lunes, junio 08, 2009

LOS MUNDOS DE CORALINE: Maravillas retorcidas al otro lado de la puerta

Atrapada entre el atronador ruido mediático de la última entrega de Terminator y el interés de los numerosos fans del best-seller Millenium 1: Los Hombres que No Amaban a las Mujeres y relegada de forma absurda entre semana a tan solo dos pases en horario infantil cuando es mucho más que eso, corre el riesgo de pasar desapercibida una auténtica joya estrenada el pasado viernes entre nosotros: Los Mundos de Coraline, deslumbrante adaptación de un cuento de uno de los autores más importantes de la narrativa fantástica contemporánea, Neil Gaiman, que ha llevado a cabo de forma magistral uno de los animadores más impresionantes y a la vez menos reconocidos del cine reciente, el gran Henry Selick.Selick es un caso curioso. Co-autor junto a Tim Burton de una obra maestra absoluta como Pesadilla Antes de Navidad (1993), ha tenido que soportar cómo el mérito por la misma se lo llevaba en exclusiva el conocido cineasta, a quien todos atribuyen su autoría en solitario; y ni siquiera el éxito de aquella maravilla de la animación stop-motion le abrió las puertas a futuros proyectos similares ya que la aparición de Pixar y su Toy Story desató la fiebre de la animación digital CGI con los resultados que todos conocemos. Los relativos fracasos de James y el Melocotón Gigante (1996) y Monkeybone (2001) parecían haber condenado a este amante de la animación tradicional imagen por imagen al ostracismo.Los Mundos de Coraline no solo es una dulce venganza y el regreso por la puerta grande de Selick: es la prueba evidente de que, contrariamente a lo que muchos piensan, la animación artesanal tiene su hueco más allá del mundo digital y puede conquistar al espectador siempre que esté al servicio de una buena historia y caiga en las manos de un autor capaz tanto de desplegar cantidades ingentes de imaginación como de no temblarle el pulso lo más mínimo al enlazar con una tradición que se ha venido perdiendo con el tiempo: no menospreciar la capacidad de los niños para entender los cuentos sin importar lo tenebrosos y oscuros que puedan resultar, algo que todos parecemos haber olvidado. Y es que Coraline es una película insólita, capaz de fascinar al espectador a la vez que juega con elementos nada banales.Una niña algo ignorada por sus padres encuentra una puerta en una pared que le permite trasladarse a un mundo idéntico al suyo excepto por el hecho de que todo parece responder a sus mayores deseos y que sus otros padres, tan solícitos y divertidos como ella imaginó, tienen botones en lugar de ojos. Remite a ese fecundo género de la realidad del otro lado del espejo, parecida a la nuestra pero al mismo tiempo deformada e inquietante que va desde la Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll al Laberinto del Fauno de Del Toro, pasando por El Mago de Oz, Las Crónicas de Narnia, El Viaje de Chihiro o incluso Matrix, mundos paralelos que ofrecen una versión distinta de nosotros mismos y de aquello que conocemos, una fantasía que sin embargo ha de estar claramente anclada en la realidad de tal forma que resulte reconocible y, quizás por ello, tan sugerente como aterradora.Es imposible resumir en unas pocas líneas las enormes virtudes de una película que resulta un absoluto festín para los sentidos: los planos son de una belleza sobrecogedora, su exquisito gusto por el detalle permitirá volver una y otra vez a ella en el futuro, el talento visual de Selick y la música de Bruno Coulais llevan en volandas al espectador por el terreno de la fantasía hasta un tramo final en el que la negrura, el drama y cierto toque de perversidad juguetona se adueñan de la función. Puede que su tono sombrío no provoque la emotividad y simpatía de propuestas más familiares pero no cabe duda que Los Mundos de Coraline es, especialmente gracias al formato 3-D del que saca no poco partido, una de las experiencias más maravillosas y arrebatadoras que uno puede ver en un cine en estos tiempos. No se la pierdan. Les aseguro que agradecerán el consejo.Este artículo aparecerá el lunes 8 de Junio en el periódico gratuito Voz Emérita


2 comentarios:

Paco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paco dijo...

La he visto, y me ha parecido extraordinaria.
Puede que a un niño le dé miedo, pero no más que, por ejemplo, Blancanieves.

De todos modos, no olvidemos que, si Blancanieves se escribiera hoy, no sería apta para menores, con esta sociedad mojigata en que vivimos