martes, noviembre 29, 2011

PROFESOR LAZHAR, El triunfo de la sencillez

Hay ocasiones en las que la ristra de premios que anteceden a una película, en este caso el Premio del Público en el Festival de Locarno, así como el Mejor Guión y el Premio Fipresci de la Seminci de Valladolid, sin olvidar la nominación por Canadá para los oscars de este año, resultan de lo más comprensible. Pocas propuestas más agradables y bien realizadas he tenido ocasión de ver este año como esta sencilla y sin embargo muy interesante película del para mi hasta ahora desconocido Philippe Falardeau, aunque éste sea su cuarto largometraje. La película está producida por los mismos responsables de la ganadora del año pasado del V FCIM 2010, Incendies. Y yo aquí hago mi apuesta particular de todos los años con alguna de las películas de la Sección Oficial: el año pasado me la jugué a que INSIDE JOB ganaría el oscar a Mejor Documental y así fue. Este año apuesto a que PROFESOR LAZHAR estará entre las cinco finalistas al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Ganarlo es otra cosa - las competidoras serán muy duras - pero desde luego lo tiene todo para conseguir ser finalista...

Arranca la película con un hecho terrible: el suicidio ahorcándose en clase de una profesora de primaria, siendo su cuerpo descubierto por uno de sus alumnos. Con semejante mazazo en la cabeza, la película nos presenta de inmediato al protagonista de la historia, ese profesor sustituto, argelino de origen, inmigrante y exiliado político que huye de su pasado y que se ofrece como sustituto para una clase lógicamente traumatizada ante la inexplicable desaparición de su profesora, cuyos alumnos de diez años han de lidiar, cada uno a su manera, con el inevitable duelo. El Profesor Lahzar, todo amabilidad, sensibilidad, inteligencia y comprensión – esos valores que hacen que nunca olvides a un profesor que haya sido capaz de conjugarlos con la paciencia de aguantarte para enseñarte algo – será el encargado de acompañarles en ese proceso.

Es Profesor Lazhar un prodigio de sencillez y sentido común capaz de plantear con precisión y contundencia no solo cuestiones interesantísimas relativas a la figura y el papel de un profesor hoy en día, cuestionando de frente y sin ambages la evolución del modelo tradicional hacia este sistema actual en el que, más que con niños, los profesores parecen abocados más a tratar con residuos radioactivos, como se afirma con no poca sorna en un momento del filme, sino tocando asimismo con precisión y sutileza temas como la inmigración, el exilio, la incomprensión, la extraña actitud ante la muerte, el abandono parental o las distintas formas de enfrentarse al proceso de duelo. Viendo las imágenes de la película de Falardeau uno se plantea seriamente por qué demonios resulta absolutamente imposible imaginarse una película así, tan sencilla, bien hecha y repleta de inteligencia, en el cine español. Parece como si los franceses – recuerden La Clase, que ya estuvo en Mérida en el III FCIM, Hoy Comienza Todo, Ser y Tener... – o sus primos francófonos canadienses tuvieran una especial sensibilidad a la hora de abordar un tema tan esencial para el futuro de cualquier país como es la educación. Como me gustaría, en estos tiempos oscuros en los que la crisis parece la excusa ideal para recortar lo que nunca se debería tocar, que alguien tuviera en España los arrestos (y el talento, claro) suficientes para hacer una película la mitad de valiente, efectiva y bien realizada que ésta.

Su protagonista, Fellag, maneja de forma inmejorable un buen puñado de registros para encarnar a ese profesor que desde la humildad y el afecto consigue conectar con esos niños y, más allá de enseñarles lo de siempre, educarles en algo aun más importante, los valores que son necesarios para saber conducirse por la vida. Con el humor como una forma de mostrar la realidad, con afecto, sin cruzar nunca la línea de la sensiblería y dejando caer de vez en cuando notables cargas de profundidad que no pasan desapercibidas – ojo a ese chaval, por cierto de apellido Garrido, que desvela en clase como quien no quiere la cosa un terrible hecho del pasado de su familia que te deja literalmente clavado en la butaca o la catarsis entre los dos niños principales, ambos un prodigio de naturalidad – Profesor Lahzar juega sus cartas con inteligencia, toca el corazón del espectador y conmueve de principio a fin. Para recordar por un rato a ese buen profesor o profesora que todos tuvimos alguna vez.