domingo, octubre 10, 2010

SITGES 2010 J01 Carne de Neon La Casa Muda Somos lo que Hay




Bueno, pues ya estamos en Sitges. Una ciudad preciosa devota y entregada a su festival que me ha recibido con un solazo de escándalo y gente bañándose en la playa. A puntito he estado de unirme a ellos pero esto de subirse a un festival que arrancó hace dos días, sumado al hecho de que es territorio nuevo para mi – y en Sitges eso tiene más significado que nunca: es un festival muy peculiar tanto en el tema de las acreditaciones como en las muy estrictas normas que maneja para conseguir las entradas – hacía imposible permitirse el lujo de más distracciones. Si acaso el imprescindible Zombie Walk de anoche, que fue de traca, como era previsible. Pero vayamos con el cine que es lo que importa:

(Ojo al invitado especial que se me coló en esta videocrónica, que no tiene desperdicio)

CARNE DE NEÓN, Paco Cabezas quiere ser el Guy Ritchie español


Hace algunos años Paco Cabezas se dio a conocer con un corto muy interesante desde el punto de vista visual en el que Oscar Jaenada daba vida a un tirao de la calle obsesionado con recuperar el amor de la madre que le abandonó siendo niño. Tanto que cuando ésta salía de la cárcel, le regalaba nada más y nada menos que un puticlub, dado que ella ejerció en tiempos aquella profesión. Ese corto le valió cierto reconocimiento a su autor, el suficiente para llevar la misma historia al largometraje repitiendo reparto – cambiando a Mario Casas por Jaenada en el papel principal, eso sí – y ensanchándo el planteamiento inicial para acomodarlo al nuevo formato. Viendo Carne de Neón resulta absolutamente imposible no pensar en Guy Ritchie. Y es que Cabezas copia tan literalmente tanto la estructura como las ideas visuales del autor de Lock & Stock, Snatch o Rock’n’Rolla que me apuesto lo que quieran a que si introdujéramos al azar varios planos de las películas citadas en la opera prima de Cabezas, apenas notaríamos la diferencia.


Carne de Neón es una película entretenida. Uno se divierte con esos delincuentes de cortos vuelos con una tendencia irresistible a hacer el chapuza y solucionar con violencia todos sus problemas, que se meten en un embolao considerable para montar el negociete. Claro, el problema moral es la ligereza, un tanto insultante, con la que Cabezas toca un tema tan delicado como el de la trata de blancas que, como decían antiguamente, puede herir la sensibilidad del espectador. Cabezas es ambicioso (o un inconsciente, nunca se sabe en estos casos) y toca todos los palos posibles: el thriller gangsteril, la comedia desvergonzada, el petardeo almodovariano – la Infantita es un trasunto nada disimulado de la Agrado de Todo Sobre Mi Madre o cualquier otro travesti desprejuiciado del manchego – e incluso el drama en esa relación madre hijo marcada por el alzhéimer incipiente de ésta última. Pero juega con tantas barajas que al final uno no sabe muy bien a que carta quedarse. La mezcla no le acaba de cuajar en un buen guiso y pese a que los actores, muy entregados, salvan bastante la película en muchos momentos – mención especial a ese gran Vicente Romero (¿recuerdan al Maquea de Padre Coraje de Benito Zambrano?) que roza la genialidad con su Angelito, pero también para Ángela Molina, Macarena Gomez o Luciano Cáceres como el brutal y tierno Niño – y a algún que otro gag afortunado, lo cierto es que Carne de Neón se estira y se estira como un chicle masticado en exceso, cae en algún que otro ridículo – pobre Dario Grandinetti, que cosas le obligan a defender – y se precipita al vacío en un tramo final de lo más complaciente. Mario Casas, por lo general mejor actor de lo que la gente cree, hace lo que puede pero tampoco su esfuerzo consigue mantener el barco a flote.

LA CASA MUDA: Virtuosismo y trampa, trampa, trampa.


La opera prima del uruguayo Gustavo Hernández venía con una carta de presentación irresistible. Para empezar ya de por sí los filmes de género en los países latinoamericanos, si exceptuamos México, son como raras avis que están empezando a crecer poco a poco. Pero es que además La Casa Muda prometía un tour de force narrativo muy estimulante: se vende como la primera película de terror rodada con una cámara digital de fotos en un solo plano secuencia de 78 minutos de duración. Casi nada. Y efectivamente, aunque uno pueda tener la sensación en algún momento puntual de que el director ha podido meter algún corte aquí y allá, lo cierto es que el espectador la percibe como un solo y espectacular plano secuencia que sigue a la protagonista mientras es acechada en una casa abandonada por un ente no sabemos si sobrenatural que la putea y asusta de forma constante hasta hacerla pasar por varias crisis nerviosas. Lo cierto es que sobre todo en su primera parte, La Casa Muda es una película interesante que además de dar un mal rollo considerable y meterte los consabidos sustos de rigor, interesa e implica al espectador, pese a que en varios momentos se vuelve reiterativa y puede llegar a cansar un poco tanto paseito por la casa con la lamparita arriba y abajo.


Sin embargo el defecto más imperdonable de La Casa Muda es que es una película que traiciona por completo su propio planteamiento al dedicarse a desvelar sus claves mucho más a través del dialogo y el guión – con una explicación en verdad insostenible y cutre para las expectativas que el propio filme plantea – que a través del despojamiento de elementos narrativos que del rigor de usar un solo plano secuencia podría derivarse. Además, la película hace trampa de forma evidente al espectador, pues hay más de una incoherencia fatal entre lo visto en el primer tramo y la explicación final, mucho mejor resuelta en filmes de planteamiento similar que no conviene citar por no destripar la sorpresa al futuro espectador, pero que el buen aficionado al género recordará de inmediato si ve la película. Y claro, uno se siente pelin estafado.

En cualquier caso, La Casa Muda no es ni mucho menos una propuesta desdeñable, más allá de estos defectos. Dejando aparte el virtuosismo y la dificultad inherente a enfrentarse a un reto técnico de estas características (y salir airoso del mismo, que ya tiene su mérito) cuenta con un excelente trabajo de interpretación a cargo de su protagonista Florencia Colucci. Y otra virtud adicional es que sabiendo que toda la película se ha rodado con el video de una cámara digital no demasiado superior a las que pueden adquirirse en cualquier establecimiento comercial – lo de pasar ese material a 35 mm imagino que debe ser harina de otro costal – no cabe duda que puede animar a un montón de jóvenes cineastas a tirarse para adelante con propuestas parecidas. Podríamos decir que la relación calidad-precio de la película, teniendo en cuenta su escaso presupuesto, es excelente. Lastima que no se le diera otra vuelta al guión para su resolución.

SOMOS LO QUE HAY, Mexico Sórdido y Querido


En cualquier caso no cabe ninguna duda que la mejor propuesta del día – y veremos a ver si no del mismo festival – fue la notable y sorprendente película mexicana Somos lo que Hay del director novel Jorge Michel Grau, retrato sórdido y sucio de un Mexico que a la vista de todo lo que esta sucediendo últimamente (los muertos por narcotráfico, la corrupción generalizada, las desapariciones de mujeres en Ciudad Juarez, la violencia de género, etc) puede verse desagradable pero acertadamente retratado en la peripecia de una peculiar familia de más que baja casi subterránea clase social que tras la muerte del padre y cabeza a la familia se ve completamente a la deriva, incapaz de mantener sus costumbres habituales y su modo de vida, que digamos que no son precisamente de lo más tradicional. De hecho, las primeras escenas que muestran la agonía y muerte del padre antes de los títulos de crédito, son casi demostrativas de un estado mental generalizado: el hombre palma en un centro comercial tras vomitar un liquido negruzco y rápidamente una brigada de limpieza aparece en el lugar para llevárselo discretamente y limpiar el sitio como si nada hubiera pasado. Hay que sacar la basura de la vista de la gente bien lo antes posible, no sea que a alguno se le indigeste el espectáculo y no consuma como es debido. Toda una metáfora de un estado de ánimo y unas costumbres arraigadas


La película comienza casi como uno de esos retratos sociales desgarrados de un Fernando León de Aranoa, con esa familia cuyos comportamientos sociales recuerdan ligeramente a los de la marciana familia griega de Canino desesperados por mantener su forma de vida. Lo que poco a poco va revelándose al espectador a través de ese terrible cuadro repleto de policías corruptos, putas tan desvalidas como vengativas, gays reprimidos tan deseosos de salir del armario como atemorizados por el estigma social, forenses descreídos y hombres violentos sin redención posible es un mundo enfermo, podrido hasta la médula, en el que resulta perfectamente creíble un planteamiento tan alucinante como el que hace la película, impensable si no fuera porque estamos hablando de un país como México en el que todo parece posible. El trabajo de Grau retratando su sociedad es tan impactante como desolador. Sin alardes narrativos, dejando la violencia a menudo en off, moviendo la cámara y encuadrando con elegancia – y eso que lo que ésta retrata es cualquier cosa menos algo elegante – sin renunciar a un sentido del humor negrísimo y moviéndose con sumo cuidado en equilibrio entre la denuncia social y el cine fantástico, siendo honesto con ambos hasta sus últimas consecuencias, Somos Lo Que Hay - revelador título donde los haya, por cierto - es una película sin duda incomoda para el espectador pero reveladora de un autor sumamente interesante al que habrá que seguir muy pero que muy de cerca. Mira que quedan obras por ver en Sitges – la oferta es apabullante, por cierto, un punto desmedida – pero encontrarse el primer día con una película tan resultona como ésta siempre es un buen punto de partida. Y una vara de medir bastante exigente para el resto.

Apenas me queda espacio para comentar el Zombie Walk, una tradición ya del Sitges más friki y fiestero que consiste en que durante todo el día la gente se viste y se maquilla de zombie con las más diversas temáticas para lanzarse por la noche a las calles y hacer un recorrido juerguero por las calles de la ciudad. Vi tantas cosas alucinantes que es literalmente imposible reproducirlas aquí. Pero os dejo unas cuantas imagenes que hablan por si solas. Impagable experiencia.




1 comentario:

sofia martínez dijo...

Carne de Neón me gustó, pese a no ser la gran película creo que aborda el tema de la prostitución desde un punto de vista bastante atractivo, en general me pareció atractiva pero creo que le faltó muchísimo para cautivar al espectador.