martes, octubre 27, 2009

SEMINCI 2009 Cronica 4: Casanegra, Adam Resucitado, Dirty Mind


CASANEGRA, La huida imposible

Hay que concederle a la Seminci un mérito que no tienen festivales en teoría de más lustre como Cannes, Venecia, Berlín o San Sebastián: salvo error u omisión por mi parte creo que en este 2009 Valladolid es el único certamen europeo de cierto renombre que lleva a concurso en su Sección Oficial una película africana. Ignorado en eso como en tantas otras cosas, me resulta muy grato el gesto por parte de los programadores de no haberse olvidado una vez más de las cinematografías de ese continente. Cuestión distinta son los méritos del filme, pero de entrada ya es algo a favor de la Seminci. Casanegra es una película marroquí que narra las peripecias en un par de días en la vida de dos amigos de la infancia residentes en Casablanca, esa ciudad caótica y vitalista que nada tiene que ver con el clásico que todos conocemos. Karim y Adil intentan, cada uno a su manera, escapar del destino que parece reservado a todos los que, como ellos, no disponen de los medios o la educación para conseguir un lugar decente en la clasista sociedad marroquí de hoy en día: Adil sueña con emigrar a Suecia con su tío y no le preocupa lo más mínimo meterse de lleno en la delincuencia para conseguir el dinero necesario para hacerlo mientras que Karim, siempre bien trajeado y educado, aparentando una posición social más alta de aquella a la que de verdad pertenece, sueña con una chica fuera de su alcance e intenta seguir los pasos de su padre y salir adelante con un trabajo digno, resistiéndose a acompañar a su colega Adil, de muchas menos luces que él, pero intentando igualmente permanecer a su lado para evitar que se meta en problemas serios.

Casanegra no cuenta ninguna historia que no hayamos visto mil veces ni tampoco lo hace de una forma especialmente original. Sobrada de metraje y demasiado reiterativa en ocasiones, quizás lo más interesante de la misma resulte ser esa continua sensación de callejón sin salida al que parecen abocados no solo los personajes sino toda una gran parte de la sociedad marroquí, que no es de extrañar que ante la falta de expectativas que les ofrece su propio país sueñen de forma constante con escapar del mismo para buscar mejor suerte en Europa. Por otro lado también es cierto que la película ofrece una visión bastante poco amable de la sociedad del país magrebí: no hay más que ver el retrato clasista que hace de la misma y la insólita presencia en la película de elementos como las drogas y el sexo, temas por lo general bastante tabú en esas cinematografías.

El director Nour Eddine Lahkmari que por cierto reside en Noruega, lo que sin duda le ayudado no poco tanto a poner en pie el proyecto como a observar con cierto distanciamiento crítico los problemas habituales de su país de origen, mezcla en Casanegra elementos de distintos géneros con acierto desigual consiguiendo solo a ratos mantener el interés del espectador durante su muy irregular metraje, fruto de un guión quizás demasiado poco trabajado y que abusa de ciertos lugares comunes. Con todo, Casanegra no deja de ser una película que se deja ver con agrado y que no me molesta demasiado y en la que acaso la frase que pronuncia uno de sus protagonistas “¿Pero que demonios os pasa a todos en este país?” sea la que mejor resume sus intenciones. Y es que no cabe duda que a la sociedad marroquí le queda aun mucho camino que recorrer para contentar a gran parte de su población, especialmente a sus jóvenes, aquellos que, en teoría, deberían ser los primeros interesados en propiciar dichos cambios y que no ven más allá de sus propios deseos de libertad lejos de sus fronteras.


ADAM RESUCITADO, El Holocausto y la locura del superviviente según Paul Schrader

He aquí una de las películas más desconcertantes y generadoras de sanas discusiones entre partidarios y detractores que vamos a tener en esta Seminci. Paul Schrader, director de Aflicción, El Placer de los Extraños o Posibilidad de Escape además de guionista de algunas de las mejores películas de Martin Scorsese como Taxi Driver, Toro Salvaje o La Ultima Tentación de Cristo adapta en Adam Resucitado la novela homónima de Yoram Kaniuk en la que se narra en dos tiempos, presente y pasado, la vida de Adam Stein, un superviviente del Holocausto internado en un hospital especial situado en medio del desierto junto con otros enfermos mentales asimismo supervivientes de la Shoah. Stein es un hombre provisto de un carisma excepcional, del que pronto averiguaremos que tiene el poder de meterse en la mente de aquellos a quienes toca, que sus dotes de showman provienen de su pasado como mago y artista de variedades en el Berlín de antes de la II Guerra Mundial y que las traumáticas experiencias vividas durante la contienda, campos de concentración mediante, son la causa directa de su estado actual que oscila entre la lucidez propia de un hombre sin duda brillante y alguien que en un momento determinado de su vida no tuvo más opción que abrazar la locura como medio de supervivencia.

Jeff Goldblum, serio candidato a hacerse con el premio al mejor actor en esta Seminci por el que sin duda es el mejor trabajo de su larga carrera, soporta el peso de la película sobre sus hombros ofreciendo una variedad de registros asombrosa. Es imposible no dejarse fascinar por su magnético trabajo, ya sea el hombre que domina a su antojo tanto el escenario como al staff médico y al resto de los pacientes de ese pabellón médico haciendo gala de unos recursos interpretativos asombrosos, ya sea mientras seguimos sus tristes experiencias en el Campo de Concentración comandado por un Willem Dafoe que en lo que a cotas de maldad se refiere está a la altura del siniestro personaje creado por Ralph Fiennes en La Lista de Schindler. Adam Resucitado no es una película fácil: primero porque hurta al espectador la posibilidad de identificarse con cualquiera de los personajes que pululan por sus imágenes ni tan siquiera con el propio Adam, capaz de actos violentos y de una crueldad verbal infinita a sumar a su dudoso estado mental y en segundo lugar porque Schrader hace en esta película un experimento muy extraño, ya que mientras desarrolla en paralelo presente y pasado para contar la historia y explicar el comportamiento de Adam, llena de fuegos artificiales la pantalla en un intento de distraer al espectador de lo que es verdaderamente importante, como si quisiera que los árboles no nos dejara ver el bosque.

Y sin embargo, por debajo de todos esos aparentes fuegos de artificio, Schrader ofrece no solo una original e interesantísima relectura de un tema tan sobado como el Holocausto sino todo un abanico de temas y obsesiones recurrentes en el realizador. Así, la religión entendida como una crisis de fe que desemboca en un necesario ajuste de cuentas con un dios que permite cosas tan terribles, la infinita crueldad capaz de desplegar el ser humano, los recursos para racionalizarla por parte de aquellos que la ejercen, la culpa del superviviente y la locura elegida como refugio de aquel para el que suicidio no puede ser una salida, el improbable proceso de redención… Todo esto y mucho más tiene cabida en una película en apariencia excesiva y desarbolada, pero que en realidad es de lo más sutil e inteligente en su planteamiento. Aunque por momentos pueda parecer forzada o fácil – la trama del niño, recurso de guión de un viejo perro del oficio, se presta a ambas lecturas – Adam Resucitado es una película compleja y brillante que merece la pena descubrir. Y discutir abiertamente sobre ella.


DIRTY MIND, Trastornos de personalidad, indefinición de géneros

Diego es un perdedor de libro. Un tímido irredento de esos que en su vida se comerá una rosca por más que lo intente y que vivirá a la sombra de los que, como su hermano, especialista de cine de profesión, son los que siempre resultan populares y acaban por llevarse a la chica. Claro que un buen día puedes pegarte una hostia de campeonato sustituyendo a tu hermano, dañarte el lóbulo frontal y que tu personalidad cambie por completo de la noche a la mañana, convirtiéndote en Tony T, un arrollador macho alfa, especie de Austin Powers mamporrero – la comparación no es gratuita: Wim Helsen se parece mucho en esta película al personaje creado por Mike Myers, chaquetas horripilantes incluidas – deslenguado y atrevido que, por supuesto, tendrá mucho más éxito social y laboral que su alter ego anterior y causará la admiración de aquellos que le rodean, que le perciben ahora como alguien mucho más feliz. Incluso la doctora que le trata, una especialista que sabe bien que esos cambios radicales de comportamiento no conllevan nada bueno, puede obviar dichos conocimientos y caer rendida a sus encantos de neandertal triunfador.

Siempre he dicho que encontrarse con una comedia en cualquier festival, dado que éstos son siempre tan proclives a la trascendencia y los dramas sesudos, resulta algo de lo más refrescante. Incluso cuando la comedia tiene lugar de forma involuntaria, es decir, cuando la película contiene derivas tan disparatadas que induce al público a descojonarse abiertamente de ella. La flojísima Dirty Mind es uno de estos casos, si bien en su descargo hay que decir que tiene la voluntad de adscribirse a la tragicomedia, así que durante gran parte de su metraje uno se ríe por las razones adecuadas y en los momentos precisos, cosa que por desgracia no sucede en su chanante último tramo, indescriptible de puro inverosímil pero al mismo tiempo irresistiblemente divertido. La película, no nos engañemos, resulta mediocre y previsible a más no poder, sus actores no son nada del otro mundo, el argumento se despeña por completo según avanza el metraje, la remata una fotografía granulosa y feísta insufrible y lo único que puede salvarse de ella es que contiene dos gags espectaculares que están sin duda entre lo más divertido que veremos en esta Seminci: uno digno de los Hermanos Farrelly que tiene como protagonista a un enfermo de Parkinson sobre el que es mejor no dar detalles y otro que atañe a una prostituta que ejerce su trabajo en la postura del perrito ataviada con una camiseta de la selección nacional holandesa de fútbol - Dirty Mind es una producción belga – con un remate final que hará sonreir de forma cómplice aunque por motivos bien distintos, tanto a los aficionados del Barça como a los del Real Madrid. En cualquier caso, y aunque un servidor agradece el buen rato pasado a su costa, no hay que llamarse a engaño: Dirty Mind es mucho más material de Punto de Encuentro (y gracias) que de la Sección Oficial.

1 comentario:

Mow dijo...

En algunas películas, el estudiado repertorio de gestos de Goldblum llegó a exasperarme por repetido, pero parece que aquí lo reconduce bien. La peli parece interesante. Veremos.