jueves, enero 02, 2020

MI CINE ESPAÑOL DEL 2019


En un año que me parece especialmente destacable en cuanto a calidad de algunos de los títulos que nos ha ofrecido el cine español y hecha la prevención que en el momento de redactar estas líneas aun no he visto algunos títulos que me seducen mucho como Ventajas de Viajar en Tren, El Hoyo o Longa Noite, entre otros, estos son los diez títulos españoles que más me han llegado en este 2019 y cuyo visionado me parece de lo más recomendable por unos u otros motivos. 



01. BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS DE SALVADOR SIMÓ


No hay ninguna película en este año que esté más indisolublemente atada a mi alma, mi piel y mi corazón que Buñuel en el Laberinto de las Tortugas. Mi vinculación personal y profesional con ella es tan profunda que no puedo sino colocar a la producción más importante jamás realizada en Extremadura en lo más alto de mi lista del 2019. Pero aunque mis razones para ponerla aquí vayan mucho más allá de las estrictamente cinematográficas, creo innegable el valor de una obra capaz de abordar la figura de Luis Buñuel y aquel rodaje de ‘Las Hurdes, Tierra Sin Pan’ desde la perspectiva no solo de la novela gráfica de Fermín Solís (que fue el primero en atreverse a imaginar cómo llenar los múltiples espacios vacíos que dejaba aquella historia) sino utilizando como potente motor emocional de la película la relación entre la reivindicable figura de Ramón Acín y el propio Luis mucho antes de convertirse en Buñuel. No sé cuántas veces he visto la película ya. Da igual: me emociono siempre como la primera vez en los mismos momentos, llevado por la música de Arturo, el trazo de personajes de Agreda, las líneas de diálogo de Eligio y Salva, la perfecta conjunción de todos los elementos de un maravilloso grupo de profesionales que han llevado al proyecto que vi nacer antes que se dibujara un solo trazo a desbordar nuestras más altas expectativas. Uno de los caminos más hermosos que he tenido la ocasión de recorrer, viendo feliz como sus espectadores en todo el mundo le dedicaban los más hermosos elogios. Y todos ellos merecidos, porque lo cierto es que estamos ante una gran película. Para sentirse muy orgulloso de formar parte, por pequeña que sea, de ella. 

02. LO QUE ARDE DE OLIVER LAXE


Un plano fantasmagórico, que casi pareciera sacado de una película de ciencia ficción, abre la película mientras varios eucaliptos caen abatidos con nocturnidad, violencia y alevosía como si fuese la imagen de un mundo que se destruye. Al final de la película, el fuego hará su aparición como si de lo inevitable se tratara – en Galicia en verano es así – y las infernales llamas, que nunca habremos vivido tan de cerca como en las imágenes captadas por la cámara de Mauro Hercé, desplegarán su efecto destructivo y acaso purificador pero incapaz de limpiar del todo ciertos pecados y estigmas, que se seguirán arrastrando como una losa eterna. Entre medias, la historia de un pirómano, Amador, que vuelve a su casa en una pequeña aldea perdida en la montaña tras cumplir su condena y su octogenaria madre, Benedicta, que le recibe con un desarmante “Tendrás hambre” con el que se gana nuestro corazón para el resto del filme, que transcurre apacible mientras Amador y Benedicta se dedican a sus quehaceres habituales, es decir, pasear las vacas, trabajar la tierra, ordenar el dolor del pasado, acompañarse más allá de la indiferencia del resto, ver la vida desde la resignación y el estoicismo de los humildes. O Que Arde habla de tantas cosas y lo hace tan bien que no hay texto por bien escrito que esté que le haga justicia a la enormidad de una película tan majestuosa, tan poética, tan atávica y en realidad tan inapelable. Una obra maestra que entremezcla de forma tan fascinante como estimulante lo íntimo y lo épico.

03. LOS DIAS QUE VENDRÁN DE CARLOS MARQUES-MARCET


Dentro de algunos años será necesario volver a algunas películas para explicar lo que la crisis económica le ha hecho a este país. Uno de los efectos menos comentados y sutiles tiene que ver con el peso adicional que para cualquier pareja supone hoy en día tomar la decisión más importante de sus vidas, que es tener un hijo. Una de ellas bien podrá ser Els Dies que Vindran, historia de una joven pareja que cuando llevan aún poco tiempo juntos han de enfrentarse al hecho de quedarse embarazados y asumir si siguen adelante o no. Así comienza la última película de Marques-Marcet, quien en 10.000Km o Tierra Firme ya había abordado otros aspectos de la vida sentimental condicionada por cuestiones socio-económicas y que aquí se lanzó a aprovechar el embarazo real de la pareja igualmente real formada por David Verdaguer y María Rodríguez Soto para ir un paso más allá y construir una deslumbrante ficción en la que, a lo Linklater, se afronta desde el cine la más pura indagación sobre la vida y el alma de una pareja. Además de ser muy inteligente y emocionalmente sensible, director, guionistas y actores se las apañan para encontrar un hermoso recurso narrativo en forma de una antigua grabación en video para dotar de pleno sentido y culminar de forma irreprochable una de las películas más estimulantes e imprescindibles que ha dado el cine español en este 2019. Un raro milagro de esos que uno da gracias por que existan y solo lamenta que no haya más gente que lo descubra.

04. DOLOR Y GLORIA DE PEDRO ALMODÓVAR


Culminación tras La Ley del Deseo y La Mala Educación de una curiosa y un tanto retorcida trilogía de lo más íntimo y personal de un cineasta que siempre impregna de su personalidad única todo su cine, Dolor y Gloria no solo es la mejor película de Almodóvar en muchos años sino un muy necesario ejercicio de autosanación de un cineasta que parecía definitivamente atrapado en una espiral de dolor y repetición de esquemas que amenazaba con ahogar su creatividad. Sin ser del todo una autobiografía, pero con los suficientes elementos reconocibles o imaginados como para resultar del todo convincente en ese extremo y con la inestimable colaboración de un Antonio Banderas más cómplice que nunca en una de sus mejores composiciones, Dolor y Gloria es al tiempo una película elegante y dolorosa, un ajuste de cuentas con el pasado y consigo mismo y un generoso ejercicio de cara al espectador con momentos realmente hermosos y emotivos, más allá que sean reales, imaginados o deseados. Un regalo para todos los que amamos el cine de Pedro más allá de las decepciones que a veces nos generan las altas expectativas que siempre tenemos con cada nueva obra suya. Dolor y Gloria es, como El Irlandés en Scorsese, como Érase una Vez en Hollywood en Tarantino, como El Traidor en Bellocchio, una película que no podría haber llegado antes en su filmografía, sino solo como consecuencia de una madurez creativa alcanzada por los años y todo lo rodado y vivido antes.

05. LA HIJA DE UN LADRÓN DE BELÉN FUNES


“Normal. Soy normal” repite Sara una y otra vez cuando se le pregunta quien es en la ópera prima de Belén Funes, sin duda el descubrimiento cinematográfico del cine español del año. Y ese es el anhelo de su personaje, tener lo que llamamos una vida normal, un trabajo, una pareja, una familia, salir adelante. Un anhelo contra el que se estrella una y otra vez por culpa no solo de la relación que tiene con ese padre egoísta que le destroza la vida cada vez que aparece en la suya, sino por sus propias expectativas. Es conmovedor ver los esfuerzos que Sara hace para conseguir las cosas que definimos como las más normales y como esos esfuerzos a veces tienen recompensa y a veces no, pero aún es más encomiable el esfuerzo que hace Belén Funes para ofrecernos la cotidianeidad de esa persona sin moralismos, sin contar de dónde viene, sin ofrecerle justificaciones ni coartadas, sin ponerle barreras insalvables. Sara consigue tejer una hermosa red de solidaridad a su alrededor – esa compañera de piso, esos vecinos, esos dueños del bar que le echan una mano siempre que pueden, ese padre de su hijo que no quiere ser su pareja pero siempre está ahí – pero siente muy de cerca el frío aliento de la soledad y se esfuerza por combatirlo a su manera, persiguiendo sueños, creando expectativas, (sobre) viviendo. Retrato de una realidad que el cine español a menudo esquiva o disimula (pues si: Barcelona también es lo que vemos en la película) La Hija de un Ladrón cuenta además con una soberbia Greta Fernández en una de las interpretaciones del año para una de las películas más notables y solidas que he visto, una de las sorpresas más agradables de este 2019.

06. LA TRINCHERA INFINITA DE GARAÑO, ARREGUI y GOENAGA


2019 es el año en el que Amenábar ha cosechado un notable éxito de taquilla con su Mientras Dure la Guerra y el trío de directores vascos de Loreak y Handia se bajaron a un pequeño pueblo de Andalucía para contar la historia de uno de esos topos que pasó décadas escondido en su casa. Las dos películas tienen en común que son historias nacidas de la Guerra Civil pero no necesariamente de la Guerra Civil. En el caso de La Trinchera Infinita, estamos hablando de una película sobre el miedo. El miedo, la soledad, la costumbre que transforma el dolor en rutina. Comienza a un nivel muy alto la propuesta y después, cuando entra en la narrativa del paso de los días, meses, años y décadas de encierro, se pausa y hace sentir al espectador el peso de la soledad, la frustración y la asfixia, pero siempre sacando partido del reducido espacio en el que se narra, siempre contando con los superlativos trabajos del enorme Antonio de la Torre y sobre todo, de esa Belén Cuesta que se revela como formidable actriz dramática. La Trinchera Infinita es una película valiosa no ya por lo que cuenta de nuestra historia y lo que muestra, que también, sino por todo lo que esconde, por todo lo que está fuera de campo, por la vida que se desarrolla fuera aunque a veces irrumpa dentro del reducto donde están atrapados Higinio y su paciente esposa. Es una película sobre el miedo infinito, aunque también sobre el deseo y el resquicio a la esperanza. Y es un formidable reto el salir bien parado de las limitaciones técnicas que implicaba este rodaje. El trío de vascos no solo lo consigue sino que además muestra el acento andaluz tal y como es, sin imposturas. Es otra forma de reivindicar la riqueza de este país nuestro del que tantos tiran en la dirección que más les conviene tratando de desgarrar lo que nos une.

07. TRINTA LUMES DE DIANA TOUCEDO


En el año de O Que Arde y sin haber visto aun Longa Noite, no puedo dejar fuera de mi lista otro trabajo con sello gallego tan extraordinario como el debut de Diana Toucedo. En la sierra de O Courel, en Lugo, se desarrolla una historia que, como en la película de Laxe aunque con modos y formas radicalmente distintos, también nos habla de la lucha por la supervivencia de unos modos de entender la vida que poco a poco van desapareciendo y dejando su lugar a otras costumbres. Pero la opera prima de Diana Toucedo no se queda ahí: a través de la indagación en el pasado mezclada con la persistencia de los mitos y fábulas que sobreviven de generación y generación y sorteando el peso siempre presente de las tradiciones, se desliza de forma subrepticia y natural una suerte de elemento sobrenatural que nos lleva por caminos poco transitados y obliga a un ejercicio de implicación activa por parte del espectador poco común para no perderse en una película enigmática que a menudo navega entre la realidad y el sueño. Trinta Lumes tiende un maravilloso puente entre el cine documental y el género fantástico, dibuja un territorio fascinante por el que se mueve esa niña con facilidad tanto para interpretar a los muertos como para recibir el peso de las tradiciones más atávicas de un mundo rural que tiene sus propias normas. Trinta Lumes es una exquisita rara avis que merece la pena descubrir.

08. LA VIRGEN DE AGOSTO DE JONÁS TRUEBA


El cine de Jonás Trueba sigue evolucionando al ritmo de los años. Tras aquella maravillosa exploración del amor perdido y reencontrado que fue La Reconquista, Jonás se deja llevar por la actriz Itsaso Arana y se centra en un personaje con grandes parecidos con el que interpretó en su anterior filme, pero también notables diferencias, es una película que explora de forma muy inteligente ese momento de la vida cuando se ha entrado ya en la treintena en la que uno de repente se para un momento a reflexionar sobre su vida hasta ese instante y trata de decidir hacia dónde dirigir sus siguientes pasos. Un momento de expectación, confusión, ilusión y extrañeza, todo a la vez, que tiene su reflejo en una ciudad, Madrid, y un momento específico del año, Agosto, en el que la ciudad de ambos se convierte en un espacio de reflexión en el que todo es extraño y al mismo tiempo un campo abierto de posibilidades. El aparente vagabundeo de ciertas resonancias rohmerianas del personaje de Eva es uno de los retratos más honestos y delicados de un momento vital fundamental. Trueba e Itsaso vuelven a mostrar la vida sin moralismos ni paternalismos, con una audacia, la de dejar a sus criaturas que se expresen en todas sus contradicciones con total naturalidad, poco común en el cine español. El resultado es una película realmente luminosa y en la que uno puede simplemente quedarse a vivir acompañando a Eva por su itinerario, disfrutando de lo que surge en el camino e incluso saboreando esa encrucijada vital en la que se encuentra. Agosto como un limbo repleto sin embargo de la vitalidad necesaria para seguir adelante y elegir un camino, el que sea, cuando se está perdido. El cine de Jonás Trueba, como la vida, sigue sin ofrecer certezas. Pero es maravilloso vivirlo.

09. LA PRIMERA CITA DE JESÚS PONCE



A mi amigo Jesús Ponce le ocurre que no puede evitar hacer el cine en el que cree, que se le va a hacer. Y ese cine está repleto de verdad y honestidad incluso cuando afronta los trances más delicados y en ese cine cree poca gente en este país. Con un presupuesto casi inexistente, pero con la complicidad de un fiel grupo de profesionales y amigos que le acompañan, las historias de Jesús siempre dejan un hermoso poso en el espectador. Aquí es la historia de un matrimonio de muchos años, él un militar estricto, ya jubilado que ha impuesto siempre su ley y su deseo; ella, una esposa sumisa y obediente que le ha seguido a todas partes y que ha aceptado el modo de vida prácticamente invisible al que la condenaba su elección. De repente, ella empieza a notar los primeros efectos de esa enfermedad maldita que es el Alzheimer. Olvida cosas, mezcla nombres, recuerdos, historias… personas. Y su marido ha de enfrentarse a la nueva situación con las pocas armas de las que dispone por naturaleza, esforzándose por alumbrar una paciencia que nunca ha tenido y quizás una comprensión aún menos existente. Ellos son Isabel Ampudia y Sebastián Haro, la misma pareja de 15 Días Contigo, reunida de nuevo ante la cámara de Jesús Ponce 14 años después y rodeada de excelentes secundarios. Su trabajo es simplemente maravilloso y fundamental para que funcione una película que no habla tanto sobre el Alzheimer como de las personas y sus sentimientos, de la memoria, del amor y de lo que verdaderamente merece la pena en esta vida. Un material delicado que director y actores convierten en un torrente de emotividad desde que empiezan a desplegarse las cartas del verdadero juego que propone la película hasta su hermoso final.

10. EL CRACK CERO DE JOSE LUIS GARCI


Se puede sentir nostalgia de lo que no se ha vivido. Es más: ahora en este momento de mi vida, ya creo que la nostalgia se alimenta más de eso que de las propias experiencias y recuerdos de cada uno. “El pasado es un lugar donde nadie te da la lata” se escucha en un momento de este El Crack Cero. Y es verdad, porque el pasado lo componen esos recuerdos que a menudo es mirar a través de un cristal borroso, un sitio que puedes remodelar a tu gusto hasta cierto punto y elegir incluso si te resulta más placentero o doloroso a voluntad, modulando la intensidad del sentimiento que quieres que te produzca. Han pasado 38 años desde el primer El Crack y ahora ya no están esos colores sucios propios de aquellos primeros años 80, sino un blanco y negro pulido, casi soñado. Y ahí está Germán Areta, en uno de esos bares de los de entonces, de los que ya apenas existen, jugando al mus (aquí se juega al mus, no al póker) Pares sí. Manolo, dame una ficha... ¿Es el Areta de siempre? Sí y no. Por de pronto, es un colosal Carlos Santos quien se ha apropiado del personaje que perteneció a Alfredo Landa y aunque sale más que triunfante del reto, es inevitable parpadear de vez en cuando al verle en pantalla. El Crack Cero no es un ejercicio suicida. Al contrario, está muy pensado. Garci tiene ya 75 años y como Scorsese en El Irlandés, tiene clara la película que quiere hacer. Misma estructura. Mismo desarrollo. Misma capital importancia a los personajes y no tanta a la resolución del caso. Garci se permite incluso explicarnos, muchos años después, por qué Germán Areta era tan renuente a decirle “Te quiero” o dejar escrito “Eres lo mejor que tengo” a quien amaba en El Crack II. Y se hace fuerte en la palabra, aunque el epílogo sea un alarde visual precioso. Cine con el que Garci dialoga a la vez con sus dos El Crack y con nosotros, sus espectadores enamorados de Germán Areta, sin dejar de ser él mismo y hacer la película que le da la real gana. Olé tus huevos, Garci.



Se han quedado fuera de esta selección, aunque también me parecen recomendables y seguramente si la lista se hiciera en otros momentos u otras circunstancias bien podrían formar parte de la misma, títulos como Diecisiete de Daniel Sánchez Arévalo, Madre de Rodrigo Sorogoyen, Adios de Paco Cabezas, Mientras Dure la Guerra de Alejandro Amenábar o Quien a Hierro Mata de Paco Plaza.

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