso si se quiere: todo comienza, tal y como reza el título del filme, un jueves cuando una familia compuesta por una pareja y sus hijos Lucía y Manuel deciden emprender un viaje hacia el norte del país, en apariencia con un fin puramente vacacional. La película se enmarca en esos cuatro días de un largo fin de semana que va desde ese jueves hasta el domingo. La mirada de la película – y por lo tanto la mirada del espectador – será siempre la de uno solo de los cuatro integrantes de esa familia, la de Lucía, esa hija de apenas doce años. De forma tan rigurosa como insobornable: a lo largo de todo el metraje de la película, la directora nos obliga a mirar todo lo que sucede desde esa visión, por fuerza fragmentaria e incompleta de Lucía, a través de la cual asistimos, sin tener ni mucho menos ni la mitad de las claves de lo que sucede, a un cierto proceso de descomposición de esa unidad familiar
Desde un primer momento, el espectador sabe que algo no va bien dentro de ese coche donde los distintos miembros de la familia ocupan su tiempo como pueden: con juegos, expresando deseos más o menos confesables, contando historias, discutiendo por cosas habituales… Con una seguridad quizás impropia por parte de una realizadora novel, Dominga Sotomayor construye una atmósfera opresiva que con elementos nada amenazadores sino cotidianos va poco a poco imponiéndose al espectador, que navega por la película algo perdido, esforzándose al igual que Lucía por tratar de asimilar todo lo que sucede a su alrededor, pero sin las claves para ello. Esa apuesta formal arriesgadísima, que puede generar en el espectador un cierto rechazo, busca en todo momento implicarle en la historia de forma poco habitual. Lo que se narra nunca resulta evidente, siempre está en un segundo plano por debajo de lo aparente. Y es en esa búsqueda donde Sotomayor puede conseguir – al menos así fue en mi caso – atrapar la mirada curiosa del espectador.
Es De Jueves a Domingo una película muy exigente y sin embargo enormemente interesante, repleta de recursos y soluciones inteligentes a los problemas narrativos que plantea y a la que no le asusta en absoluto el riesgo. Por si eso fuera poco, está rematada de forma más que coherente con un impresionante plano final que, si uno consigue entrar en la propuesta de la directora, es capaz de generar una enorme capacidad de conmoción. No es un plato ni mucho menos para todos los paladares. De hecho, a algunos les puede resultar bastante indigesto. Pero si uno se olvida de intentar responder a las preguntas y se deja llevar por la interesante propuesta de esta directora a la que conviene seguir muy de cerca en el futuro, puede que encuentre una justa recompensa: desde luego, su impecable apuesta formal y el convincente trabajo de su reparto – mención especial a esa prodigiosa niña llamada Santi Ahumada – al menos así me lo parece. Una primera jornada a concurso de lo más completa la de esta sexta edición de Cines del Sur.