viernes, marzo 27, 2009

RETORNO A HANSALA, Ellos son nosotros

En el 2007, Gerardo Olivares estrenó 14 Kilometros, una película que abordaba sin tapujos la tragedia cotidiana de la inmigración relatando ese viaje que empieza mucho antes que las pateras que llegan día tras día a nuestras playas. Chus Gutierrez, que demostró en su momento con Poniente que era sensible a la misma temática, retoma y en cierto modo complementa tanto su anterior filme como el de Olivares con Retorno a Hansala, película en la que el punto de vista gira sobre uno de esos aspectos que no suelen aparecer demasiado en los medios de comunicación ¿Qué ocurre con los cuerpos de aquellos que no consiguen sobrevivir al viaje?Retorno a Hansala sigue la historia de Martin, el propietario de un tanatorio agobiado por un matrimonio a punto de romperse y por algunos problemas económicos que amenazan con cerrar su negocio, que en uno de esos días habituales, levanta en una playa una docena de cuerpos de marroquíes ahogados y expulsados por el mar. Uno de ellos lleva un papel con un número de teléfono: es el de Leila, la hermana que vino a España hace cinco años por el mismo método y que ya tiene regularizada su situación. Una vez contactada, Leila decide que ha de volver a su pueblo a entregar a su familia el cuerpo de su hermano, aunque no dispone del dinero necesario para pagar el viaje. Martin, que necesita desaparecer un tiempo, la acompañará de vuelta a Hansala.Hay películas que son necesarias más allá de sus méritos artísticos o cinematográficos. No conviene subestimar la capacidad del cine para concienciar o explorar los numerosos puntos de vista alrededor de algunos problemas que, de puro inabarcables, siguen y deberían seguir ofreciendo en el futuro películas valientes como ésta que se atreven a aportar visiones distintas, arriesgadas, que ayuden a entender al otro, a esa gente que vive tan cerca y a la vez tan lejos de nosotros, a esa realidad que se puro terrible acostumbramos a no querer mirar de frente.El viaje de Martin – un estupendo como suele acostumbrar Jose Luis García Pérez – es el viaje que todos deberíamos hacer para ponernos en el lugar del otro, para convertirnos por una vez en el emigrante en tierra ajena, vivir esa realidad que les empuja a jugarse la vida una y otra vez cruzando el estrecho sin importarles las consecuencias. Es inteligente el punto de partida de la película, basada en un personaje y una historia reales, en la que Martin cruza esa barrera que todos ponemos de manera inconsciente en nuestra mente para no tener que enfrentarse a ese horror cotidiano: mientras no vivamos esos muertos como nuestros muertos, si no damos a esas vidas la importancia que deberían por el simple hecho de ser “ellos” y no “nosotros”, jamás seremos capaces de empezar siquiera a abordar verdaderas soluciones al problema.Más allá de las buenas intenciones, lo cierto es que Regreso a Hansala es una película correcta que consigue emocionar sin recurrir en exceso ni a la sensiblería ni a la lágrima fácil. Chus Gutierrez es más que consciente que tiene entre las manos un material lo suficientemente voluble como para cargar demasiado las tintas en sus aspectos más dramáticos, algo que evita en parte gracias al comedido trabajo de sus actores: a García Pérez le da la réplica de una forma más que correcta para ser su primer papel protagonista una joven actriz, Farah Hamed, cuya limpia mirada y su naturalidad desarma al espectador, lo que sumado a los propios habitantes de Hansala interpretándose a sí mismos otorgan a la película una credibilidad más que notable.Regreso a Hansala tiene, en fin, alguna idea brillante extraída de la realidad y bien aprovechada por su directora: conmueve no poco el uso que se da en el filme a esas ropas procedentes de los ahogados que sirven a sus familiares para identificar a sus muertos y que viajan por distintos poblados y mercadillos para ser expuestas. Su mirada es cercana a ratos a la de un documental que penetra hasta el fondo en la vida cotidiana de los habitantes de Hansala, sus costumbres, deseos y miedos, pero otorgándoles al tiempo una incuestionable dignidad. Y también dispone de algún que otro momento de humor, generalmente asociado al inevitable choque con esa cultura ajena pero mucho más cercana a nosotros de lo que creemos, aunque también sería justo señalar en el debe de un filme más estimable que redondo cierta complacencia en su resolución, lo que tampoco debería hacernos perder de vista la importancia que tienen y deben seguir teniendo películas pequeñas y dignas como ésta que se atreven, en los tiempos de crisis que corren, se arriesgan a obligar al espectador a enfrentarse con esta realidad.

1 comentario:

partícula elemental dijo...

Acabo de ver la película. Bravo por la peli y por la crítica que haces, que entiendo certera en cuanto a valoración y clara en cuanto a exposición.