sábado, septiembre 19, 2009

SAN SEBASTIAN 2009, JORNADA 1: Chloe, El Baile de la Victoria, Malditos Bastardos, Si la Cosa Funciona

EGOYAN NO REMATA, TRUEBA DECEPCIONA

Llueve. Llueve mucho. Será una especie de retribución por el tiempo tan fantástico que disfrutamos el año pasado pero el caso es que la57 Edición del Festival de Cine de San Sebastián nos ha recibido con una tromba de agua considerable que en realidad no ha empañado el entusiasmo desatado en la inauguración con la presencia de Brad Pitt – barbudo y pelín desastrado – y Quentin Tarantino – tan locuaz y divertido como siempre – cuyos Malditos Bastardos inauguraron ayer la sección Perlas de Otros Festivales de Zabaltegui. Ya lo he dicho en otras ocasiones: San Sebastián es uno de esos festivales donde, hagas lo que hagas, siempre tienes la sensación de perderte algo importante y las elecciones son constantes. La de ayer viernes era particularmente dolorosa: o bien se iba a uno a disfrutar de la rueda de prensa de esos dos o bien se metía en el cine a ver Si La Cosa Funciona, la última peli de Woody Allen. Decisiones, decisiones…

En fin. La Sección Oficial arrancó con Chloé de Atom Egoyan, una película que toca muchos de los temas favoritos del autor de Exótica o El Dulce Porvenir pero desde un punto de partida tan habitual como interesante: cansada de sospechar las infidelidades de su marido y presa tanto de la incomunicación como de su propia inseguridad, Catherine decide confirmar sus sospechas por la via directa y contrata a Chloe, una atractiva prostituta con aire de lolita y ojos de cervatillo, para que le seduzca y ponga a prueba su fidelidad, contándole después todo lo que hace con el susodicho. El problema es que en tan delicado proceso por un lado Catherine inicia un cierto redescubrimiento de su sexualidad, pelin enmohecida con el paso del tiempo y el inevitable distanciamiento y por otro la cervatilla tiene sus propias necesidades y como no podía ser de otra forma, la cosa se complica sobremanera.

Egoyan inicia su película haciendo que Catherine, ginecóloga, describa un orgasmo como poco más que una contracción involuntaria de los músculos, algo desprovisto de toda magia. Y luego se afana en desmontar esa afirmación durante todo el metraje. La película crea una interacción de personajes sumamente interesante y Egoyan, director elegante como pocos, aprovecha el enorme caudal que le proporciona un elenco en estado de gracia – Julianne Moore está inmensa en un rol lleno de dobleces, pero no le andan a la zaga ni un atribulado Liam Neeson ni una sorprendente Amanda Seyfred que aguanta el tirón de maravilla – para construir un peculiar triángulo a través del cual investiga sobre lo peligroso que puede llegar a ser la fantasía en determinadas circunstancias. Sin embargo es una verdadera lástima que con tan interesante planteamiento y tan acertado desarrollo tanto de trama como de personajes Egoyan, que no por casualidad no es el firmante del guión, deje que su película se despeñe en su resolución al adentrarse en unos derroteros mucho más convencionales e increíbles, transformando a uno de sus personajes de arriba abajo y convirtiéndolo en poco más que un cliché de lo más desacertado. Es una de esas obras de las que sales cabreado por lo mucho que engancha su arranque y lo mucho que puede llegar a decepcionar su sonrojante desenlace, pese al precioso homenaje a Vértigo en su plano final.

Claro que si de decepciones hablamos, es obligado hacer alguna referencia a El Baile de la Victoria, la esperada vuelta del añorado Fernando Trueba al terreno de la ficción desde El Embrujo de Shangai. Ambientada en el Chile de los primeros años de la democracia tras la caída del régimen pinochetista y una amnistía general que pone en la calle a los presos sin delitos de sangre, cuenta nos narra la historia de un reventador de cajas fuertes que quiere recuperar en vano a su perdida familia tras cinco años en prisión, un entusiasta chaval con ganas de dar un golpe que resuelva sus problemas económicos y una chica traumatizada por el asesinato de sus padres, desaparecidos durante la dictadura, incapaz de pronunciar palabra pero que danza de maravilla. Y un caballo. No me pregunten por qué, pero la presencia constante del caballo es al parecer un elemento indispensable en la trama. Con semejantes mimbres, provenientes de un intuyo que sumamente empalagoso libro original de Antonio Skarmeta, también guionista del filme, Trueba construye una película sumamente cursi y sensiblera, que desaprovecha de forma terrible varios de sus elementos de interés y, de forma más que sorprendente, denota que tanto tiempo alejado de la dirección le ha pasado factura a Trueba. Viendo su película, a menudo desganada y repleta de horripilantes insertos que perjudican la narrativa a más no poder, uno no puede sino preguntarse donde está el autor de El Año de las Luces, Belle Epoque o La Niña de mis Ojos, pues cuesta reconocer el innegable talento que Trueba ha demostrado sobradamente tener en semejante dislate. Ni tan siquiera la presencia del siempre fiable Ricardo Darín ni el interesante debut de la actriz Miranda Bodeonhöfer (al entusiasta pero limitado Abel Ayala mejor lo dejamos aparte) sirve para que esta historia levante el vuelo. Lo dicho, toda una decepción.

LA LIBERTAD CREATIVA DE TARANTINO Y LA VUELTA DEL MEJOR WOODY ALLEN

Sin embargo, el día fue salvado de forma más que sobrada por las dos películas vistas fuera de la Sección Oficial. Por un lado, los Malditos Bastardos de Tarantino demuestran dos cosas: una es que su autor es posiblemente el espíritu más libre, iconoclasta y desprejuiciado que existe en Hollywood hoy en día. La segunda es que, afortunadamente, aun quedan por aquellos lares productores capaces de financiar películas como ésta, a medio camino entre el divertimento y el sentido homenaje a una más que peculiar cinefilia, que si no fuera porque tiene el nombre (y el talento) de Tarantino asociado a ella, dudo mucho que pudiera ver la luz. Malditos Bastardos es una película ambientada en la II Guerra Mundial pero difícilmente puede considerarse adscrita al género bélico. En realidad, Tarantino sigue fiel a si mismo y a sus incontables ídolos, a los que sigue robando músicas, ideas y planos enteros pero con tal derroche de talento y tal capacidad de mezcla que consigue que su resultado sea una película tan fresca como libre, un turmix de referencias cruzadas de innegable encanto que juega con la complicidad del espectador y sobre todo, del cinéfilo aplicado, hasta límites inimaginables.

Tarantino consigue momentos de una brillantez indiscutible. Por ejemplo, en el primer capitulo de su filme maneja con suma habilidad y demostrando que, cuando quiere, puede hacer gala de una sobriedad y un rigor expositivo incuestionable, una tensa secuencia sostenida por un duro mano a mano entre un coronel de las SS cazajudíos – tremendo Christoph Waltz en una composición de personaje absolutamente memorable – y un sospechoso de ocultar judíos en su casa. Y sin embargo, a partir del segundo capítulo y habiendo ya demostrado sobradamente de lo que es capaz, Tarantino da rienda suelta a sus delirantes personajes y situaciones, bordeando siempre la caricatura pero resultando siempre eficaz y sobre todo, muy divertido. Malditos Bastardos es además, con su desopilante y atrevido desenlace en el que no solo se pasa por el forro la Historia para adaptarla a su antojo sino que compone una memorable carta de amor al cine tanto como elemento integrador como destructor cuando es necesario, se transmuta en una obra inclasificable, rompedora, libre y sobre todo, fascinante. Un regalito para todos los amantes del cine como un espectáculo divertido e imagino que una auténtica pesadilla para los amantes del rigor y la trascendencia.

Por si eso fuera poco, resulta que Woody Allen ha decidido con su Si La Cosa Funciona regalarnos a sus muchos fans una maravillosa película que lejos de los experimentos europeos de sus tres últimos filmes, nos permite reencontrarnos una vez más con el genio neoyorquino que todos admiramos. Tirando esta vez del tremendo Larry David como alter-ego, la declaración de principios que semejante elemento hace mirando a cámara rompiendo la tercera pared y dirigiéndose directamente al espectador, es tan cáustica como demoledora: básicamente, su Boris es la esencia del pesimismo existencial, cinismo depurado en estado puro e irreverencia convertida en inteligentes sentencias lanzadas a una velocidad de vértigo al espectador. Semejante elemento, antiguo aspirante al premio Nóbel que ahora se dedica a maltratar psicológicamente a los niños a los que intenta en vano enseñar a jugar al ajedrez, va a chocar con una actualización de aquel memorable personaje que Mira Sorvino clavó en Poderosa Afrodita, una cabeza hueca de buen corazón con la que acabará, pese a su reticencia inicial, por enredarse. Y con ella, acabarán apareciendo sus padres, fervorosos cristianos del profundo Sur sobre los que hacer jugosos chistes y una serie de personajes empeñados en encontrar la felicidad. De acuerdo, más de uno dirá que este es el Woody de toda la vida, que repite situaciones y personajes, pero es que nadie lo hace tan bien como Woody y resulta un verdadero deleite para cualquier espectador con un mínimo de inteligencia conectarse a tal colección de diálogos afilados repletos de cinismo y brillantez. Es todo un espectáculo tenerle de vuelta y aunque puede que la resolución redentora no case demasiado bien con todo el pesimismo existencial expuesto anteriormente, a veces uno quiere pensar que, en efecto, solemos complicarnos demasiado la vida y nos olvidamos que, como le pasaba a aquel personaje de Hannah y Sus Hermanas que renunciaba a suicidarse tras ver Sopa de Ganso, a veces la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos y basta con intentar repartir y recibir todos los escasos momentos de felicidad que la vida depara para, si eso funciona, seguir adelante lo mejor que se pueda.

3 comentarios:

Mow dijo...

Qué bien escribes, ladrón. Impresionante. Y sobre la marcha. Me parece admirable. Estoy deseando ver algunas de las pelis que citas (léase Tarantino y Woody) para confrontar tus sin duda acertados asertos.
No te preocupes por las cosas de casa, que está todo controlado y va fenomenal. Y disfruta, que se agradece.

RO dijo...

Completamente de acuerdo en todo, excepto en Chloe que no la pude ver... Como bien dices, en este festival siempre tienes la sensación de que te pierdes algo...y así es.

a blu ´n purple muzhroom dijo...

Completamente de acuerdo! me han encantado tus críticas! Me fascina Tarantino, así, me F-a-s-c-i-n-a. Muy buenas críticas. Saludos!