viernes, agosto 03, 2007

RATATOUILLE, nuevo manjar de Pixar

Escribir una reseña sobre cualquier película de Pixar resulta a estas alturas un ejercicio de repetición: como a los muchachos de Lasseter les da por seguir manteniendo el listón a una altura más que considerable y en cuestiones de manejo de las nuevas tecnologías aplicadas a la animación cada nuevo film que estrenan sigue siendo un festín para los sentidos, es complicado encontrar adjetivos que le hagan la justicia que se merece, más en estos tiempos en el que la nueva fiebre por las películas de animación nos ha surtido la cartelera de multitud de filmes que por voluntariosos que sean no le llegan ni a la suela de los zapatos a los productos Pixar.

La octava maravilla de Pixar comparte con sus antecesoras lo que para el que escribe estas líneas es la clave fundamental del éxito de sus filmes: la idea rompedora. Como el mundo de juguetes parlantes de Toy Story y su angustia ante la idea de ser reemplazados u olvidados, el mundo al revés de Monstruos SA donde sus habitantes temían a los niños a los que debían asustar, la frustración tan común de unos seres con habilidades poco comunes al no poder hacer aquello a lo que están destinados de Los Increíbles o los peculiares universos reflejos del nuestro ya estén poblados por insectos, peces o vehículos, Ratatouille parte de una idea de base rupturista, absolutamente demoledora: una rata cuya máxima ambición es ser cocinero. El simple concepto, que uno de los bichos más repugnantes y portadores de enfermedades de la creación, universalmente estigmatizado como el principal enemigo de la salubridad de cualquier establecimiento, reniegue de su naturaleza hasta tal punto que no consuma basura y dedique su existencia a crear los más exclusivos manjares en uno de los restaurantes de mayor categoría de París es tan brillante en sí mismo que, la verdad, como punto de partida tiene un atractivo incuestionable.

Ya sabemos que no basta con la idea fuerza: hay que saber desarrollarla. Pero en eso el equipo de Lasseter, con el magnífico Brad Bird al frente (autor, no lo olvidemos, de la incomprendida El Gigante de Hierro y la fantástica Los Increíbles) se muestra tan hábil como de costumbre: un guión ajustadísimo y cocinado a fuego lento – perdonen la fácil metáfora, pero estaba servida en bandeja (Vaya, lo he vuelto a hacer) – nos presenta de forma muy cuidadosa tanto al complejo Remy, siempre en perpetuo conflicto entre sus obligaciones para la colonia y la familia y su deseo de pertenecer a un mundo que jamás podrá aceptarle, como a aquellos que le rodean. Particular interés ofrecen tanto Django, el padre de Remy, una rata siempre consciente de su papel en un mundo hostil – terrorífica secuencia aquella en la que lleva a su díscolo hijo al escaparate (real, por cierto) de un exterminador de plagas en la que se exponen decenas de ratas atrapadas de forma horrenda en cepos – como Gusteau, el fantasma del ídolo culinario de Remy que pese a que insiste una y otra vez en que es un producto de su imaginación actúa como una segunda figura paterna, apadrinando a nuestro protagonista en su épico viaje como si de un Pepito Grillo actualizado se tratara.

Si sumamos a la receta una estructura de comedia de enredo clásico de libro, unas cuantas secuencias espectaculares pensadas para que el público más pequeño no se aburra, un entramado argumental de hondo calado sobre el proceso de creación artística – y no hay que perderse la agudísima reflexión sobre los usos y motivaciones de esos personajillos que nos consideramos críticos, ya sea de cocina, cine o cualquier otra disciplina, reflexión que va mucho más allá del aparente estereotipo que representa el personaje llamado, con no poca mala leche, Antón Ego –, una maravillosa recreación digital de la Ciudad de la Luz y la habitual combinación de humor, buen gusto y respeto por la inteligencia del público al que va dirigida, sin discriminar entre niños y adultos, tenemos que Ratatouille es una película estupenda, un manjar delicioso que no empalaga ni tan siquiera con el evidente exceso de tópicos con el que se retrata todo lo relacionado con “lo francés”.

Dos recomendaciones finales: no se les ocurra llegar tarde a la proyección o se perderán el hilarante Lifted (Abducido), divertidísimo corto que funciona como jugoso entrante antes de la película – otro concepto genial: un alienígena algo torpe enfrentado a la tarea de abducir por primera vez seres humanos de sus casas bajo la atenta supervisión de un sufrido instructor de prácticas – y entren en la sala de cine con el apetito bien saciado, porque al igual que pasa con películas tipo Comer, Beber, Amar o Como Agua Para Chocolate, las delicatessen que aparecen a lo largo y ancho del metraje de Ratatouille son capaces de despertar el ansia de los estómagos más agradecidos. Y no es plan de jartarse de palomitas... Remy no lo aprobaría.

PD curiosona y molesta: ¿Por qué será que las cadenas de comida rápida tipo Mc Donald o Burguer King han pasado ampliamente de utilizar Ratatouille para promocionar sus productos como con anteriores productos Pixar? ¿Será porque combate el uso de la basura como comida abogando por los alimentos de calidad? ¿Será por el concepto de tener una rata/chef como protagonista? ¿O las dos cosas? Hmmm

9 Minutitos de Preview. En inglés, claro, que se le va a hacer, pero vale la pena: atención a la filigrana visual de la persecución por la cocina y como la pasión de Remy por la cocina se impone sobre su instinto de supervivencia. El plano circular con el que se cierra la escena es un prodigio, a la vez que sumamente divertido. Disfrutadlos



8 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno va, te voy a poner un comentarito para que te suba el ego. A mi niño le ha gustado mucho.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
altovolta dijo...

Hola David, ¿qué tal? magnífica película y estupendo comentario. Aunque, si me permites, solo apuntar que El gigante de hierro no es incomprendida en absoluto, ya que es una de las más prestigiosas cintas de animación (2D) de los últimos años, y gracias a ella se forjó la reputación del mago Bird (con ese apellido, no podía ser cualquier cosa). Y cierto el apunte de que ninguna cadena de comida basura haya esponsorizado la peli. Una idea que coherentemente debería haber partido de Disney, aunque viendo lo que le gusta el sabor del dólar bien cocinado a la factoría, me extraña. Si viste Fast Food Nation habrás comprobado cómo las multinacionales se rifan los nuevos lanzamientos de hamburguesas para colocar sus muñequitos como lobos. Y viceversa, claro. Menuda mafia.
Un saludo y hasta pronto.

BUDOKAN dijo...

Enorme film de Pixar que nos recuerda que se puede alcanzar un gran nivel artístico y llevar gente a la taquilla también. Muy buen post. Saludos!

Gori Garcia dijo...

Hacía tiempo que no me reía tanto en el cine. Imprescindible, y si eres un 'cocinillas' aficionado, mucho más. Un saludo.

jimena dijo...

Ha sido una larga ausencia. No vuelvas a dejarnos, siempre es un placer leerte.

David Garrido Bazán dijo...

Pues si, Altovolta, quizás me he expresado mal, porque pensándolo bien es verdad que incomprendida no es la palabra que mejor le cuadra a El Gigante de Hierro... creo que lo que quería expresar es que aunque muchos llevamos en el corazoncito esa estupenda película de Brad Bird, no suele citarse como una de las pelis de animación más inteligentes de los últimos años. ¿Minusvalorada por el gran público, quizás?

Jimena, gracias por tu comentario. Como decía hace unos cuantos posts, esto es una cuestión de tiempo: poco a poco iré remontando, saliendo de mis pequeñas trampas y espero que no tarde mucho en llegar el momento en que pueda actualizar el blog con mucha mayor regularidad. De momento ahí ando, reencontrandome a mi mismo...

Blackrose dijo...

Remy es el puto amo. Remy es amor.
Realmente es una maravilla de película. Elen / Vane