viernes, marzo 06, 2020

INVISIBLES, Mujeres en el Parque (del Príncipe)

Las vemos cada día. Pasan a nuestro lado, nos cruzamos con ellas, a veces si somos constantes en nuestros paseos nos llegan a resultar hasta vagamente familiares. Y sin embargo, como bien indica el título de esta película, quizás la única concesión a una suerte de reivindicación de género que luego comprobaremos que no existe como tal, suelen ser invisibles. Adquieren ese superpoder, como se verbaliza en un diálogo de la película en un tono a medio camino entre la resignación y la ironía.

Gracia Querejeta ha construido ante todo una película honesta y coherente. Honesta porque en ningún momento pretende ir más allá de lo que ‘Invisibles’ establece desde sus primeros compases: acercarse a las vidas de tres amigas cercanas a los cincuenta que pasean juntas todos los jueves por la mañana en un parque y que aprovechan ese breve espacio de libertad e intimidad para contarse sus cosas del día a día. Desgranan sus problemas, sus miedos, ilusiones y frustraciones, hablan de su insatisfacción laboral y emocional, se desahogan, riñen, se desnudan unas a otras y siguen adelante, lidiando con los sinsabores y las pequeñas alegrías de sus vidas. Es coherente porque su apuesta narrativa consiste en no salir jamás del espacio donde las encontramos, ese estupendo Parque del Príncipe de Cáceres por cuyos caminos nuestras protagonistas, de tres en tres o de dos en dos, pasean y hablan mientras la cámara las sigue en todo momento, atenta a un guión que privilegia en todo momento los diálogos y el descomunal trabajo de tres actrices soberbias sobre las que recae en exclusiva el peso de la propuesta.


Conviene detenerse aquí un momento porque es de justicia que valorar como se merece esa coherencia. Supongo que habrá a quien ‘Invisibles’ pueda parecerles algo repetitiva y que no acaben de entrar en una película que desde el punto de vista puramente visual quizás ofrezca poco atractivos al espectador pese a que la directora y su equipo se buscan la vida para hacer de la necesidad virtud y sacar todo el rendimiento posible de la rígida estructura que se ha autoimpuesto con ciertas dosis de imaginación. Pero es que es precisamente el mantenerse fiel a esa idea desde el principio lo que permite primero que la película tenga un punto de originalidad, alejándose voluntariamente de propuestas similares en temática y en segundo lugar que alcance unas muy altas cotas de complicidad del espectador con sus protagonistas, complicidad imprescindible para conseguir la identificación con ellas y la respuesta emocional que hace que ‘Invisibles’ funcione de forma admirable. Desde ahí, Gracia Querejeta merece un reconocimiento en lo formal que a veces no ha tenido con anteriores películas de su filmografía: en ‘Invisibles’ sale triunfante de su apuesta.


Por supuesto, nada de todo lo anterior funcionaría sin el excepcional trabajo de sus tres actrices, modélicas en sus arquetipos - que no tópicos: los trasciende - de mujeres bajo circunstancias muy distintas que evolucionan y crecen en la escasa hora y media en la que se desarrollan sus historias. Emma Suárez es una ejecutiva soltera que siempre se ha sentido muy segura tanto de su atractivo físico como de su posición laboral y a la que el paso de los años comienza a hacerle mella, resquebrajando esa seguridad y generándole unos problemas que simplemente no se encuentra preparada para afrontar; Adriana Ozores es una profesora de matemáticas hastiada, descreída tanto de su trabajo como de un matrimonio rutinario que no la satisface, pero en los que aguanta por la fuerza de la costumbre sin esperar demasiado de ninguno de ambos mientras el cinismo y la ironía con las que tiñe su máscara también comienzan a romperse bajo el peso de la responsabilidad hasta convertirse en desesperación; por su parte el personaje de Nathalie Poza comienza un poco a la sombra de las otras dos, acomplejada y atrapada en una relación en la que trata de mantenerse a flote negándose a ver la realidad pese a la feroz humillación que a veces le supone por el simple miedo a quedarse sola de nuevo mientras asume que no ya no va a cumplirse su deseo íntimo de ser madre, un personaje que va creciendo a base de ternura y verdad hasta ponerse a la altura de sus compañeras, más fuertes que ella solo en apariencia.


En sus conversaciones de jueves a jueves de estas mujeres surgen temas tan familiares para cualquiera como el acoso laboral y el techo de cristal, la sexualidad insatisfecha, la maternidad frustrada, las carencias emocionales, el miedo al fracaso o a la soledad, la resignación a asumir ciertas verdades innegables por mucho que traten de esconderse, las pequeñas trampas que todos nos hacemos para salir adelante y también silencios que cuentan a voces aquello que tratan de esconder. Pero el mérito de todo ello es hacerlo con absoluta y a veces dolorosa naturalidad, sin alardes y sin enarbolar ningún tipo de bandera de ejemplaridad, sino más bien al contrario, hasta el punto que uno no puede sino empatizar con sus problemas, que en el fondo, de otra forma, seguramente también sean los tuyos si tienes ya una cierta edad y experiencia de vida. Los pequeños puntos de fuga que suponen los breves cameos de Pedro Casablanc, Blanca Portillo o Fernando Cayo no hacen sino apuntalar aun más la coherencia interna de la película mientras que la habilidad y el talento de las tres actrices para dotar de profundidad, sentido cómico y matices esas conversaciones hacen el resto.


‘Invisibles’ es pues una película engañosamente sencilla, que a plena luz del día, entre árboles y bancos, desmadeja con asombrosa facilidad las tragicomedias cotidianas de tres mujeres cercanas a la cincuentena, esas que pasean en ropa deportiva, zapatillas cómodas y pelo recogido, mujeres a las que rara vez el cine en general y el español en particular, como fiel y algo triste reflejo de la sociedad en la que vivimos, presta la atención que merecen y a la que quizás solo le sobra una desigual BSO de Federico Jusid que a veces peca de intrusiva. Sería muy hermoso que una película que en realidad es una apuesta arriesgada y valiente pese a la paradoja que supone el hecho innegable que son muchas de las mujeres cercanas a esa edad las que sostienen con su entrada semanal este negocio siempre tocado del cine, consiguiera encontrar a su público y se mantuviera en la cartelera el tiempo suficiente para recompensar la honestidad y la coherencia con la que se ha llevado a cabo.



Y también, por qué no decirlo, para que muchos entiendan que a veces merece la pena salir de las grandes ciudades y que en pequeñas capitales de provincia como Cáceres existen espacios maravillosos como ese Parque del Príncipe donde pueden contarse este tipo de historias sin que eso afecte lo más mínimo a su credibilidad, sino más bien al contrario. Eso también es algo que ‘Invisibles’ reivindica y de lo que merece la pena hacerse eco, porque desde lo local se puede ser universal. 

Presentación en Filmoteca de Extremadura del rodaje de 'Invisibles' con Leire Iglesias, Consejera de Cultura e Igualdad, Nathalie Poza, Gracia Querejeta y un servidor (Abril del 2019) Invisibles contó con las Ayudas a Producción de Largometrajes de la Junta de Extremadura 2017

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