martes, noviembre 15, 2005

SEVILLA, Crónica 7: Hostage, La Moustache, Red Coloured Grey Truck. PALMARÉS FINAL

Sevilla, Crónica 7 y Palmarés. David Garrido Bazán. Cobertura del Festival de Cine Europeo de Sevilla para La Butaca.Net. Todos los Derechos Reservados.

“Jesús, que tostón. A ver si se lo cargan de una maldita vez al Miki Molina albanés este y nos podemos marchar de aquí…” Esos eran los ominosos pensamientos que, tras apenas una hora de película, rondaban la mente de un servidor, bastante cansado ya por el efecto acumulativo de una semana de festival y una treintena de obras a sus espaldas. La verdad es que no todo debía ser fruto de mi cansancio, porque a esas horas ya eran unos cuantos los que, con buen criterio, habían desertado de la sala donde se proyectaba Hostage (nada que ver con la película de Bruce Willis del mismo título, me atrevería a decir que por desgracia), la película griega que cerraba definitivamente la Sección Oficial dado que la israelí To Take a Wife no solo se había caído a última hora del cartel (ver final de la crónica 5) sino que encima nos acababan de comunicar, sin mayores explicaciones, que su pase de prensa en el Teatro Lope de Vega había sido cancelado, con lo que la mañana se presentaba ideal para darse una vueltecita por Sevilla y tomar un poco el sol. Pero antes tenía que terminar la epopeya del tal Stathis Papadopoulos, el actor de enorme parecido con Miki Molina que interpretaba a Senia, un albanés que a golpe de metralleta y granadas, secuestra un autobús urbano con un montón de griegos dentro y reclama, por este orden, que se le devuelva su honor perdido, se le dé medio millón de euros y vía libre hasta Albania, donde cree en su ingenuidad que podrá reunirse con su familia y amigos y disfrutar del botín conseguido. La historia, que se basa en un hecho real acaecido en Grecia hace unos años, pretende denunciar por la tremenda la forma en la que los griegos maltratan a su nutrida población inmigrante albanesa, a los que desprecian sin disimulo alguno, cuando no reprimen a través de una policía que no se corta un pelo. Para ello, el realizador Constantine Giannaris mezcla sin mucho acierto una pesadísima trama de secuestro ejecutada sin mucho sentido con unos flashback que nos ponen en antecedentes sobre lo mal que lo ha pasado ese pobrecito albanés torturado por la policía, un angelito armado hasta los dientes que embarca a siete rehenes en un inacabable periplo por diversas ciudades griegas hacia la frontera con Albania, donde obviamente todo está destinado a terminar como el rosario de la aurora.

La película pretende que comulguemos con la increíble premisa de que todo el pasaje de ese autobús sufre una especie de Síndrome de Estocolmo colectivo justificado y acaba por ponerse de parte de su secuestrador sin muchas luces contra la malvada policía, olvidándose el director el pequeño detalle de que semejante tema más vale que vaya bien justificado en el guión so pena de caer, como así sucede, en el más espantoso de los ridículos – que alcanza su culmen cuando la madre del secuestrador, en una escena digna de una Medea desgarradora, suplica a su hijo que deponga su actitud cual Nuria Espert en el Teatro Romano de Mérida, y perdónenme ustedes el localismo – lo que sumado a una dirección sin el más mínimo concepto del ritmo narrativo nos aboca a la que quizás sea la experiencia más soporífera – con la posible excepción de la portuguesa O Fatalista, que me echó del cine a los veinte minutos – que he tenido ocasión de ver en esta Sección Oficial. Y los que hayan tenido la paciencia de seguir estas crónicas se habrán dado cuenta que entre los doce títulos que la componen ya tiene mérito, pues hay unas cuantas que serían un estupendo remedio para insomnes recalcitrantes. En fin, que lo mejor que le puede pasar a Hostage para que funcione – si llega a estrenarse – es que cualquier despistado la confunda con su homónima americana y pase engañado por taquilla, porque vaya con la peliculita de marras…

Imaginen ustedes a un tipo que luce un frondoso bigote desde hace unos quince años. Imaginen ahora que, tras sugerírselo a su encantadora esposa y ante la complacencia de ésta, el señor en cuestión decide un buen día afeitárselo mientras está en el baño. Sale del aseo con su nueva cara bien rasuradita, juguetea un poco al despiste con su esposa y finalmente le muestra su nuevo rostro… y ésta no solo no se inmuta, sino que no hace el más mínimo comentario al respecto. Como si nada. Dos de mosqueo. Lo malo no es eso, sino que en la cena posterior, para la que ha quedado con una pareja de amigos de toda la vida, estos tampoco hacen la más mínima referencia a su cambio de aspecto. Pero nada de nada. Como si jamás hubiera llevado bigote y todo fuera de lo más normal. Una de dos: o nadie le ha prestado jamás la más mínima atención – una premisa de lo más deprimente – o estos cabrones están todos conjurados para gastarle una broma pesada y cachondearse de su sonrisa forzada de circunstancias y su gesto desconcertado. Así que, tras varias horas en las que nadie le hace el más mínimo caso, el buen señor explota y le monta un pollo a su mujer, que reacciona diciendo no entender nada y afirmando que de qué demonios le está hablando ¡cuando él jamás ha llevado bigote!

Tan surrealista premisa es el punto de partida de La Moustache, sin duda la película más extravagante vista hasta la fecha en el Festival de Sevilla y la que mayores interpretaciones y discusiones han provocado entre todos los que han tenido ocasión de verla. Interpretaciones que pueden ser todas perfectamente válidas por cuanto la segunda película como director de éste antiguo crítico de cine de las revistas Positif o Telerama (¿Será esta película una sofisticada venganza contra la profesión? ¿Será una provocación? ¿Una tomadura de pelo?) obsesionado con el tema de la identidad y el cuestionamiento de la realidad deja todas las vías abiertas, invitando a los espectadores a entrar en un juego del que nunca ofrece las claves suficientes para una resolución lógica, prefiriendo dejar a la libertad del mismo la opción que a éste mejor le convenga. Durante la primera hora de película uno nunca sabe si los problemas que tiene el atribulado personaje que interpreta el actor Vincent Lindon vienen de un sueño, de que ha cruzado accidentalmente a una realidad paralela en la que efectivamente jamás ha llevado bigote o que, simplemente, es víctima, como parecen creer su esposa y sus compañeros, de un proceso de pérdida de la noción de la realidad causado por un trastorno psicológico que amenaza con llevarle de cabeza al manicomio más cercano, a ser posible enfundado en una camisa de fuerza. Ante tal perspectiva, el personaje de Marc resuelve tomar una decisión desesperada y el director, cargándose por completo la estructura lógica de la película – a estas alturas de la propuesta, uno ya no sabe muy bien donde meterse, tal es el meneo al que las neuronas del espectador son sometidas – nos embarca en un viaje sin retorno en el que uno sigue el alucinante periplo de Marc con la vana esperanza de encontrar algún tipo de explicación lógica a esta trama que parece surgida de la enfebrecida mente del escritor Philip K. Dick en uno de sus días perversos. La Moustache es una película sumamente divertida e inquietante, sobre todo durante su primera hora cuando el espectador aun tiene cierta base firme (bueno, no mucha, pero ya me entienden) a la que agarrarse, pero que corre el riesgo de cabrear sobremanera a los que resuelvan que la película no es más que una boutade destinada a provocar a los que se toman esto del cine demasiado en serio. Sea lo que sea, nadie le negará a La Moustache la espléndida forma en la que está concebida y realizada, con una maravillosa interpretación a cargo de un Vincent Lindon que jamás ha estado mejor y la subyugante presencia (por segunda vez en este festival: también está en el reparto de De Battre Mon Coeur S’est Arrêté) de una actriz muy interesante llamada Emmanuelle Devos y una obsesiva BSO a cargo de Philip Glass que le viene como anillo al dedo a tan paranoica historia acerca del cuestionamiento de la realidad. Aun a riesgo de que en el futuro se enfaden mucho conmigo por recomendarles una película no apta para los amantes de las tramas bien cerraditas, si alguna vez llega a estrenarse en algún cine cercano, acérquense a verla, a ser posible acompañados: les garantizo tanto un más que genuino desconcierto como apasionadas discusiones capaces de prolongarse durante horas. Y al director posiblemente riéndose de tantas disquisiciones en algún lugar recóndito.
Para finalizar con un buen sabor de boca el Festival, les hablaré de una simpática película eslovena que vi a última hora de ayer y que lleva por título Sivi Camion crvene boje (Red Coloured Grey Track). Hay que ver que bien han funcionado en este festival las películas procedentes de los países de la antigua Yugoslavia: De Fosa en Fosa es sin lugar a dudas una de las obras que más grata impresión me ha dejado y si la bosnia Días y Horas sabía contar sin regodeos innecesarios el dolor que la guerra había dejado a su paso, esta peculiar road movie en tono de comedia ambientada en los días previos al estallido del conflicto es una nueva muestra de que los habitantes de aquella zona saben como hacer compatibles el dolor y la alegría saltando de uno a otro sentimiento con una facilidad desconcertante. Red Coloured Grey Track es la historia de dos personajes cuyas vidas se ven unidas accidentalmente: Ratko es un bosnio absolutamente daltónico y obsesionado por los camiones de gran cilindrada que roba uno por el simple placer de viajar por el país. Suzana es una serbia de Belgrado, hija de un estricto general del ejército y vitalista cantante de un grupo de música rock que acaba de descubrir que está embarazada de su último desengaño amoroso. Para olvidarse de todo, huye de casa en dirección a Dubrovnik antes de que se acabe el tiempo que tiene antes de abortar, con la mala fortuna de que es atropellada involuntariamente con Ratko, que se ofrece a llevarla. La película es una acertada sátira sobre dos personas a los que les importa un pito las diferencias que tanto obsesionan a sus compatriotas en los días previos a la guerra: la condición de daltónico de Ratko hace que vea todos los colores más o menos igual, de un apagado tono gris, y su visión de la vida en ese sentido se aplica de igual forma a las nacionalidades y razas de aquellos con los que se cruzan. Por su parte, Suzana tiene una mentalidad de lo más abierta y lo único que le preocupa es ser capaz de aprovechar la vida hasta el último trago y disfrutar el presente como si fuera el último momento. La guerra no es sino un engorro molesto en sus planes. La película funciona porque la contraposición entre dos caracteres tan alejados que desemboca en una peculiarísima historia de amor es de una comicidad y una ternura irresistibles, algo a lo que ayudan tanto las acertadas interpretaciones de Srdjan Todorovic y de la shooting star Aleksandra Balzamovic (gracias a la cual hemos podido disfrutar de esta entretenida película en dicha sección) como la forma en la que el guión alterna situaciones sumamente divertidas con la sombra siempre inquietante de la guerra que empieza a manifestarse por todas partes y cuyas consecuencias amenazan a nuestra pareja… sobre todo porque el espectador sabe desde la primera escena (alucinantemente tarantiniana: cuatro mafiosos que se apuñalan y fallecen a la vez al concluir el trato) que el camión contiene un cargamento oculto de armas con destino a la guerra que está por llegar. Sin ser una gran película, Red Colured Grey Truck es una de esas obras que provocan una enorme simpatía por el cariño que le coges a tan entrañables personajes, en el fondo seres perdidos en busca de algo con que dar sentido a sus vidas, y las situaciones de todo tipo en que se ven envueltos. Mejor terminar con una sonrisa tanta trascendencia.
Palmarés del II Festival de Cine Europeo de Sevilla

Giraldillo de Oro, dotado con 60.000 euros:
De Battre Mon Coeur S’est Arrêté, de Jacques Audiard, Francia

Era la opción más sencilla. Sin duda que la película de Audiard era la más sólida de una Sección Oficial en la que han sobrado títulos interesantes que o bien se hundían en su tramo final (Acusados, Vete y Vive) o que sufrían de un comienzo indigesto (caso de la rumana La Muerte del Señor Lazarescu). Puede que no sea, en opinión de algunos, la mejor película del Festival, pero nadie discutía su presencia en el Palmarés final.

Giraldillo de Plata, dotado con 30.000 euros:
Crash Test Dummies, de Jörg Kalt, Austria.

No se que pudo ver el Jurado en esta película de vidas cruzadas correcta, agradable, pero blandita en términos generales y carente de la más mínima trascendencia, que se olvidaba en cuanto terminaba su proyección. Quizás el Jurado se ha dejado llevar por las buenas intenciones de una película que abogaba por el entendimiento entre dos países como Austria y Rumanía, uno integrado de pleno en la UE y otro recién ingresado tras la ampliación de la Europa de los 25, pero a mi me parece excesivo premio habiendo al menos cuatro títulos mucho más interesantes en la Sección oficial. En fin. Misterios procelosos de los Jurados.

Premio Especial del Jurado, dotado con 30.000 euros:
Johanna de Kornél Mundruczó, Hungría.

Una provocación, entendible solo desde el único argumento de que es la propuesta más radical presentada a concurso, lo que no es ni mucho menos sinónimo de estar ante una buena película, sino ante un pestiño bastante considerable (véase la crónica 2). Incomprensible a todos los niveles y una auténtica tomadura de pelo que el Jurado se haya dejado embaucar por esta indigesta mezcla de ópera, la Grace de Dogville, un episodio de Urgencias y vaya usted a saber que más. Eso si, el homenajeado Bela Tarr puede volverse a su país de lo más contento, ya que a su exitosa retrospectiva puede sumar que es el productor de este premiado disparate.

Premio Eurimages, dotado con 30.000 euros: Caché de Michael Hanecke

Premio del Público a la Sección Europa, Europa, dotado con 30.000 euros:
La Febbre, de Alessandro D’Alatri, Italia (Vaya, ésta no la he visto, cachis)

Premio Signis, concedido por un jurado ecuménico al film que mejor represente los valores humanos: Moartea Domnului Lazarescu, de Cristi Puiu. (Al menos un merecido reconocimiento para la película rumana)

Reflexión final: El Festival de Cine Europeo de Sevilla es un certamen que no va sino a crecer a más y mejor con el paso de los años. Su propuesta, única en nuestro país, permite la experiencia de viajar por lo más actual de las filmografías europeas a lo largo y ancho del Viejo Continente y, pese a algún que otro inevitable disgusto, descubrir obras de lo más interesante, diferentes, alternativas, que son todo un baño de frescura en una cartelera dominada por el cine comercial e incluso en una multitud de festivales que apuestan casi siempre sobre seguro. Como bien dice Manuel Grosso, director del Festival “La variedad en temáticas y nacionalidades de las películas ganadoras es una prueba de la pujanza del cine europeo. Las cintas europeas gustan, sorprenden y emocionan. Sin ninguna duda la lección a asumir es que el cine continental tiene un público”. En el apartado de las cosas a mejorar en el futuro hay que apuntar la mala calidad de algunas de las copias de las películas proyectadas, el gigantismo de las diversas secciones que impiden incluso a los más determinados a ver todo lo que les gustaría por la escasez de pases disponibles (en mi caso particular, con la nada desdeñable cifra de 34 películas vistas en apenas 8 días, les puedo asegurar que alguna que otra se me ha quedado colgada); la falta casi generalizada de directores, actores y actrices que vinieran a defender sus películas en las ruedas de prensa (si ya de por si el cine europeo carece de cierto glamour comparado con el americano, imaginen el poco juego que da que no se presente casi nadie por aquí) y la incomprensible decisión de no aprovechar la ocasión para promocionar alguna que otra película española de futuro estreno que ya hemos comentado. Pero a pesar de lo dicho, no cabe duda de que ha sido una muy grata experiencia y que espero volver a este Festival en un futuro. Sevilla y el cine europeo bien lo merecen.

No hay comentarios: