Este fin de semana llega a las salas de
cine MY MEXICAN BRETZEL, una película que no podéis dejar escapar bajo ningún
concepto porque en un año 2020 especialmente afortunado en lo que a descubrimientos
de nuevas formas narrativas se refiere dentro del cine español, la asombrosa
propuesta de Nuria Giménez Lorang brilla con luz propia. Estos días leí un titular
referido a ella que rezaba “No todo estaba inventado en el cine” que he adoptado porque me
parece especialmente apropiado y que da buena cuenta de la enorme importancia
que tiene esta joya, que muchos descubrimos durante el confinamiento dentro
de ese bálsamo que fue la edición online del Festival D’A de Barcelona el
pasado mes de mayo, donde consiguió merecidamente el Premio del Público tras
haber ganado Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión en la sección Cine
Español de Gijón y el Premio especial Found Footage en Rotterdam.
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Los Barret, Vivian y León, la pareja protagonista de esta película. O no. |
My Mexican Breztel se abre con
esta cita: "La mentira es solo otra forma de contar la verdad"
atribuida a un tal Paravadin Kanvar Kharjappali. Y enseguida comienza una
sucesión de imágenes de archivo de pilotos volando biplanos y recuerdos
familiares filmados en Super 8. No hay diálogos. Apenas hay sonido y cuando lo
hay – la propia directora advirtió en su presentación de la película en el D'A que no hay
que preocuparse por los silencios, que su película es que es así – entra de
manera sorpresiva: un tren que cruza la pantalla, el vuelo de un avión, el
jolgorio de una fiesta distante. Uno sabe intuitivamente que ese montaje de
sonido no se corresponde con las imágenes que se han filmado y está viendo,
entre otras cosas porque el Super 8 no registra el sonido ambiente.
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León paseando su palmito por la playa... |
Lo que sí hay son subtítulos
sobre las imágenes. Se nos informa antes que empiecen a aparecer que dichos
subtítulos son extractos del diario de Vivian Barret, la mujer que aparece en
las imágenes que vemos. El dispositivo narrativo es claro: las imágenes se
rodaron en su momento con un sentido… pero los subtítulos, siempre en primera
persona con Vivian desgranando sus pensamientos más íntimos y el montaje de las
imágenes con esos subtítulos nos narran otra historia muy diferente…
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Con ustedes, Vivian Barret, la protagonista de My Mexican Breztel... |
El juego que propone la directora
Nuria Giménez es simplemente apasionante: uno sabe que esa colección de
vacaciones, paseos turísticos por diversas capitales europeas y del otro lado
del Atlántico más esos momentos de intimidad rodados en la década de los '50 y
'60 del pasado siglo no tenían otra intención inicial que documentar esos
instantes. Pero los subtítulos y el montaje crean, a partir de ellas, toda una
apasionante historia. Y qué historia. De repente, nos vemos atrapados en una
suerte de melodrama que podría haber firmado el mismísimo Douglas Sirk. Amor,
frustración, infidelidad, insatisfacción, culpa, remordimiento, viajes, lujo...
Todo creíble, todo inventado... El cine son 24 mentiras por segundo que crean
algo absolutamente real que emociona hasta la medula.
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Vivian sopesando las implicaciones de las difíciles decisiones que tendrá que tomar |
La película es pues una preciosa joya
en la que la verdad de las imágenes crea una historia falsa que a su vez se
convierte en el cine más real posible. Un inteligentísimo y fascinante
trampantojo en el que zambullirse hasta el fondo y perderse en su
arriesgadísima apuesta. Para el recuerdo queda esa fascinante Vivian Barret,
personajazo donde los haya y la forma de contar la historia de su vida dividida
entre su realidad y su deseo, que a su vez es la historia de otra falsedad, ésta
representada ante sí misma y los demás. Inmensa e inacabable.
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El cine, la vida, la literatura... |
My Mexican Bretzel es una
propuesta novedosa que va mucho más allá del falso documental. Su hallazgo narrativo
convierte lo banal en heroico, lo intrascendente en trágico, lo inocente en
perverso, lo disfrutable en prisión y el amor en desencanto. Una película
maravillosa, única… y posiblemente el descubrimiento más gozoso del cine
español del 2020. Apuntad el nombre de su directora: Nuria Giménez Lorang. Conviene seguirle la
pista muy de cerca en el futuro...
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A ver si pueden ustedes discutirme que este plano no lo habría firmado el mismísimo Douglas Sirk en sus mejores momentos... |
PD: Ah, por cierto: en esta reseña falta un dato que algunos considerarían fundamental para acabar de entender la redondez de la propuesta de My Mexican Bretzel, un dato que he ocultado a propósito. No os costará mucho trabajo encontrarlo si lo buscáis en otros artículos y os animo a hacerlo, porque cuando lo averigüéis (es algo que tiene que ver con el origen de los materiales con los que Nuria Giménez ha construido su película) le añadirá una capa más de grandeza a la propuesta. Pero en realidad es que ni tan siquiera es necesario saberlo para apreciarla en lo que vale... y yo también he aprendido de My Mexican Bretzel que no es necesario saber ni desvelar absolutamente todo...