lunes, octubre 23, 2006

SEMINCI 2006 Crónica 2: The Queen, Mujeres en el Parque, Kubrador y Black Eyed Dog

THE QUEEN, Stephen Frears sube el nivel.
Se esperaba con enorme expectación la última película de Stephen Frears. Copa Volpi a la Mejor Actriz y Mejor Guión en Venecia, más el premio FIPRESCI e innumerables críticas muy positivas hacían a priori de The Queen uno de los platos fuertes de esta 51 Seminci. Y la película no solo respondió a las expectativas sino que provocó el entusiasmo generalizado entre la prensa acreditada, algo bastante necesario después del desangelado arranque de la jornada de ayer. Stephen Frears ha construido alrededor de los acontecimientos que siguieron a la desgraciada muerte de Diana de Gales y muy especialmente las reacciones de la Familia Real Británica y el recién nombrado Primer Ministro Tony Blair una película espléndida, llena de inteligencia, sentido del humor y una saludable a la vez que corrosiva ironía que ha conseguido un reconocimiento prácticamente unánime de los medios aquí acreditados. The Queen cuenta a su favor con un guión ajustado y brillantemente dialogado en el que sus responsables no dejan títere con cabeza, pues sus cargas de profundidad no van únicamente dirigidas a los siempre fáciles de atacar miembros de una institución tan vilipendiada como la Realeza Británica, sino que Frears y Morgan aprovechan para hacer un retrato bastante despiadado (y a la postre, según se ha podido demostrar, bastante acertado) de ese embaucador arribista llamado Tony Blair, cuya irresistible ascensión y su consolidación de popularidad a raíz de los hechos de la película están narrados con una minuciosa, punzante ironía.

Construida de forma cronológica y con abundante material de archivo para situar en su justa importancia la trascendencia tanto de la figura de Lady Diana Spencer como el shock que para los británicos supuso su muerte, The Queen es sin embargo una mirada comprensiva de las motivaciones de todos los que participan en el filme, a los que Frears y sus guionistas dan suficiente espacio como para que justifiquen sobradamente sus posiciones. Así, Tony Blair es descrito como un ambicioso reformador de las instituciones cuyo respeto por la Monarquía crece según va tomando conciencia de la importancia de su cargo y si bien al principio no tiene reparo alguno en capitalizar el descontento de la mayor parte de los británicos con la nula reacción de su Reina, al final comprende la difícil situación por la que ésta ha pasado. A su vez, el guión muestra a una soberana incapaz de liberarse del rígido peso de las tradiciones - recordemos que a su muerte Diana ya estaba divorciada del Principe Carlos, por lo que no era parte de la Familia Real, había protagonizado varios escándalos y siempre había contado con la animadversión personal de la Reina - pero que también acaba por darse cuenta que su pueblo no está dispuesta a perdonarle una actitud tan severa.

Si el Príncipe consorte Felipe (un brillante James Cronwell) es presentado como un títere sin demasiadas luces y el heredero Carlos como un hombre dispuesto a presentar la cara amable, renovada y cercana al pueblo de la monarquía frente a los deseos de su propia madre, pero que en el fondo esconde un miedo atroz a su propia suerte, la película no se recata en mostrar a Cherie Blair como una despreciable antimonarquica enfebrecida por la ambición o a un pérfido y manipulador Alistair Campbell como inmisericorde instigador de la campaña para consolidar a Tony Blair en Downing Street a costa del deterioro de la institución monárquica. El propio Blair parece a menudo un títere inseguro en manos de unos y otros, inseguro, preguntando constantemente por la identidad de sus interlocutores y, excepto al final, más víctima del circo creado alrededor suyo que otra cosa.

The Queen es una película deliciosa primorosamente construida desde el guión y apoyado en una portentosa interpretación de Helen Mirren que apunta directamente al Oscar a la Mejor Actriz del próximo año - en la Seminci está fuera de concurso - en su encarnación de esa Reina que por primera vez está a punto de perder de forma irremisible el favor de su pueblo y que ve impotente como algunas de las seguridades de su mundo parecen tambalearse, pero que tiene la suficiente inteligencia como para rectificar a tiempo y hacer no lo que debe, sino lo que su pueblo le reclama que haga, una cualidad que todo buen gobernante debe poseer y de la que, por desgracia, sujetos como Blair, Aznar y Bush carecen. La riqueza del subtexto que corre por debajo de lo aparente - que permitirá posiblemente segundos visionados con igual o incluso mayor capacidad de deleite - la brillantez general de las interpretaciones, la austeridad de una puesta en escena que deja espacio a lo importante, que no es otra cosa que los personajes, y el continuo deseo de dar espacio a todas las posiciones otorgan a The Queen la condición de una película mucho más que notable que probablemente se encuentre entre lo más redondo de este 2006 y a la que, por ponerle un pero, solo le sobran ciertas libertades tomadas alrededor del papel jugado por un venado que es el único motivo por el que el espectador puede sentirse tentado de creer que Frears y Morgan van demasiado lejos. Sin duda, una grandísima y muy corrosiva película

MUJERES EN EL PARQUE, Felipe Vega sigue a lo suyo.
Si uno está algo familiarizado con el cine reciente de Felipe Vega - y por cine reciente me refiero a esa película notable llamada Nubes de Verano - ya debería saber de antemano lo que se va a encontrar en su nueva colaboración con el escritor Manuel Hidalgo y el productor Gerardo Herrero, artífices igualmente de aquella: una historia de personajes generalmente infelices con su suerte a los que la película siempre va a dejar justificación o al menos un intento de explicación de sus actos, por ajenos que puedan parecernos, una lucha constante por tratar de entenderse los unos con los otros con el fantasma de la incomunicación siempre acechando y un retrato de un pedazo de vida a la vez duro, amargo y sin embargo divertido que huye voluntariamente tanto de los mensajes como de cierto adoctrinamiento. Por supuesto, este tipo de cine tan personal y amoral - entendiendo esto último no en sentido negativo, sino en el literal de que estamos ante un cine carente de una moralidad predeterminada que imponer al espectador - contemplativo e incompleto, tiene tantos entusiastas seguidores como furibundos detractores que afirman sin empacho alguno que las películas de Vega no cuentan nada y aburren hasta al más paciente. Servidor sin embargo, sin ser uno de sus defensores a ultranza - siempre me pasa lo mismo con el cine de este hombre: tiene una parte con la que siempre conecto y que me maravilla, pero siempre me queda la sensación de que nunca consigue películas del todo redondas - es capaz de reconocer el valor de su independencia y su acusada personalidad como cineasta más allá de sus logros y defectos, una cualidad siempre reivindicable y no tan habitual como sería deseable en el panorama del cine español.

Mujeres en el Parque narra una historia de incomunicación de personajes que desean comprender y comprenderse, no de seres que se aislan voluntariamente o se encierran en si mismos, sino que carecen de la información necesaria o las herramientas para conseguir que su interlocutor les entienda, por más que sí exista esa voluntad de hacerse comprender y de comunicarse con el otro. Mónica, por ejemplo (una Bárbara Lennie en el mejor papel de su corta carrera, que augura un porvenir brillante) es incapaz de entenderse con su padre Daniel (Adolfo Fernández en un papel muy alejado de sus roles habituales), un brillante músico aparentemente egoísta e incapaz de comunicar sus sentimientos que está en pleno proceso de separación de Ana (Blanca Apilanez), una mujer que lleva toda su vida intentando consolidar una relación volátil con Daniel, cuyos comportamientos renuncia a entender pero al que le ata una fuerte relación de dependencia. Daniel se ve con una mujer de su pasado (Clara: Emma Vilarasau) que despierta la atención de Mónica, que a su vez empieza a reconocer en ella misma los despreciables rasgos de la egoísta forma de comportarse de su padre en su relación con David (Alberto Ferreiro) un chaval simple que se limita a amarla con una desarmante naturalidad.

Todos estos personajes y su complejo entramado de relaciones personales, reproches, intentos de comprender el presente a través del pasado y su búsqueda continua no ya de ese intangible que es la felicidad sino de una forma de poder relacionarse sin hacerse daño los unos a los otros con el telón de fondo de un omnipresente Madrid - verdadero personaje del filme - más lleno que nunca de heridas en forma de obras abiertas comparables a las de los perdidos seres humanos que la habitan, conforman una película de lo más estimulante que exige del espectador la voluntad y el esfuerzo de participar activamente en ella tratando de comprender a sus personajes en la misma medida que ellos tratan de comprenderse a si mismos y a los que les rodean, aunque en el proceso caigan en esa incoherencia habitual que tanto nos caracteriza.

Felipe Vega mantiene la cámara a una prudente distancia de sus criaturas, les otorga el espacio suficiente para que se expresen con total libertad y, por repulsivos que puedan parecernos algunos de sus actos, podemos llegar a comprenderlos. En el proceso, quedan un par de escenas magistrales de puro talento interpretativo - mención especial a la emocionante secuencia de la segunda conversación en el restaurante entre Ana y Daniel en la que ella decide por fin tomar las riendas de la relación y la liberadora conversación en el Retiro entre padre e hija - y una saludable aproximación al humor en forma de agudas reflexiones sobre la eterna guerra de sexos y hasta una escena de puro enredo resuelta mucho después de forma brillante solo en la mente del espectador más despierto. Quizás le sobra al film un retruécano final un tanto innecesario - la carga emocional y dramática del filme ya era importante a esas alturas - y la antes mencionada dificultad que supone para algunos entrar en tal personal propuesta, pero para este cronista Mujeres en el Parque es una propuesta si bien no redonda tan interesante como a ratos perturbadora.

KUBRADOR, Un rollo filipino.
Los festivales tienen estas cosas. De repente aparece en el panorama internacional una película que representa a un país ignoto de nula o casi nula tradición cinematográfica y, si tiene la suerte de ser una propuesta inusual (obsérvese que he dicho inusual y no original o, en fin, buena) pues igual le toca la lotería y aterriza en un Festival tan necesitado de títulos que puedan atraer la atención de la prensa especializada como esta Seminci que avanza un poco a trompicones. Kubrador (La Recaudadora de Apuestas) es exactamente eso: una película que si la hubiera rodado un servidor o cualquiera de ustedes con una cámara digital al hombro e infinidad de planos-secuencias en el más mísero de los barrios de la ciudad en la que vive, jamás hubiera pasado el corte de una Selección Oficial, pero como es filipina, curiosa, muestra la miseria de los barrios de Manila y a la vez la gran dignidad humana (ejem) de algunos de sus habitantes, pues ha colado. Y se ha metido hasta la bola, con la presencia del director en Valladolid incluida para todo aquel que quiera ejercer con él su vena más sádica y perversa en forma de venenosas preguntas.

Porque ya me pueden ustedes contar milongas, pero esta Kubrador no hay por donde cogerla. Película que cuenta de la forma más agotadora y mareante posible la nada absoluta que se oculta en tres días de la ajetreada vida de una vendedora de Jueteng, una especie de lotería ilegal de enorme popularidad en Filipinas que mueve unas increíbles cantidades de dinero y cuyas redes alcanzan hasta a las más altas instancias del país y que consiste en una especie de Bonoloto en la que se eligen dos números entre el 1 y el 30 - mismamente como hacemos nosotros para elegir nuestra fila y número de asiento cada vez que pretendemos ir a una película que no sea de la Sección Oficial y tenemos que pasar por la taquilla de acreditados, novedad de este año - y, de acertar los dos, se consigue el consiguiente pastón. La Kubrador del título es Amy (Gina Pareño, apunten pese a lo dicho su nombre como candidata al premio de interpretación femenina) una corredora de apuestas rolliza y entrada en años que se busca la vida moviéndose de forma constante por el laberinto de calles de los suburbios de Manila buscando gente que quiera hacer apuestas por las cantidades que sean y con las justificaciones más peregrinas que puedan imaginarse: cada número tiene su propia mitología y las combinaciones, basadas en acontecimientos de la vida cotidiana interpretados de una peculiar manera, resultan de las pocas cosas curiosas del filme. Otra es que los filipinos, herencia de su pasado colonial español, pronuncian los números en castellano, lo que en medio de largas peroratas en tagalo no deja de resultar chocante.

El director Jeffrey Jeturian realiza la película a base de encadenar plano-secuencia tras plano-secuencia con su cámara digital al hombro e hinchar después a 35 mm su película, con lo que entre eso y que la peli va de descripción realista del día a día de Manila la cosa queda con un aire documental que agota por una razón muy sencilla: después de la primera media hora te queda bastante claro que al director le cuesta discriminar entre lo importante y lo superficial, limitándose a rodar todo lo que sucede delante de su cámara, tenga o no trascendencia. Así, tanto da que la peli tenga un mínimo componente fantástico con la reiterativa presencia de un soldado que intuimos está relacionado de cerca con Amy o que se denuncie la corrupción policial con el divertido episodio de la comisaría, ya que en los interminables paseos calle arriba y calle debajo de Amy, personajes y situaciones a mi parecer del todo intrascendentes desfilan ante nuestras alucinadas pupilas. Puede que alguno defienda la propuesta, pero yo reconozco que no pude entrar en la película en ningún momento y al cabo de un rato me daba exactamente igual lo que ocurría en la pantalla y miraba nervioso el reloj. Y es que Kubrador apenas dura 98' pero les juro que a mi me parecieron tres horas. No debí ser el único: la gente desfiló de forma tan despavorida hacia la salida cuando el filme terminó que el pobre Jeffrey Jeturian, todo sonrisas, casi se queda solo en el auditorio para el coloquio posterior. No pregunten: ya habrán adivinado que no me quedé para averiguar qué decía en su defensa.

BLACK EYED DOG, Cine indie USA, digoooo Canadiense.
En la sección paralela Punto de Encuentro se presentó esta modesta producción canadiense que si uno no supiera previamente de donde procede, tendría la sensación de encontrarse ante una de esas cientos de películas independientes USA ambientadas en pequeños pueblos de la América Profunda donde nunca parece pasar nada, pero que debajo de su aparentemente tranquila superficie se cuecen miles de pequeñas grandes historias. Betty, una joven atractiva que una vez soñó con convertirse en la nueva Joni Mitchell gracias a su talento para cantar, lleva una existencia gris y monótona. Ha roto con su noviete de toda la vida, un tipo violento que no lleva nada bien su ruptura ni el hecho de que su hermano pequeño, un gay con ansias de libertad y de ver mundo, haya elegido tirar por la calle del medio a la hora de hacer pasta para largarse de allí cuanto antes. Ya me entienden. La madre de Betty está recluida en una institución mental, su padre, que les abandonó muchos años antes, viene todos los días al bar donde Betty trabaja casi para recordarle lo absurdo de su estilo de vida y su alocada hermana, que tiene adoptado a un niño de raza algo indefinida, pretende conseguir el amor de un colega a base... de comprarle una cosechadora último modelo para la que no tiene recursos. Un cuadro.

A todo esto, hay un asesino suelto por los alrededores que tiene atemorizada a la población local asesinando viejecitas, hay un policía local tímido y buena gente que suspira por el amor de Betty, cerrada a toda aproximación y ha llegado al pueblo una especie de escritor que..., que...., que la verdad no recuerdo muy bien que pintaba por allí, más allá de intentar camelarse a nuestra protagonista. Con estos mimbres de empleos deprimentes - aunque el dueño, un griego de lo más comprensivo, es de lo mejor de la función - un ex novio violento, el inevitable amigo gay, un hogar roto, un perro que no deja de dar el coñazo todo el santo día ladrando a todo el que se acerca a su casa y un futuro inexistente, nuestra Betty capea como puede el temporal mientras diversos acontecimientos hacen que se plantee si aun está a tiempo de cambiar su vida.

Pierre Gang maneja un guión con algunas ideas interesantes - el misterio de las piedras arrojadas al río por Betty engancha - pero el problema de esta película canadiense es que en su afán de abarcar un amplio abanico de situaciones y personajes, se pierde por completo en un intento pretencioso de encubrir una historia vacía que, para colmo, deriva hacia el absurdo en su tramo final. Ni el buen trabajo de una atractiva actriz desconocida para mi (Sonya Salomaa) consigue levantar el tono de una obra a la que le sobran tópicos y guiños a cierto cine indie USA de bajo perfil que a estas alturas ya casi es una fórmula más. bostezos indisimulados y lamentos por las buenos apuntes iniciales de un guión tristemente desaprovechado eran los comentarios que más pudieron oirse a la salida de un día que había empezado muy bien, pero que en la sesión de tarde nos había devuelto de nuevo al pesimismo.

LA ANÉCDOTA DEL DÍA Medianoche. En un conocido local de copas de la noche vallisoletana, el equipo al completo de Mujeres en el Parque de Felipe Vega ofrece a los acreditados a la Seminci una fiestecilla con consumición gratis incluida. La noticia corre por la ciudad y al poco empiezan a dejarse caer por allí jóvenes y curiosos de todo tipo con ganas de ver de cerca de algún famoso (en balde: aparte del equipo, solo Montxo Armendariz, Rosana Pastor, Beatriz Rico, el director Chema de la Peña y alguno más apareció por allí el rato que yo estuve). Llama la atención la cantidad de chicas guapas y muy arregladas - normal: es sábado por la noche - tanto que mientras consumo mi copa en la calle para poder respirar un poco y atiendo a una llamada de móvil, observo a una chica muy guapa que también escucha a su vez por el móvil, me mira y me sonríe cómplice, pues ambos estamos haciendo lo mismo. Es Barbara Lennie, protagonista de Mujeres en el Parque, que me recuerda de la Rueda de Prensa de esta mañana y que parece encantada de la vida de pasar desapercibida entre tanta belleza local. Casi desapercibida, Bárbara, casi desapercibida...;-)

3 comentarios:

Jose dijo...

Coincido en tu opnión acerca de "The queen" salvo en una cosa: a mi más que las licencias con el venado me carga más la redención de la reina, tratada con un exceso de sentimentalismo, hasta ahora inexistente en la película. Un aviso, creo que esta película perderá todo su sentido cuando se doble.

Me gusta la contención de "Mujeres en el parque", la incomunicación y tristeza que transmite, aunque creo que su afán folletinesco le hace perder muchos de sus aciertos. Muy bien interpretada.

Y yo fui uno de esos poco que disfruté de Kubrador: no es una gran película, pero si que me intereso ese recorrido por Filipinas, en el que la protagonista es simplemente el hilo conductor de un montón de historias. Conecté con ese humor, quizás un poco ingenuo (como toda la película), y me entretuvo.

Saludos

Listo Entertainment dijo...

Menudo desastre de película la de QUEEN.
Por mucho maquillaje que le pongan, Helen Mirren no se parece en nada a Freddy Mercury.

David Garrido Bazán dijo...

La verdad es que The Queen es una de esas películas en las que el idioma original es tan fundamental que debería estar prohibido doblarla. Si, creo que perderá gran parte de su encanto en el doblaje.
La redención de la Reina a mi no me parece tal: solo cambió de opinión cuando por fin se dio cuenta que todo un pueblo se estaba poniendo en contra suya y que no debía permitir que la institución que representa - ya de por sí bastante desprestigiada - se fuera del todo a pique en el corazón de los británicos. No creo que en su fuero interno pensara que estaba equivocada, y es por ello que la escena del venado me parece demasiado explícita (¿siente eso por un animal cuando no es capaz de sentir algo remotamente parecido por un ser humano que es la madre de sus nietos?¿es acaso el venado un recordatorio de que los viejos tiempos se han ido para no volver más y cualquier advenedizo nuevo rico con rifle puede abatir lo que antes casi era un privilegio real? No acabo de tenerlo claro...) y el sentimentalismo me parece bastante contenido: toda la película tiene un tono cínico e irónico envidiable, incluso en el tramo final cuando la Reina da a Blair ese aviso del todo premonitorio - y nada casual - de que un día el pueblo también puede darle la espalda a él

Sobre Mujeres en el Parque estamos basicamente de acuerdo: a mi también me sobra el lado folletinesco porque me parece que el drama de esos personajes ya tiene la suficiente fuerza de por sí. Pero siempre me gusta que el cine de Felipe Vega de espacio a sus personajes para hacerse entender y no conduzca a los espectadores. Pocos directores nos dan hoy en día esa libertad.

Quizás es que me pilló en un mal día, pero no fui capaz de encontrarle ni una sola cosa positiva a Kubrador, más allá de la anécdota del jueguecito de marras y los números en castellano. No me interesó lo más mínimo y sinceramente, no creo que mereciera estar en una Sección Oficial como Valladolid.

Por último, fijaros que yo creo que a Freddie Mercury le hubiera gustado la peli de The Queen. Hubiera sintonizado bien con su humor, fijo: basta con recordar la forma en la que veia a sus compatriotas en aquel magnifico videoclip 'I Want to Break Free'. Ay, le echamos de menos...