domingo, agosto 26, 2007

Perdonen que no me levante...

Siempre pensé que era la forma más genial de partir de este mundo. Dejar en su lápida una frase insuperable que hacía vano cualquier intento por parte del resto de los mortales de plantar en su tumba una frase ingeniosa: ¿Cómo superar esas cinco palabras que denotan a la vez educación, inteligencia, ironía y un brutal sentido del humor negro? ¿Existiría alguna vez un epitafio capaz de hacer mayor justicia a uno de los más grandes genios del siglo XX? Era la perfección, la simplicidad misma, un brillante colofón a una vida en la que nos regaló a muchos infinidad de momentos memorables repletos de réplicas afiladas por el ingenio.

Y todo era falso. Completamente falso. Una leyenda urbana. Quizás la más universalmente tomada como cierta que haya conocido pues toda mi vida desde que tengo uso de razón – o sea, hace algunos pocos años - llevo oyendo atribuir esta frase a Groucho y jamás nadie me había sacado de semejante error. Efectivamente, me di un paseo por la Wikipedia y confirmé mis temores:

Groucho Marx fue incinerado, sus cenizas se guardan en el Eden Memorial Park, siendo falso el epitafio "Perdonen que no me levante" que popularmente se cree que está en su tumba.” Y encima, como prueba, te plantan una foto de su tumba, para que no quede ninguna duda

La verdad es que da lo mismo. Creo que es bueno que el imaginario colectivo de la Humanidad atribuya esta frase a Groucho, aun no siendo cierta. No porque le haga falta, ciertamente, sino porque rematar una vida brillante con una frase TAN brillante es parte de ese material extraño con el que los humanos cimentamos las leyendas. Y creo que hay pocos hombres en este mundo que merezca la pena que sean tan recordados o equiparados a las mismas que Groucho y sus hermanos. Woody Allen acertó de pleno cuando en Hannah y sus Hermanas se pintó a si mismo superando una depresión y una terrible crisis de fe metiéndose en un cine a ver Sopa de Ganso: pocas cosas tan terapéuticas hay en este mundo para combatir los males del alma que meterse para el cuerpo una sana dosis de marxismo al estilo Groucho.

¿Saben que es lo único que lamento de verdad? Haber tenido solo acceso a lo que conocemos de Groucho gracias al cine y a sus libros, que aun no siendo poco, no deja de ser incompleto. Me hubiera gustado haber escuchado por la radio los delirantes programas “Groucho y Chico, Abogados” que ambos perpetraron en su momento y que aquí solo llegaron recopilados en forma de libro. O haber seguido las andanzas de Groucho en “You Bet Your Life” el concurso de televisión que condujo durante años y del que apenas tenemos unas migajas gracias al Youtube – y siempre sin subtitular, duro incluso para los que nos manejamos en inglés – ese invento que a veces nos permite recuperar joyas como ésta, que descubrí gracias a que alguien (Gracias, Javi) lo colgó en el Blog de Oti Rodríguez Marchante: una de sus ultimas apariciones públicas en televisión, en 1973, masacrando sin piedad a uno que siempre se me ha atragantado y que era uno de los presentadores y cómicos más populares de los 70 en la televisión USA, el inefable Bill Cosby.


El 17 de Agosto se cumplió el 30 Aniversario de su muerte. No pudo cumplir el deseo de aquella señora que un día se le acercó y le soltó “Por favor, no se nos muera nunca”. Pero siempre nos quedará su ingenio en frases como éstas

1 comentario:

Ramón Ramos dijo...

Sin duda la historia del cine no sería la misma sin Groucho Marx.
Saludos