Hace justo un año despedíamos el 2009 embriagados con Avatar y las ilusionantes posibilidades que ofrecía el 3D, advirtiendo, eso sí, de los peligros que rodeaban al mal uso de esta tecnología.
Pronóstico cumplido: nadie ha alcanzado el despliegue visual de James Cameron – con excepción de la animación, el género que mejor aprovecha de largo sus posibilidades – y hemos asistido perplejos
a una sucesión de títulos inflados artificialmente al 3D con resultados infumables (
Furia de Titanes, la
Alicia de Tim Burton, el
Airbender de Shyamalan) que nos hace poner en cuarentena, al menos por un tiempo, este supuesto futuro del cine que de momento es poco más que un elemento distorsionador de taquillas.
El cine norteamericano del 2010 ha deambulado entre los dos extremos de costumbre: por un lado apuestan sobre seguro machacando franquicias con claros signos de agotamiento (
Shrek 4, Iron Man 2, Sexo en Nueva York 2, Crepúsculo, incluso la ultima entrega de
Harry Potter) y superproducciones con poco novedoso que aportar (
Robin Hood, Prince of Persia) pero también nos han ofrecido algunas propuestas sorprendentes:
Origen, brillante y complejo artefacto narrativo que pese a ciertos excesos y debilidades conjuga espectáculo, emoción y talento visual está por derecho propio
junto a la habitual obra maestra anual de Pixar, la arrebatadora e imprescindible Toy Story 3, entre lo mejor de la cosecha.

Junto a ellas rondan otros títulos bastante arriesgados como la oscura y desesperanzada
La Carretera, la maravillosa conjunción de los talentos de David Fincher y Aaron Sorkin en la densa y shakespeariana
La Red Social, esa rareza escapada de los setenta llamada
El Americano o la peculiar y oscarizada mirada a la guerra de Irak que fue
En Tierra Hostil. Scorsese dividió al personal con su tan incomprendida como brillante
Shutter Island mientras que propuestas más o menos indies como la correcta
The Town, la corrosiva y ultraviolenta
Kick Ass, la alucinada
Teniente Corrupto, la devastadora
Precious o esa recuperación del espíritu retozón y despreocupado de la serie B llamada
Legión han sido agradables sorpresas. La comedia nos ha dado este año algún que otro título decente (
Noche Loca, Salidos de Cuentas) y la animación, con la deliciosa
Como Entrenar a tu Dragón o la irreverente
Megamind siguiendo a cierta distancia la por otro lado inalcanzable estela de Pixar, sigue siendo un valor bastante sólido de
un cine americano capaz, como siempre, de conjugar lo mejor y lo peor a partes iguales.
Frente al coloso americano, el cine europeo nos ha dado este año títulos de incuestionable calidad y mayor sentido del riesgo. En
La Cinta Blanca Haneke nos metía de lleno en la génesis del huevo de la serpiente del nazismo metiendo su afilado bisturí en las tripas de un pueblecito de la Alemania de 1914. Jacques Audiard forjaba en la contundente
Un Profeta el incómodo retrato de un delincuente creado dentro de la propia institución penitenciaria. Roman Polanski daba de nuevo muestras de su inigualable talento en una de las obras más interesantes y cínicas del año,
El Escritor. Yorgos Lanthimos nos sacudía a modo con la griega
Canino, una de las propuestas más atrevidas y marcianas del curso y en la deliciosa
An Education Lone Scherfig estudiaba las posibilidades de la escuela de la vida como alternativa a lo tradicional.

Banksy demostraba en la brillante
Exit Through the Gift Shop que su corrosivo talento como artista va mucho más allá de sus inconfundibles graffitis y Phlippe Loiret elaboraba en
Welcome, cínico título donde los haya, un duro retrato de una sociedad incapaz de recibir en su seno a los emigrantes que huyen de la miseria de sus países de origen, algo que también contaba Goran Paskaljevik en
Honeymoons. Cine diverso, rico, fascinante que hemos podido disfrutar en su mayor parte gracias a la labor imprescindible de la Filmoteca de Extremadura, que también nos regaló lo poquito que hemos podido ver de cine latinoamericano (
La Nana) o asiático (
Tokyo Sonata, Ciudad de Vida y Muerte, A Propósito de Elly)
¿Y el cine español? Pues el 2010 no ha sido un gran año que digamos: solo dos títulos, la brillante
Buried de Rodrigo Cortés y la tremebunda y excesiva
Balada Triste de Trompeta de Alex de la Iglesia, junto al sobrecogedor trabajo de Javier Bardem en la sórdida
Biutiful pueden citarse entre lo más destacado. Propuestas de género decentes como
El Mal Ajeno o
Los Ojos de Julia no disimulan un curso repleto de películas fallidas como
Pájaros de Papel o
Lope, productos moralmente deleznables como la horripilante
A Tres Metros Sobre el Cielo o directamente idiotas como
Una Hora Más en Canarias o
Tensión Sexual No Resuelta. Algunas de las propuestas más interesantes del año (
Pa Negre, La Mosquitera, La Mujer Sin Piano, Retornos, Bon Appetit, Planes para Mañana) no han llegado a Mérida con lo que no es de extrañar que este 2010 tenga un perfil muy discreto en lo que al cine español se refiere para el espectador emeritense. Hasta el maravilloso concierto que dentro del marco del Festival de Teatro nos regaló
Roque Baños, uno de los grandes compositores del cine español, pasó demasiado desapercibido.

El V Festival de Cine Inédito, la edición más vista y mejor valorada por el público hasta la fecha, puso como ya es habitual el broche de oro a un año en el que de una vez por todas
el Ayuntamiento de Mérida debería plantearse seriamente ese anhelado segundo día de proyección de la Filmoteca de Extremadura que permitiera doblar la actual oferta cinematográfica de calidad en el 2011, una reivindicación continua del público emeritense apoyada por el CineClub Forum y la propia Filmoteca que debería hacerse realidad de forma inmediata.
¡Feliz 2011 de Cine a Todos!
Este artículo, levemente modificado, se publicó en el especial resumen del 2010 del periódico Voz Emérita el Lunes 3 de Enero del 2011